¡El gran ganso y el villano en un reality matrimonial comienza el espectáculo! - Capítulo 68
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- Capítulo 68 - Visitantes inesperados
Cuando Xu Wang se apartó de Pei Yanchuan, este incluso lo siguió instintivamente, como si quisiera prolongar el beso.
Aquel pequeño gesto no pasó desapercibido para Xia Yu ni para los expertos en shippeo de la transmisión en vivo.
[Ustedes dos van a matarme de tanta dulzura.]
[¡Dios mío! Al final, el presidente Pei incluso lo siguió buscando. Ya no puedo más.]
[¡Síguelo, síguelo! ¡Llénalo de besos, presidente Pei!]
[El presidente Pei está demasiado enamorado.]
[¿El presidente Pei siente que no fue suficiente? Nosotros también. Solicitamos oficialmente unos minutos más.]
[Al de arriba, ¿quieres que te preste mi ábaco unos minutos más para que sigas haciendo tus cálculos?]
[Ya ni sé cuántas veces he cambiado de fondo de pantalla, pero estoy muy satisfecha. (feliz)]
………………
Al ver las cifras de audiencia que acababan de reportarle desde producción, el director comenzó a bailar de emoción.
¡Había explotado!
¡La transmisión había explotado!
Emocionado, agarró al subdirector y se puso a bailar con él por toda la habitación.
¡Lo recuperarían!
¡Iban a recuperar todo el dinero invertido!
El subdirector se dejó arrastrar completamente confundido y solo cuando el director terminó agotado comprendió qué había ocurrido.
El viento nocturno se volvía cada vez más frío.
Xu Wang acababa de cambiarse de ropa cuando sintió que alguien le colocaba una chaqueta sobre los hombros.
—Por la noche refresca —dijo Pei Yanchuan, de pie junto a él con una fina camisa.
—¿Y aun así sigues aquí conmigo soportando el viento frío? Vamos, entra rápido.
Xu Wang sonrió mientras empujaba a Pei Yanchuan hacia el interior del barco.
Sin embargo, justo cuando él también se disponía a entrar, por el rabillo del ojo percibió la mirada celosa de Zhong Ran.
A Xu Wang le pareció ridículo.
A esas alturas ya había comprendido perfectamente qué clase de persona era Zhong Ran. No tenía ninguna capacidad propia y, encima, era un oportunista que pretendía quedar bien con ambos bandos.
Pero ni siquiera se preguntaba si alguno de esos bandos estaba interesado en prestarle atención.
—Entra tú primero. Voy por algo y enseguida regreso —dijo Xu Wang, despidiéndose de Pei Yanchuan con la mano.
—Está bien. No tardes.
Pei Yanchuan soltó a regañadientes la otra mano de Xu Wang.
Xu Wang regresó a la cubierta.
Como esperaba, Zhong Ran seguía allí.
—¿Estás muy satisfecho contigo mismo? —preguntó Zhong Ran entre dientes mientras lo miraba.
No lo entendía.
Antes de participar en aquel programa, había hecho todos los preparativos posibles.
Entonces, ¿por qué el resultado era tan diferente de lo que había imaginado?
—Sí —respondió Xu Wang con total naturalidad.
—Tú…
Evidentemente, Zhong Ran tampoco esperaba que fuera tan directo.
—¿Yo qué? ¿Acaso no puedo estar satisfecho?
Xu Wang nunca había sido de reprimir sus propios sentimientos.
Lo bueno era bueno.
Lo malo era malo.
—No te alegres demasiado pronto. Todavía no he perdido…
Zhong Ran recordó lo atento y considerado que Pei Yanchuan era con Xu Wang y luego pensó en Leng Yifan, a quien tenía que consolar hasta por el asunto más insignificante.
La llama roja llamada celos ardió todavía con más fuerza en su interior.
—Alto. Hasta ahí —lo interrumpió Xu Wang—. No vengas a recitarme ese discurso de víctima. Para empezar, desde el principio hasta el final jamás he querido competir contigo por nada. Así que no hace falta que vengas con esa actitud de hombre resentido a contarme todas esas cosas que ni me van ni me vienen. No quiero escucharlas ni me interesan. Mientras tú y el tuyo no vengan a molestarme a mí ni a Pei Yanchuan, me da igual lo que hagan.
Tras terminar, Xu Wang soltó un enorme bostezo, se dio la vuelta con absoluta despreocupación y regresó al camarote.
Zhong Ran permaneció solo en la cubierta.
El viento frío le helaba todo el cuerpo.
De repente, sintió una mirada peligrosa sobre él.
Zhong Ran levantó la cabeza instintivamente y se encontró directamente con los ojos de Pei Yanchuan desde el interior del camarote.
No sabía cuánto tiempo llevaba observándolo.
El rostro de Pei Yanchuan carecía por completo de expresión.
Su calma resultaba aterradora.
En sus ojos negros solo había una indiferencia absoluta, como si estuviera contemplando algo inerte.
Y Zhong Ran era precisamente ese objeto sin vida.
Incapaz de soportar aquella mirada, Zhong Ran huyó apresuradamente.
No sabía por qué, pero tenía la intensa sensación de haber sido marcado como presa por una bestia feroz.
Mientras tanto, Xu Wang abrió la puerta de la habitación y percibió inmediatamente en el aire un tenue aroma a licor de lichi.
Al escuchar el movimiento detrás de él, Pei Yanchuan se dio la vuelta de inmediato.
Una ligera sonrisa apareció en su rostro al ver a Xu Wang.
—¿Ya regresaste?
—Mm.
Xu Wang se acercó por iniciativa propia y rodeó la cintura de Pei Yanchuan con los brazos.
Pei Yanchuan también abrazó dócilmente a la persona entre sus brazos.
Los dos permanecieron abrazados en silencio, sin hacer nada más.
Sin embargo, aquel gesto tan sencillo consiguió calmar milagrosamente sus corazones.
Xu Wang no supo en qué momento se quedó dormido.
Cuando volvió a despertar, ya estaba en casa.
Nada más abrir los ojos, vio su almohadón con forma de gran ganso de caricatura.
Los enormes y adorables ojos del ganso lo miraban con expresión bobalicona.
Xu Wang no pudo evitar reírse.
Sobre el almohadón había pegada una nota rosa.
Xu Wang se dio la vuelta, tomó la nota y, como esperaba, descubrió que Pei Yanchuan se la había dejado.
Xiao Wang, te dejé gachas de arroz en la olla de la cocina. Recuerda comer un poco cuando te levantes. Para el almuerzo le pedí al mayordomo que te encargara comida. Recuerda comer un poco más de verduras.
En la esquina inferior derecha estaba escrito:
Pei Yanchuan.
Xu Wang abrazó el almohadón y volvió a rodar sobre la cama antes de levantarse finalmente, aunque de mala gana.
Entró en la cocina.
Un tenue aroma a arroz impregnaba el ambiente.
Xu Wang levantó la tapa de la pequeña olla y encontró dentro unas gachas de arroz blanco, con los granos perfectamente cocidos.
Se sirvió un tazón y lo llevó hasta la mesa.
Antes de empezar a comer, incluso tomó varias fotografías de su desayuno y se las envió a Pei Yanchuan.
Xu Daw ang: Desayuno de hoy conseguido ✓. Gracias al presidente Pei por alimentarme. Mua.
Xu Dawang: [Foto] [Foto] [Foto]
Mientras tanto, en la sala de reuniones del Grupo Pei.
Aunque afuera hacía un calor abrasador propio del verano, dentro de la sala el ambiente era tan gélido que todos sentían ganas de envolverse mejor con sus chaquetas.
¡Din, din, din!
El sonido de varios mensajes consecutivos resonó con especial claridad en la amplia y silenciosa sala.
Todos los presentes, que ya estaban sentados sobre ascuas, dirigieron instintivamente la mirada hacia el teléfono que su jefe había dejado sobre la mesa.
Pei Yanchuan tomó el teléfono.
En cuanto vio quién le había enviado los mensajes, el aura que lo rodeaba se suavizó inmediatamente.
Los demás dejaron escapar un profundo suspiro de alivio.
Especialmente el asistente especial Yang, que estaba sentado más cerca de Pei Yanchuan.
Señora del jefe, su mensaje llegó justo a tiempo.
Pei Yanchuan recorrió con la mirada a sus subordinados.
—Espero tener mañana por la mañana sobre mi escritorio una propuesta para el asunto que planteé hoy.
—Sí, presidente Pei —respondieron todos al unísono.
Pei Yanchuan asintió, se levantó y abandonó la sala de reuniones a grandes pasos.
Solo varios minutos después de que se marchara, todos se relajaron de verdad.
—¡Viva la señora del jefe! —exclamó agradecido un empleado Alfa.
—¡Apoyaré eternamente a la señora del jefe!
—Aunque tengo curiosidad. ¿Por qué el jefe se interesó de repente en una empresa tan pequeña como la de la familia Zhong? —preguntó intrigado uno de los empleados de mayor edad.
—Yo diría que o hicieron enfadar a nuestro jefe o hicieron enfadar a la señora del jefe —aventuró una joven directora de departamento.
—Creo que lo de la familia Zhong era cuestión de tiempo —dijo el jefe del departamento de relaciones públicas, negando con la cabeza—. Ese miembro de la familia Zhong llevaba mucho tiempo tratando de involucrar a nuestro presidente Pei. Si el presidente Pei no hubiera sido demasiado perezoso para prestarle atención, ¡la familia Zhong ya habría desaparecido hace mucho!
—¿Para qué necesitamos saber tanto? El jefe nos paga y nosotros le resolvemos sus problemas. Eso es suficiente —comentó despreocupadamente el director del departamento técnico.
—También es verdad.
Un empleado se tocó su abundante cabellera y asintió en señal de acuerdo.
Pei Yanchuan regresó a su oficina y abrió el teléfono.
Sus dedos fueron pasando una fotografía tras otra.
Separó ligeramente el índice y el pulgar sobre la pantalla para ampliar una de ellas.
La sonrisa de Xu Wang ocupó inmediatamente toda la pantalla.
Al contemplarla, las comisuras de los labios de Pei Yanchuan también se curvaron involuntariamente.
Guardó todas las fotografías y finalmente eligió dos para usarlas como fondo de pantalla y pantalla de bloqueo.
Pei: [acaricia la cabeza · sticker]
Pei: Cuando regrese te llevaré un pastelito sabor durazno.
Cuando Xu Wang recibió el mensaje, acababa de terminar su tazón de gachas.
Al ver la notificación aparecer en la parte superior de la pantalla, arqueó una ceja.
Abrió el teclado.
Xu Dawang: Gracias, presidente Pei. Ha trabajado muy duro. Cuando vuelva, este humilde servidor le dará un masaje en los hombros.
Xu Dawang: El maestro Gran Ganso ya está en línea.
Pei Yanchuan soltó una suave risa al leerlo.
Pei: Bien.
En la villa, después de desayunar, Xu Wang volvió a practicar taichí.
Cuando terminó una ronda completa, tenía todo el cuerpo agradablemente caliente y se sentía mucho más cómodo.
Xu Wang permaneció obedientemente en casa esperando que Pei Yanchuan regresara del trabajo.
Sin embargo, antes de que pudiera esperar a Pei Yanchuan…
Llegaron varios visitantes inesperados.