Dicen que soy un caprichoso, pero el villano no deja de mimarme - Capítulo 186

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  4. Capítulo 186 - ¡Un pan durísimo!
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El director estaba tan feliz que se quedó frente a la puerta de su habitación gesticulando de emoción. Justo entonces, el subdirector fue a buscarlo y, en cuanto llegó, vio al director agitando los puños sin parar, con una sonrisa tan amplia que casi no se le veían los ojos.

—Director, ¿por fin te volviste loco? —El subdirector retrocedió instintivamente un paso.

—¿Qué loco ni qué nada? ¡Estoy feliz! ¡Muy feliz! ¿Entiendes? —El director, emocionado, rodeó los hombros del subdirector con un brazo.

El subdirector tenía una expresión de querer escapar, pero no atreverse.

—¿Feliz por qué?

—¡Claro que estoy feliz porque nuestro gran patrocinador volvió a aumentar la inversión en veinte millones!

El director levantó dos dedos frente al subdirector y los agitó orgullosamente.

Solo entonces el subdirector entendió lo que había ocurrido.

Aquello sí que era una noticia excelente.

—Entonces, director, ¿habría que modificar el presupuesto de viaje de los invitados? —preguntó el subdirector.

—Espera, ¿de verdad te cambiaste de bando? —El director retiró rápidamente el brazo y miró con sospecha a su viejo compañero.

—Director, tampoco puedes decirlo así. El presidente Qin acaba de decir que aumentará la inversión, pero el dinero todavía no ha llegado. ¿Qué pasa si hacemos enojar a Jiang Yu por ser demasiado tacaños con el presupuesto de viaje y el presidente Qin decide retirar la inversión? Saldríamos perdiendo. Mejor aprovechamos la ocasión y les aumentamos un poco el presupuesto. Además, los precios en el extranjero son muchísimo más altos que aquí.

El subdirector analizó la situación desde distintos ángulos.

En resumen, aumentar el presupuesto de viaje de los invitados no tenía ninguna desventaja y, de hecho, podía traerles bastantes beneficios.

El director asintió lentamente.

Lo que decía el subdirector tenía sentido.

Al final, tomó una decisión y duplicó directamente el presupuesto adicional de cada invitado, dejándolo en tres veces la cantidad original.

—¡Director, qué generoso! —El subdirector levantó el pulgar.

El director sonrió y agitó una mano con modestia.

Después de dejar sus maletas y regresar al vestíbulo del hotel, Jiang Yu y los demás recibieron del subdirector los sobres con el presupuesto de viaje.

Jiang Yu recibió los sobres correspondientes a él y Qin You.

En cuanto los tuvo en las manos, los palpó instintivamente.

Eran muy delgados.

De hecho, parecían incluso más delgados que los sobres que habían recibido cuando viajaban dentro del país.

Jiang Yu abrió uno y echó un vistazo.

El dinero del interior era moneda local que el director había cambiado de antemano.

En total había quinientas unidades.

(Recordatorio de KK: el mundo de esta novela es ficticio y no corresponde con la realidad).

—Vaya, ¿el director de verdad se volvió tan generoso? —Li Yue sacó el dinero del sobre y consultó el tipo de cambio en su teléfono.

—Quinientas unidades equivalen aproximadamente a tres mil seiscientos yuanes. El director nos dio tres veces más que antes. Esta vez sí que fue bastante generoso —calculó también Jiang Yu.

—Director, admito que te juzgué mal… Ah, no. Digamos que te juzgué de una manera demasiado parcial —dijo Yuan Yi conmovido mientras miraba hacia donde estaba el director.

Al escuchar la pausa dramática de Yuan Yi, el director hizo todo lo posible por reprimir el arrepentimiento que comenzaba a surgir en su interior.

Ese mocoso definitivamente tenía una habilidad especial.

¿Por qué cada vez que abría la boca le daban ganas de recuperar el dinero?

El director empezó a plantearse seriamente si, una vez terminado el programa, debería contactar al representante de Yuan Yi para grabar exclusivamente con él un documental de viajes con presupuesto miserable.

Cuanto más lo pensaba, mejor le parecía la idea.

Yuan Yi estaba contando el dinero cuando, de repente, sintió un escalofrío por todo el cuerpo.

Maldición.

Sentía que alguien estaba conspirando contra este emperador.

El camarógrafo fue lo bastante perspicaz como para captar de inmediato las expresiones de Yuan Yi y del director, registrando perfectamente el contraste entre ambos.

[¿El director esta vez fue generoso por iniciativa propia? ¡Tres mil seiscientos yuanes! No puedo creerlo.]

[Pero en ese lugar tampoco es tanto dinero. Una sola comida puede costar entre treinta y cincuenta unidades.]

[Es verdad. Cuando fui, solo una taza de café me costó cinco. Con eso en nuestro país podría comprar varias.]

[Jajajaja, el camarógrafo sí sabe lo que hace. ¡Denle una pierna de pollo extra en la cena!]

[La sonrisa del director al final se veía siniestra. De repente tengo un mal presentimiento.]

[En el instante en que sonrió el director, Yuan Yi tembló claramente.]

[¿Y cómo no va a ser eso otra clase de entendimiento tácito? (Se tapa la boca y ríe a escondidas).]

Después de guardar el dinero, todos se prepararon para salir juntos a cenar.

Había que admitir que los precios del lugar eran realmente altos.

Cuando Jiang Yu entró al restaurante del hotel y miró el menú, descubrió que un simple pan con unas hojas de lechuga y unas rebanadas de jamón costaba ocho unidades.

Si cada persona pedía un pan y una bebida normal, una sola comida se acercaba ya a las treinta unidades.

Y si pedían algo mejor para beber, las superaban fácilmente.

—Dios mío, ¿alguien puede decirme que esto no es verdad? —Yuan Yi miró el menú con expresión horrorizada.

No era como si nunca hubiera viajado al extranjero, pero antes jamás había tenido que limitar sus gastos, así que nunca se había fijado demasiado en los precios.

Ahora, sin embargo, él y Li Kai solo tenían quinientas unidades entre los dos.

Una comida decente para ambos costaría al menos cincuenta.

Eso significaba que aquellas quinientas unidades quizá apenas les alcanzarían para diez comidas.

Y ni siquiera era seguro que quedaran satisfechos.

Después de discutirlo entre ellos, todos decidieron probar el menú más barato.

—¿Qué está pasando? El director nos dio muchísimo más dinero, pero ¿por qué siento que ahora somos todavía más pobres? —dijo Li Yue con tristeza mientras sostenía un pan duro como una piedra.

—Siento que este pan puede cortarme la boca. Si me lastima por dentro, ¿cuenta como accidente laboral? —Su Yinxue levantó el pan más barato que tenía delante.

Era tan duro que, si te golpeabas la cabeza con él, seguramente dolería.

—Director, retiro lo que dije antes —murmuró Yuan Yi mientras mordisqueaba con resentimiento aquel pan duro y miraba en dirección al director.

Incluso Wu Zheng y Ye Qi, que casi nunca eran exigentes con la comida, parecían no saber qué decir sobre aquel pan.

[¡Dios mío! Está tan seco… ¿de verdad se puede comer?]

[¡Siento que podrían clavar clavos con ese pan!]

[Hermana de arriba, ten más confianza y elimina el “siento”. Esos panes de verdad están durísimos. (Se cubre el rostro).]

[A mí ni siquiera me importa tanto que esté duro. ¡Lo que me parece ridículo es el precio!]

[Menos mal que el programa les paga el alojamiento. De lo contrario, con solo quinientas unidades quizá ni siquiera podrían hospedarse en un hotel.]

Jiang Yu desconocía lo que los espectadores estaban comentando.

Tomó el largo pan que tenía delante y le dio un mordisco.

Estaba durísimo.

Cada vez que mordía, caían migas por todas partes, y comerlo entero le resultaba bastante complicado.

Definitivamente era el pan más seco y duro que había probado en toda su vida.

Jiang Yu masticaba con dificultad.

Ni siquiera tenía ganas de prestar atención al sabor; solo esperaba conseguir tragarse lo que tenía en la boca.

Qin You se dio cuenta de inmediato.

Le hizo una señal a un camarero que estaba no muy lejos.

El camarero lo vio y se acercó rápidamente.

Qin You le dijo unas palabras en voz baja junto al oído.

El camarero asintió, comprendiendo, y se alejó.

No tardó mucho en regresar.

Esta vez llevaba una bandeja oscura sobre la que había un plato blanco y un juego de cuchillo y tenedor.

El camarero colocó cuidadosamente todo frente a Qin You.

Qin You tomó el pan que estaba delante de Jiang Yu, lo puso frente a sí y, con bastante fuerza, comenzó a cortarlo en pequeños trozos.

El cuchillo produjo repetidos crujidos al atravesar el pan, mientras las migas caían sobre el plato.

Los ojos de Jiang Yu se iluminaron al ver que Qin You lo había cortado en trozos pequeños.

Aunque seguían estando duros, ahora eran mucho más fáciles de comer.

Combinados con la salsa, la lechuga y las rebanadas de jamón, tampoco resultaban tan secos ni difíciles de tragar.

Los demás también vieron lo que Qin You estaba haciendo.

Li Yue y Su Yinxue, cuyos rostros se habían deformado del esfuerzo de morder el pan, no pudieron evitar sonreír al contemplar aquella escena.

¡La interacción entre Jiang Yu y el presidente Qin era demasiado dulce!

¡Que el presidente Qin y nuestro pequeño Yu duren para siempre!

Wu Zheng fue el más rápido en reaccionar. Levantó una mano y también pidió al camarero un juego de cuchillo y tenedor.

Al verlo, los demás hicieron lo mismo.

Pero cuando por fin tuvieron los cubiertos, descubrieron otro problema.

No bastaba con tener cuchillo y tenedor.

El pan era tan duro que, sin bastante fuerza, ni siquiera podían cortarlo.

Wu Zheng tenía más fuerza que los demás, pero aun así tardó bastante en cortar el pan para su esposa.

Los grupos de Li Yue y Yuan Yi no tuvieron tanta suerte.

Los cuatro sostuvieron los cuchillos y comenzaron a serruchar con fuerza los panes.

Los cuchillos se deslizaban una y otra vez sobre aquella superficie durísima, y el sonido de cortar pan continuó durante bastante tiempo.

La cena fue complicada para todos.

Tardaron media hora completa en terminar.

Para entonces, afuera de las ventanas del hotel ya había oscurecido por completo.

Bajo el cielo azul oscuro, las montañas nevadas no muy lejanas parecían haberse sumido en un profundo sueño.

La limpia luz de la luna caía desde lo alto sobre las cumbres, haciendo que sus picos parecieran emitir un tenue resplandor.

Mientras todos contemplaban las montañas, como si el cielo hubiera decidido acompañar el momento, comenzaron a caer de repente copos de nieve blancos.

Uno tras otro, descendían lentamente desde el cielo.

Sin ninguna prisa, se fundían poco a poco con la blancura que ya cubría el suelo.

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