El exjefe de una banda criminal transmigra como ama de llaves en una novela +19 - Capítulo 25

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  4. Capítulo 25
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Ahora que la veo en persona… de verdad es increíblemente hermosa.

No era de extrañar que los tres hermanos se enamoraran de ella.

—No estaba mirando por dónde iba. ¿Está bien?

Hasta su voz era clara y pura.

—Sí. Estoy bien.

—Entonces…

Después de disculparse, Park Hana se dio la vuelta sin la menor vacilación y se alejó.

Quién iba a decir que me encontraría así con la protagonista en plena calle.

¿De verdad es una coincidencia? Si lo es, resulta casi inquietante. ¿Acaso el destino de la historia original siempre encuentra la manera de conectar a las personas?

Con cierta curiosidad, pensé brevemente en cómo podría relacionarse aquello con la trama original.

Fue entonces cuando algo cayó al suelo.

Un pañuelo amarillo.

Me quedé mirando el pañuelo sin expresión.

¿Qué es esto? ¿No parece demasiado intencional?

En ese instante, la idea de que fuera una coincidencia desapareció por completo.

Eso… no puede ser…

Miré la espalda de Park Hana mientras se alejaba, entrecerrando los ojos.

Sus pasos lentos y vacilantes parecían estar diciendo claramente: Por favor, ven detrás de mí.

Si recogiera eso y se lo devolviera, ¿me daría las gracias y me propondría ir a tomar un café?

Solo de pensarlo se me erizó la piel.

…Mejor no me involucro.

Tenía el mal presentimiento de que, en cuanto me relacionara personalmente con ella, las cosas se convertirían en un dolor de cabeza. Así que ignoré el pañuelo, me di la vuelta y seguí mi camino.

Fue entonces cuando ocurrió.

Desde detrás de mí, Park Hana me llamó de repente.

—¡Disculpe!

—¿Sí? ¿Yo?

—…Mi pañuelo… parece que se cayó por allí.

—…Ah. ¿Es verdad?

Por un momento, el silencio se instaló entre Park Hana y yo.

¿Qué intenta hacer?

Si sabes que se te cayó, ¿no deberías venir a recogerlo tú misma? ¿Por qué me lo dices y te quedas ahí parada?

Parecía que las cosas no estaban saliendo según lo planeado. Park Hana se mordió con fuerza el labio, luego se acercó con grandes zancadas, se agachó y recogió el pañuelo por su cuenta.

La observé hacerlo, me di la vuelta de nuevo y continué caminando.

Ya lo había recogido ella misma, así que aquello debería ser el final.

Pero, una vez más, su voz resonó detrás de mí.

—¡Disculpe!

—¿Sí?

¿Qué pasa ahora? ¿Por qué sigue llamándome?

Cuando me di la vuelta, Park Hana se colocó un mechón de cabello detrás de la oreja y sonrió suavemente.

—…Si tiene tiempo… ¿le gustaría tomar un café conmigo?

Por un momento, sentí como si estuviera contemplando una escena de un anuncio.

La luz del sol resplandecía detrás de Park Hana y, justo entonces, sopló una brisa que hizo ondear suavemente su cabello.

Como era de esperar de la querida protagonista de este mundo, de alguna manera conseguía verse radiante hasta con el gesto más insignificante.

Cualquier hombre normal se habría enamorado de ella a primera vista.

Si no hubiera sabido nada sobre Park Hana, quizá yo también me habría sentido atraído por ella. Por desgracia, lo sabía todo sobre ella, y precisamente por eso su comportamiento hizo que recuperara por completo la lucidez.

Park Hana nunca toma la iniciativa para concertar un encuentro.

No lo necesita. Las oportunidades llegan a ella sin que tenga que esforzarse.

Y, sin embargo, ahí estaba, invitándome ella primero a tomar un café.

Era sospechoso de narices.

Definitivamente parecía querer algo de mí…

—¿Por qué?

Pregunté con cautela.

Por un instante, Park Hana pareció quedarse sin saber qué responder. Luego forzó una sonrisa y dijo:

—…Nos encontramos así por obra del destino y usted se dio cuenta de que se me había caído el pañuelo… Estaba tan agradecida que quería invitarlo a un café.

…¿De qué me di cuenta exactamente?

¿Ver un pañuelo tirado en el suelo es para tanto?

Ni siquiera lo recogí. Solo lo vi.

Parpadeé inexpresivamente mientras miraba a Park Hana.

Las comisuras de sus labios se crisparon.

Todo aquello era absurdo y sentía que involucrarme más solo terminaría siendo molesto.

Aun así, como Park Hana no parecía dispuesta a rendirse, finalmente asentí, aunque de mala gana.

Había decidido no involucrarme con ella, pero, al mismo tiempo, una parte de mí quería escuchar qué iba a decir después de haber insistido tanto.

Estaba claro que quería algo de mí, y sentía un poco de curiosidad por saber qué podía ser tan importante como para llegar a esos extremos.

Ante mi respuesta, el rostro de Park Hana se iluminó al instante.

—Hay una cafetería muy buena cerca de aquí.

—Ah… está bien.

Seguí a Park Hana mientras ella caminaba delante de mí con evidente entusiasmo.

No dejó de hablar durante todo el camino.

Como si quisiera acercarse a mí, parloteaba sin parar sobre esto y aquello.

Mientras escuchaba sus palabras a medias, me descubrí pensando:

¿Su personalidad siempre fue así?

Bueno, después de todo, su concepto era el de la «belleza pura, ingenua e inocente».

Alegre, despistada, como un rayo de luz que no conocía la malicia del mundo.

Pensando que eso explicaba su comportamiento, fui respondiendo vagamente de vez en cuando.

Finalmente llegamos a la cafetería, pedimos café y nos sentamos en una mesa vacía.

—Mi familia es pobre. Mis padres murieron cuando yo era pequeña y tengo un hermano menor del que debo ocuparme… Apenas conseguí graduarme de la universidad mientras trabajaba a medio tiempo, pero… no encuentro un lugar decente donde trabajar, así que últimamente he estado muy preocupada. Estoy buscando empleo, pero simplemente no encuentro nada adecuado.

Pero… ¿cómo demonios terminó la conversación en esto?

Escuché la historia de Park Hana medio aturdido.

Ni siquiera llevábamos una hora conociéndonos y yo ya sabía todo el perfil personal que había preparado cuidadosamente.

Como era una espía, obviamente todo era inventado. Aun así, si alguien que desconociera la verdad hubiera escuchado aquello, seguramente habría sentido lástima por ella. Era la clase de historia trágica que resultaba imposible escuchar sin derramar lágrimas.

Pero yo conocía la verdad, así que simplemente asentí con calma.

—Entiendo. Debió de ser muy difícil para usted.

—…Sí.

Después de que dije eso, el silencio volvió a instalarse entre nosotros.

No decía nada más.

¿Eso era todo?

Miré la hora.

Había pasado mucho más tiempo del que esperaba escuchando la historia de Park Hana.

—Gracias por el café. Tengo que ir a otro lugar, así que debería marcharme. Espero que las cosas le salgan bien. Hasta al agujero de un ratón termina llegando la luz del sol algún día.

Dejé aquellas palabras con tono inexpresivo y me puse de pie.

Pensé que esa reacción era más que suficiente para una historia triste inventada.

En ese momento, Park Hana también se levantó, visiblemente desconcertada.

Preguntándome si todavía tenía algo más que decir, la miré inexpresivamente.

—…¿Qué sucede?

—Ah, ¡su número…!

—¿Mi número?

—¿Podría darme su número de teléfono? Ya que nos encontramos así por obra del destino… Me gustaría que siguiéramos en contacto.

—Hmm.

Dudé brevemente.

Park Hana me miró con ojos suplicantes.

Bueno… está bien.

Si tarde o temprano iba a entrar a la casa como encargada, terminaríamos intercambiando números de todos modos. No pasaba nada por dárselo ahora.

Le di mi número.

Solo entonces Park Hana sonrió satisfecha y se despidió agitando la mano.

—Si ocurre algo… o incluso si no, si se entera de alguna oferta de trabajo por la zona, ¡póngase en contacto conmigo cuando quiera!

—…Está bien.

Así que de eso se trataba realmente.

Un trabajo.

Debía de estar desesperada porque se suponía que tenía que entrar en aquella casa como encargada, pero todavía no lo había conseguido.

Al verlo, en realidad sentí alivio.

La protagonista, Park Hana, estaba intentando activamente convertirse en encargada de la casa por su cuenta.

Probablemente no tardaría en acercarse también a los otros hermanos, y no solo a mí.

Si eso ocurría, solo sería cuestión de tiempo antes de que todo siguiera la trama original.

Parece que todas mis preocupaciones hasta ahora habían sido innecesarias.

Probablemente ni siquiera hacía falta que yo interviniera para echar a la señora encargada de la casa.

De todos modos, Jung Hwangyu había dicho que hablaría con Jung Hwanhui, así que quizá lo mejor fuera esperar y ver qué sucedía.

Con el corazón más ligero, me dirigí hacia el hospital.

Completamente ajeno a la mirada afilada que Park Hana clavaba en mi espalda.

No tiene absolutamente nada de sentido común.

Park Hana fulminó con la mirada a Park Gyumin mientras este abandonaba la cafetería.

Si alguien deja caer un pañuelo, se supone que debes volver inmediatamente para recogerlo y devolvérselo.

Verlo caer, fingir que no te diste cuenta y seguir caminando… ¿Dónde demonios había aprendido semejantes modales?

Y encima había dudado cuando le propuse ir a tomar algo a la cafetería…

Le hablé con dulzura, intenté acercarme a él, fingí ser digna de lástima y delicada, le pedí ayuda… Después de todo eso, ¿a qué venía esa expresión indiferente?

Cuando alguien hace todo eso, ¿no es normal que te ofrezcas a ayudarle a encontrar trabajo?

Era completamente incomprensible.

En toda su vida, jamás un hombre la había tratado de esa manera.

…¿Acaso no soy bonita?

Park Hana sacó el espejo que siempre llevaba en el bolsillo.

Reflejada en él había una belleza que cualquiera reconocería a primera vista.

Soy bonita.

De verdad lo soy.

Satisfecha, Park Hana guardó el espejo y se dirigió al baño.

Casualmente, estaba vacío.

Una vez dentro, se quitó la larga peluca que había estado pesándole sobre la cabeza.

En cuanto se desprendió de ella, la mujer pura y delicada desapareció.

En su lugar apareció un joven apuesto y hermoso como una muñeca.

Park Hana…

No.

Park Hajun se arregló el cabello y luego respondió al teléfono que había empezado a sonar.

—Sí, ¿hola?

[—Oppa, ¿qué estás haciendo?]

—¿Tú qué crees? Trabajando. Arruinaste la entrevista, así que estoy arreglando tu desastre.

[—¡En serio, eso no fue culpa mía! ¡Ese dueño simplemente tiene un gusto horrible!]

—Como sea. Quizá esto haya sido lo mejor. De todas formas, nunca me gustó que te involucraras en este trabajo. Lo recuerdas, ¿verdad? Si fallabas la entrevista, tenías que retirarte. Yo me encargaré de este trabajo.

[—Pero, oppa, ¡eres hombre y además beta!]

—¿Crees que es la primera vez que hago algo así? No necesito feromonas. Averiguaré absolutamente todo, desde sus documentos hasta la ropa interior que llevan puesta. Tú quédate quieta y espera.

Park Hajun colgó, ignorando las quejas de Park Hana.

Primero tengo que acercarme a Park Gyumin, el encargado de esa casa.

Por lo que había averiguado, parecía que el jefe trataba bastante bien al encargado de la casa…

Si jugaba bien sus cartas, quizá ni siquiera sería difícil conseguir que le ayudaran a entrar a trabajar allí.

A juzgar por cómo se comportó hoy, es lento, despistado, emocionalmente torpe… Un adversario problemático, sí, pero no hay árbol que no caiga después de diez hachazos.

Sobre todo cuando alguien tan bonito como yo toma la iniciativa.

El resultado era evidente.

Veamos quién gana…

Park Hajun se alejó con una sonrisa llena de confianza.

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