Domesticación Global de Bestias; Puedo Ver las Rutas de Evolución - Capítulo 273
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- Capítulo 273 - Ponle precio
—¡Apártense! ¡No confundan un brindis con una amenaza!
—¡Mentira! ¡Nosotros llegamos primero! ¿No conocen las reglas de los aventureros?
—¡Bah, ya basta de hablar! Entremos a la fuerza. A ver quién se atreve a detenernos.
—¡Si tienen agallas, inténtenlo!
Frente a la puerta del templo, dos grupos se enfrentaban en plena discusión, mirándose con odio.
Cuando Lin Ze salió del interior, se encontró con esa escena.
—¿Qué pasa aquí? —preguntó.
Zhuang Bo se giró al oírlo y, al ver que era Lin Ze, se animó de inmediato. Señaló al grupo de enfrente, furioso.
—Señor, poco después de que usted entró al templo, esta gente apareció de la nada. Querían meterse a la fuerza. Los detuvimos y todavía intentaron pelear para entrar. Está claro que no vienen con buenas intenciones.
Lin Ze arqueó una ceja y levantó la vista hacia el otro grupo.
Eran más de diez personas.
Al frente había un grandulón de complexión robusta, con ojos brillantes y un aura fuerte y afilada: a simple vista se notaba que era un aventurero curtido.
Detrás de él, siete u ocho personas vestidas también como aventureros, agrupadas con evidente cohesión.
Pero, a un lado de ese grupo, había otras cuatro personas aparte.
El líder era un joven de poco más de veinte años.
A ambos lados lo flanqueaban dos hombres de rostro severo, postura recta y una presencia fría y disciplinada.
El cuarto era un hombre delgado, de piel pálida y sin color, con una apariencia enfermiza.
No transmitía la más mínima sensación de combate.
Más bien parecía alguien que pasaba la vida en una oficina o en un laboratorio, con el aire de un académico.
Lin Ze captó al instante algo importante:
Esos cuatro no parecían formar un solo bloque con el grupo de aventureros del grandulón.
Aunque estaban en el mismo bando, mantenían cierta distancia, y sus gestos delataban incomodidad y falta de familiaridad.
Además, su ropa tampoco se parecía a la de aventureros.
—¿Tú eres el líder de ellos? —preguntó el joven, mirándolo de arriba abajo con un tono altivo.
Lin Ze ni se molestó en responderle.
Solo dijo a Zhuang Bo y los demás:
—Nos vamos.
Y se dio media vuelta para irse.
Todos se quedaron un instante en blanco.
Cuando reaccionaron, el rostro del joven se puso rojo de rabia; clavó la mirada en Lin Ze como si quisiera devorarlo.
Mientras tanto, el hombre de aspecto académico ya se había precipitado hacia el interior del templo.
El grandulón se alarmó. Temiendo que le pasara algo, hizo un gesto rápido y mandó a varios de sus hombres a seguirlo.
Pero apenas alcanzaron la puerta, el “académico” salió corriendo de nuevo, gritando con frustración:
—¡No hay estatuas de espíritu heroico adentro!
La expresión del joven cambió de golpe.
Giró bruscamente hacia Lin Ze y le señaló con furia.
—¡Cheng Pengyuan! ¡Deténlo!
Cheng Pengyuan frunció el ceño, y al final hizo un ademán con la mano.
De inmediato, varios miembros del equipo salieron al frente, invocando bestias para bloquear el camino de Lin Ze y el grupo de Zhuang Bo.
Lin Ze se detuvo y se giró con calma.
—¿Qué significa esto?
Zhuang Bo y los demás también se encendieron, gritándoles con indignación.
—¡Qué descaro!
—¡Primero intentan entrar a la fuerza y ahora nos impiden irnos!
—¡Ya les cedimos el lugar! ¿Qué más quieren?
—¡Se pasan de arrogantes!
El joven los miró con desprecio y ni se dignó a responder.
Sus ojos fueron directamente hacia Lin Ze.
—Las estatuas de espíritu heroico del templo… te las llevaste tú, ¿verdad?
—¿Y si sí? —contestó Lin Ze con frialdad.
El joven levantó la barbilla, soberbio.
—Las quiero. Ponle precio.
Lin Ze torció la boca, como si le diera pereza discutir.
—No se venden.
—¡Tú…!
El joven parecía alguien criado entre privilegios, acostumbrado a que todo se hiciera a su manera. No pudo contener la furia: el rostro se le puso verde de rabia.
A su lado, el hombre académico miró a Lin Ze con ansiedad.
—Te doy quinientos mil créditos por cada estatua. ¡Quinientos mil por cada una! ¡Las que tengas, las compro!
Lin Ze no mostró la menor reacción.
Si de verdad fueran solo artesanías valiosas de otro mundo, esa oferta ya sería altísima: superaba incluso el precio de compra oficial por mucho.
Pero la realidad era otra.
Esa cifra ni siquiera rozaba la fracción más pequeña del valor real.
Al ver que Lin Ze seguía imperturbable, el académico se desesperó.
—¿Para qué quieres esas estatuas? ¡Ni siquiera sabes usarlas! En tus manos solo es desperdiciar… ¡Esas estatuas son…!
Antes de que pudiera terminar, el joven se puso pálido y lo cortó con un grito.
—¡Han Qi!
El académico reaccionó, apretó los labios y se tragó lo que iba a decir.
Pero a estas alturas, ¿cómo iba Lin Ze a no entender?
Ese grupo también conocía el verdadero uso de las estatuas.
Por eso estaban tan desesperados por arrebatárselas.
El joven fulminó con la mirada a Han Qi, luego giró hacia Cheng Pengyuan y le lanzó una señal.
Cheng Pengyuan soltó un suspiro silencioso y dio un paso al frente.
—Amigo, este es el joven maestro Tang Hongguang, de la familia Tang de la ciudad de Yongding. Hazle un favor a la familia Tang y véndele las estatuas que obtuviste del templo. El precio… te garantizo que te dejará satisfecho. ¿Qué dices?
¿Yongding? ¿Familia Tang?
Los ojos de Lin Ze brillaron un instante.
Sí conocía Yongding; estaba al lado de Ningjiang.
Cuando investigó el campo de batalla del plano Nogas, vio el nombre de esa ciudad.
Ese campo de batalla no pertenecía solo a Ningjiang, sino que estaba administrado de forma conjunta por Ningjiang, Luo’an y Yongding. Los aventureros de las tres ciudades podían operar allí.
Pero la familia Tang…
Por el tono de Cheng Pengyuan, debía ser una familia de Maestros de Bestias bastante poderosa en Yongding.
Lamentablemente, Lin Ze no conocía los clanes de otras ciudades, así que el apellido “Tang” no le decía gran cosa.
En cambio, Zhuang Bo y los demás sí cambiaron de expresión.
—Señor —susurró Zhuang Bo acercándose—, la familia Tang es una de las familias de Maestros de Bestias más importantes de Yongding.
…Como lo imaginaba.
Lin Ze sintió un poco de fastidio.
¿Por qué parecía que, fuera donde fuera, siempre terminaba topándose con hijos de familias nobles?
Y, encima, casi siempre venían a buscarle problemas.
¿Será que tenía “incompatibilidad” con los jóvenes de familias poderosas?
Aunque, pensándolo bien, no necesariamente.
Guo Xinyi y Liu Man también eran de familias prestigiosas, y con ellas se llevaba bastante bien.
Zhuang Bo no sabía lo que pasaba por su cabeza y siguió en voz baja:
—Y ese Cheng Pengyuan… yo lo he visto antes en el campo de batalla. Él y su equipo son un grupo famoso de Yongding. Su fuerza está entre las mejores. Y Cheng Pengyuan es un Maestro de Bestias de rango Oro. Dicen que tiene tres bestias de octavo rango.
¿Rango Oro…?
Lin Ze le lanzó una mirada rápida a Cheng Pengyuan y sonrió por dentro.
Los Maestros de Bestias de rango Oro que habían muerto en sus manos… ya iban tres o cuatro.
No le imponía gran cosa.
Solo aquellos a un paso de la leyenda, los cuasi-legendarios con múltiples bestias de noveno rango, podrían hacer que sintiera verdadera presión.
A los demás, no los necesitaba temer.
Pero el silencio pensativo de Lin Ze, en los ojos de Tang Hongguang, se convirtió en miedo al escuchar el nombre “familia Tang”.
Al ver eso, una mueca de desprecio cruzó su mirada.