¡El gran ganso y el villano en un reality matrimonial comienza el espectáculo! - Capítulo 59

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  4. Capítulo 59 - La conspiración del equipo de producción… ¿Una isla desierta?
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Finalmente, llegaron a su destino.

Xu Wang contempló la playa completamente vacía frente a él y tres enormes signos de interrogación parecieron surgir sobre su cabeza.

¿Qué lugar era este?

¿Una isla desierta?

La expresión de Pei Yanchuan también se volvió seria.

—Director, estás bromeando, ¿verdad? ¡Este es un reality de parejas! —Yun Xi contempló desesperado la playa desierta antes de volverse hacia el director.

—Claro que lo sé. Tranquilos, esto no es una verdadera isla desierta. Solo es una playa privada que lleva mucho tiempo desocupada. El equipo del programa ya se la alquiló a su propietario —explicó el director, agitando las manos para tranquilizarlos.

—¿Estás seguro? —Xia Yu recorrió los alrededores con una mirada desconfiada.

Por más que mirara, aquello parecía una isla desierta.

—Por supuesto. La casa del dueño de esta playa está justo allí.

El director levantó la mano derecha y señaló en una dirección.

—¿Dónde? —Gu Yunlan entrecerró los ojos y miró atentamente varias veces, pero ni siquiera logró distinguir un techo—. ¿Será una casa de una sola planta y por eso no se ve?

—¡Allí! —insistió el director, señalando nuevamente con toda seriedad.

Xu Wang observó con atención el pequeño bosque que había en aquella dirección. Sacó su teléfono, abrió la cámara y comenzó a ampliar la imagen una y otra vez.

Finalmente, entre la espesura de los árboles, consiguió distinguir la diminuta punta de una chimenea.

La sonrisa de Xu Wang se congeló durante un segundo.

—¿Y dónde dormiremos esta noche? —preguntó Pei Yanchuan, planteando la cuestión más importante.

—Supongo que en la casa, ¿no? No pretenderán que durmamos directamente sobre la playa —dijo Leng Yifan con cierto desagrado en la voz.

—Profesor Leng, como esperaba, eres increíble. ¿Cómo supiste que nuestro alojamiento estaría precisamente en esta playa? —El director miró a Leng Yifan con expresión de sorpresa.

El subdirector se cubrió la cara con una mano.

¿Qué hacer?

Empezaba a temer que los invitados terminaran golpeándolos entre todos.

—Director, no estarás hablando en serio, ¿verdad? —Xia Yu se aferró con fuerza al brazo de Hou Yunqi.

Hou Yunqi lo rodeó con un brazo y le dio unas suaves palmadas para tranquilizarlo.

—No se preocupen. Por supuesto que no vamos a obligarlos a dormir así, directamente sobre el suelo. ¿Recuerdan el dinero para el viaje que tienen? El equipo del programa les permitirá canjearlo por diferentes artículos —volvió a explicar el director.

—¿El dinero para el viaje? Recuerdo que nosotros deberíamos tener 10 600 yuanes —dijo Xu Wang.

Lo recordaba perfectamente.

Su grupo había comenzado con 4 000 yuanes, habían gastado 300 en bebidas y agua, y después habían ganado otros 6 900.

Pei Yanchuan asintió.

Xia Yu hizo cuentas con Hou Yunqi. A ellos todavía les quedaban 2 400 yuanes.

Qin Huai y Gu Yunlan tenían 4 200.

Zhong Ran y Leng Yifan apenas conservaban 1 200.

Yun Xi, por su parte, tenía 3 100 yuanes para él solo.

Cuando el director vio que todos habían calculado cuánto dinero les quedaba, hizo que el subdirector repartiera los fondos entre los invitados. Jiang Xiubai recibió la misma cantidad que Yun Xi.

Cuando llegó el turno de entregarle el dinero a Xu Wang, el subdirector vio cómo el grueso fajo de sobres que llevaba consigo se reducía prácticamente a la mitad.

Le sangraba el corazón.

—Queridos invitados, hace mucho calor y el sol cada vez pega más fuerte. ¿No quieren canjear algo de dinero por una tienda de campaña? ¡Hoy están en oferta! Ni 998 ni 888. ¡Por solo 520 yuanes podrán darle un hogar a su amado! —En cuanto vio que los invitados tenían dinero en las manos, el director comenzó inmediatamente con su discurso de vendedor.

—¡Director, eso es un robo! ¡Yo soy el embajador de esa tienda de campaña! ¡La marca la vende a 200 yuanes! —protestó Gu Yunlan.

¿Abría la boca y ya le había aumentado el precio a más del doble?

¿No era demasiado descarado?

El director miró a Gu Yunlan.

Luego bajó la vista hacia el empaque de la tienda de campaña que sostenía.

Allí estaban, en todo su esplendor, la fotografía y la firma de Gu Yunlan.

Vaya…

Esto sí que era incómodo.

[JAJAJA. Este giro me dejó sin palabras.]

[Director: «Oh, no. ¿Intenté estafar al mismísimo embajador de la marca?».]

[Atención, directores y productores que estén viendo el programa: si algún día quieren utilizar esta estrategia, recuerden comprobar primero quién promociona el producto.]

[@Spring Camping, a su embajador acaban de intentar cobrarle más del doble por comprar uno de sus propios productos. Como marca, ¿qué opinan al respecto?]

[JAJAJA, @Spring Camping.]

[@Spring Camping.]

[@Spring Camping.]

[…]

El director dio un paso al frente para ocultar las tiendas de campaña que tenía detrás y, al mismo tiempo, hizo una seña al subdirector con la mano derecha, escondida a su espalda.

El subdirector entendió inmediatamente.

Junto con varios miembros del equipo, comenzó a quitar a toda velocidad los empaques de las tiendas. Los hicieron bolas y los metieron en bolsas de basura.

Al ver aquello, la comisura de los labios de Xu Wang se contrajo.

Director, tu habilidad para taparte los oídos y fingir que no pasa nada mejora cada día.

Justo cuando Gu Yunlan estaba a punto de seguir discutiendo con el director, este levantó repentinamente la cabeza con una expresión solemne.

—¿Acaso creen que lo único que están comprando es una simple tienda de campaña?

—¿No es eso? —replicó Qin Huai.

—¡Por supuesto que no! Lo que están comprando es un pequeño hogar temporal. También están comprando seguridad para ustedes y para la persona que aman. El valor de todo eso supera con creces el precio de la tienda en sí. Así que son 520 yuanes. No aceptamos regateos.

El director levantó la cabeza con una sonrisa.

Jiang Xiubai soltó una risa de pura incredulidad.

Gu Yunlan y Qin Huai también se quedaron sin palabras ante semejante descaro.

—Nosotros compraremos una. Yanchuan, paga —dijo Xu Wang.

A esas alturas ya lo había entendido perfectamente.

Cuando se trataba de dinero, era absolutamente imposible conseguir que el director cediera.

—Bien.

Pei Yanchuan sacó 600 yuanes del sobre.

El director tomó el dinero, retiró directamente un billete de 100 yuanes y se lo devolvió a Pei Yanchuan.

—Como el profesor Pei y el profesor Xu son nuestros primeros clientes, he decidido redondearles el precio. Esperamos volver a contar con su preferencia.

—¿Eso también se puede? —Xia Yu inclinó la cabeza.

¿Así que comprar primero equivalía a conseguir un descuento de veinte yuanes?

—Tampoco hace falta que se preocupen demasiado —añadió el director al ver que los demás grupos comenzaban a dudar—. El equipo del programa ha escondido cofres dorados por los alrededores. Cada cofre contiene una cantidad diferente de dinero, y ninguno tiene menos de 500 yuanes.

Aquellas palabras fueron el empujón definitivo.

En un abrir y cerrar de ojos, se agotaron todas las tiendas de campaña.

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