El Favorito del Cielo - Capítulo 260

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  4. Capítulo 260 - Buscar problemas a propósito (1)
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Cuando regresaron al restaurante, Yan Shengrui ya había invitado al gordo encargado de Baiyunge, tal como Ling Jingxuan le había pedido. Después de que el encargado Wang le explicara en detalle la situación, el corpulento tendero comprendió que Ling Jingxuan era el campesino que había elaborado las mermeladas, inventado el postre helado y hasta producido vino de uva. Por ello, su respeto hacia él aumentó considerablemente.

Cuando Ling Jingxuan volvió, le pidió a Ling Jingpeng que entregara el frasco restante de vino de uva al encargado de Baiyunge, quien, al recibirlo, casi perdió de vista sus pequeños ojos bajo los pliegues de su sonrisa de pura satisfacción. Naturalmente, todo eso tenía un propósito: Ling Jingxuan quería pedirle un favor.

—Joven Ling, ¿a dónde vamos? —preguntó el encargado Hong, intrigado, al notar que todos vestían ropa nueva de seda y satén recién comprada en su tienda. El encargado Wang también estaba perplejo. No parecían personas que se arreglaran así solo para salir un rato; de haber sido así, habrían usado ropa de algodón, no prendas tan lujosas.

—Vamos a la Joyería Xinyue, justo al frente. Mis hijos y yo queremos comprarle a mi madre un par de pendientes de plata. Ya sabe, somos campesinos y no entendemos de esas cosas, así que espero que podamos contar con su ayuda más tarde —dijo Ling Jingxuan con aire inocente.

Ambos encargados se miraron con expresión sombría. ¡Como si se tragaran esa historia! No importaba si Baiyunge no vendía joyas: aunque él mismo fuera a comprar a otra tienda, ninguno de ellos se atrevería a subirle los precios. Pero el hecho de que todos fueran tan bien vestidos y juntos… resultaba demasiado sospechoso. Si creían su explicación, realmente estarían locos.

—Por cierto, encargado Hong —continuó Ling Jingxuan con aparente casualidad—, veo que en el lado este de la ciudad hay también mucho movimiento. ¿Por qué Baiyunge no abre una sucursal allá?

Aunque la Joyería Xinyue no estaba lejos del restaurante Xinyuan, tampoco era tan cercana. Mientras avanzaban por la calle, soltó la pregunta como si fuera una simple curiosidad. ¿A quién no le gustaría ganar más dinero? Especialmente a alguien como Zeng Shaoqing, tan refinado y ambicioso. Con el volumen de negocio de Baiyunge, abrir una segunda tienda en el mismo condado no debería ser problema, ¿no?

—Jeje… joven Ling, como le dije esta mañana: lo raro es valioso. Nuestros clientes pueden pagar lo que ofrecemos, son gente acomodada. Y, por supuesto, la distancia no importa; aunque solo tengamos una tienda en el oeste del condado, esos ricos igual vendrán hasta nosotros —respondió el encargado Hong con una sonrisa llena de confianza. En su tono se notaba el orgullo de quien sabe que su tienda es símbolo de prestigio.

—Tiene razón, pero si le facilita el acceso a los clientes, sus ventas serían aún mejores, ¿no cree? —replicó Ling Jingxuan.

Abrir una tienda no era nada del otro mundo. ¿Lo raro es valioso? ¡Bah! Solo se trataba de otra sucursal. No entendía de dónde provenía tanta arrogancia. ¿O acaso era porque Cangzhou era el feudo de Yan Shengrui y nadie se atrevía a competir con ellos? Aunque lo dudaba; Zeng Shaoqing no le parecía el tipo de persona obstinada o ciega ante los negocios… Entonces, sus sospechas se dirigieron a otro lado: ¿sería decisión de su propio hombre?

—Eso también es cierto, pero esas cosas las decide el Señor Sexto. Nosotros solo nos encargamos de administrar esta tienda —respondió Hong, desviando hábilmente el tema y echándole la responsabilidad a Zeng Shaoqing, mientras intentaba pasar a otro asunto más interesante.

—Ya veo… entonces esperaremos a que venga el Señor Sexto —dijo Ling Jingxuan con una sonrisa cargada de intención.

La comitiva, grande y variopinta, caminaba por la calle y llamaba inevitablemente la atención. Todos ellos, tanto adultos como niños eran atractivos, y además vestían de manera uniforme con la lujosa ropa de Baiyunge. Ocho de cada diez personas que se cruzaban con ellos se detenían a mirarlos, y muchos se daban la vuelta para observarlos otra vez, con un toque de envidia evidente en los ojos.

—Papi, voy a comprarle un pasador de plata a la abuela, pero… ¿y al abuelo? —preguntó el pequeño Ling Wu, frunciendo el ceño.

Era una duda que lo atormentaba desde hacía rato. Había pensado en esperar a ver qué compraba su hermano mayor Ling Wen para tomar una decisión, pero como este tampoco se había decidido, al acercarse a la joyería empezó a impacientarse. No solían venir a la ciudad, y si compraba regalos para todos menos para su abuelo, este se pondría triste, y eso él no quería.

—A tu abuelo le gusta el campo, no tiene otros pasatiempos. ¿Por qué no le preguntas luego al tío Wang si hay algún alimento caro que no exista en Datong? Puedes comprarle un par de paquetes —sugirió Ling Jingxuan con ternura.

Su padre era un trabajador incansable. Sabía que cualquier objeto que le compraran acabaría sin uso, así que era mejor regalarle comida: al menos podría disfrutarla, y además le haría bien al cuerpo.

—¡Buena idea! Hagámoslo así —respondió el pequeño con entusiasmo.

En cuanto oyó la palabra comida, sus ojos brillaron. De inmediato soltó la mano de su padre y se aferró a la del encargado Wang.

—Tío Wang, ¿hay alguna comida especial aquí en el condado que no tengamos en Datong? ¡Algo muy, muy delicioso! —preguntó con ansia, la saliva casi escapándole por la comisura de los labios.

Al escucharlo, el sonido inequívoco de un trago de saliva resonó entre el grupo, y todos estallaron en risas. Los que ya lo conocían sabían que era un pequeño glotón. Menos mal que aún era niño; si de adulto seguía siendo tan comilón, ¡seguro sería motivo de burla!

—¡Qué niño tan listo! Y además, tan filial y considerado —exclamó el encargado Wang con una sonrisa, inclinándose para levantarlo en brazos—. Si quieres probar algo que no haya en Datong, hay muchas opciones, pero te recomiendo nuestro pato asado de Xinyuan. Cuando regreses, puedes llevarte un par de paquetes. ¿Qué te parece?

—¡Mmm! —asintió el pequeño con energía, con los ojos brillando como estrellas.

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