El maestro del veneno en el clan Tang Sichuan - Capítulo 352

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  4. Capítulo 352 - Causa y efecto (1)
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—Como dije hace rato, como Shaolin normalmente solo deja entrar a hombres, te esperaremos por allá, So-ryong.

Conforme nos acercamos al Iljumun, la primera puerta de Shaolin, se abrió un claro.

Había varios pabellones instalados ahí, y Hwa-eun se dio la vuelta para hablar.

Dijo que nos esperaría por allá, en uno de los pabellones.

Tal como me había dicho antes, Shaolin era una zona prohibida para las mujeres.

Al parecer había excepciones en ocasiones especiales, pero esta no era una de esas.

En días festivos o ciertos festivales de temporada, a las mujeres se les permitía un acceso limitado… pero solo cerca de la entrada y en unas cuantas áreas designadas.

Normalmente, las mujeres no podían entrar a los terrenos interiores de Shaolin, así que ella tenía que esperar afuera.

—De verdad quería ver el interior de Shaolin también…

—Yo también tengo curiosidad, pero ni modo. A menos que sea el Festival de los Faroles o algo así, Shaolin sigue vetado para las mujeres.

—Tch…

La hermana Seol dijo que quería ver por dentro, pero tal como dijo Hwa-eun, no había nada que hacer.

Si rompíamos la regla, se consideraría una ofensa a la dignidad de Shaolin y nos encerrarían en la Cámara del Arrepentimiento.

Por lo que escuché, cualquier cosa que hicieras mal en Shaolin te mandaba directo a la Cámara del Arrepentimiento.

Bueno, “Cámara del Arrepentimiento” sonaba bonito, pero según mi hermano era básicamente una prisión: una cavidad excavada en un acantilado con barrotes de hierro sellando la entrada.

Más bien una cárcel, la neta.

Y de la mañana a la noche, los monjes se la pasaban cantando sutras sin parar afuera de tu celda.

Tenía sentido que la gente terminara convirtiéndose al budismo después de unos años ahí atrapados.

Encerrado diez o veinte años, con monjes recitándote justo en la cara… hasta alguien cuerdo se vuelve loco.

Y si te convertías al budismo, te dejaban salir. ¿Quién no terminaría cediendo?

Igual y la Cámara del Arrepentimiento era en realidad el plan de Shaolin para fabricar monjes a la fuerza.

Al final, ni los eunucos ni los monjes eran precisamente profesiones rebosantes de voluntarios.

‘Si lo piensas, sí está bien sospechoso.’

—Hermana Seol, si más adelante tienes oportunidad, deberías venir a visitar. Por ahora, Hwa-eun, yo entraré con mi hermano.

—Sí, So-ryong. Ten cuidado, y espero que logres lo que buscas. Si no estás seguro de algo, siempre puedes preguntar en el chat del grupo.

—Va.

Tal como dije, iba a entrar solo con mi hermano.

A los hombres sí los dejaban pasar, pero fuera de mi hermano, nadie más quería entrar.

Decían que los templos se sentían sofocantes.

En especial los hermanos Kwon-ryong y Geom-ryong: se habían peleado con todo para visitar el giru, pero cuando se trató de Shaolin, se negaron en seco.

「—Entonces, ¿eso significa que solo los hombres pueden entrar a Shaolin?

—No, Do-ryong y So-ryong, ustedes dos vayan.

—¿Y ustedes dos?

—Si voy a un lugar donde todo son hombres, se me brota la piel.

—Yo… bueno… la comida de templo se me hace rarísima… ejem.」

Neta, sus preferencias estaban clarísimas.

Recordar esa conversación me sacó una risita mientras avanzaba, pero entonces escuché una voz detrás de mí.

—Niños, ustedes también. Quédense aquí. No pueden seguir a papá.

Cuando me di la vuelta, vi a los niños intentando seguirme, solo para que Hwa-eun los detuviera.

Yo había asumido que se quedarían quietos, pero parecía que pensaron que podían seguirme porque no eran humanos.

O quizá creyeron que ser “mujer” y ser una “mujer adulta” eran cosas distintas.

—¿Tsururut?

—¿Shaa?

—¿Bii?

Los niños inclinaron la cabeza como preguntándose cuál era el problema.

Al verlos, se me cruzó una idea.

Tal vez tenían razón: como no eran humanos, la regla no debería aplicar.

Al final, las leyes son para humanos.

Los niños no entrarían en esa categoría.

Si fuera un lugar lleno de gente común, los habría escondido, pero esto era el mundo marcial: no había necesidad de ocultarlos.

Además, Shaolin ya sabía que yo criaba criaturas venenosas y bestias espirituales.

Mientras evitáramos violar la regla de “no mujeres”, no debería haber problema.

Y ahora que lo pensaba, de todos modos necesitaba llevar a Ranghyang para explicar el incidente.

Era un testigo importante… no, una víctima. Una “bestia víctima”, más bien.

Así que de inmediato le pregunté a Hwa-eun.

—Ahora que lo pienso, como los niños no son humanos, ¿no estaría bien?

Y para explicar lo que pasó, tengo que llevar a Ranghyang. Sería mejor llevar a los demás también. Si intento llevarme solo a Ranghyang, capaz que se asusta, porque apenas se volvió parte de nuestra familia.

—Creo que tienes razón en lo de traer a Ranghyang…

Hwa-eun dejó la frase colgando, mirando hacia un lado.

Seguí su mirada y vi a Cheongyu y Yo-hwa parpadeándonos.

—¿Kisit?

—¿Shia?

—Ah…

Al verlas, entendí el problema.

Esas dos eran… complicadas.

Eran demasiado “humanas” como para traerlas sin más.

Cheongyu tenía forma mitad humana: la parte superior se veía como su yo humano.

Y Yo-hwa había tomado la apariencia de Hwa-eun, así que casi no se distinguía de una persona real.

Apoyé la barbilla en mi mano y decidí preguntarle a mi hermano.

—Hermano, ¿por qué no se permite la entrada de mujeres a Shaolin?

—Porque los monjes con disciplina débil podrían caer en la tentación si ven mujeres.

—Ah…

Al oír eso, entendí que era por los monjes batallando con los deseos.

‘En ese caso… ¿tal vez sí se puede?’

Si esa era la razón, quizá en realidad sí estaba bien.

Y preguntar no costaba nada, así que podíamos verificar en la entrada.

—Entonces llevémoslas por ahora y preguntamos en la puerta.

—Si dicen que no, las regresamos a esperar con Hwa-eun. Y como dijiste, Ranghyang tiene que venir de todas formas.

—Va. Niños, vámonos. Pero si dicen que no pueden entrar, tendrán que regresarse y esperar con mamá.

—Kishi.

—Biiii.

—Tsururur.

Los niños soltaron sonidos felices y se formaron rapidito detrás de mí.

Después de despedirnos, partí con mi hermano hacia la entrada.

—Entonces, regresamos pronto.

Arrastrando al falso taoísta mugroso que habíamos capturado.

—Muévete.

—Aughghghh…

Mi hermano jaló la cuerda que ataba al monje, y el bastardo gimió dramáticamente como si se estuviera muriendo.

Arrastrándolo, llegamos a la enorme puerta de piedra de Shaolin.

Más adentro, en otra puerta, un grupo de monjes nos vio y entró en pánico.

Agarraron bastones largos y corrieron para rodearnos… pero uno de ellos reconoció a mi hermano y de inmediato levantó la mano para detenerlos.

—¿Q-q-quién va ahí?

—¡Bajen las armas!

—¡Clack!

—Ah, Amitabha. Hermano Paeng, ¿qué sucede aquí?

El que parecía ser el jefe de guardia preguntó, y mi hermano sonrió mientras nos presentaba.

—Monje Ja-un, este es So-ryong, el yerno del Clan Tang de Sichuan, junto con los niños que cría. Y este hombre es el falso taoísta que el Abad Principal nos pidió capturar la última vez. Como estaba engañando y llevando a la gente a la ruina, lo capturamos como se nos indicó. Claro, todo fue gracias a So-ryong.

—¿Oh, fue él? Y yo había oído sobre las bestias espirituales que cría, pero jamás imaginé que se verían así y que serían tan grandes. Verdaderamente… verdaderamente impresionante.

El monje Ja-un se quedó mirando en blanco por un momento a los niños detrás de mí.

Luego recuperó la compostura y juntó las palmas en saludo.

—Perdonen mis modales. Amitabha. Soy Ja-un. Es un honor conocerlos. Y gracias por resolver el problema de Shaolin.

—Un gusto. Soy So-ryong, hijo del Palacio de las Bestias y yerno del Clan Tang.

Tras los saludos, el monje Ja-un de inmediato dirigió la mirada hacia el taoísta amarrado.

Su expresión cambió por completo en comparación con cuando nos hablaba, y dio una orden al instante.

—Reciban al criminal de manos de nuestros invitados y llévenlo directo al Daeungbojeon. Y uno de ustedes, corra a las cámaras del Abad Principal e informe al Gran Monje Hyewon de la situación.

—¡Sí!

La cuerda con la que mi hermano había sujetado al falso taoísta como si fuera correa pasó a manos de los monjes de Shaolin.

El monje Ja-un se dio la vuelta, listo para guiarnos adentro.

Sin embargo, cuando vio a Yo-hwa y a Cheongyu, su expresión se puso incómoda.

—So-ryong, aunque nos has hecho un gran favor, esas niñas no pueden cruzar las puertas de Shaolin. Adentro, la entrada de mujeres está estrictamente prohibida.

Al parecer, los otros niños estaban bien, pero las que se veían como mujeres eran el problema.

Pero, claro, yo ya lo había anticipado.

¿Creían que iba a traer a los niños hasta acá sin un plan?

Mi intención era negociar.

Pregunté con toda la cortesía posible.

—¿Es por su apariencia?

—Así es, So-ryong.

Como esperaba, era porque parecían mujeres.

Pero entonces, con una expresión algo preocupada, continuó.

—He oído que la razón por la cual no se permite la entrada de mujeres es por temor a que monjes con disciplina más débil caigan en la tentación. ¿Es correcto?

—Sí, es correcto, So-ryong.

—Mmm. Entonces están diciendo que les preocupa que los monjes caigan en la tentación solo con ver a estas niñas…

—Y si ese es el caso… ¿no es eso peligroso en sí mismo?

—¿E-eh?

El monje Ja-un parpadeó, incapaz de captar mi punto, y yo respondí mientras miraba hacia las montañas a lo lejos.

—Me refiero a que, si caen en la tentación con solo ver a seres que ni siquiera son humanos…

‘¡De aquí en adelante, cualquiera que se “emocione” se estaría delatando solito!’

Los insectos suelen describirse como “acorazados” o “con caparazón”… y si alguien se siente tentado por seres que ni siquiera son humanos, ¿cómo se le llama? No “furro”, porque eso es por el pelaje… ¿entonces sería “caparazófilo”, “amante del caparazón”…?

En fin, algo por ese estilo.

Los que aman el pelaje son furros; los que aman los caparazones serían… ¿caparazófilos? ¿caparazones-lovers?

Con mis palabras, el monje Ja-un se estremeció y apresuradamente envió a otro monje hacia adentro.

—Ve y dile al Gran Monje Hyewon que sería mejor que él viniera personalmente a recibir a los invitados.

—Sí, entendido.

Al parecer, era una decisión demasiado pesada para que él la tomara solo.

Por la pregunta que planteé, el Gran Monje Hyewon y varios monjes mayores salieron corriendo a la puerta.

Tras una breve conversación entre ellos, concluyeron que todos podían entrar.

—Aunque la disciplina de un monje sea débil, nadie aquí caería en la tentación solo por ver a una bestia espiritual. Por favor, entren, So-ryong.

Si se negaban, sería como admitir que algunos de sus monjes tenían… gustos peculiares.

Como nadie quería eso, nos permitieron la entrada de inmediato.

‘Eso. Bien.’

—Muchísimas gracias, Gran Monje Hyewon.

Después de agradecer, cruzamos la puerta de la montaña.

Tras la entrada estaba el Cheonwangjeon, y detrás se alzaba el edificio más grande: el Daeungbojeon.

Frente a él, incontables discípulos de Shaolin estaban alineados en filas.

Y en el centro, arrodillado frente al Daeungbojeon, estaba el falso taoísta, Taeheo.

—¿Podrías contarnos toda la historia?

—Por supuesto.

De pie frente al falso taoísta, el Gran Monje Hyewon pidió una explicación.

Asentí y comencé de inmediato.

—Primero que nada, todo esto pasó porque ese falso taoísta engañó a una bestia espiritual —una que ni siquiera puede ver— y la hizo cometer malas acciones. Para explicarlo con más detalle…

Cuando llegué a la parte del incidente en la Aldea Sosang, el rosario en las manos del Gran Monje Hyewon crujió cuando lo apretó con fuerza, y hubo una breve pausa.

Pero seguí y expliqué todo hasta el final.

Cuando terminé, el Gran Monje Hyewon preguntó:

—¿Quién es el que no puede ver?

—Este niño de aquí.

Ranghyang, incapaz de ver, estaba aferrado nerviosamente a Bini.

Lo señalé.

El Gran Monje Hyewon habló con voz apesadumbrada.

—Encontró a un amigo… debió estar solo. Amitabha. Hasta la criatura más pequeña anhela familia, hermanos y cariño.

Durante mi explicación, enfatizé que Ranghyang no tenía la culpa: simplemente lo habían engañado.

El Gran Monje Hyewon no mostró reproche hacia Ranghyang.

En cambio, dirigió su ira ardiente hacia el falso taoísta.

—¡Usar sentimientos tan puros para hacer dinero y hundir a la gente en el sufrimiento! ¡Ni siquiera el Buda compasivo perdonaría un acto así!

—En efecto, aunque Ranghyang cometió errores, fue solo porque ese desgraciado engañó a un niño de corazón tan bondadoso. Es un hombre verdaderamente vil.

‘¡Sí, ese bastardo es maldad pura!’

El falso taoísta, aplastado por la culpa, ni siquiera pudo protestar y solo negó con la cabeza violentamente… pero eso solo hizo que el Gran Monje Hyewon se enojara más.

Ardiendo de furia justa, el Gran Monje Hyewon dictó sentencia.

—¡Explotar a los aldeanos alrededor del Monte Song y manipular a una bestia espiritual pura es un pecado grave! ¡Cincuenta años en la Cámara del Arrepentimiento! ¡Llévenselo!

—¡Sí, Gran Monje!

El taoísta se veía de finales de los treinta.

Cincuenta años: en la práctica, era cadena perpetua.

Fue un juicio helado: condenarlo a pasar el resto de su vida castrado y encarcelado.

Tras dictar el veredicto, el Gran Monje Hyewon sonrió con amabilidad.

—Ahora, ¿vamos adentro, tomamos un té y hablamos del asunto por el que querías preguntar?

Por fin era hora de aprender sobre el karma y el destino.

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