Dicen que soy un caprichoso, pero el villano no deja de mimarme - Capítulo 207
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- Capítulo 207 - ¡La sorpresa de Qin You!
El teléfono vibraba frenéticamente sobre el amplio escritorio, haciendo temblar incluso varias hojas A4 que estaban esparcidas a su alrededor.
El director tomó el teléfono y miró la pantalla despreocupadamente. Sin embargo, en cuanto vio el nombre de quien llamaba, se enderezó de inmediato e incluso se aclaró la garganta.
Al ver sus movimientos, el subdirector dejó silenciosamente su taza sobre la mesa.
—Ejem, ejem…
—Presidente Qin, buenas noches. ¿Qué necesita?
Al recordar la inversión que el presidente Qin le había dado la última vez, el director no pudo evitar preguntarse si estaría pensando en volver a invertir en el programa.
—Tengo una idea relacionada con la grabación del último episodio del programa y quería hablarlo contigo.
El director activó el altavoz, y la voz de Qin You resonó con claridad en la espaciosa oficina.
—Lo escucho.
La expresión del director se volvió seria.
Si lo que proponía el presidente Qin beneficiaba al programa, lo apoyaría con ambas manos y ambos pies. Pero si su propuesta perjudicaba al programa, aunque se tratara del mismísimo presidente Qin, él jamás estaría de acuerdo.
Al pensar en esto, el director sacó pecho involuntariamente.
Así era él: ¡un director con principios y carácter!
El subdirector contempló desconcertado al director, que de repente parecía estar orgulloso de sí mismo.
¿Se había vuelto a «volver loco»?
Pues había elegido el peor momento para hacerlo. Si decía algo inapropiado y su gran patrocinador decidía dejar de invertir dinero en ellos, sería un desastre. Tendría que vigilarlo atentamente desde un lado.
Con ese pensamiento, el subdirector volvió a mirar al director.
Este percibió su mirada y también se volvió hacia él.
Sus ojos se encontraron y ambos asintieron con fuerza.
Exactamente.
Así tenía que ser.
Los dos estaban pensando en cosas completamente distintas y, sin embargo, milagrosamente consiguieron estar en la misma sintonía.
Qin You no tenía idea de las extrañas ocurrencias que aquella llamada había provocado en los dos y fue directamente al motivo de su llamada.
—Revisé la fecha de grabación del último episodio y coincide con el cumpleaños de A-Yu. Quiero prepararle una sorpresa de cumpleaños durante el programa.
En cuanto Qin You terminó de hablar, la oficina quedó en silencio durante varios segundos.
Acto seguido, resonó el grito emocionado del director.
—¡Perfecto! ¡Por supuesto que se puede! Presidente Qin, ¿necesita ayuda del equipo del programa? ¡Estamos a su entera disposición! Podemos ayudar a transportar las flores, preparar el lugar o cualquier otra cosa que necesite.
—Es posible que necesite su ayuda. Cuando llegue el momento, haré que mi asistente se ponga en contacto con ustedes.
—¡Ningún problema, ningún problema! Presidente Qin, siempre que nos necesite, estaremos disponibles en cualquier momento y lugar.
El director sonreía de oreja a oreja.
¿No era esto precisamente lo que estaba buscando?
¡Una actividad con verdadero significado!
El cumpleaños de Jiang Yu.
El presidente Qin preparando en secreto una sorpresa de cumpleaños.
¡Cuando aquello se emitiera, definitivamente sería un bombazo!
—Espero que tanto el equipo del programa como todos los invitados mantengan esto en absoluto secreto. ¿Pueden hacerlo?
—¡Sí, sí, sí! ¡Por supuesto que podemos! Ahora mismo crearé un grupo aparte con usted y los demás invitados. Se llamará «Grupo para la sorpresa de cumpleaños del profesor Jiang».
Al director solo le faltaba levantar la mano y jurarlo solemnemente.
Después de explicarle a grandes rasgos lo que tenía planeado, Qin You colgó.
Bip, bip, bip…
En cuanto se escuchó el sonido de la llamada terminada, el director se puso las manos en la cintura, alzó la cabeza y soltó una carcajada emocionada.
—¡Jajajajaja! ¡Jiang Yu realmente es mi estrella de la suerte!
Aunque el subdirector también estaba muy contento, al escuchar aquello casi pudo sentir cómo aparecía un gigantesco signo de interrogación sobre su cabeza.
¿Quién había sido el que antes decía que Jiang Yu era su némesis?
Después de colgar, Qin You recordó el peluche que había prometido regalarle a Jiang Yu la última vez. Memorizó discretamente la marca y decidió pedirle al asistente Li a la mañana siguiente que se pusiera en contacto con el dueño de la marca.
Dentro de la habitación, Jiang Yu, profundamente dormido, no tenía la menor idea de que, durante el breve tiempo que llevaba durmiendo, alguien ya había comenzado a preparar en secreto una enorme sorpresa para él.
Al mediodía del día siguiente, la luz del sol atravesaba las ventanas e iluminaba toda la habitación.
En medio de la enorme cama sobresalía un pequeño bulto bajo las mantas.
El bulto se movió ligeramente y, poco después, un brazo de piel clara salió de debajo.
Jiang Yu abrió lentamente los ojos.
Nada más despertar, sintió como si todo su cuerpo se hubiera desarmado.
—¡Qin You, intentaste asesinar a tu propio esposo!
Jiang Yu golpeó con el puño, ferozmente pero sin ninguna fuerza, el espacio vacío a su lado.
En ese mismo instante, los comentarios flotantes en el aire también se iluminaron.
[¡Moderador, voy a luchar contigo hasta el final! ¡Buaaa!]
[¿¡Qué te cuesta dejarme ver aunque sea un poquito!? ¿¡Qué te cuesta!?]
[¡Cada vez que llega el momento crucial, ponen la pantalla en negro! ¿¡Acaso pagué para quedarme mirando una pantalla negra!?]
[¡Devuelvan el dinero! ¡Devuelvan el dinero! ¡Devuelvan el dinero!]
Las comisuras de los labios de Jiang Yu se crisparon al leerlos.
No, pero… ¿acaso no había nadie que quisiera hacer algo con Qin You?
Jiang Yu intentó incorporarse por primera vez.
Sus articulaciones soltaron una serie de crujidos, y una intensa sensación de dolor y entumecimiento se extendió desde su cintura hasta recorrerle todo el cuerpo.
Primer intento: fracaso.
Jiang Yu volvió a dejarse caer sobre la cama.
Pero no se rindió.
Lo intentó por segunda vez.
Y finalmente, al tercer intento, consiguió sentarse.
—¿Despertaste?
Qin You entró justo en ese momento llevando el almuerzo.
Al ver a su amado sentado en la cama, se apresuró a acercarse y colocó una almohada suave detrás de la cintura de Jiang Yu para que pudiera apoyarse.
Jiang Yu quería decir con toda la dignidad del mundo que no la necesitaba.
Sin embargo, en cuanto la almohada quedó colocada y el dolor de su cintura disminuyó más de la mitad…
Jiang Yu cerró obedientemente la boca.
Después de todo, ¡no había nada más importante que estar cómodo!