El maestro del veneno en el clan Tang Sichuan - Capítulo 318

  1. Home
  2. All novels
  3. El maestro del veneno en el clan Tang Sichuan
  4. Capítulo 318 - Reino de los Cinco Venenos (4)
Prev
Novel Info
                          

Un hombre y una mujer corrieron hacia mí en lugar de responder mi pregunta.

Igual que en los días cuando eran lagartijas, los dos saltaron a mis brazos exactamente al mismo tiempo.

—¡Wajajajá! ¿Así se veían ustedes en su espacio mental?

Entonces el hombre que parecía ser Bing me levantó con ambos brazos y me alzó bien alto hacia el cielo.

—¡Uwaaa! ¡¿Por qué Bing está tan fuerte?!

Se suponía que yo era el papá, pero sentí como si me estuvieran lanzando como avión… me agarró en curva por un momento. Aun así, ya me había comprometido con este concepto de “papá”, así que decidí seguirle el juego.

La neta, él se veía más alto y más grande que yo, pero ¿qué podía hacer? Yo ya me había adjudicado el papel de papá.

Solo fingí que nada era raro y actué como siempre.

Ya era demasiado tarde para corregir cómo nos llamábamos entre nosotros, y además los niños no parecían tener queja alguna.

—No puedo creer que Bing saliera tan guapo. Y Seol también está hermosísima.

Los dos eran realmente impresionantes.

Cabello plateado, cejas plateadas, piel pálida como la nieve y ojos azules.

Tenían un aire exótico… casi como occidentales.

‘¿De verdad estos son nuestros Seol y Bing?’

Por un instante, honestamente dudé si eran alguien más.

Ese aspecto occidental era totalmente nuevo. Y encima, esto de registrar a toda la familia de golpe nunca había pasado.

Pero no había motivo para dudar que eran mis niños: cuando Bing me bajó y los abracé a los dos, un frío familiar me llenó los brazos.

No era una sensación cálida o suave, sino un frío muy marcado.

En parte porque eran lagartijas, sí, pero también porque, fieles al nombre que les había dado —Seolbingseokcheok—, eran bestias espirituales llenas de energía de hielo.

Tenían un aura helada única de ellos, algo que una lagartija normal no desprendería, y yo podía sentirlo ahí mismo.

Sin duda… eran nuestros Seol y Bing.

Después de saludarlos con alegría, sentí un jaloncito en la orilla de mi túnica.

Bajé la mirada y vi a una niña claramente femenina tirándome de la ropa.

Tenía el cabello plateado cortado tipo bob, mejillas regordetas con un rosita encendido, y se chupaba un pulgar mientras con la otra mano me jalaba la túnica.

Estaba adorable… como si así se vieran Cho, Hyang o Bini cuando todavía eran ciempiés bebés amarillos.

De inmediato me agaché, la miré a los ojos y le pregunté:

—Tú debes ser Dong. Entonces eres nuestra nietecita, ¿eh? ¿El abuelo te puede dar un abrazo?

Sin decir una palabra, me rodeó el cuello con sus bracitos.

Dong respondió mi pregunta con un abrazo.

Con esos brazos chiquitos pegados a mí, se me dibujó una sonrisa por pura felicidad.

—Qué bueno… la verdad, iba a registrar a Dong primero, pero me preocupaba que llorara y se quedara sola aquí, asustada. Me alegra que estuvieras con mamá y papá.

Le acaricié la cabeza mientras hablaba, y Seol y Bing me miraron sonriendo.

Aún tenía curiosidad de cómo los tres terminaron aquí de golpe, pero… ¿importaba?

Si podía hacer todo en una sola ida, era todavía mejor.

Registrar una sola bestia tardaba más de diez días. Tres normalmente significaría casi un mes entero.

¿Hacerlo todo de una vez? Premio mayor.

‘Yo no me quejo.’

—Bueno, entonces vamos para allá y platicamos. Les voy a explicar por qué entraron aquí de repente. Intenté explicar antes de que entráramos, pero seguro no captaron todo, ¿verdad?

Nos movimos hacia la roca vieja que Seol y Bing usaban como casa. Decidí explicar qué era este espacio y qué pasaría después.

No se veían demasiado sorprendidos, pero aun así merecían una explicación bien hecha.

Antes, yo solo le había dicho a Dong que quizá despertaría en un lugar extraño y que el abuelo iría a encontrarla, así que no debía tener miedo.

Sentado en esa roca familiar que los niños alguna vez llamaron hogar, comencé a hablar.

—A este lugar se le llama “espacio mental”. Es un reino dentro de sus corazones. Puede que el cambio repentino los haya asustado, pero yo fui quien los trajo. Una vez que los registre aquí, podremos hablar con la mente.

—Hasta ahora no entendía ni una palabra de lo que decían, pero después de esto, podré escucharlos con claridad.

—Por eso tuve que traerlos aquí.

Lo expliqué despacio y claro. Seol y Bing asintieron.

Se notaba que les emocionaba la idea de poder hablar conmigo.

Para cuando terminé de explicar, Dong ya se había alejado. Miré alrededor y la vi olfateando flores y examinando hojas de pasto.

El lugar debía fascinarla.

Incluso para una bestia espiritual, un niño sigue siendo un niño.

‘Está bien tierna… pero ya quedó la explicación. Debería volver pronto. El tiempo aquí corre distinto que afuera.’

Quería quedarme viendo a Dong jugar, pero ya había decidido la vez pasada que debía regresar lo más rápido posible.

—Dong, ven para acá. Ya es hora de regresar.

Estaba oliendo una flor azul cuando la llamé, y corrió con pasitos rapiditos.

Me preocupó que se fuera a caer, así que me levanté para encontrarla… y, tal como pensé, se tropezó con el pasto y resbaló hacia adelante con los brazos extendidos.

Me lancé y la agarré de la ropa, atrapándola justo a tiempo. Quedó colgando de mis dedos, balanceándose suavemente.

—Mi Dong casi se cae.

Sonreí mientras la acercaba a mis brazos, y ella me dio un beso en la mejilla.

Tal vez era su forma de dar las gracias por atraparla.

Sonriendo, miré a Seol y a Bing y les pedí besos en ambas mejillas también… y cuando sus labios tocaron mi rostro, mi vista empezó a ponerse borrosa.

—Volvamos a vernos allá afuera.

Los tres sonrieron con brillo, y esa escena hermosa se grabó cálida en mi memoria.

Habían pasado cinco días desde que So-ryong entró al espacio mental.

Cuando Hwa-eun entró al cuarto para revisarlo, no pudo evitar quedarse en shock.

Las tres bestias que habían entrado al espacio mental con So-ryong —Seol, Bing y Dong— estaban despiertas.

Las tres le estaban lamiendo la cara a So-ryong.

—¿Ya despertaron?

—Guuu.

—Gyuit. Gyuu.

—Ggukggu.

Como So-ryong seguía inconsciente, no podían usar la comunicación tipo chat grupal de antes, así que ella no podía confirmar con palabras si el registro había salido bien o si los niños estaban sanos.

Pero se veían lo suficientemente saludables.

Hwa-eun salió corriendo y llamó a gritos el nombre de Seol.

—¡Unni Seol! ¡Unni!

Gritó hacia un árbol grande afuera del cuarto de So-ryong, y de pronto el área debajo de él onduló. La habitación apareció a la vista, y Seol salió.

El lugar de donde venía era un anexo oculto, antes cubierto por la ilusión de Jeokwol… tan confuso al inicio que casi no lograban encontrarlo.

Seol ladeó la cabeza ante la urgencia de Hwa-eun.

—¿Qué pasa? ¿Ocurrió algo?

—¡Los niños despertaron primero!

—¿En serio?

—¿Está mal? ¿Pasa algo?

Hwa-eun se veía preocupada, como si no estuviera segura de que eso fuera normal, pero Seol sonrió suave y le dio unas palmaditas en el hombro.

—¿Sigues preocupada aunque te dije que no? ¿No te acuerdas? Los niños siempre despiertan antes que So-ryong.

—Oh… ¡cierto!

A Hwa-eun se le abrieron los ojos al caer en cuenta y asintió rápido.

Ahora que lo pensaba, Seol tenía razón: cada vez que So-ryong volvía del espacio mental, los niños siempre despertaban primero.

Eso también había pasado con Cho, Hyang y Bini.

Los niños siempre se movían primero. So-ryong siempre venía después.

Hwa-eun se dio cuenta entonces… que había estado preocupándose todo el tiempo.

Porque en algún rincón de su corazón, la idea de que So-ryong pudiera volverse como Seokcheok jamás la había dejado.

—Sí… supongo que tienes razón.

Rascó el suelo torpemente con la punta del pie, y Seol cruzó los brazos y dijo:

—Ándale. Hoy va a despertar. Mejor esperemos en el cuarto.

—Está bien, Unni.

Como los niños siempre despertaban unas horas antes que So-ryong, decidieron esperar juntas.

Se acomodaron en la habitación y aguardaron a que él despertara.

Pero So-ryong no despertó.

Pasó un día completo.

Luego dos.

Luego tres.

Era una noche justo antes de la luna llena, con una luna enorme y pesada colgando sobre la cumbre de la montaña.

Binghyeol Nanhwa, comandante de la Unidad Sombra de Sangre, miró hacia la montaña y les preguntó a los guerreros arrodillados detrás de ella con voz baja.

[¿Es aquí?]

[Sí, Comandante.]

Este era el pie de la montaña donde se decía que ese bastardo Wei Su Long —hijo del Palacio de las Bestias y yerno del Clan Tang de Sichuan— había rentado una casa.

Mirando hacia la ladera donde supuestamente estaba la casa, Nanhwa preguntó de nuevo:

[¿Se confirmó su presencia allá arriba?]

El guerrero al frente inclinó la cabeza y respondió:

[Hay tres personas en la casa. Los aldeanos los vieron subir hace nueve días.

Dicen que hay dos mujeres viviendo con él: una parece del Clan Tang de Sichuan, y la otra probablemente del Palacio de las Bestias.

Una de las dos ha bajado al pueblo dos veces a comprar comida y provisiones, pero nadie ha visto al bastardo en persona.

Dado que eligió un lugar tan pintoresco, ¿no cree que solo está encerrado disfrutando con las mujeres?]

[¿Y cuándo se obtuvo esta información?]

[Hace tres días.]

[¿Tres días?]

[¿Pasa algo?]

Nanhwa consideró soltarle un insulto al hombre, pero al ver el grupo reunido, decidió contenerse.

Esos no eran miembros de su Unidad Sombra de Sangre.

Si lo fueran, no se atreverían a hablar tan confiados a menos que la información fuera de ayer, como mínimo. Pero estos no eran Sombra de Sangre: no entendían que verificar al objetivo diariamente era protocolo estándar.

Para su unidad, esas cosas ni se decían. Eran obvias.

Reprimiendo su frustración, Nanhwa ordenó:

[Tenías a alguien vigilando la casa, ¿sí? Llámalos.]

[Sí, Comandante.]

—¡Screeech!

A la orden de Nanhwa, uno de los guerreros raspó una placa metálica, una señal usada entre el Culto de Sangre.

No pasó mucho cuando un raspón similar respondió desde la ladera.

—¡Screeech!

Momentos después, dos guerreros enmascarados descendieron de la montaña, deslizándose en la oscuridad para arrodillarse ante Nanhwa.

[¡Sangre por Sangre! ¡Saludamos a la Comandante!]

Aún mirando hacia la cima de la montaña, Nanhwa preguntó:

[¿Y bien? ¿El bastardo está en la casa?]

[E-eso es…]

El guerrero vaciló, incapaz de responder.

Al oír su tono inquieto, Nanhwa por fin apartó la mirada de la montaña y lo miró directo.

Y entonces, algo totalmente increíble llegó a sus oídos.

[Perdónenos, Comandante. Ocurrió algo extraño en la montaña… ni siquiera pudimos confirmar la casa.]

[¿Qué? ¿No pudieron confirmar la casa?]

[El lugar donde se supone que estaba la casa estaba cubierto de hierba y árboles… nada más.]

[¿Qué? ¿De qué demonios estás hablando? ¿Me estás diciendo que tienen mal la ubicación?]

Con los ojos bien abiertos en la oscuridad, lo presionó de nuevo, y el guerrero inclinó la cabeza todavía más al responder.

[Parece que… se desplegó una formación.]

[¿¡Una formación!?]

Una formación.

Y si estaba mostrando algo distinto de la realidad… entonces era una formación de alto nivel.

Algo que solo familias como el Clan Zhuge, expertos en artes de formación, o prodigios nacidos del cielo podrían levantar.

El hecho de que existiera una formación así hizo que los ojos de Nanhwa se abrieran con shock.

—¿Qué carajos es esto?

Estaba seguro de que estaba registrando a los niños y apenas empezando a perder la conciencia… pero cuando volví en mí, estaba de pie en un lugar extraño.

Un espacio raro, sin salida, rodeado por todos lados: paredes, piso y techo.

Los muros y el techo alto eran de piedra, formando una cámara circular.

Debería estar oscuro, pero, extrañamente, estaba iluminado. Y si esto fuera un espacio mental, deberían estar los niños o algo… pero no había nada.

Solo piso de piedra y paredes. Eso era todo.

Miré alrededor y decidí inspeccionar los muros. Tal vez hubiera alguna salida.

Caminé pegado a la pared, palpando aquí y allá, y al final descubrí que había puertas.

Cinco puertas.

Cada una tallada con la imagen de una de las Cinco Bestias Venenosas.

Y, curiosamente, en cada puerta aparecía uno de mis niños.

En la primera puerta estaban los ciempiés: Cho, Hyang y Bini.

En la segunda puerta estaba la serpiente: Cheongyu.

En la tercera puerta estaban las lagartijas: Seol, Bing y Dong.

En la cuarta puerta estaba el escorpión: Cheongwol.

Y en la quinta puerta estaba el sapo: Hwayang.

Cada grabado era detallado y vívido.

—Thrum.

Cuando puse la mano sobre uno de los grabados, la puerta se abrió.

Y no solo esa: cualquiera de las cinco se abría con solo tocarla.

Se sentía como si me estuvieran pidiendo que eligiera una para entrar.

Así que me senté en el centro del espacio, sumido en pensamientos, tratando de decidir a dónde ir.

Prev
Novel Info

MANGA DISCUSSION

Deja una respuesta Cancelar la respuesta

You must Register or Login to post a comment.

Apoya a este sitio web

Si te gusta lo que hacemos, por favor, apóyame en Ko-fi

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first