El maestro del veneno en el clan Tang Sichuan - Capítulo 389
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- Capítulo 389 - Arte de Sigilo del Gato Nocturno (4)
Si Ranghu era la bestia espiritual inquieta por la aparición de una nueva compañera, entonces entre los humanos también había alguien que se sentía incómodo.
Bueno—más bien, no era tanto incomodidad como estar hecho bolas.
Mientras Ranghu se irritó por la llegada de Jeokwol, mi suegro se quedó sacado de onda por la avalancha de criaturas nuevas.
—¡Todo gracias a ti, yerno! ¡Las artes del veneno de nuestro Clan Tang están a nada de dar un gran salto!
—Jajaja, no es para tanto.
—¿Cómo que no es para tanto? ¡Nos has hecho un favor enorme!
—Ah, por cierto, suegro, ¿le importaría acompañarme tantito?
—¿A dónde?
—Sí. La mayoría de los nuevos pueden vivir conmigo, pero Sunbaek y Baekbaek—nuestros pangolines de caparazón blanco—necesitan un ambiente frío para mantenerse sanos.
—Ya encontré un lugar que podría servirles, pero quiero que lo vea.
—Si es algo así de importante, claro que voy.
Él andaba encantado por todas las bestias espirituales nuevas del clan… pero en cuanto me siguió a ese lugar, su sonrisa se congeló de sorpresa.
—E-¿este lugar?
—Sí. Sunbaek y Baekbaek necesitan frío, ¿y no es este el lugar más frío del Clan Tang?
—Incluso con calor, aquí siempre está helado. El hielo casi no se derrite. Es el sitio perfecto.
Mi suegro, por su fama de jefe frío e implacable del Clan Tang, era conocido como el Erudito del Veneno Celestial.
Y uno podría preguntarse por qué un hombre de esa edad tenía un título con “Erudito”, como si fuera un académico suavecito que apenas entraba al mundo…
Pero el título tenía su razón.
Por fuera parecía inofensivo, como un estudioso de libros; por dentro, era famoso por soltar técnicas de veneno crueles y despiadadas sin pestañear.
También tenía otro sentido: su cara siempre inocente, ilegible, escondiendo intenciones detrás de la calma de un confuciano.
En resumen: no era un tipo que se pusiera nervioso fácilmente.
Y aun así, en cuanto le mostré el lugar, tartamudeó.
—B-bueno, eso es cierto, pero… ¿y la prisión subterránea?
¿Me estaba sugiriendo ese lugar?
Ni de broma iba a dejar que mis bestias espirituales vivieran en un antiguo calabozo.
¿Cómo iba a meter a esas criaturitas blancas como nieve en un hoyo oscuro donde antes torturaban gente y la disolvían con venenos?
Solo los residuos tóxicos ya eran un riesgo enorme.
Baekbaek todavía era prácticamente una bebé… ¿y si lamía algo y se envenenaba?
Negué con firmeza.
—Eso queda arriba en la montaña, ¿no? Aunque haya guerreros vigilando, ¿cómo vamos a poner a bestias espirituales tan importantes en un sitio así?
—Además, ese lugar se usó para tortura con veneno. Si queda cualquier rastro… podría matarlas.
—Mmm… eso sí.
Se quedó callado.
Era el mismo hombre que una vez declaró, bien seguro, que apoyaría el “hobby” de su yerno de criar bestias venenosas. ¿Y ahora andaba dudando?
¿Qué, ahora ya soy “pescado asegurado”? ¿Yerno atrapado?
¿“Ah, ya es familia, ahora sí bájale”? ¿Eso?
El suegro valiente y varonil que hasta ofreció a su propia hija en el trato de matrimonio ya no estaba; en su lugar había una sombra dudosa.
¿Será la edad? ¿Se le subió el estrógeno?
Como hombre, me dio tantita decepción… pero me recompuse. Tocaba persuadirlo.
—Entiendo que le dé cosa. Pero hay beneficios si ponemos a Sunbaek y Baekbaek aquí.
—¿Qué beneficios?
—Si se establecen aquí, toda la cueva se va a enfriar más. Eso significa que la vida útil de los venenos y las hierbas almacenadas aquí aumentará muchísimo. El frío retrasa la descomposición—usted lo sabe.
—¿No era justamente por eso que guardaban venenos aquí desde el principio?
—E-eso… es cierto. Uf…
Aun así no se decidía.
Estábamos en la parte más profunda del Salón Mandok, incluso más adentro que las salas donde criaban bestias venenosas o guardaban venenos.
Esa cámara, siempre fría incluso en verano, se usaba para almacenar venenos y hierbas especialmente sensibles a la temperatura.
Yo le estaba pidiendo convertirla en el nuevo hogar de Sunbaek y Baekbaek—y era obvio que no era un “sí” fácil.
—Hasta la carne se puede congelar aquí por años. Piense en cuánto ahorraríamos.
—Mmgh…
Ya le había enumerado un montón de puntos buenos. ¿Por qué seguía dudando?
Justo cuando pensé que esto se estaba poniendo pesado, Hwa-eun—que hasta ahora había guardado silencio—habló.
—Padre.
—¿Sí, Hwa-eun? ¿Qué pasa?
—He estado pensando en este viaje… y me gustaría que aceleráramos la boda.
—¿La boda?
Mi suegro volteó a verme, entrecerrando un poco los ojos.
Claramente esperando explicación.
Y yo estaba igual de sorprendido.
Sí, habíamos hablado de casarnos al volver… pero no esperaba que lo soltara así, de golpe.
Mientras mi suegro y yo nos quedábamos parpadeando incómodos, Hwa-eun siguió, tratando de explicarse.
—Sí. So-ryong siempre se está poniendo en peligro juntando bestias espirituales. Creo que ya es hora de que hagamos la boda—pronto, si se puede.
—Y más allá de la formalidad, me gustaría que él se quedara más seguido en el Clan Tang. Si va a encariñarse con el clan, tenemos que ayudarlo a echar raíces aquí.
Traía la cara roja, pero la voz firme. Debió juntar muchísimo valor para decirlo.
Y en resumen, todo eso significaba:
“Casémonos rápido para que mi prometido deje de andar yéndose a misiones peligrosas y se quede en casa con su hobby, en paz.”
Mejor apoyarlo en criar bestias espirituales aquí que dejar que se muera afuera.
Y la neta… ¿quién le gana a la súplica de su hija?
Mi suegro se rascó la cabeza y luego suspiró con cara de “ya ni modo”.
—Agh… está bien. Hwa-eun. Va. So-ryong, usaremos este lugar. Yo hablaré con los ancianos.
Aunque lo dijo como si se rindiera, permiso es permiso.
Sonreí con ganas y me incliné profundamente.
—¡Gracias! ¡De verdad, suegro!
—¿A-agradecerme? Este lugar, este clan… ya es tuyo, ¿no?
—Ese es el suegro que conozco. Igual de decidido.
Parecía que por fin lo aceptó.
Y cuando volvió ese tonito fanfarrón, me cayó el veinte—
A este paso, si sigo expandiéndome poquito a poquito…
El Clan Tang se va a convertir en el Santuario Gigante de Bestias Espirituales de So-ryong.
¿Y la neta?
Ese día no está tan lejos.
Con la nueva residencia de Sunbaek y Baekbaek ya decidida, la construcción empezó de inmediato.
Ya no podíamos tenerlas apretadas en el espacio chiquito del barco por más tiempo.
Entre más pronto termináramos, más pronto podríamos mudarlas a una casa de verdad.
Por suerte, el proyecto no era complicado.
La sección más profunda del Salón Mandok ya tenía ventilación, drenaje y divisiones estructurales básicas. Solo había que aislar la puerta y despejar los materiales guardados para reacomodarlos en otro lado.
Enfriar el interior sería sencillo—Seol y Bing se encargarían.
—Pongan eso allá. Muevan los venenos sensibles a la temperatura al cuarto contiguo.
—Sí, Anciano.
En cuanto mi suegro movilizó gente para vaciar el lugar, llamó a los artesanos del taller principal del Clan Tang.
No a él mismo—o sea, a los artesanos de verdad, no a mi suegro.
—…Les encargo que el frío quede bien sellado.
Después de explicar los requisitos básicos, los artesanos asintieron con confianza… y luego preguntaron algo inesperado.
—No se preocupe, Lord So-ryong. Los artesanos Tang somos de primera. Ah, y… ¿podemos usar un poco de la seda de Yohwa?
—¿La seda de Yohwa?
—Sí. Como puede retener calor, sospechamos que también puede retener frío.
—Ohhh.
Dicho así, tenía todo el sentido. Yohwa es una bestia espiritual que produce seda impermeable a la radiación infrarroja—las famosas “ondas de calor”.
Si bloquea el infrarrojo, es altamente aislante. Y esa propiedad debería funcionar al revés: atrapar el frío igual que atrapa el calor.
—Díganle a Yohwa que yo autorizo. Nada más avísenle que es para la construcción.
—Entendido, Lord So-ryong.
—¿Cuánto tardará todo?
—Lo terminamos en dos días.
—Perfecto. Vámonos, Hwa-eun.
—Sí, So-ryong.
Con el tiempo definido, ya consideré resuelto el problema de vivienda de Sunbaek y Baekbaek.
Saliendo del Salón Mandok con el ánimo ligero, me topé con Mandok Shingun—el Abuelo.
Había estado unos días en la capital de Sichuan, así que no lo había visto desde que volvimos.
—Abuelo.
—¡Abuelo!
Los dos lo saludamos contentos, y él abrió los brazos para abrazar a Hwa-eun, riéndose.
—¿Volvieron con bien, eh? Ay, ay. Mi nietecita ya creció tanto… podríamos hacer la boda cualquier día.
—…!
Hwa-eun se puso roja como jitomate.
Reaccionó a lo que él dijo en broma como si fuera la pura verdad, y el viejo parpadeó sorprendido.
—¿Oh-ho? Yo estaba bromeando, pero… ¿sí quieres la boda pronto?
—Sí, Abuelo. Ya lo hablé con mi padre.
—¡Jajaja! Bueno, So-ryong quizá todavía no hace una ceremonia formal de mayoría de edad, pero eso es puro número. Ya es maduro y sabio. Hacer la boda temprano no sería mala idea. Hablaré con tu madre y tu padre y lo arreglamos.
—Gracias, Abuelo.
—Gracias.
Esa respuesta era típica del Abuelo—decidido, alegre, directo.
Mientras la cara de Hwa-eun se iluminaba, yo pregunté:
—¿Iba al Salón Mandok, señor?
—No—vine a buscarlos a ustedes dos.
Seguro se enteró de que volvimos y quiso encontrarnos en persona. Me sentí apenado.
—Si hubiéramos sabido que regresó, habríamos ido primero con usted. Lo siento.
Él negó con la cabeza.
—No hace falta. Vine porque los extrañaba, sí… pero también porque cuando regresé y saludé a tu suegro, me compartió una noticia impactante.
—¿Noticia impactante? ¿De una bestia espiritual?
—No, no eso… dijo que ustedes dos entraron al Reino de Refinamiento de las Tres Flores. ¡Eso debieron decírmelo en cuanto llegaron! Vengan, quiero evaluar su cultivo yo mismo.
Ah—esa era la sorpresa.
Seguro habló con la Hermana Seol al volver y se enteró de nuestro avance.
—Sí, señor.
—Sí, Abuelo.
De todos modos, nosotros pensábamos pedirle una revisión. Desde que llegamos al Reino de Refinamiento de las Tres Flores, queríamos que evaluara nuestra condición.
La Hermana Seol y Cheongyu nos ayudaron, pero el Abuelo era el anciano supremo del Clan Tang—no había nadie mejor para verificar el flujo interno.
—Empecemos con Hwa-eun. Ya casi es hora de cenar, así que rápido. Les dije que prepararan algo especial porque toda la familia está junta.
—Sí, Abuelo.
Y así lo seguimos hasta el campo de entrenamiento junto al Árbol Antiguo.
Para cuando llegamos, el sol ya se estaba metiendo.
Noté que los Reyes Avispa de Pelaje Dorado estaban regresando con los últimos rayos—quizá Nanghu estaba resentido junto con Ranghu, porque ninguno respondió a nuestra presencia.
El Abuelo le dijo a Hwa-eun que se sentara y empezara la meditación de respiración.
—A ver tu circulación de Qi.
—Sí.
Sentada con las piernas cruzadas en el piso de piedra, activó su energía interna y mostró su avance.
El Abuelo le tomó el pulso y sonrió con orgullo evidente.
—¿Esto es veneno de una bestia espiritual, verdad?
—Sí. De Sandan, la Mantis Orquídea de Doble Flor.
—¿Lo dominaste tú sola? Notable. Tu Qi está estable—lo hiciste muy bien. Sigue refinándolo.
—Gracias, Abuelo.
La elogió por alcanzar el reino sola, aguantando el dolor de integrar veneno.
—Ahora tú, So-ryong.
Como Hwa-eun, terminé mi rutina de circulación de Qi y el Abuelo asintió satisfecho.
—Excelente. Tu energía está bien pulida. Sigue así.
—Gracias, señor.
—Bueno entonces, ¿vamos a comer?
Justo cuando nos íbamos, algo se me vino a la mente.
La fusión de la habilidad de Cheongwol con el Arte de la Tortuga de Hierro—quería preguntarle sobre eso.
—¡Oh! Abuelo, pasó algo raro.
—¿Raro?
—Es… la habilidad de Cheongwol… como que se fusionó con mi Arte de la Tortuga de Hierro…
—Jojo… eso está interesante.
Me levanté la túnica para mostrarle el resultado, y examinó la transformación con cuidado.
Tras pensarlo un momento, preguntó:
—So-ryong, aparte de las Técnicas de los Cinco Venenos, ¿qué otras artes marciales has aprendido?
—Mmm… ¿artes de daga? ¿cuchillos arrojadizos?
—No, me refiero a disciplinas de energía interna.
—Ah—aparte de Cinco Venenos y Tortuga de Hierro, también aprendí la Técnica de los Cinco Venenos Regresando al Origen, y… ¡ah! otra del Palacio Bestia: la Técnica Nocturna Secreta de Myoa, me deja ver claro en la oscuridad.
—¿Sí? Actívala.
—¿Eh? ¿Por qué?
—Si los poderes de Cheongwol afectaron una de tus técnicas, quizá otras también cambiaron.
Así son los maestros de verdad. El Abuelo veía más allá.
Pensándolo bien, no había usado la Técnica Nocturna Secreta de Myoa recientemente.
La activé con expectativa—mi vista se “encendió”.
Pero… no se veía diferente.
—Mmm. ¿No cambió nada?
—Tal vez no. Ya casi es hora de cenar. Lo revisamos mañana. No quiero que se enfríe la comida. Los sirvientes están esperando en la entrada.
Me di la vuelta y, tal como dijo, vi a los sirvientes parados incómodos—sin poder entrar por las avispas.
—¿Nos vamos?
Di unos pasos, un poco decepcionado por no haber descubierto un poder nuevo… cuando de pronto—
Hwa-eun, caminando a mi lado, metió su mano en la mía, en secreto.
Ese gesto tan atrevido me hizo parpadear sorprendido—y en ese instante, mi visión se fue a negro.
Instintivamente me presioné las sienes, parpadeé, y entonces—
Se desplegó un mundo totalmente distinto.
Todo estaba bañado en tonos rojos, azules y verdes.
Un mundo definido solo por la temperatura.
—¡Gyaaaah! ¿¡Visión infrarroja!?
Las mejillas de Hwa-eun, a mi lado, tomadas de mi mano, ardían en rojo brillante—literal.
No había duda.
La Técnica Nocturna Secreta de Myoa había despertado visión infrarroja.