El exjefe de una banda criminal transmigra como ama de llaves en una novela +19 - Capítulo 12
Jung Hwanhui contemplaba inexpresivamente el techo.
No recordaba cuándo había sido la última vez que se había tumbado de aquella manera y había descansado de verdad.
Su padre, el jefe de la facción Cheonryong, y su madre, una ama de casa común, habían muerto cuando Jung Hwanhui tenía veinte años, atrapados en medio de una guerra entre organizaciones.
Después del funeral, Jung Hwanhui había heredado naturalmente el puesto de su padre.
Su padre siempre le había dicho que, como hermano mayor, era su deber proteger a sus tres hermanos menores.
Jung Hwanhui jamás había dudado de ello.
Por eso, a diferencia de sus hermanos, que todavía no sabían nada y solo corrían de un lado a otro jugando, desde pequeño había seguido a su padre y aprendido poco a poco todo lo que necesitaría saber como sucesor.
Esa era la razón por la que, incluso cuando murió su padre, aunque aquello había sido doloroso y devastador, Jung Hwanhui creyó que podría dirigir la organización tan bien como él.
Pero aquello…
Aquello había sido una enorme ilusión.
Lidiar con gánsteres que le doblaban la edad estaba lejos de ser fácil.
Las viejas serpientes buscaban constantemente la manera de hacerlo caer, mientras que, desde fuera, sus enemigos esperaban el momento adecuado, afilando sus cuchillos para devorar por completo a la facción Cheonryong.
Cada día era como vivir en el infierno.
La única razón por la que había conseguido soportarlo era porque todavía le quedaba su familia.
Y justo cuando por fin había pensado que las cosas se habían estabilizado, había caído de lleno en la trampa de otra organización.
A estas alturas, probablemente todos estarían desesperados, poniendo todo patas arriba mientras lo buscaban.
Jung Hwanhui se incorporó lentamente.
El abdomen le palpitaba de dolor, pero, comparado con el principio, estaba mucho mejor.
Todo gracias a un hombre llamado Kim Hanyul.
Era la primera vez.
La primera vez que un hombre lo trataba con tanta brusquedad.
Hasta entonces, quienes lo rodeaban o le tenían miedo…
o lo despreciaban.
Nunca había un punto intermedio.
Al principio había sospechado que Kim Hanyul podía ser un espía enemigo.
Pero aquello no terminaba de encajar.
La forma en que lo atendía era demasiado simple.
Demasiado… indiferente.
Como un asalariado que seguía estrictamente una rutina: le daba de comer, le cambiaba las vendas, comprobaba que no hubiera nada fuera de lo normal y luego se marchaba sin mostrar el menor apego.
El primer día, preocupado por la posibilidad de estar encerrado o prisionero, Jung Hwanhui se había arrastrado por el suelo para comprobar la puerta.
No estaba cerrada con llave.
Ni una sola vez.
Desde aquel día hasta ahora, la puerta jamás había estado cerrada con llave.
Tampoco había personas sospechosas merodeando cerca ni señales de que alguien lo estuviera vigilando.
Por todo lo que había observado, lo más probable era que aquel hombre fuera un civil común y corriente.
…Quizá de verdad conocí a mi salvador.
Después de dedicarse durante tanto tiempo a esa clase de trabajo, había olvidado cómo aceptar la buena voluntad de los demás.
En el momento en que reinterpretó todo aquello de lo que había desconfiado como simple bondad, sintió que el hielo alrededor de su corazón comenzaba a derretirse.
Y una vez que reconoció aquella actitud como bondad, Jung Hwanhui también comenzó a bajar lentamente la guardia.
Comía sin protestar todo lo que le daban.
Se acomodaba para facilitar que le colocaran las vendas.
Tomaba todos los medicamentos que le preparaban, sin saltarse ni uno.
Al principio le había resultado extraño.
Que alguien lo cuidara de aquella manera.
Pero después de uno o dos días…
Esto no está mal. En realidad…
Era bastante agradable.
Incluso había llegado al punto de esperar discretamente las horas en que Kim Hanyul solía visitarlo.
Y los momentos que más le gustaban eran cuando le cambiaba las vendas.
Eran las únicas ocasiones en que Kim Hanyul se acercaba a él por iniciativa propia en vez de mantener la distancia habitual.
Su vista era mala, así que no podía distinguir claramente su rostro.
Pero cada vez que Kim Hanyul se acercaba, le encantaba aquel aroma tan particular que desprendía.
Ese aroma hacía que el corazón le latiera más rápido.
Le gustaba tanto que, al principio, incluso se había preguntado si Kim Hanyul sería un Omega.
Sin embargo, aunque había liberado discretamente sus propias feromonas, Kim Hanyul no había mostrado ninguna reacción fuera de lo normal.
Así que probablemente no lo era.
Aquel aroma que hacía palpitar su pecho…
Cuantos más días pasaban, mayor era su curiosidad.
¿Quién era realmente Kim Hanyul?
¿Qué aspecto tenía?
¿A qué se dedicaba?
¿De verdad tenía tanto tiempo libre como para ayudar de esa manera a un desconocido?
¿Qué cosas le gustaban?
Con cada día que pasaba, sus preguntas no hacían más que aumentar.
Pero cada vez que se encontraban de verdad, Jung Hwanhui era incapaz de decir nada.
Solo asentía como un tonto, respondiendo una pregunta tras otra únicamente con un «sí».
Era la primera vez que sentía curiosidad por alguien ajeno a su familia y no sabía cómo expresarla.
…Quiero saber más.
Convenciéndose de que solo era una curiosidad natural hacia el hombre que le había salvado la vida, Jung Hwanhui se puso cuidadosamente de pie y se colocó la ropa de abrigo.
A esas alturas, ya podía moverse de aquella manera sin demasiados problemas.
Hoy planeaba salir y utilizar un teléfono público para llamar a la organización.
Les explicaría la situación…
Y comenzaría a prepararse para regresar.
No podía seguir tumbado allí eternamente.
Y en cuanto pensó en regresar, la idea de separarse de Kim Hanyul surgió de manera natural.
Una ligera sensación de pesar se apoderó de él.
Así que aquí termina todo…
Si se separaban de esa manera, probablemente jamás volvería a verlo.
Aparte de su nombre, no sabía absolutamente nada sobre él.
…Espera. ¿De verdad tenemos que separarnos?
Podía llevárselo con él.
¿No?
Después de pensarlo un poco, Jung Hwanhui cambió su manera de verlo.
No había necesidad de complicar tanto las cosas.
Era su salvador.
Así que podía mantenerlo a su lado hasta haber pagado completamente aquella deuda.
En cuanto tomó esa decisión, la pesadez de su pecho disminuyó notablemente.
Bien.
Me lo llevaré conmigo.
Con sus pensamientos ya en orden, Jung Hwanhui salió.
Qué brillante…
La luz del sol, que no había visto en mucho tiempo, lo cegó.
Manteniéndose tan alerta como le era posible, se dirigió hacia el teléfono público.
Su visión seguía sin ser buena, pero, como se encontraba cerca de su casa, conocía bien la zona.
Para entonces, los teléfonos públicos prácticamente habían desaparecido, pero, según recordaba, todavía quedaba exactamente uno por allí.
Era viejo…
pero debería seguir funcionando.
—¿Hola?
—Libélula. Soy yo.
—…¿Jefe? ¿Es usted? Jefe… ¿de verdad es usted? ¡Jefe! ¡Está vivo!
—Sí.
—¡¿Dónde ha estado todo este tiempo?! ¡Ese día pensé que definitivamente le había pasado algo! ¡¿Tiene idea de lo preocupados que estábamos?!
En cuanto llamó a su mano derecha, una voz profunda y atronadora rugió desde el otro lado del auricular.
Como correspondía a alguien que llevaba años a su lado, el hombre reconoció su voz al instante y comenzó a disparar preguntas una tras otra, sonando como si estuviera a punto de echarse a llorar en cualquier momento.
Jung Hwanhui explicó tranquilamente su situación.
—¡Sí! ¡Iré a buscarlo de inmediato!
—Por la noche. Ven por la noche. Por ahora, tráeme primero mis lentes. No veo una maldita cosa y esto me está volviendo loco.
—¡Entendido! ¡Saldré inmediatamente!
—Bien.
La llamada terminó con la firme respuesta de Libélula.
Con eso, todos los preparativos para regresar estaban completos.
Ahora solo quedaba volver al motel y esperar a que Kim Hanyul llegara.
Así que hoy por fin veré la cara de Kim Hanyul.
¿Cómo sería?
Su voz sonaba joven…
Pero ¿qué aspecto tendría en persona?
¿Sería joven?
No…
Por la manera en que había usado un tono informal con él desde el principio, quizá fuera mayor.
Fuera como fuera…
No importaba.
Era su salvador.
Podía mantenerlo cerca hasta haber pagado completamente aquella deuda.
Jung Hwanhui sonrió satisfecho, como una bestia con el estómago lleno.
—¿Qué debería preparar hoy para la cena…?
Últimamente, mi mayor preocupación, después de haber pasado de ser jefe de una organización criminal a prácticamente amo de casa a tiempo completo, era decidir el menú.
Hasta ahora había cocinado lo que me apetecía en ese momento o lo que Jung Hwangyu me pedía, pero incluso esas opciones empezaban a agotarse.
Además, Jung Hwangyu normalmente cenaba fuera y Jung Hwangseo ni siquiera comía en casa.
Eso significaba que la cena solo era para el pequeño Jung Hwangyeong y para el paciente, Jung Hwanhui.
Y como ninguno de los dos hablaba demasiado, decidir el menú era todavía más difícil.
Como parece que hoy será el último día…
…¿Debería asar carne?
Al revisar el refrigerador, encontré lo que claramente era carne de res bastante cara.
Teniendo en cuenta lo bien que Jung Hwangyeong había estado comiendo últimamente, valía la pena intentarlo.
Cuando se trata de carne, la de res es la reina.
Una vez tomada la decisión, saqué la carne y empecé a asarla.
El aroma que desprendía mientras se doraba era increíble.
Primero, Jung Hwangyeong.
Corté la carne en trozos del tamaño de un bocado y me dirigí a su habitación.
Toc, toc, toc.
Como siempre, no hubo respuesta.
Pero cuando abrí la puerta, Jung Hwangyeong ya estaba sentado a la mesa, esperando.
Últimamente había estado comiendo bien y sus mejillas se habían rellenado de manera adorable.
Así es como debe verse un niño.
—Hoy tenemos una deliciosa carne de res. Asegúrese de masticarla bien.
Los ojos de Jung Hwangyeong brillaron.
Parece que le gustaba la carne.
Todavía no hablaba mucho, pero, comparado con antes, su cautela había disminuido considerablemente.
Al verlo así, de verdad se parecía a Jung Hwanhui.
Uno era como un gato desconfiado.
El otro, como un lobo desconfiado.
Después de cerrar la puerta para que Jung Hwangyeong pudiera comer tranquilamente, comencé a preparar la comida de Jung Hwanhui.
Una vez que llené el recipiente hasta el borde con carne, me puse la mascarilla como de costumbre y salí de la casa.
A estas alturas, las heridas de Jung Hwanhui estaban prácticamente curadas y ya podía moverse por su cuenta.
Si cuidaba de él únicamente por hoy, después sería capaz de arreglárselas solo.
Bajé la mirada hacia el recipiente que había preparado cuidadosamente.
Come prácticamente cualquier cosa, así que seguramente también comerá carne.
Como era la última vez, me había esforzado un poco más.
Para Kim Hanyul…
esta sería la última vez.
Pero para Park Gyumin, el ama de llaves…
Pronto sería su primer encuentro.
Preocupado por que la carne se enfriara, me apresuré hacia el motel.