El Favorito del Cielo - Capítulo 173

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  4. Capítulo 173 - Deteniendo el peligro; Un nuevo miembro (1)
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“¡Grrr~!”

Los dos cachorros eran realmente valientes: gruñían al enorme jabalí que era decenas de veces más grande que ellos, posicionados uno a cada lado del gran lobo. Ling Jingxuan, escondido entre las ramas, estaba tan preocupado que casi salta del árbol para detenerlos. ¡Esos pequeños no entendían el peligro! ¿Acaso creían que el jabalí era tan débil como ellos? ¡Ni siquiera su padre sería necesariamente rival de esa bestia! Hasta donde sabía, la capacidad de combate de un jabalí era verdaderamente aterradora.

“¡Grrr~!”

“¡Grrr~!”

Con un rugido feroz, el jabalí los hizo retroceder de miedo. De pronto, el lobo gigante se abalanzó, cayendo justo frente al jabalí a menos de tres metros de distancia, y lanzó unos profundos gruñidos amenazantes. En ese instante, una figura se movió como un rayo, sujetó a los dos cachorros y en el siguiente segundo aterrizó con firmeza sobre la misma rama donde estaba Ling Jingxuan.

“¿Qué haces aquí? ¿Dónde están el hermano Zhao y los demás?”

Al ver que era Yan Shengrui, Ling Jingxuan suspiró aliviado y tomó uno de los cachorros entre los brazos, concentrando luego su atención en las dos bestias que peleaban abajo, sin notar el rostro sombrío de Yan Shengrui.

“¿Te preocupa su seguridad? ¿No te dije que te quedaras quieto y no te movieras? ¿Por qué andas corriendo por todos lados otra vez?”

Cuando notó que no estaba donde lo había dejado, pensó que quizá había ido a buscar a Zhao Dalong y los otros. Pero al escuchar los rugidos de las bestias, la preocupación casi lo hizo desmayarse. Luego vio cómo los dos cachorros que estaban junto a Ling Jingpeng se internaban corriendo en el bosque. Después de pedirle a Jingpeng y a los demás, que habían llegado también alarmados por los rugidos, que regresaran, Yan Shengrui respiró hondo y se lanzó a correr hasta allí. Por suerte, no le había pasado nada; de lo contrario… ni siquiera sabía qué haría.

“Eh… bueno, ya sabes, me aburrí un poco y pensé en buscar algunas hierbas. Caminé y caminé, y terminé más adentro sin darme cuenta. ¡Yo no provoqué a ese jabalí! ¡Él vino solo! Tampoco esperaba que hubiera bestias tan grandes por aquí.”

Al notar finalmente su enojo, Ling Jingxuan giró el cuello con rigidez tratando de justificarse. Si por él fuera, tampoco habría querido que un monstruo así lo persiguiera. ¡Definitivamente tendría que rehacer su veneno cuando regresara! La próxima vez, aunque vinieran en manada, los dormiría a todos, ¡ni hablar de un solo jabalí!

“¡Tantas cosas que no esperabas! ¡Ya verás cómo te daré una lección cuando volvamos!”

Le lanzó una mirada afilada antes de volver la vista a las bestias que luchaban.

“Es de la misma especie que Dahei y Xiaohei. Debe ser su padre, ¿no?”

“¡Grrr!”

Antes de que Ling Jingxuan pudiera responder, los dos cachorros gruñeron desde sus brazos, como dándole una respuesta afirmativa. Ling Jingxuan alzó una ceja hacia él: la respuesta era evidente. Nunca había dudado de la capacidad de entendimiento de esos cachorros. ¡Demonios! ¡Ya parecían humanos! Entendían todo lo que decían, y eso era, sin duda, por culpa del agua de la fuente de la luna creciente.

“¡Bam~!”

El lobo gigante demostró ser digno de ser uno de los tiranos del bosque. Después de fallar uno de sus ataques, el jabalí fue lanzado de espaldas. Con un salto ágil, el lobo se abalanzó sobre él, clavando los colmillos en su cuello. Como una colina derrumbándose, el jabalí se retorcía soltando gemidos de dolor, pero el lobo no cedió un instante: al final, desgarró un enorme trozo de carne, de donde brotó un chorro de sangre. Escupiéndolo, volvió a morder otro punto en el cuello.

“¡Bruuuh…!”

El jabalí forcejeó cada vez con menos fuerza; sus gruñidos se fueron apagando hasta convertirse en simples quejidos, y finalmente, tras una última sacudida, su cuerpo quedó inmóvil.

Ling Jingxuan, que había observado todo desde el árbol, se secó el sudor frío de la frente. ¡Qué batalla tan brutal! No era de extrañar que la madre loba no hubiera sido mucho más débil. Si no hubiera estado herida en aquel entonces, él y los niños seguramente habrían muerto.

“¡Grrr!”

Al ver la victoria de su padre, los dos cachorros se agitaron emocionados entre sus brazos, sacando de inmediato a Ling Jingxuan de sus pensamientos. Él y Yan Shengrui se miraron y los soltaron casi al mismo tiempo. Mientras los pequeños corrían hacia el lobo gigante, Yan Shengrui saltó del árbol sujetando a Ling Jingxuan por la cintura.

“¡Grrr~!”

El lobo gigante, que estaba jugando con sus cachorros, notó su presencia y les gruñó ferozmente, con la boca aún manchada de sangre y una clara advertencia en sus ojos verdes.

“¡Grrr~!”

“¡Grrr~!”

Antes de que Yan Shengrui o Ling Jingxuan pudieran reaccionar, los dos cachorros corrieron hacia ellos y se colocaron delante, gruñendo al lobo como si quisieran detener su rudeza. Una cálida emoción brilló en los ojos de Ling Jingxuan. No los había criado en vano: aunque a veces le mostraban los dientes, en los momentos críticos, siempre estaban de su lado.

“Grrr…”

El lobo gigante los observó un largo rato y luego levantó la cabeza para lanzar un aullido que atravesó el cielo. Como si hubieran entendido algo, los dos cachorros corrieron hacia él. El lobo los llevó a un lugar algo apartado del cadáver del jabalí y se tumbó para lamerles el pelaje con su lengua. Ling Jingxuan arqueó las cejas; tras intercambiar una mirada con Yan Shengrui, ambos intentaron acercarse con cautela.

“¡Este jabalí debe pesar más de seiscientos jin!”

Comentó Ling Jingxuan, dándole una patada al cuerpo ya sin vida. En condiciones normales, un jabalí adulto pesaba unos doscientos jin, pero algunos ejemplares que vivían mucho tiempo podían superar esa cifra, y este era claramente uno de esos casos.

“No es de extrañar. La mitad del Monte Yuehua está cubierta de niebla casi todo el año. Pocos humanos se han adentrado allí, y puede que haya bestias aún mayores.”

Respondió Yan Shengrui con calma, aun abrazándolo por la cintura.

“Jing… Jingxuan…”

Ling Jingxuan asintió, pero antes de poder decir nada, una voz temblorosa sonó detrás de ellos. Ambos se giraron al mismo tiempo y vieron al matrimonio Zhao y Han, a Ling Jingpeng, a Song Shuisheng y también a Ling Chenglong —a quien habían engañado para que regresara a casa—, todos de pie allí. Sus miradas estaban fijas en el enorme lobo y los dos cachorros. Sus piernas temblaban de miedo.

“Papá, ¿qué haces aquí?”

Al verlos, Ling Jingxuan y Yan Shengrui se acercaron. Zhao Dalong, que iba al frente, miró al lobo gigante y tartamudeó:

“Nosotros… estábamos preocupados por ustedes… así que… venimos a ver si podíamos ayudar. Jing… Jingxuan… eso… ¿qué es eso?”

¡Qué lobo tan enorme! Jamás había visto uno igual. Con solo mirarlo, sin necesidad de preguntar, todos comprendieron que los dos “perritos” que Ling Jingxuan criaba en casa no eran realmente perros, como habían creído.

“Tal como ven, Dahei y Xiaohei son en realidad lobos. Cuando los recogí acababan de nacer. Xiaowen dijo que le gustaban, así que los traje a casa y los crie como perros. No les dije nada porque temía que se asustaran.”

De pie frente a ellos, Ling Jingxuan asintió y explicó con sencillez. El miedo a las fieras estaba grabado en la sangre humana, especialmente ante criaturas como lobos y tigres. Si se los hubiera contado desde el principio, ¡probablemente habrían salido corriendo del susto!

“Entonces… él…”

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