El esposo carne de cañón que todos codician - Capítulo 71

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Yu Qi había sabido desde el principio que Jian Rang estaba mintiendo.

Si había guardado silencio hasta entonces era porque quería descubrir qué pretendía al hacerse pasar por Ji Rang.

La puerta de la habitación del hotel se abrió.

La clara luz de la luna proyectó sobre la pared una figura esbelta. Yu Qi estaba sentado en una silla de ruedas y llevaba una fina manta de seda sobre las rodillas.

—Escuché que te desmayaste.

Desde el interior, Jian Rang lo observó con intensidad. Inclinó el torso hacia delante y entrelazó las manos, como un pequeño lobo agazapado.

Sonrió.

—¿Tuviste mucho miedo, Xiao Yu?

—Tus fuentes son realmente rápidas.

Empujaron a Yu Qi al interior y este recorrió la habitación con el rabillo del ojo.

Zhuo Wentian captó su señal y salió. No cerró la puerta del todo, solo la dejó entornada.

—Por desgracia, no son demasiado precisas —completó Yu Qi.

Personalidad fría y tenaz.

Le gustaba bordar motivos de pinos y cipreses en los puños de su ropa.

Era como un pino verde nacido entre los escarpados riscos de un acantilado: el vendaval revelaba la resistencia de la hierba y él siempre parecía capaz de afrontar cualquier situación con soltura.

Su único defecto era que no se detenía ante nada.

Era despiadado y podía vender incluso su propio cuerpo con tal de proteger sus intereses.

Aunque había pasado tanto tiempo, Jian Rang todavía podía recitar aquel párrafo completo sin equivocarse en una sola palabra.

Ese era Yu Qi.

El autor original solo había necesitado unas cuantas pinceladas para convertirlo en un personaje inolvidable.

—Si no me equivoco…

Yu Qi dobló la muñeca y juntó dos dedos, golpeando el apoyabrazos de forma intermitente.

Sus ojos color ámbar estaban completamente serenos.

—Jian Rang, tú eres el único que transmigró al libro, ¿verdad?

No necesitaba una respuesta.

La expresión atónita de Jian Rang ya se la había dado.

En Taifeng, Jian Rang había ascendido gracias a su extraordinaria capacidad para descubrir oportunidades.

Con frecuencia invertía en proyectos aparentemente comunes que, más adelante, acertaban de lleno con una oportunidad y despegaban de golpe.

Subió de puesto paso a paso.

Conocía a la perfección todos los acontecimientos que no se apartaban de la trama original.

Por eso siempre lograba acertar.

Yu Qi era la anomalía.

Desde que abandonó Guoxing y decidió fundar una empresa por su cuenta, se había apartado por completo de la trama original.

Según la historia, debía permanecer siempre en Guoxing.

Después del regreso de Xin Xuan, el presidente Xin empezaría a desconfiar de él y lo degradaría por una acusación inexistente, relegándolo a un puesto secundario.

Pero Yu Qi no había seguido ese camino.

La existencia de Jian Rang había provocado un efecto mariposa que reforzó la determinación de Yu Qi de reservarse una salida.

La primera vez que lo vio, Jian Rang estaba con Fu Yan.

Se encontraron frente al edificio de Guoxing.

Fu Yan escuchó las palabras de Jian Rang y, en un impulso, quiso darle una lección a Yu Qi para que comprendiera que, para él, no tenía ninguna importancia.

Sin embargo, aquello no despertó en Yu Qi el temor de perder a Fu Yan.

Por el contrario, lo hizo comprender todavía mejor que todo lo que poseía estaba bajo el control de otras personas y aumentó su deseo urgente de conseguir algo que le perteneciera de verdad.

Antes que poder, riqueza o acciones, lo primero que Yu Qi llegó a poseer por completo fue su propia dignidad.

No estaba satisfecho con su situación.

Tampoco pensaba pasar toda la vida sometido a los demás.

Era ambicioso y albergaba grandes aspiraciones.

—Eres realmente inteligente. Mucho más que el Yu Qi del libro —dijo Jian Rang, sin ocultar su admiración.

Aquella era originalmente una novela de transmigración.

La razón por la que Yu Qi creía haber transmigrado también formaba parte de la configuración del personaje.

El único intruso procedente del exterior era Jian Rang.

Todos ellos eran simples trazos sobre el papel.

Solo Jian Rang era una persona viva.

En teoría, después de descubrir que no era más que un personaje de una novela, que el vacío que a veces sentía al mirar a los transeúntes había surgido de un pensamiento momentáneo de otra persona y de unos cuantos movimientos de su pluma, Yu Qi debería haberse derrumbado.

En aquel mundo existía realmente una academia para nobles llamada Borui.

Sun Hao, Ji Rang, el director Ji y aquel presidente del consejo estudiantil habían existido junto a él.

Sin embargo, Yu Qi estaba aterradoramente tranquilo.

¿Qué importaba que fuera un personaje de papel?

A partir de ese momento, su vida solo estaría en sus propias manos.

—Así que quien debería tener miedo eres tú, Jian Rang.

Yu Qi lo miró por última vez, hizo girar la silla de ruedas y dejó caer una frase antes de marcharse:

—Presentaré de inmediato una demanda contra Rangyu por plagiar el código de AS Station. No aceptaré ningún acuerdo.

La expresión de Jian Rang cambió de golpe.

Se obligó a mantener la calma y se burló:

—¿Con qué vas a demandarme? ¿Tienes pruebas en tu computadora?

Yu Qi volvió la cabeza y sonrió con desprecio.

—En la computadora no.

Jian Rang exhaló aliviado.

Había reunido todo lo que pudo para crear Rangyu.

Era la ocasión en que había estado más cerca del poder en toda su vida.

Antes de transmigrar, no era más que un asalariado que ganaba dos mil quinientos al mes y vivía en un sótano.

Sus compañeros lo aislaban porque «no sabía relacionarse» y tampoco era apreciado por sus superiores.

Al final, después de años bebiendo y trasnochando, murió repentinamente frente a su computadora, con los ojos abiertos de resentimiento.

El cielo había sido misericordioso y le había concedido una oportunidad para cambiar su destino.

Nunca volvería a vivir como una rata en una alcantarilla.

—¿Crees que, sabiendo desde el principio que no eras Ji Rang, no habría tomado ninguna precaución? ¿Eso encajaría con la personalidad de «Yu Qi»?

Yu Qi alzó ligeramente las comisuras de los labios.

Sus palabras fueron afiladas.

—Todos los códigos y programas quedaron registrados en los borradores de mi correo electrónico. Los presentaré ante el tribunal.

—¡Yu Qi!

Jian Rang entró visiblemente en pánico.

Se levantó de golpe y extendió una mano, pero solo atrapó el aire.

El último hilo de luz fue devorado por la rendija de la puerta hasta desaparecer por completo.

Jian Rang cayó de rodillas en el suelo.

Golpeó la puerta con el puño mientras respiraba con miedo.

En aquel instante, le pareció volver a contemplar la tenue claridad que vio antes de morir.

Al otro lado de la puerta, la silla de ruedas permanecía detenida en medio del pasillo.

La tenue luz amarillenta del hotel caía desde el techo y cubría de dorado las facciones de Yu Qi.

Cerró el puño y apretó con fuerza el apoyabrazos.

Su pecho subió y bajó.

Cerró los ojos y su respiración perdió el ritmo durante un instante, pero poco después volvió a estabilizarse.

Sobre la pared se proyectaba la curva de media luna de su cintura.

En aquel libro, su figura parecía fría y quebradiza, como si acabara de atravesar un accidente terrible que había agotado temporalmente todas sus fuerzas.

Alguien lo llamó.

Yu Qi levantó ligeramente la cabeza y vio a Liang Min.

El corazón de Liang Min se contrajo con violencia.

—¿Por qué eres tú? —preguntó Yu Qi.

¿Qué reacción debía tener después de descubrir que solo era un personaje secundario de una novela?

¿Tenía sentido derrumbarse?

No.

Yu Qi se respondió a sí mismo.

Porque, aunque cualquiera de ellos se volviera loco, nadie le creería.

Liang Min permaneció en silencio durante mucho tiempo.

Yu Qi se masajeó el puente de la nariz, que le dolía ligeramente, y pulsó el botón para hacer avanzar la silla de ruedas.

De pronto, Liang Min sujetó el respaldo, se inclinó y abrazó con fuerza a Yu Qi.

Su espalda era delgada.

La forma de sus omóplatos se percibía con claridad.

El abrazo no dejó ningún espacio entre ambos y casi les impedía respirar.

La distancia entre ellos era prácticamente negativa.

La piel y la carne estaban pegadas, permitiéndoles sentir sin ninguna reserva la existencia del otro.

Un corazón latía con fuerza junto a sus oídos.

No era el suyo.

Las pestañas de Yu Qi se alzaron ligeramente.

A cada segundo sentía el corazón vivo de una persona real.

Ambos eran cuerpos y almas que existían de verdad.

Yu Qi levantó lentamente los brazos y apoyó una mano sobre la espalda de Liang Min.

Los músculos de Liang Min se tensaron.

No había esperado recibir respuesta, así que lo abrazó todavía con más fuerza.

En la oscuridad, permanecieron abrazados, cada uno sumido en sus propios pensamientos.

—Ejem.

Una tos rompió el silencio.

Yu Qi levantó la cabeza.

Desde el ángulo de Xin Xuan, su barbilla descansaba en el hueco del cuello de Liang Min.

Liang Min también volvió la cabeza.

Ambos se movieron al mismo tiempo y miraron juntos a Xin Xuan.

De repente, Xin Xuan no supo qué decir.

Durante aquel breve instante, Yu Qi ya había arreglado su apariencia y se había sentado con absoluta compostura, como si aquella esposa frágil y lamentable de hacía un momento solo hubiera sido una ilusión.

—Xiao Xuan.

Xin Xuan tenía una mano en el bolsillo.

Al escuchar cómo lo llamaba, apretó los dientes con fuerza.

¿Y qué si Liang Min había conseguido abrazarlo?

¿Acaso Yu Qi lo llamaba Xiao Min o Minmin?

¡No!

Pero sí lo llamaba a él Xiao Xuan.

Era un trato exclusivo.

Nunca había oído que llamara así a otra persona.

Xin Xuan consiguió consolarse solo y recuperó su actitud arrogante.

—Zhuo Wentian me pidió que preguntara si vas a regresar a la empresa.

Su expresión orgullosa mostraba que había recuperado la ventaja.

—Sí.

Yu Qi flexionó los dedos, preparándose para actuar.

—Pero no ahora.

Primero debía organizar todas las pruebas de que Rangyu había acusado falsamente a Shenglan después de plagiar su código.

Recuperaría tanto sus derechos de propiedad como su reputación.

Daría la vuelta a la situación con una victoria impecable.

—¿Y Jian Rang? —preguntó Xin Xuan por instinto.

—Quedará en manos de la ley.

…

Dos días después, la cuenta oficial de Shenglan publicó una carta de abogados.

En respuesta a las recientes acusaciones de que AS Station, software perteneciente a Shenglan Co., Ltd., plagió el código de Rangyu Media Co., Ltd. —en adelante, «Rangyu»—, declaramos lo siguiente:

Tras una investigación, se ha confirmado que Rangyu plagió el código de AS Station, vulnerando los derechos de propiedad de nuestra empresa. Actualmente hemos presentado una demanda ante los tribunales y próximamente publicaremos en toda la red el resultado del fallo.

Rangyu no solo cometió plagio de código, sino que además acusó falsamente a nuestra empresa. Sus actos difamatorios han causado graves daños a la imagen y reputación de Shenglan. No aceptaremos ningún acuerdo privado ni concederemos el perdón.

Nos veremos en los tribunales.

Con la publicación de aquel comunicado, el acoso que Shenglan y sus empleados habían soportado durante dos días llegó temporalmente a su fin.

La opinión pública en internet se invirtió por completo.

—¡Ja, ja, ja! ¡Esto sí que se siente bien!

Xiao Wang abrió la sección de comentarios y buscó uno por uno a los usuarios que lo habían cuestionado e insultado.

Respondió nuevamente bajo sus publicaciones:

¿Y ahora qué?

¿Quién era el que no tenía cerebro?

Despierta. ¿No viste la carta de abogados de Shenglan?

…

—Al principio insultaban con mucho entusiasmo. ¿Por qué ahora todos se hacen los muertos y no se atreven a responder?

Después de contestarle a la última persona que lo había llamado idiota, Xiao Wang por fin liberó toda la rabia acumulada durante varios días.

—Qué alivio.

—Menos mal que el presidente Yu conservó los registros. De lo contrario, habría sido imposible demostrar la verdad aunque tuviéramos razón.

Xiao Qian intentaba peinar a su muñeca, pero no lograba hacerlo bien y terminó convirtiendo su cabello en un nido de gallina.

Desde que la mujer de la limpieza renunció, la muñeca solo llevaba una coleta diferente cada día.

Que se marchara justo en un momento como aquel era demasiado sospechoso.

Ellos no eran tontos y comprendían más o menos las intrigas del mundo laboral.

Nadie volvió a mencionar su renuncia, como si aquella persona nunca hubiera existido.

Xiao Qian dejó escapar un suspiro y miró a la luminosa muñeca de algodón.

—¿Mamá te hace otra coleta?

—Si no dices nada, consideraré que aceptaste.

La muñeca aceptó.

—Esto demuestra que siempre hay alguien mejor y que, por encima del cielo, existe otro cielo.

Xiao Wang tenía las piernas levantadas muy alto y disfrutaba enormemente de su victoria.

—No importa lo astuto y malicioso que sea el enemigo. Tuvo la mala suerte de encontrarse con nuestro presidente Yu, nuestro jefe Yu. Da igual qué monstruo o demonio aparezca: él puede someterlo.

—¿También puede someterte a ti?

—¿A mí?

Xiao Wang sonrió.

—Quizá conmigo le costaría un poco. No se rían, pero soy el hombre que nuestro jefe jamás podrá conseguir en esta vida.

Mientras hablaba, cambió de pierna con aire triunfal.

De pronto, apareció sobre él, junto al techo, aquel rostro que conocía demasiado bien.

Yu Qi lo observaba desde arriba con indiferencia.

Xiao Wang apoyó mal el pie.

Las patas de la silla resbalaron y estuvo a punto de caer al suelo.

—Pre-presidente Yu.

Se levantó obedientemente frente a él, bajando tanto la cabeza que casi tocó el suelo.

Sonrió con amargura.

—¿Eres el hombre que nunca podré conseguir en esta vida?

—Claro que no. Solo estaba bromeando.

Xiao Wang suplicó clemencia una y otra vez mientras imaginaba que su carta de renuncia lo llamaba desde la distancia.

—Es usted quien no se fijaría en mí.

—¿Quién dijo que no me fijaría en ti?

Yu Qi lo miró de reojo.

—¿Ah?

Xiao Wang se quedó inmóvil.

El rubor se extendió por su rostro cuadrado tan rápido como subía el mercurio de un termómetro.

—Je-jefe, yo…

¡Pero a él no le gustaban los hombres!

¡Aunque el hombre que acababa de declarársele era el presidente Yu!

¡¿Quién era él para rechazar al presidente Yu?!

¡Pero tampoco podía aceptar!

Xiao Wang se enfrentaba al mayor dilema de toda su vida.

La forma en que respondiera podría quedar grabada en el registro genealógico de la familia Wang.

—Deja de molestarlo.

Zhuo Wentian hizo retroceder un poco la silla de ruedas.

—Jefe, ¿viniste a supervisarnos por algún asunto?

Xiao Qian levantó discretamente la coleta de la muñeca de algodón.

Debido a la influencia de Xiao Wang, casi todos en la empresa habían empezado a llamar «jefe» a Yu Qi.

Sonaba imponente sin dejar de ser respetuoso.

—Pasado mañana organizaremos una actividad de integración. Vine a escuchar sus opiniones.

—…¿Es obligatorio asistir? —preguntó Xiao Wang en voz baja.

En la empresa donde trabajaba antes, las actividades de integración solo eran otra forma de trabajar horas extra.

Además, ocupaban el valioso fin de semana.

Los llevaban a alguna montaña perdida para hacerlos caminar hasta quedar medio muertos.

—¿Pasado mañana no es viernes? ¿No querrás decir dentro de tres días? —preguntó Yu Min, que reaccionó antes que los demás.

¿Eh?

¿Viernes?

—Es el viernes.

Yu Qi ya había comprendido los pensamientos de aquellos astutos empleados.

Respondió con calma:

—No ocuparé su tiempo de descanso. De lo contrario, volverán a difundir rumores de que son personas que jamás podré conseguir.

Xiao Wang apoyó dos dedos en el suelo como si estuviera arrodillándose.

🙏🙏

—¿Adónde iremos para la actividad?

—Todavía no está decidido.

Yu Qi dijo:

—Wentian, ayúdame a recopilar las opciones de lugares y un cálculo aproximado de los gastos. Envíamelo por la tarde.

Durante aquel periodo, AS Station había soportado innumerables insultos.

No solo Yu Qi, sino toda la empresa había trabajado arduamente para limpiar su nombre.

Sin embargo, el incidente también le había proporcionado a AS Station publicidad gratuita por toda la red.

No solo consiguió revertir su reputación, sino que además se convirtió en el programa con mayor número de descargas de la semana.

El fruto de su esfuerzo había resistido la prueba del mercado.

Alguien llamó a la puerta de la oficina.

Yu Min asomó la cabeza con cautela.

Yu Qi dijo «adelante» y él entró siguiéndolo con pasos pequeños.

—Presidente Yu, quería verme.

Yu Min se rascó la mejilla y no se atrevió a quedarse a solas frente a él.

Todavía recordaba perfectamente aquella frase de Yu Qi:

«Cuando todo termine, ajustaré cuentas contigo».

Ahora había llegado el momento de pagar.

—Escuché que todavía estás haciendo el doctorado.

Yu Qi levantó una taza de té tibio y bebió un sorbo.

Sus labios quedaron humedecidos y enrojecidos.

Lo miró sin demasiada severidad, pero tampoco con amabilidad.

—Sí.

Yu Min asintió como un pollito picoteando arroz.

—Me faltan seis meses para graduarme.

—¿Podrás graduarte sin problemas?

—Supongo que sí.

—¿Qué piensas hacer después de graduarte?

Con un sonido seco, Yu Qi dejó la taza de cerámica sobre la mesa.

El corazón de Yu Min también dio un salto violento.

¿Pretendía vetarlo de todo el sector?

Estaba bien.

Pero todavía quería permanecer en Shanghái.

No culpaba a Yu Qi por castigarlo.

Él mismo había engañado al presidente Yu.

Era simplemente causa y efecto.

Yu Min adoptó una expresión suplicante.

—¿Podría darme unos días de margen, presidente Yu?

Todavía quería despedirse de Xiao Qian y los demás.

—De acuerdo.

Yu Min soltó un suspiro de alivio.

Ya no pedía nada más.

Yu Qi sacó un documento del cajón.

¿También tendría que pagar una indemnización?

Yu Min abrió los ojos y estuvo a punto de suplicar nuevamente.

En aquel momento quizá no tenía dinero suficiente para cubrir una multa.

—Este es un contrato laboral. Revísalo.

—Presidente Yu, yo…

Ambos hablaron al mismo tiempo.

Yu Qi lo observó con tranquilidad.

Yu Min parpadeó varias veces y recogió el contrato.

Era ligeramente diferente del acuerdo laboral que había firmado con Yu Qi en aquel entonces, aunque en términos generales era casi igual.

Yu Qi ya había firmado la última página y estampado el sello oficial.

Parte A: Shenglan Co., Ltd.

Parte B: Yu Min.

—¿Te interesaría trabajar en Shenglan dentro de seis meses? —preguntó Yu Qi.

Yu Min apretó los labios y sostuvo el documento contra el pecho.

Sus ojos se humedecieron.

Tartamudeó durante mucho tiempo sin saber qué decir.

—Yo… yo…

—El contrato anterior quedó anulado. Si aceptas este, tendrás que venir a trabajar presencialmente a la empresa.

Yu Qi alzó una ceja.

Yu Min bajó la cabeza y se frotó los ojos.

Después asintió con fuerza.

—Por supuesto.

—Aprovecharé bien la oportunidad que me ofrece la empresa.

—Muy bien.

Yu Qi hizo girar una pluma.

La estilográfica azul lago saltaba entre sus dedos.

—Ya conoces el salario y las condiciones. ¿Tienes alguna otra pregunta?

—No.

Yu Min negó primero con la cabeza, pero después recordó algo.

—Antes tengo que informárselo al presidente Liang.

—Por lo menos eres honesto.

Yu Min sonrió con inocencia e hizo una reverencia de noventa grados.

—Gracias, presidente Yu.

—No me lo agradezcas tan pronto. Si no consigues graduarte, este contrato también quedará anulado automáticamente.

Yu Qi golpeó la mesa con la pluma.

—Me graduaré sin problemas. Hasta luego, presidente Yu.

—Hasta luego.

El invierno dio paso a la primavera.

La vida pasó de página y todo comenzó a avanzar poco a poco por el camino correcto.

Después de que su pierna se recuperó, Yu Qi organizó varias presentaciones, grandes y pequeñas.

Chen Jun bromeaba llamándolo «embajador promocional de AS Station».

—En tu sector, que el presidente salga personalmente resulta perfecto. Así te ahorras el dinero de contratar a una celebridad.

Chen Jun levantó el pulgar, sinceramente impresionado.

—Si hablamos de saber administrar bien el hogar, nadie supera a nuestro joven presidente Yu.

—Deja de decir tonterías.

La siguiente presentación se celebraría en otra ciudad y Yu Qi estaba ocupado buscando un recinto.

Chen Jun lo ayudaba a escoger mientras hojeaba unas revistas y hablaba sin parar.

—Por cierto, ¿qué harás pasado mañana?

—Lo de siempre. Si hay trabajo, trabajaré. Si no, descansaré en casa.

Yu Qi ni siquiera levantó la cabeza.

—¡Por lo menos eres la flor más hermosa de nuestro mundo empresarial! ¿Cómo puedes pasar San Valentín de una manera tan descuidada?

Chen Jun lamentó que el cielo fuera injusto y desperdiciara semejante belleza.

Una persona así, que en tiempos antiguos habría llevado al desastre al país y al pueblo —tachado—, que habría manejado la corte a su antojo con una sola mano, debería quedarse tranquilamente en casa disfrutando de la atención de ochenta amantes apuestos.

¿Cómo había terminado convertido en un adicto al trabajo?

—¿San Valentín?

—Exacto.

Chen Jun suspiró con pesar.

Después tuvo una idea y se acercó a Yu Qi con una sonrisa astuta.

—¿Ninguno de tus pequeños amantes ha hecho ningún movimiento?

—¿Los amantes de quién?

—No sirve de nada fingir ignorancia.

Chen Jun no le permitió evadir el asunto.

—Dime la verdad, joven presidente Yu. ¿A quién amas más ahora?

¿A quién amaba más?

Yu Qi por fin apartó la atención de los documentos.

Reflexionó durante mucho tiempo.

Chen Jun se emocionó de inmediato.

Parecía una marmota que había caído dentro de un campo de melones y esperaba impaciente su respuesta.

—A quien más amo es…

Yu Qi lo miró.

—A ti.

Chen Jun retrocedió varios pasos de golpe.

Yu Qi se animó y se puso las manos en la cintura.

—¿Soy tan terrible? Mira cómo huyes de mí.

—No, no, no.

Chen Jun agitó las manos y explicó:

—No es que tú seas terrible, cariño. Es que yo no me atrevo. Este humilde servidor todavía quiere vivir algunos años más.

Ser amado por una gran belleza también tenía condiciones.

¿Acaso no era evidente que, si un segundo se mostraba cariñoso con Yu Qi, al siguiente algún hombre surgido de quién sabía dónde acabaría atropellándolo hasta matarlo?

—Tus amantes son demasiado aterradores.

Chen Jun se acarició el pecho con miedo persistente.

—Todos y cada uno de ellos. Temo que, si nosotros dos terminamos juntos, uno muera y el otro sea enviado a acompañarlo.

Yu Qi: «…»

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