Dicen que soy un caprichoso, pero el villano no deja de mimarme - Capítulo 94
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- Capítulo 94 - Consuelo
Qin You tampoco regresó a la empresa esa tarde. Cuando Jiang Yu tomó una siesta, él se acostó a su lado y lo abrazó mientras dormían. Cuando Jiang Yu se recostó en el sofá a jugar con el teléfono, Qin You permaneció sentado tranquilamente a su lado haciéndole compañía. Y cuando Jiang Yu fue a alimentar a los peces, él se sentó en una silla no muy lejos, observándolo.
Mientras arrojaba el alimento a los peces, Jiang Yu miró pensativamente al hombre que estaba a cierta distancia.
Algo no estaba bien.
Qin You estaba raro. Muy, pero muy raro.
Las hermosas carpas koi se agitaron en la superficie del agua, levantando pequeñas salpicaduras. Después de terminar de darles todo el alimento que llevaba en la mano, Jiang Yu se dio la vuelta y regresó a la villa tomado de la mano de Qin You.
El mayordomo ya había preparado la cena.
Jiang Yu observó a Qin You ponerse unos guantes desechables para pelarle los camarones y una expresión seria apareció en sus ojos.
Por la noche, Jiang Yu estaba acostado en la cama, estrechamente abrazado por Qin You.
Escuchando la respiración del hombre junto a su oído, Jiang Yu abrió lentamente los ojos.
En realidad, desde aquella tarde se había dado cuenta de que algo no estaba bien con Qin You. La sensación que le transmitía era como si temiera que Jiang Yu pudiera desaparecer en cualquier momento, como si se aferrara desesperadamente a su última esperanza.
—Qin You, ¿estás dormido? —La voz de Jiang Yu resonó con especial claridad en el amplio dormitorio sumido en la oscuridad.
—No.
Qin You también abrió los ojos.
—¿Qué te pasa hoy?
Jiang Yu se dio la vuelta entre sus brazos hasta quedar frente a él.
—No pasa…
—No me digas que no pasa nada. No te creo. Además, ¿no habíamos quedado en que, si algo nos preocupaba, teníamos que hablarlo?
Jiang Yu mantuvo los ojos fijos en los de Qin You, como si quisiera encontrar la respuesta en su mirada.
—¿Vas a dejarme? —preguntó Qin You.
Al formular la pregunta, sus brazos volvieron a estrecharse alrededor de Jiang Yu.
—No.
La respuesta de Jiang Yu fue firme, sin la menor vacilación.
Al escucharlo, Qin You relajó un poco los brazos.
Pero solo un poco.
—¿De verdad? —No pudo evitar confirmarlo una vez más.
—De verdad. Qin You, escúchame bien. Mientras me ames sinceramente y me trates bien, nunca te abandonaré. No necesitas preocuparte ni sentirte inseguro por esto.
Jiang Yu extendió los brazos y, tomando la iniciativa, atrajo la cabeza de Qin You contra su pecho.
Como Qin You tuvo que bajar el cuerpo, sus brazos dejaron de rodear a Jiang Yu y pasaron a abrazarlo por la cintura.
Qin You pegó el oído al pecho de Jiang Yu.
El sonido firme y vigoroso de sus latidos hizo que la inquietud de su corazón comenzara a calmarse poco a poco.
Aquella noche, fue casi como si Jiang Yu estuviera sometiendo a Qin You a una terapia de desensibilización: una y otra vez, con infinita paciencia, respondió a la misma pregunta.
Al día siguiente, Jiang Yu terminó durmiendo hasta muy tarde.
La noche anterior había estado preocupado de que Qin You despertara de repente, por lo que se había mantenido despierto casi hasta el amanecer. Ahora, el sueño lo envolvía como una marea.
Levantarse era absolutamente imposible.
Aunque viniera el mismísimo emperador celestial, ese día nadie conseguiría sacarlo de la cama.
—A-Yu, es hora de levantarse. El mayordomo dijo que para el almuerzo prepararon tu pollo picante favorito —lo persuadió suavemente Qin You, sentado junto a la cama.
Al escuchar aquella voz que no dejaba de sonar junto a sus oídos, Jiang Yu extendió una mano, levantó la manta y se cubrió directamente la cabeza, negándose por completo a comunicarse.
La mano de Qin You se detuvo.
A un lado, el mayordomo y la señora Wang contuvieron la risa al contemplar la escena, pero sus hombros no pudieron evitar temblar.
Qin You percibió el movimiento y dirigió la mirada hacia ellos.
Al encontrarse con los ojos del joven amo, el mayordomo y la señora Wang enderezaron inmediatamente la espalda y adoptaron expresiones completamente serias.
A Qin You le preocupaba que Jiang Yu pudiera quedarse sin aire bajo la manta mientras dormía, así que intentó tirar de ella para descubrirlo.
Sin embargo, Jiang Yu estaba tan fuertemente envuelto que, por más que lo intentó, no consiguió quitársela.
Sin otra alternativa, Qin You le pidió al mayordomo que mantuviera calientes todos los platos para que Jiang Yu pudiera comer en cualquier momento cuando despertara.
El mayordomo asintió, comprendiendo la orden.
Por la tarde, Qin You fue a la empresa.
No podía quedarse en casa todo el tiempo.
Tenía que ir a vengar a Jiang Yu.
Nada más llegar a la empresa, Qin You le pidió al asistente Li que averiguara si la película que Jiang Yu estaba preparando para protagonizar necesitaba inversión.
En cuanto escuchó que iban a invertir en una producción cinematográfica, los ojos del asistente Li se iluminaron de inmediato. Se frotó las manos.
—Jefe, ¿el señor Jiang va a participar en esta película?
Qin You asintió.
—Mm. ¿Pasa algo?
—Nada. Le garantizo que cumpliré la misión.
El asistente Li recordó el informe de ganancias que acababa de terminar de organizar.
En aquel informe, las inversiones realizadas en las películas, programas de variedades y anuncios publicitarios de Jiang Yu estaban todas en números positivos.
El rendimiento de aquellas inversiones era tan alto que hasta al propio asistente Li le daba miedo verlo.
Ahora que iban a invertir en una película protagonizada por Jiang Yu, tenía un presentimiento extremadamente fuerte.
Esta vez ganarían todavía más.
Ante aquel pensamiento, el asistente Li regresó impaciente a su puesto. Tras contactar con algunas personas, consiguió la información de contacto de Zhou Yichuan.
La comunicación posterior fue extremadamente fluida.
Precisamente en ese momento, Zhou Yichuan estaba buscando inversionistas, por lo que se alegró mucho al enterarse de las intenciones del asistente Li. No tardaron en acordar el monto de la inversión y el porcentaje correspondiente.
En la villa, Jiang Yu durmió directamente hasta pasadas las tres de la tarde.
Cuando finalmente abrió los ojos, todavía aturdido por el sueño, su estómago ya había comenzado a gruñir.
Se aseó rápidamente, se cambió y se puso ropa cómoda para estar en casa. Después salió de la habitación y bajó las escaleras, dispuesto a buscar primero algo que comer para llenar el estómago.
—Señor Jiang, ya despertó. Hemos mantenido calientes la comida y los platos todo este tiempo. ¿Desea comer ahora? —preguntó el mayordomo, acercándose rápidamente al verlo bajar por las escaleras.
—¿Los han mantenido calientes todo este tiempo? —Jiang Yu se mostró un poco sorprendido.
—Así es. El joven amo dijo que no sabía a qué hora despertaría, por lo que me indicó que mantuviera calientes todos los platos para asegurarse de que pudiera comer en cuanto se levantara.
El mayordomo asintió con una sonrisa.
Al escucharlo, los labios de Jiang Yu se curvaron ligeramente.
—Entonces comeré ahora.
—De acuerdo.