El Favorito del Cielo - Capítulo 892
El comportamiento pervertido del pequeño Bolita era 100% natural, imposible de prevenir. Como era de esperarse, toda la gente del palacio también fue “abusada” por él, ya que se comportaba con la actitud de compartir sus “cosas buenas” con todos. El joven emperador, Yan Xiaoming, decidió de inmediato pedirle al pequeño Nueve que llevara al pequeño Bolita al Palacio Fuying para jugar con el pequeño Diez, quien aún vivía en el palacio por ser demasiado pequeño. Así salvó a todos de aquella tortura.
—¿Cómo demonios criaste a tu hijo? ¡Mira en lo que lo convertiste!
Al ver desaparecer la figurita del pequeño Bolita de su vista, Zeng Shaoqing lanzó el ataque contra Yan Shengrui y Ling Jingxuan. ¡Maldita sea! Lo más imperdonable era que lo hubieran traído al palacio aun sabiendo que el niño quería presumir el lunar en su p*necito. ¡¿Lo hicieron a propósito?!
Ante sus quejas, Ling Jingxuan sólo se encogió de hombros con un “¿qué puedo hacer?”. Yan Shengrui tomó una taza de té y bebió con elegancia. Ambos lo ignoraron por completo. Si supieran cómo corregir al niño, ya lo habrían hecho. ¿Para qué esperar a que otros se quejaran? Sólo podía decirse que su hijo era… diferente.
—Quizá es porque no tiene mucho que hacer. Wen y los demás están ocupados con la escuela y no tienen tanto tiempo para jugar con él, así que él…
Chu Yunhan se puso rojo a mitad de la frase. Realmente no podía pronunciar las palabras “juega con su propio p*necito”.
—¿No tiene nada que hacer?
Ling Jingxuan alzó una ceja, sin palabras.
—Yo nunca he visto a un niño más ocupado que él. Corre por todos lados todo el día, o anda revolviendo los cajones y alacenas de la casa. Cada vez que viene al palacio, ni nos avisa. En el camino, un montón de gente lo saluda y le da comida. Hoy, desde que llegamos hasta aquí, no hubo una sola persona que no lo conociera. Está más ocupado que Shengrui y yo.
Si él no lo hubiera visto con sus propios ojos, jamás creería que su hijo era tan popular, conociendo a aún más gente que él y Shengrui.
—Jajaja… No subestimes a nuestro pequeño Bolita. Con sólo quedarse parado ahí con esa carita adorable, ¿quién no lo querría? Además tiene una boca tan dulce. ¿A quién no puede conquistar?
Chu Yunhan sonrió. Tomemos el palacio, por ejemplo: desde él y el pequeño Siete hasta el eunuco más común, ¿quién no lo adoraba? Cada vez que veían llegar su pequeña carreta, no pasaba mucho antes de que se llenara de gente afuera del Palacio Fuqing. Todos iban sólo para verlo. Era normal: el niño llamaba “tío”, “tía”, “hermano” y “hermana” a todo aquel que se cruzara en su camino. ¿Cómo no lo iban a querer?
Bolita era muy distinto de los pequeños bollos. Él creció rodeado del cariño de todos, sin haber vivido las experiencias difíciles que ellos pasaron. Su mundo era brillante y sin manchas, así que vivía una vida más simple y feliz que cualquiera. Si fuera posible, todos desearían que se mantuviera así para siempre, aunque sabían que era imposible.
—En fin. Vine al palacio porque escuché que ustedes dos se van a casar. ¿Cuándo harán la boda? ¿Necesitan ayuda?
Las “grandes hazañas” del pequeño Bolita no terminarían ni en tres días ni en tres noches. Ling Jingxuan decidió dejar el tema y dirigir la conversación al verdadero motivo de su visita. En aquel entonces, cuando Qi Liancheng fue envenenado, aunque sobrevivió, él no se sorprendió demasiado, porque la persona que lo salvó era un temerario criado por la Noble Consorte Bai, quien tenía conexiones con Nanjiang. Era normal que alguien experto en venenos pudiera crear un antídoto. Pero Ling Jingxuan también tenía la certeza de que su veneno sólo podía suprimirlo, nunca eliminarlo por completo.
La información de los espías que Yan Shengrui tenía en el Reino Dong lo confirmó. La salud de Qi Liancheng estaba deteriorada, enfermo durante todo el año, y nadie podía hacer nada al respecto. Además de eso, sólo habían robado la mitad del método de forja. Les tomaría tiempo descifrarlo y aun si lo lograban, pasaría mucho antes de que lo implementaran en su ejército. Por eso no enviaron más tropas a la frontera.
Mientras el Reino Dong hacía todo su esfuerzo por estudiar el método robado, ellos aprovecharon para fortalecer su país y mejorar la economía. Ahora, tres años habían pasado. Estaban completamente preparados para la guerra que se acercaba, pero antes de eso tenían que resolver el problema de Nanjiang, ese tumor maligno. Tres años quizás eran el límite tácito entre los reinos Dong, Xi y Qing.
Él había planeado ir a Nanjiang después del Festival de Primavera, pero no esperaba que los pequeños bollos decidieran de repente tomar los exámenes para tongsheng y xiucai, así que su plan tuvo que posponerse. Y ahora que Yunhan iba a casarse, ¿tendría que posponerlo otra vez? De cualquier manera, tenía que asistir a la boda de Yunhan y Seis.
—Ordenaré al Ministerio de Ritos seleccionar el día auspicioso más cercano. A más tardar, mañana lo entregarán. La fecha quedará fijada.
El que respondió no fue Chu Yunhan, sino el joven emperador, Yan Xiaoming. Sin importar cómo hubiera cambiado su identidad, frente a Yan Shengrui y los demás seguía siendo el niño de nueve años que casi no hablaba delante de ellos.
—Está bien. Lo más pronto posible. Envíen a alguien a avisarme. Tengo otros planes después de marzo.
Ling Jingxuan asintió. En dos días, los pequeños bollos presentarían el examen para el título de xiucai, y en marzo, Xiaobei y Yangzi tomarían el examen imperial de primavera. Su plan original era ir a Nanjiang a mediados de marzo, una vez que supiera sus resultados. Esta vez no pensaba llevar a los niños. Él y Yan Shengrui se disfrazarían y entrarían a Nanjiang como gente común, resolviendo el problema lo más rápido posible.
—¿Otros planes? ¿Por fin decidiste actuar?
Zeng Shaoqing alzó una ceja. Aunque Ling Jingxuan no lo dijera explícitamente, todos adivinaron al instante cuál era su intención. Nanjiang siempre había sido una espina clavada. Si no resolvían ese problema a fondo, jamás podrían dedicarse plenamente a las guerras futuras con el Reino Dong o los nómadas.
—Algo así. Sólo quiero ir a echar un vistazo. No sé qué hacer todavía.