El exjefe de una banda criminal transmigra como ama de llaves en una novela +19 - Capítulo 64
Park Hana, quien normalmente atendía una florería mientras recopilaba información, recibió una llamada de la organización.
Su hermano mayor, Park Hajun, había conseguido infiltrarse en la casa del jefe de la facción Cheonryong, pero ya había pasado bastante tiempo sin que lograra avances significativos. La orden era que él se retirara y que ella ocupara su lugar infiltrándose en la casa.
«Sabía que terminaría pasando esto».
Desde el principio había sido poco razonable enviar a su hermano, un beta, a una casa llena de alfas para recabar información.
Ese tipo de trabajo era perfecto para una omega como ella.
La organización también lo sabía, razón por la cual originalmente le habían asignado la misión a ella. Sin embargo, su hermano había insistido en ocupar su lugar…
«Siempre es demasiado sobreprotector conmigo».
En cualquier caso, intentó llamar a su hermano para informarle de la decisión, pero él no contestó, al parecer porque estaba ocupado trabajando. Al final, Park Hana cerró la florería y se dirigió a la zona donde estaba su hermano.
Aunque seguía siendo Seúl, el ambiente se sentía diferente.
Ya que estaba allí, pensó en echar un vistazo por los alrededores y hacer algunas compras mientras esperaba que su hermano se pusiera en contacto con ella. Mientras observaba los alrededores, se encontró con él por pura casualidad.
¡Qué coincidencia!
Se acercó alegremente a él y entonces vio un rostro familiar.
«¡Ese rostro…!»
Uno que jamás podría olvidar.
Alguien a quien había buscado incansablemente sin conseguir encontrar. Un hombre que, después de verla, no le había hecho ni una sola concesión ni le había brindado la más mínima ayuda. Un tipo de hombre completamente nuevo, como ninguno que hubiera conocido antes, y que ahora la miraba como si le faltara un tornillo.
Rasgos bonitos y pulcros. Una expresión impasible e indiferente.
Definitivamente era él. El mismísimo hombre al que había buscado hasta en sueños.
Park Hana estaba a punto de descargar sobre él una avalancha de insultos, pensando que por fin lo había atrapado, cuando su hermano la llamó con urgencia y arruinó el momento.
—¿Qué haces aquí?
—¿Así que todavía no te han llamado?
—¿Qué?
Park Hajun la llevó detrás del edificio y allí Park Hana le explicó brevemente todo lo sucedido.
La organización había ordenado que intercambiaran sus lugares.
Su hermano rechinó los dientes, claramente furioso por no haber podido completar la misión con sus propias manos.
—Mierda. Podrían haberme dado un poco más de tiempo. Esos bastardos de la organización siempre tienen tanta prisa. Está bien, como sea. Pero dejando eso de lado, ¿de qué conoces a Park Gyumin?
¡Park Gyumin!
Así que ese era el nombre de aquel desgraciado.
«Park Gyumin. Park Gyumin».
Park Hana repitió el nombre para sus adentros.
—¿Así que se llamaba Park Gyumin? Ya te lo dije, ¿no? El tipo al que te dije que tenía tantas ganas de encontrar era él. Ese desgraciado. Así que estaba escondido aquí. Con razón no podía encontrarlo.
—Escúchame bien…
En ese momento, su hermano habló con expresión seria.
—¿Eh?
—Yo lo vi primero. Es mío. Así que ni se te ocurra intentar seducirlo.
—…Oppa, ¿de qué estás hablando?
Park Hana se sintió sinceramente agraviada. Parecía que su hermano había malinterpretado seriamente la situación.
—¡Me hizo una jugarreta y salió corriendo! ¡No lo estaba buscando porque me gustara, sino para vengarme!
Su hermano guardó silencio por un momento. Se limitó a examinar su expresión, como si estuviera comprobando si decía la verdad.
Park Hana se golpeó varias veces el pecho, indignada.
Por suerte, aquello pareció convencerlo y la expresión de su hermano se relajó un poco.
—Entonces me alegro… Pero te lo repito: yo llegué primero. Conoces nuestras reglas, ¿verdad?
—Ja. No querría a ese desgraciado ni aunque me rogaras que me quedara con él. ¿Acaso te fallan los ojos?
Su hermano entrecerró los ojos y la fulminó con la mirada.
—Deja de llamarlo «desgraciado» una y otra vez. Estoy hablando de alguien de quien me enamoré…
Parecía bastante serio.
Park Hana dejó que sus palabras le entraran por un oído y le salieran por el otro.
—Sí, sí. Claro que sí. En fin, esta noche me quedaré en esa casa. Necesito tantear el terreno.
—…Las cosas no saldrán como quieres.
—Ja. ¿De qué estás hablando? Tú también lo sabes: mi índice de éxito en las misiones es del noventa y nueve por ciento. Si lo sabes, ¿por qué dices esas cosas?
Park Hana presumió mientras se echaba el cabello hacia atrás.
Su cabello, perfectamente cuidado, brilló al deslizarse suavemente hacia atrás y se meció con la brisa en el momento justo. En ese instante estaba perfecta. Cualquier hombre caería rendido en cuanto ella le sonriera.
Bueno, cualquier hombre excepto aquel extraño lunático.
Ese hombre llamado Park Gyumin, que quizá de verdad tenía problemas de visión.
Había rechazado su petición no una, sino dos veces.
Park Hana miró a Park Gyumin, quien, a diferencia de todos los demás que no dejaban de lanzarle miradas furtivas desde lejos atraídos por su belleza, solo tenía ojos para su teléfono, completamente indiferente.
Realmente no le agradaba.
—Está bien, está bien. Eres increíble. Entonces ve a disculparte con el señor Park Gyumin. Es el ama de llaves con más antigüedad y cuenta con la absoluta confianza de los hermanos. Lo digo en serio: limítate a disculparte. No le coquetees ni intentes nada raro. Y te lo repito: yo llegué primero.
—Entendido, entendido.
Park Hana hizo un puchero.
De verdad no lograba comprender qué veía su hermano en aquel tipo.
Sí, era bastante atractivo, pero no era el tipo de hombre que normalmente les gustaría ni a ella ni a su hermano.
Quizá su hermano había comido algo en mal estado.
«Es molesto, pero sí tengo que disculparme».
Si contaba con la absoluta confianza de los hermanos, acercarse a él podría resultarle útil más adelante.
Y como iba a ocupar el lugar de su hermano, ella también trabajaría como ama de llaves.
Ya que iban a trabajar juntos, bien podía vengarse un poco.
No quería ensuciar aquellas bonitas manos, así que lo mantendría a su lado como subordinado durante mucho tiempo.
Claro que, para conseguirlo, tendría que seducirlo apropiadamente, al contrario de lo que le había dicho a su hermano.
Pero no tenía intención de romper las reglas.
Solo lo seduciría por necesidad. No pensaba entregarle sus verdaderos sentimientos.
Eso es. Un juguete. Un juguete.
Un juguete divertido.
«…Aquella vez fui demasiado descuidada. Si esta vez me propongo seducirte en serio, no hay forma de que no caigas».
Haría que le lamiera los pies y le rogara que le sonriera aunque fuera una sola vez.
Park Hana pasó lentamente la lengua por sus labios.
—En realidad, yo no tengo ninguna autoridad. Puedo hablar por ti, pero tendrás que pedirle permiso directamente a la señorita Park Hana.
Cuando ella y su hermano se acercaron a Park Gyumin y le explicaron la situación, él puso una expresión incómoda, pero dijo que lo entendía.
Ella estaba segura de que conseguiría el permiso con facilidad, pero aquella reacción tan tibia hirió su orgullo sin motivo alguno.
Incluso mientras hablaban, él la miraba con total indiferencia, como si estuviera contemplando una piedra tirada al borde del camino.
Pensando: «A ver cuánto tiempo puedes seguir mirándome así», Park Hana le tomó la mano con audacia y adoptó una expresión suplicante y llorosa, como la de un gato con botas. Por desgracia, su hermano intervino y arruinó todo.
Los hombres normalmente se derretían al instante al verla poner esa expresión. En serio, el nivel de vigilancia de su hermano era otra cosa.
«…Parece que de verdad va en serio».
Decidiendo que tendría que seducirlo apropiadamente cuando su hermano no estuviera presente, Park Hana siguió caminando, completamente excluida de la conversación entre los dos hombres.
Mientras los observaba caminar delante de ella, especialmente a su hermano, Park Hana torció los labios.
Su hermano, cuya personalidad se parecía bastante a la suya, estaba desplegando todos sus encantos ahora que había tomado una decisión. En cambio, las respuestas de Park Gyumin eran escasas y apagadas.
Era dolorosamente evidente que el interés provenía de un solo lado.
Por alguna razón, eso hizo que Park Gyumin le resultara más interesante.
Por supuesto, no sentía absolutamente nada por él. Solo lo veía como un juguete entretenido con el que divertirse.
Mientras pensaba en cómo iría conquistando poco a poco a Park Gyumin para divertirse con él, finalmente llegaron a su destino.
Todos eran alfas, ¿verdad?
Por si acaso, antes de venir había revisado rápidamente los documentos que su hermano había enviado a la organización.
Los documentos contenían información sobre las personas que vivían en la casa.
Lo que más destacaba era que todos poseían un atractivo físico superior al promedio.
Entonces, de entre todos ellos, ¿por qué su hermano había elegido precisamente a Park Gyumin?
No lograba comprenderlo.
Quizá era la primera vez que los gustos de ella y su hermano diferían.
Teniendo en cuenta lo problemático que había resultado cuando sus gustos coincidían, sin importar el género, tampoco era algo malo.
Park Gyumin abrió primero la puerta principal y entró.
Justo antes de entrar, su hermano le hizo una advertencia silenciosa con los labios para que se comportara.
Park Hana sonrió brevemente, como diciéndole que no se preocupara.
«Soy mucho más experta en esto que tú, Oppa…»
—¡Gyumin!
En ese momento, algo enorme se abalanzó hacia ellos apenas se abrió la puerta.
Sobresaltada, Park Hana dio un traspié hacia atrás.
Aquella cosa enorme se detuvo frente a Park Gyumin y sonrió radiante.
«¿Qué pasa con este tipo…?»
Es absurdamente guapo.
Aquella enorme figura resultó ser un hombre muy atractivo.
Por su apariencia, debía tratarse de Jung Hwangyu, el tercer hijo de la familia.
Cabello rubio, piel bronceada. Ojos rasgados y ligeramente levantados, además de piercings por todas partes.
Tenía el aspecto de un delincuente, pero era innegablemente atractivo, con una belleza masculina y ruda.
—¿Por qué tardaste tanto? ¡Creí que iba a morir esperándote! Después de todo, debí haber ido contigo…
—¿Podrías bajar la voz? Me estás lastimando los oídos.
—Ah, cierto, eso no puede pasar. No, no. ¿Tus oídos están bien? Mi voz es muy fuerte… Hablaré más bajo. Esas lindas orejitas no pueden sufrir por mi culpa. No.
«Hmm, nada mal».
Parecía un matón, pero la forma en que trataba a Park Gyumin era como la de un enorme y cariñoso perro.
Su manera de hablar era un poco empalagosa, pero, combinada con su apariencia, incluso eso resultaba encantador.
Park Hana avanzó discretamente.
Bien. Tanteemos el terreno.
«Esta vez usaré una imagen alegre y pura… Sí, algo luminoso».
Entre la ropa que llevaba y la energía de perro grande de Jung Hwangyu, un estilo que despertara su instinto protector funcionaría bien.
Sensual, pura, seductora, adorable… Park Hana eligió pura y adorable.
Y esbozó una radiante sonrisa acorde con el concepto.
—Hola.
Ante su saludo, Jung Hwangyu, que hasta entonces solo había estado mirando a Park Gyumin, finalmente dirigió la mirada hacia ella.
Al parecer, antes ni siquiera la había notado porque era más baja que Park Gyumin.
Park Hana estaba segura de sí misma.
Había hombres que todavía no la habían visto, pero ninguno que, después de verla una vez, pudiera ignorarla.
Caería rendido ante ella al instante.
—…¿Y tú quién demonios eres?
Contrario a toda su confianza, el rostro de Jung Hwangyu se deformó al instante.
Su expresión se crispó sin el menor reparo, como si jamás hubiera sido amable en su vida.
Park Hana conocía muy bien esa clase de mirada.
«¿Q-qué? ¡¿Por qué me mira como si fuera una intrusa?!»
¡¿Qué pasó con el hombre que hace apenas unos instantes estaba moviendo la cola?!
¡¿Adónde demonios se fue ese tipo?!