El Favorito del Cielo - Capítulo 150

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  4. Capítulo 150 - Lo que le Importaba a Ling Jingxuan (2)
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—No subestimes a esos funcionarios meritorios, y mucho menos a la familia imperial. El vino es el mejor tónico para la piel de una mujer, y lo que menos le falta a la familia imperial son mujeres. Con la habilidad de Shaoqing, vender ese vino dentro del palacio es pan comido.

Como si hubiera leído sus pensamientos, Chu Ci habló con ligereza.
—La vida lujosa de los nobles está más allá de la imaginación de la gente común. A veces, lo que gastan en un solo día bastaría para alimentar a una familia ordinaria durante toda una vida.

—Vaya, realmente subestimé su capacidad de consumo. Pero no importa, ya he ganado suficiente. Chu Ci, tengo algo que preguntarte.

Ling Jingxuan negó con la cabeza con impotencia, se levantó y se apoyó sobre el mostrador, mirándolo con esos ojos sinceros y llenos de curiosidad. Chu Ci arqueó una ceja, alzó un dedo y le dio un golpecito en la frente para apartarlo.

—Habla de una vez, pero deja de mirarme con esa cara de lobo hambriento. Si alguien te ve, pensará que tienes sentimientos por mí.

Con la relación que tenían, no era raro bromear así, pero nada más.

—Hablas como si fueras un encanto irresistible. ¡Mi Shengrui es mucho más guapo que tú! Bueno, al grano. Escuché al encargado Zhang decir que en la ciudad imperial andan diciendo que Shengrui y Zeng Shaoqing son amantes. ¿Qué está pasando con eso?

Sí, era eso lo que lo tenía inquieto. Se sentiría incómodo hasta aclararlo. Casi en el mismo instante en que vio a Zeng Shaoqing, estuvo seguro de que entre ellos nunca habría nada, pero que él lo creyera era una cosa, y que fuera verdad era otra. Era un hombre celoso, y no soportaba que su pareja tuviera rumores con otro.

—¿Eh? Jajaja…

Chu Ci se quedó helado unos segundos, pero enseguida se cubrió la boca y rió. ¿No era él tan inteligente? ¿Por qué se comportaba como un tonto ahora? ¿Shengrui y Shaoqing? ¡Por favor! Aunque fueran los dos últimos hombres sobre la tierra, jamás serían amantes. Otros podrían no saberlo, pero él los había visto crecer juntos. Ambos eran arrogantes, orgullosos y rebeldes. ¡Sería un milagro que se enamoraran!

—Responde cuando termines de reírte.

Ling Jingxuan tenía el rostro ennegrecido; sabía que su pregunta era tonta, pero no podía evitar preocuparse.

—Si se tratara de otra persona, no podría asegurarte nada. Pero con ellos, puedes estar tranquilo. Esos rumores fueron inventados porque ninguno de los dos quería casarse. Así que difundieron esa noticia falsa. Además, crecieron juntos desde pequeños, al punto de compartir hasta los pantalones. Es normal que quienes no los conocen se lo crean.

Reprimiendo las ganas de reír, Chu Ci habló con tono serio, aunque en sus ojos largos y delgados se podía leer una sonrisa burlona. Muy distinta a su habitual aire de belleza helada.

—¿De verdad?

Ling Jingxuan se reclinó en la silla, bajando la mirada. En esa época, la gente solía casarse muy joven, y en las familias nobles o imperiales se concertaban matrimonios aún antes, con tal de asegurar la descendencia. Ahora, tanto Shengrui como Zeng Shaoqing estaban en sus veintes; era lógico que inventaran algo así para librarse del matrimonio. Pero…

—¿No temían que Su Majestad les concediera el matrimonio?

Los hombres podían casarse entre sí; ¿no había sido el propio emperador quien abolió a la emperatriz hace cinco años para tomar como consorte a un hombre? ¿Y si algún día esa farsa se volvía realidad y Su Majestad decidía casarlos de verdad? Tal como decía Chu Ci, ya fueran príncipes o duques, todos debían inclinarse ante el emperador. Si Su Majestad emitía el decreto, ¿se atreverían a desobedecer?

—Parece que realmente no conoces a Shengrui. Si lo conocieras, deberías preguntarte si Su Majestad se atrevería a provocarlo.

Al mencionar a la familia imperial, la sonrisa en el rostro de Chu Ci se desvaneció sin dejar rastro. Tras un largo silencio, continuó bajo la mirada expectante de Ling Jingxuan:

—En realidad, Su Majestad no es un emperador sabio, solo un soberano moderado y diligente. En cambio, Yan Shengrui no solo tiene en sus manos un enorme poder militar, sino que además es el príncipe con derecho al trono. Lo único que le falta es ambición para ocuparlo. Así que, dime, ¿cómo podría Su Majestad atreverse a enfrentarlo? Si él no quiere casarse, ni siquiera la Emperatriz Viuda puede hacer nada. Además, me temo que Su Majestad ni siquiera desea que se case.

El único príncipe del Reino Qing que controlaba un ejército poderoso, y que además gozaba de un gran prestigio entre los militares, la corte y el pueblo… Si se casaba y tenía un hijo, aunque él no aspirara al trono, habría quienes maquinarían en la oscuridad para ponerlo allí.

—Jeje… Su Majestad es extraño, pero ¿qué hay de sus hijos? ¿No le temen a Shengrui?

Con la inteligencia de Ling Jingxuan, captó de inmediato lo que el otro implicaba. Para ser sincero, se sintió aliviado al saber que Shengrui no tenía ambiciones por el trono. ¿Qué ganaba uno siendo emperador? Un trabajo ingrato, rodeado de intrigas y falsedades, vigilando a todos los que lo rodeaban. Si lo hacía bien, apenas cumpliría con su deber; si lo hacía mal, pasaría a la historia como un tirano. Nada de eso era libertad. En cinco mil años de historia del Reino Hua, ¿cuántos emperadores habían llegado siquiera a los cien años? No quería que su Shengrui muriera por el peso del poder.

—¿Qué crees tú? Shengrui es el hermano menor de Su Majestad, ocupa el noveno puesto. Tiene veintisiete años. Su Majestad es el hijo mayor, y ya casi llega a la edad de la “no duda” —en nuestra tierra, así se llama cuando uno cumple los cuarenta—. Incluso el primogénito del emperador ya pasa de los veinte. Y Su Majestad lleva varios años con la salud deteriorada. Si te lo digo claro, sería raro que no estuvieran nerviosos.

Con una mirada fugaz, Chu Ci volvió a posar los ojos sobre el libro, aunque era evidente que ya no lo leía. Ni siquiera entendía por qué ese día le había contado tanto a Ling Jingxuan. Tal vez, en el fondo, ya lo consideraba un amigo. Si él no sabía nada, y algún día Yan Shengrui recuperaba la memoria, con su carácter, acabaría devorado vivo si iba a la capital. Esa gente era una manada de lobos hambrientos, sedientos de sangre. ¿Afecto familiar? Eso ya no existía en sus corazones.

—Con razón…

Con razón Shengrui resultó tan gravemente herido. ¡Debía de ser obra de esos hijos de Su Majestad! Al pensarlo, la sonrisa que se dibujó en los labios de Ling Jingxuan fue helada y cruel. No le importaba si era el emperador o sus príncipes. Podía dejar el pasado atrás, pero si algún día intentaban pisotearlo, no dudaría en saldar las deudas viejas y nuevas a la vez.

Claro, siempre y cuando él y Shengrui aún siguieran juntos para entonces.

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