El Favorito del Cielo - Capítulo 660

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  4. Capítulo 660 - Regular al Pequeño Bollo: Diseñar un cochecito (2)
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El pequeño no era su propio hijo, y aun así, le daba pena verlo así. Pero no podía ablandarse cuando llegaba el momento de disciplinarlo, o solo terminaría perjudicándolo.

—Pero… —

—Nada de peros.

Yan Shengrui quería decir algo más, pero Ling Jingxuan lo rechazó sin dudar. Mirando al bebé llorando en la cuna, a Yan Shengrui se le partía el corazón y quería correr a abrazarlo para consolarlo, pero por la mirada amenazante de su esposa no se atrevió a moverse, a menos que quisiera pasar la noche afuera como vigilante. No tenía ninguna intención de volver a vivir eso por segunda vez.

—Uaaaah… —

El pequeño Bollo pasó de llorar con fuerza a sollozar con agravio, pero al ver que nadie lo consolaba, su llanto fue haciéndose cada vez más débil, hasta que finalmente se limitó a chuparse su propio dedito, y el llanto desapareció por completo. Todos los presentes, que estaban preocupados, se quedaron boquiabiertos. ¿Estaba demasiado perezoso para seguir llorando o simplemente se había cansado?

Ling Jingxuan no pudo evitar quejarse en su interior. Había visto gente perezosa antes, ¡pero nunca a alguien tan flojo! ¡Apenas había pasado un parpadeo! Ellos preocupándose tanto, ¿y el pequeño bribón simplemente dejó de llorar así como así? Seguro que luego volvería a jugar tan feliz como si nada.

—Ejem… cariño, impresionante. La tarea de disciplinar a nuestro pequeño Bollo será toda tuya —dijo Yan Shengrui, resignado a aceptar que su hijo era demasiado perezoso incluso para llorar. Tiró suavemente de su esposa para que se apoyara en su hombro y miró la cuna con una sonrisa llena de ternura. Quizá lo mimaba demasiado, pero… ¡el pequeño se parecía tanto a su padre que no podía evitar adorarlo!

Ling Jingxuan solo lo miró de reojo y bajó la cabeza para continuar con el dibujo que tenía entre manos. En una situación como la de hace un momento, si hubiera estado presente el bollo mayor, jamás le habría hablado con esa dureza, pero Shengrui era distinto. Si los niños llegaban a rebelarse, el que sufriría el dolor de cabeza sería él.

—¿Este es el andador? ¿Por qué se ve tan raro? —preguntó Yan Shengrui, alzando una de las hojas que su esposa había dibujado, frunciendo las cejas con desconcierto. A sus ojos, parecía una versión pequeña de la cuna, pero con ruedas, reposabrazos y un toldo.

—Es un cochecito de bebé. Puedes poner al niño dentro cuando salgamos. Así no tenemos que cargarlo en brazos. Aquí se puede ajustar para que el bebé se acueste o se siente —explicó Ling Jingxuan mientras terminaba de dibujar otro diseño.

Lo había hecho basándose en sus recuerdos, aunque los detalles específicos tendrían que ser estudiados por el hermano Zhao. El bebé pesaba cada vez más, y quien lo cargara durante un rato acababa con los brazos entumecidos. Los pequeños bollos ya no podían levantarlo porque era demasiado pesado. Con un cochecito así, podrían sacarlo a pasear fácilmente en el futuro.

—Vaya, es bastante práctico. ¿Así que esto es un cochecito? —dijo Yan Shengrui asintiendo mientras tomaba el otro boceto recién terminado.

—Sí. Cuando pongas al niño en el cochecito, podrá moverse un poco por sí mismo, pero aun así hay que vigilarlo, no vaya a caerse o a pasarle algo. Sé que te da pena, a mí también me da, pero está un poco más grande de lo que debería para su edad, y eso no es bueno. Debemos dejar que se mueva más. Cumplirá seis meses después del Año Nuevo, y entonces también debemos empezar a alimentarlo con más regularidad, no solo cuando llore por comida —le dijo Ling Jingxuan con seriedad.

¿Cómo no iba a preocuparse por su hijo? Pero aunque lo amaran, debían hacerlo de la manera correcta. La obesidad también era una enfermedad peligrosa que podía poner en riesgo la vida de los niños. Si algo le pasaba en el futuro, ya sería demasiado tarde para remediarlo. Él quería que fuera un pequeño bollo de carne, no una bola de grasa. Un poco de redondez era adorable, pero demasiado no era bueno.

—Eres el médico, tú tienes la última palabra. Pero estos dos cochecitos no están nada mal. Si el viejo Zhao logra hacerlos, podemos ponerlos a la venta en Baiyunge. Nuestro pequeño Bollo tiene que tener uno exclusivo, ¿no? —dijo Shengrui con una sonrisa.

Cada vez que Ling Jingxuan inventaba algo útil, aunque no lo vendiera en Baiyunge, Zeng Shaoqing se encargaba de hacerlo, como con los cosméticos. Ahora estaban agotados constantemente en la capital, y debido a la producción limitada, muchos ni siquiera podían comprarlos aunque tuvieran dinero. Eso les daba grandes beneficios, pero solo pensar que otras personas usarían lo mismo que su pequeño Bollo lo hacía sentir incómodo. Ya no necesitaban dinero, así que no permitiría que su hijo se conformara con algo común.

—De acuerdo, guardemos este regalo exclusivo solo para nosotros. Si algún amigo lo necesita, se lo daremos como obsequio. Al menos servirá como un favor personal —aceptó Ling Jingxuan con una sonrisa.

Sabía que su esposo quería lo mejor para su hijo, y no se oponía. De hecho, nunca había puesto a la venta los trajes Tang, chaquetas, botas de cuero y demás ropa que usaban los pequeños bollos. En todo el Reino Qing, solo ellos tenían esas prendas. Cada vez que los veía tan elegantes, Ling Jingxuan se sentía inmensamente satisfecho.

—Está bien regalarlo, pero no venderlo. Pídele al viejo Zhao que lo fabrique cuanto antes. Tendremos muchas reuniones sociales después del Año Nuevo, y nos vendrá de maravilla —dijo Yan Shengrui, sin revelar que en realidad lo que más deseaba era presumir de sus hijos cada vez que salieran.

—Jajaja, todo tiene un límite. No deberíamos consentirlos demasiado —respondió Ling Jingxuan, aunque podía adivinar lo que pasaba por su cabeza.

—¿Qué tiene de malo mimarlos? ¿Acaso no quieres que sean los más guapos y ricos herederos del reino? —dijo Yan Shengrui arqueando una ceja con aire dominante. Habría sido perfecto si no hubiera terminado guiñándole un ojo.

—Tienes razón. Casi olvido mi meta. Pero ya no tengo muchas esperanzas puestas en Wen y Wu. Solo puedo depositarlas en nuestro pequeño Bollo —dijo Ling Jingxuan con humor.

En un abrir y cerrar de ojos, ya llevaba un año y medio allí. Aunque no había logrado aún todos los objetivos que se había propuesto, Wen y Wu ya no eran aquellos bollos flacos y morenos de antes. Eso lo dejaba satisfecho. En cuanto al plan de criarlos como los herederos más refinados, era mejor poner esas esperanzas en el pequeño Bollo, que todavía era como una hoja en blanco, y no en esos dos tacaños.

—Jajaja… —

Yan Shengrui lo abrazó entre risas, levantando la cabeza con alegría. Ni siquiera Jingxuan había logrado cambiar el carácter ahorrativo de Wen. Aunque ya no se quejaba cuando su padre compraba algo de más, seguía sin gastar dinero a manos llenas, salvo cuando se trataba de comprar cosas para el pequeño Bollo. Tal vez la tacañería lo acompañaría toda la vida.

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