El Dios Marcial regresó al nivel 2 - Capítulo 29

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—Volveré a la escuela.

—¿A la escuela?

Durante la cena, Yoon Seah le comunicó su decisión de regresar a clases.

—¿No dijo tu profesora que podías tomarte una semana de descanso?

—Soy la presidenta del consejo estudiantil. Además, es una escuela sin vacaciones, así que no puedo ausentarme.

—…¿No tienen vacaciones?

—¡Tío! ¿No me digas que ni siquiera sabes a qué escuela va tu sobrina?

—Claro que lo sé. A la Academia BattleNet.

La Academia BattleNet.

Era una escuela fundada después de la aparición de BattleNet en la Tierra en 2010 y recibía un apoyo integral por parte del gobierno.

En particular, la Academia de Apgujeong, situada en Apgujeong-dong, Gangnam, era muy popular a pesar de haber sido construida recientemente. A ella asistían hijos de familias ricas e influyentes.

«Se dice que recibir educación en una academia aumenta las probabilidades de despertar un Don».

Al cumplir dieciocho años, todas las personas obtenían la cualificación para convertirse en jugadores, pero no todas recibían un Don.

Según las estadísticas, la cantidad de personas que despertaban uno era extremadamente pequeña: alrededor del uno por ciento de toda la población.

«Por eso, recibir o no un Don puede determinar las posibilidades de convertirse en jugador profesional de BattleNet».

En el mundo actual de BattleNet, obtener un Don era como ganar la lotería dentro de otra lotería.

Sin embargo, según la explicación oficial del gobierno, recibir formación en la Academia BattleNet aumentaba las probabilidades de ganar aquella lotería.

—Entonces, ¿hay algo especial en la educación de la academia?

—¿Algo especial? Umm… Tenemos entrenamiento físico y clases teóricas sobre cómo manejar el Poder Mágico.

—Mhm, ya veo.

Parecía una clase que podía recibirse en cualquier lugar.

¿Por qué asistir a esa escuela aumentaría las posibilidades de obtener un Don?

Al ver la expresión desconcertada de Seong Jihan, Yoon Seah sonrió.

—Je, je. Siendo sincera, esas clases son solo complementarias… Lo más importante es recibir la bendición una vez por semana en el Salón de los Dones.

—¿El Salón de los Dones?

—Sí. Es una sala repleta de Gemas de Don. Dicen que, si recibes una bendición allí, puedes obtener un Don mejor. Por eso, incluso los estudiantes que casi nunca asisten a clases aparecen ese día.

Al escuchar aquello, Seong Jihan recordó una situación de su vida anterior que había enterrado en lo más profundo de su corazón.

«…»

El 8 de agosto de 2020.

Una época mucho más desesperada que la actual.

Seong Jihan había caído en el pánico después de que el Rey Espada emigrara a Japón y se había entregado al alcohol y las apuestas.

Mientras tanto, Yoon Seah preparaba las comidas para su lamentable tío y asistía diligentemente a la escuela.

—Seah, hoy quiero comer carne.

—De acuerdo, tío. ¡Iré a comprarla!

Incluso cuando Seong Jihan, encerrado en un rincón de la casa, permanecía tumbado en el sofá haciendo peticiones infantiles, ella fingía estar alegre.

—La mujer que vino a cocinar la última vez era buena… ¿Deberíamos contratar a alguien de nuevo?

—Eso… Ya sabes cómo está nuestra situación actual.

—La casa es tan grande que debe ser difícil limpiarla, ¿verdad?

—No pasa nada. Solo limpio las zonas que utilizamos.

Incluso cuando hacía comentarios ingenuos mientras se lamentaba por la ausencia de sirvientes, Yoon Seah respondía con una sonrisa brillante, sin mostrar la menor irritación.

«En aquella época… Seah era señalada por toda la nación mientras cuidaba de su inútil tío. Solo pudo soportarlo todo porque…».

Esperaba con ansias recibir su Don.

El Don que obtendría el 22 de agosto, el día de su cumpleaños, era la última esperanza de una Yoon Seah desesperada.

Por eso, incluso después de que ocurriera un incidente tan grave y aunque su profesora le dijera que podía descansar, decidió seguir asistiendo voluntariamente a la escuela para recibir de manera constante las bendiciones de las Gemas de Don.

Esperaba obtener un buen Don y cambiar aunque fuera un poco la situación.

Así era.

Como ya no tenía conductor, debía desplazarse a pie.

Además, a menudo le arrojaban huevos.

En aquel entonces, él no había hecho nada para mejorar la situación.

Se limitaba a mirar televisión tumbado en el sofá.

—Seah, ¿no sería mejor que descansaras un poco más en casa?

—…Estoy bien, tío. De verdad…

Cada vez que regresaba de la escuela con la ropa sucia, Jihan le sugería que descansara.

Sin embargo, ella seguía asistiendo con determinación.

Porque aquella era la última esperanza de Yoon Seah.

«Ya sé lo que ocurrirá…».

Recibiría un Don de rango bajo.

Un Don de rango F era el peor de todos, y la gente solía decir que era preferible no recibir ninguno.

Lo que quedaba en el fondo de la caja de Pandora era desesperación disfrazada de esperanza.

Después de aquel día, Yoon Seah comenzó a deteriorarse poco a poco.

«Esta vez no permitiré que las cosas terminen así».

Seong Jihan observó a Yoon Seah.

Sus expectativas respecto a su Don parecían seguir siendo las mismas, pese a que las circunstancias habían cambiado considerablemente.

Por eso, en la situación actual, no podía decirle directamente:

«Recibirás un Don de rango F».

Hasta que llegara su cumpleaños, tendría que reducir gradualmente las expectativas de Yoon Seah respecto a su Don.

—¿Irás a la escuela a partir de mañana?

—Sí. Mañana es lunes.

—Entendido. Entonces, a partir de ahora te llevaré.

—Eh… ¿Tío? No hace falta. Ya no soy una niña.

—Conoces bien la situación.

Yoon Seah se rascó la mejilla con cierta incomodidad.

—Tío, ya estás bastante ocupado con BattleNet. En realidad no tienes que…

—Viste la partida de hoy, ¿verdad? Una partida de BattleNet no dura mucho, así que tengo tiempo de sobra para llevarte. No te preocupes.

—Aun así…

—Ya está decidido. Ahora comamos.

Seong Jihan interrumpió a Yoon Seah mientras ella seguía dudando y tomó los palillos.

—¿A qué viene ese cambio repentino de actitud…?

Yoon Seah hizo un puchero al mirarlo.

Aun así, en su rostro apareció una tenue sonrisa, como si estuviera agradecida.

A la mañana siguiente.

Yoon Seah se despertó a las seis y, mientras se frotaba los ojos, se dirigió a la cocina.

Entonces se detuvo sorprendida.

—¿Eh? Tío, ¿por qué te levantaste tan temprano…?

—Deberías desayunar antes de ir a la escuela.

—¿Sabes cocinar?

—Solo es pan tostado.

Yoon Seah observó el plato colocado frente a ella.

Lo que Seong Jihan había preparado no era simplemente una rebanada de pan con mermelada.

Era un desayuno sustancioso con huevo y tocino, una buena fuente de proteínas.

—¡Se ve delicioso…!

Yoon Seah sonrió radiante y tomó el tenedor con entusiasmo.

Era una sonrisa distinta de aquellas sonrisas forzadas que solía mostrar.

Era cálida e inocente.

Al verla así, Seong Jihan sintió remordimiento.

«Debí haber hecho esto antes».

Había estado tan concentrado en BattleNet que había descuidado la situación de la casa.

«¿Qué tan difícil habrá sido para ella encargarse sola de todas las tareas domésticas en una casa tan enorme? Cuando la situación mejore, volveré a contratar a alguien».

—Ah, tío. Estoy un poco conmovida. Pensar que cocinarías para mí…

—¿No te lo dije? Soy un maestro en comprender el corazón de las mujeres.

—…Si no hubieras dicho eso, la emoción habría durado un poco más. Bien, probemos.

Con el corazón ligeramente acelerado, Yoon Seah miró a Seong Jihan y mordió el pan tostado.

—¡Guau…! Está realmente delicioso.

El pan tostado con tocino era una combinación difícil de arruinar.

Sin embargo, la versión de Seong Jihan era mucho más sabrosa que una preparación común.

Al ver los ojos sorprendidos de Yoon Seah, él se encogió de hombros.

—Soy bueno preparando comida occidental.

Cuando perdió a su familia y buscó asilo en Estados Unidos, el corazón de Seong Jihan quedó lleno de una profunda soledad y arrepentimiento.

Para intentar llenar aquel vacío y olvidar, aprendió muchas cosas además de BattleNet.

Una de las actividades en las que se sumergió profundamente fue la cocina.

Había recibido instrucción directa de un chef famoso de Nueva York, por lo que sus habilidades culinarias eran considerables.

Incluso Yoon Seah, quien había crecido comiendo únicamente alimentos de gran calidad, quedó impresionada.

—¡No estabas mintiendo! De verdad está delicioso. Tío, ¿sabes preparar todo tipo de comida occidental?

—Por supuesto. Dime qué quieres comer y lo prepararé.

—De acuerdo, entonces… ¿Qué te parece cocinar un filete para mi cumpleaños?

El decimoctavo cumpleaños de Yoon Seah.

Al recordar el momento en que ella había perdido toda esperanza y se había hundido en una desesperación interminable, Seong Jihan dudó brevemente.

Después sonrió.

—¿Un filete será suficiente?

—Oh, bueno…

—Te mostraré cómo es una comida completa de verdad.

—¿Un menú completo? ¿En serio? Je, je. Será el día en que reciba mi Don, así que, por favor, prepáralo delicioso.

Todavía esperaba con ilusión su Don.

—Je, je… De acuerdo. Te sorprenderás.

Seong Jihan ocultó sus pensamientos y respondió con confianza.

Llegó la hora de ir a la escuela.

Seong Jihan y Yoon Seah subieron al ascensor.

[Séptimo sótano. Las puertas se cerrarán.]

En el séptimo nivel subterráneo había un estacionamiento reservado exclusivamente para el Rey Espada.

Estaba lleno de los superdeportivos de Saejin.

Yoon Seah miró a Seong Jihan con expresión inquieta.

—Tío… ¿De verdad sabes conducir? Umm, tienes licencia, ¿verdad?

—Claro que sí. ¿Qué tan inútil crees que soy?

—Je, je. No hay forma de que piense eso. Solo pregunté porque llevabas demasiado tiempo encerrado en casa.

Los ojos de Yoon Seah aún mostraban incredulidad.

Nunca había visto conducir a su tío.

—También podríamos tomar el autobús…

—¿Alguna vez has viajado en autobús?

—Siempre hay una primera vez para todo…

—Olvídalo. Pero no pienses pedirme que siga llevándote después de que te gradúes.

Seong Jihan caminó hacia delante con pasos ligeros.

Uno de los pasatiempos que había desarrollado en Estados Unidos era coleccionar automóviles, así que se sentía secretamente emocionado.

—Je, je… Después de tanto tiempo, podré conducir un superdeportivo.

Probablemente las llaves seguirían dentro.

Solo tenía que elegir el automóvil que más le gustara y conducirlo.

Sin embargo, aquella emoción desapareció en cuanto salió del ascensor.

El rostro de Seong Jihan se endureció.

—Uf…

Todos aquellos superdeportivos…

No quedaba ni uno solo.

—Eh… Las noticias dijeron que papá había vendido su colección de automóviles. Pero no pensé que se desharía de todos.

—Seah, ¿qué pasó con el vehículo en el que ibas a la escuela? No me digas que también se deshizo de él.

—El conductor se encargaba de eso… Ahora que lo pienso, recibí un mensaje diciendo que el contrato de alquiler había terminado.

Había vendido todos los vehículos y escapado a Japón.

Su meticulosidad estaba alcanzando un nivel digno de admiración.

Mientras Seong Jihan recorría el estacionamiento por si acaso…

—¡Tío! ¡Mejor tomemos el autobús!

Yoon Seah habló con voz alegre.

—Je, je. ¡Siempre quise viajar en autobús!

Al percibir lo transparente que era aquella falsa alegría, Seong Jihan frunció el ceño.

No la había llevado allí para mostrarle una situación semejante.

«Es culpa mía».

Entonces, un automóvil estacionado en el rincón más apartado llamó su atención.

—Espera. ¡Hay un automóvil allí!

—¿De verdad?

—Sí. Ese…

Al reconocerlo desde la distancia, la mirada de Seong Jihan se volvió profunda.

El único vehículo que quedaba era un viejo automóvil compacto coreano de color amarillo.

Aquel era…

«Es el automóvil que conducía mi hermana antes de que apareciera BattleNet…».

Antes de la aparición de BattleNet, ese era el automóvil que utilizaba su hermana cuando apenas conseguía llegar a fin de mes.

No esperaba encontrarlo allí, abandonado en un rincón del estacionamiento que antes estaba lleno de superdeportivos.

—No vendió este.

No.

Probablemente lo había dejado porque, aunque hubiera intentado venderlo, no habría obtenido demasiado dinero.

Seong Jihan caminó hacia el pequeño automóvil.

—¿Vamos a usar ese…?

—Primero veamos si enciende.

Con la llave todavía puesta, Seong Jihan encendió el motor.

¡Vrum, vrum!

Sorprendentemente, arrancó sin ningún problema.

Aunque era bastante viejo, la ausencia de vibraciones indicaba que había recibido un buen mantenimiento hasta hacía poco.

Seong Jihan bajó la ventanilla y le hizo una señal.

—Sube, Seah.

—Umm… Tío, ¿qué tal si tomamos el autobús?

—¿Por qué? Ah, ¿no es apropiado?

La Academia BattleNet de Apgujeong era un lugar al que asistían los hijos privilegiados de familias adineradas.

Llegar en un automóvil compacto podía atraer una atención no deseada.

—Ese no es el problema… Pero creo que tendrás problemas si llevas ese vehículo a mi escuela.

—¿Problemas? No me importa. Me preocupaba que tú te sintieras avergonzada.

—No hay forma de que me avergüence. Era el automóvil de mamá.

—¿De verdad estás bien?

—Mientras no sea por eso, no me importa en absoluto.

Seong Jihan y Yoon Seah se miraron y soltaron una pequeña risa.

—Entonces, vámonos.

—Sí.

Llegaron a la Academia BattleNet veinte minutos después.

—¡Oye! ¡¿Cómo te atreves a estacionar esa chatarra aquí?!

—…

Tal como Yoon Seah había previsto, Seong Jihan terminó metido en problemas.

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