El Favorito del Cielo - Capítulo 160
- Home
- All novels
- El Favorito del Cielo
- Capítulo 160 - Operación exitosa; el “ingenuo” Tiewa (2)
—Jeje… fue solo un pequeño esfuerzo, nada que merezca mención. Pero, hermano Wang, sobre este asunto, espero que puedas mantenerlo en secreto. No quiero que nadie sepa que sé algo de medicina.
Sonriendo, cruzó una mirada con Yan Shengrui mientras le estrechaba la mano. Laowang asintió. En ese momento, Zhao Shan se acercó cargando una cesta.
—Tío Ling, estos son huevos con cáscara roja. Gracias por salvar a nuestra mamá y a mi hermanito.
En el campo, cuando alguien daba a luz, era costumbre enviar huevos teñidos de rojo a familiares y amigos como anuncio de buena fortuna. Ling Jingxuan no lo rechazó. Tomó la cesta, se despidió de ellos y partió con Yan Shengrui.
—Anestesia, operación hábil… Jingxuan, ¿cuántas cosas hay de ti que aún no sé?
De la mano, caminaban por el camino de regreso a casa. Yan Shengrui lo miró con una mezcla de curiosidad y fascinación. Aunque había perdido la memoria, sabía que no cualquiera podía crear un anestésico, mucho menos realizar una operación. Cada vez, Jingxuan lo sorprendía de nuevo, ampliando sus límites y cautivándolo más, hasta el punto de querer atarlo a su cinturón para que nadie más pudiera mirarlo.
—Jeje, hay muchas cosas sobre mí que no conoces. ¿Cómo podría dejar que me comprendas de una sola vez?
Soltándole la mano, Ling Jingxuan giró y caminó de espaldas frente a él, con una sonrisa traviesa en el rostro. Una mezcla de impotencia y ternura apareció en la cara de Yan Shengrui.
—Entonces tendré que observarte toda la vida; si no, sería una gran pérdida si te pierdo. Jingxuan, ¿qué hago? Estoy desesperado por casarme contigo, así serías solo mío.
Al final, incluso comenzó a actuar de manera descaradamente zalamera. Cuanto mejor era su Jingxuan, más temía que otros lo notaran también. ¿Y si algún día aparecía un fuerte rival amoroso? No era que desconfiara de sí mismo ni de los sentimientos de Jingxuan, pero mientras no estuvieran oficialmente casados, no podía sentirse completamente tranquilo. Solo de imaginar que otro pudiera descubrir el encanto oculto tras su frialdad, le daban ganas de matar a alguien.
—¿Es tan importante casarse? No creo que un trozo de papel signifique gran cosa. Cuando dos personas están juntas, lo más importante es que se tengan en el corazón. Mira al hermano Zhao y al hermano Han: su vida es dura, la gente los señala y murmura dondequiera que van, pero si no fuera porque se aman de verdad, ya se habrían separado. Y mira a la familia del hermano Wang: son simples y ordinarios, pero su unión es tan natural que parece estar en su sangre. Para ser sincero, los envidio. Un amor apasionado es hermoso, sí, pero cuando la pasión se acaba, ¿qué queda? En cambio, un amor tranquilo puede parecer llano, pero es cálido, cómodo y duradero. Shengrui, me gustas, mucho, y no lo ocultaré como una mujer. Pero casarnos no es lo más importante entre nosotros. Solo espero que algún día no te arrepientas, cuando empiece a parecerme cada vez menos a mí mismo.
Hacía tanto que no hablaban de eso que Ling Jingxuan casi había olvidado que aún no estaban casados. En realidad, excepto por no haber dormido juntos, en todo lo demás ya eran como cualquier pareja de esposos.
—Solo lo dije por decir, y tú ya me disté toda una conferencia. Jingxuan, ¿no puedes mimarme un poco, como si fuera un niño?
—¡Basta! Si sigues, terminarás diciendo que quieres ser mi hijo.
Le lanzó una mirada afilada, pero enseguida no pudo evitar reír al recordar lo que había pasado esa mañana. Ese hombre siempre actuaba como un pícaro frente a él, haciéndolo sentir avergonzado y sin remedio. Pero, siendo sinceros, precisamente así se complementaban perfectamente. Tal vez, ese era el mejor modo de convivir entre ellos.
—¿Quién quiere ser tu hijo? ¡Quiero ser tu hombre, Jingxuan, yo…!
Antes de que terminara la frase, Ling Jingxuan se inclinó lentamente hacia él, y justo cuando sus labios estaban a punto de tocar los suyos…
—¡Iiiiii!
El ruido de cascos resonó a lo lejos, y una carreta se detuvo a menos de dos metros detrás de ellos. El rostro de Yan Shengrui se ennegreció, su boca se contrajo con furia. ¡¿Quién demonios era?! ¿No sabía ese idiota que interrumpir un beso merecía ser pisoteado por los caballos? ¡Maldita sea! Estuvo tan cerca… solo un poco más y habría probado los suaves labios de Jingxuan.
—¡Jajaja…!
Al verlo, Ling Jingxuan, que también había quedado un segundo atónito, rompió en carcajadas. Al parecer, su hombre realmente tenía toda la razón del mundo.
—Papá, ¿qué haces parado en medio del camino?
Poco después, la vocecita del pequeño bollo sonó. Song Gengniu sabía que había interrumpido a sus amos en un momento “importante”, así que no se atrevió a acercarse demasiado y solo ayudó en silencio a los niños a bajar del carruaje. ¡Tampoco era su culpa! ¿Cómo iba a saber que estaban coqueteando justo en medio del camino?
—Padre, ¿no tienes calor abrazando a papá?
Corriendo hacia ellos, el pequeño bollo preguntó con expresión inocente. El mayor también estaba confundido. Aunque casi eran las seis de la tarde, aún hacía bastante calor para estarse abrazando así. ¡Y mira la cara de su padre, tan sombría! Su papá también se veía raro, riéndose exageradamente.
—Ah, ya sé, ya sé.
Tiewa, que ahora era mucho más extrovertido, levantó la mano con emoción y dijo, tras mirar a los dos que aún estaban abrazados:
—¡Están haciendo cariñitos! Lo vi, mi papá y mi padre también hacen eso. Era igual que ellos. A veces, cuando me despierto de noche, veo que mi padre se mueve sobre papá buscando algo, ¡y hasta se besan mientras buscan!
—¡Jajaja!
Niños y borrachos siempre dicen la verdad. Esta vez, incluso Yan Shengrui no pudo evitar soltar una carcajada, doblado de risa. ¡Tiewa, hablas poco, pero cuando lo haces sueltas bombas! Si tus padres te oyen, seguro te azotan el trasero.
—¿De verdad?
El pequeño bollo miró a Tiewa con duda y luego a su padre y a su papá, que se reían cada vez más fuerte. De repente corrió hacia Ling Jingxuan, abrazándole la pierna.
—¡Papá, yo también quiero hacer cariñitos!
—¿Ah?
Ling Jingxuan se quedó helado, sin palabras que pudieran describir lo que sentía. ¡Sus “cariñitos” no eran ese tipo de cariñitos! ¡Pequeño demonio! ¿Lo decía a propósito?
—Ejem… Xiaowu, ya eres un niño grande. No puedes hacer cariñitos con papá —dijo Yan Shengrui, fingiendo toser y luego inclinándose para cargarlo. Al ver que fruncía los labios con disgusto, se apresuró a añadir—: O si quieres, yo me sacrifico y juego contigo.
—¡Está bien!
Y sin más, el pequeño lo abrazó por el cuello y le plantó un beso, dejándole la cara llena de saliva. Ling Jingxuan, doblado de la risa, tomó de la mano a Ling Wen y a Tiewa, saludó a Huzi, que había venido con ellos, y se dirigió al carruaje dejando atrás al padre y al hijo. Se había reído tanto que apenas tenía fuerzas para seguir caminando.