Domesticación Global de Bestias; Puedo Ver las Rutas de Evolución - Capítulo 271

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  4. Capítulo 271 - La Ángel del Alba, sin punto débil
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Zhuang Bo y los demás apenas percibieron un destello ante sus ojos.

Mesías, envuelta en un resplandor dorado sagrado y deslumbrante, ya había chocado de frente contra el Gustav que cargaba a toda velocidad.

La gran espada dorada y el hacha de guerra de acero colisionaron con violencia.

¡CLANG!

Un estruendo atronador, como un trueno, sacudió el aire.

La embestida de Gustav se detuvo en seco.

Ese instante, en el que pasó del movimiento extremo a la quietud absoluta, hizo que Zhuang Bo y los demás casi pensaran que habían visto mal.

Mesías y Gustav quedaron bloqueados en el sitio.

Sin embargo, la enorme fuerza de retroceso hizo que la bestia montura de Gustav no pudiera sostenerse: sus gruesas patas cedieron y se arrodilló de golpe.

¡BOOM!

Las rocas bajo sus cascos se hicieron añicos y la criatura quedó hundida en un cráter.

Zhuang Bo vio claramente cómo sangre espesa brotaba por los ojos, la boca, la nariz y las orejas del animal.

Aquella bestia gigantesca y robusta había sido sacudida hasta morir.

La muerte de su montura llenó a Gustav de rabia y furia.

Pero en ese momento no tenía tiempo para lamentarlo.

Solo al cruzar armas comprendió que había subestimado gravemente a su oponente.

Aunque la ángel no parecía un combatiente puramente físico, en el choque frontal de fuerza no era en absoluto inferior a él.

Solo eso bastaba para demostrar que su poder lo superaba con claridad.

El corazón de Gustav se hundió hasta el fondo.

Mesías permanecía imperturbable.

Su bello rostro no mostraba emoción alguna.

Con un súbito impulso de ambas manos, sacudió el hacha y la apartó.

En ese mismo instante, una luz blanca lechosa, pura y sagrada hasta el extremo, apareció de la nada y envolvió su cuerpo.

¡Bendición de la Luz!

Un aura solemne y santa la rodeó.

Su ya imponente presencia se elevó aún más, ascendiendo a un nuevo nivel en un abrir y cerrar de ojos.

El rostro de Gustav se volvió todavía más sombrío.

¡WHOOSH!

Mesías se lanzó como un relámpago y volvió a atacar.

La batalla estalló de nuevo y se volvió feroz en cuestión de segundos.

A más de treinta metros de distancia, Lin Ze observaba con calma.

Por su atuendo, aquel hombre corpulento también era un caballero superior.

Pero su fuerza superaba con creces a los anteriores.

Su poder había alcanzado la cima del octavo rango.

Para una bestia común de ese mismo nivel, matar a Gustav no sería tarea sencilla.

Pero Mesías no era una bestia común.

La Ángel del Alba era invencible dentro de su mismo rango.

Aunque solo estuviera en el octavo rango, octava etapa, su poder real ya rozaba el noveno rango.

Incluso podría enfrentarse a un Caballero de la Tierra.

Cuanto más a un simple caballero superior.

Derrotar a Gustav era solo cuestión de tiempo.

Zhuang Bo y los demás no sabían todo eso.

Al ver que, desde el primer intercambio, Mesías había suprimido a Gustav, sus ojos se abrieron de par en par.

Cuando estuvieron cautivos en el campamento, habían visto a Gustav desde lejos.

Los guardias nogasianos les habían dicho que era el segundo más fuerte del campamento, solo por debajo del Caballero de la Tierra Robert.

Ni siquiera dos o tres caballeros superiores juntos podían derrotarlo.

Y ahora…

Ese mismo hombre estaba siendo dominado con claridad por la bestia de Lin Ze.

Si no lo estuvieran viendo con sus propios ojos, jamás lo creerían.

—¡I-Increíble!
—¡Es demasiado fuerte! ¡Ni siquiera Gustav puede con ella!
—¡Es imposible…! ¿Qué nivel tiene esa ángel?
—Al menos octavo rango alto…

Las exclamaciones no cesaban.

Hasta ahora, habían subestimado gravemente el poder de la joven ángel.

El choque metálico resonaba como truenos sobre la llanura.

Mesías y Gustav parecían convertirse en dos sombras borrosas que se entrecruzaban sin descanso.

Cada colisión lanzaba chispas y ondas de choque violentas.

El terreno en un radio de veinte metros estaba completamente agrietado y devastado.

Pero en un lugar que nadie más podía ver, Gustav ya estaba empapado en sudor frío.

Sus ojos rebosaban horror.

Bajo la ofensiva implacable de Mesías, se sentía como una pequeña embarcación en medio de una tormenta desatada, a punto de volcar en cualquier instante.

La presión que le imponía aquella ángel le recordaba, inquietantemente, a la del propio señor Robert.

—¡Maldita sea! ¿Qué está pasando?

El campo de batalla dimensional llevaba años activo.

La guerra entre Nogas y la Federación Oriental también.

Ambos bandos conocían bien a los expertos del contrario.

Y sin embargo, jamás había oído hablar de alguien como ella.

Con su edad y su poder, no debería ser una desconocida.

Por mucho que se rompiera la cabeza, Gustav jamás imaginaría que Lin Ze había llegado por primera vez a ese campo de batalla.

Con el paso de los minutos, el horror en su corazón no hacía más que crecer.

Esa ángel era monstruosamente fuerte.

Fuerza abrumadora.

Técnica de combate exquisita.

Y además…

Dominaba un tiro con arco aterrador.

Varias veces Gustav intentó tomar distancia para recuperar el aliento.

Pero en cuanto se movía, la gran espada de Mesías se transformaba en un arco largo, y las flechas doradas surcaban el aire como relámpagos.

Una de ellas casi le perfora el cuello.

El sudor frío volvió a empapar el interior de su armadura.

Al comprender que su capacidad a distancia era aún más peligrosa que en combate cuerpo a cuerpo, no se atrevió a retroceder más.

Y eso no era todo.

También poseía una habilidad de curación.

Después de enormes esfuerzos, Gustav lograba herirla.

Pero en el siguiente segundo, la luz sagrada cubría la herida y la cerraba por completo.

Una y otra vez.

Estuvo a punto de vomitar sangre de frustración.

Combate cercano.

Combate a distancia.

Curación.

La ángel no tenía prácticamente ningún punto débil.

Como enemiga…

Era desesperante.

No había pasado ni un cuarto de hora cuando Gustav ya estaba cubierto de heridas.

Si continuaba así, moriría allí mismo.

Su expresión cambió varias veces.

Finalmente, como si hubiera tomado una decisión, una sonrisa feroz apareció en su rostro.

¡CLANG!

Tras otro violento choque de espada y hacha, Gustav retrocedió varios pasos.

Su figura se volvió borrosa.

De repente, se dividió en tres.

Las tres figuras se separaron y atacaron desde distintas direcciones.

La escena fue tan extraña y abrupta que Zhuang Bo y los demás se quedaron boquiabiertos.

Incluso Lin Ze arqueó una ceja.

Solo Mesías permaneció serena.

Las tres parejas de alas blancas se desplegaron con fuerza.

Luz lechosa se derramó desde ellas, formando una barrera translúcida a su alrededor.

Los tres Gustav descargaron sus hachas al mismo tiempo.

Pero solo lograron provocar ondas en la superficie del escudo.

Nada más.

Gustav no esperaba que su ataque más preparado fuera neutralizado con tanta facilidad.

Se quedó paralizado por un instante.

Y ese instante fue fatal.

La gran espada dorada rasgó el aire con un estruendo sónico y cayó hacia el Gustav de la derecha.

¡Mirada Verdadera!

Una habilidad capaz de discernir toda ilusión.

Gustav jamás imaginó que su verdadero cuerpo sería identificado al instante.

Tomado por sorpresa, no tuvo tiempo de esquivar.

La hoja fría ya estaba frente a sus ojos.

—¡¡No!!

En su mirada, la desesperación absoluta.

La espada descendió sin piedad.

Y lo partió en dos.

La sangre salpicó el aire.

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