Dicen que soy un caprichoso, pero el villano no deja de mimarme - Capítulo 175

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  4. Capítulo 175 - El baño de Fufu
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Qin You le entregó al mayordomo el peluche con forma de pescado estofado y le pidió que lo llevara lejos de Fufu.

Casi media hora después, Fufu finalmente volvió a la normalidad.

El gato permanecía tumbado perezosamente sobre el suelo, como si aquel que hacía apenas un rato había estado rodando como loco no hubiera sido él.

Jiang Yu se sentó con las piernas cruzadas sobre la alfombra y le acarició la redonda barriguita.

—Por cierto, ¿no le toca ya bañarse a Fufu?

—Sí, señor Jiang. La cita para su baño está programada para mañana por la mañana —respondió el mayordomo desde un lado.

Al escucharlo, Jiang Yu contempló a Fufu pensativamente.

En ese momento, Fufu no tenía la menor idea de lo que le esperaba a la mañana siguiente. Seguía completamente estirado en el suelo, disfrutando de la comodidad.

Después de jugar un rato con él, Jiang Yu se levantó y fue con Qin You al comedor para cenar.

Aquella noche, el chef había preparado pollo picante, uno de los platillos favoritos de Jiang Yu.

Su apetito se disparó y terminó comiendo un tazón y medio de arroz antes de detenerse.

Por la noche, Jiang Yu entró al baño.

Justo cuando abrió la ducha, la puerta volvió a abrirse detrás de él.

Qin You entró con el torso desnudo.

Se acercó directamente a Jiang Yu, bajó la cabeza y atrapó sus labios en un beso.

El agua de la ducha continuó cayendo mientras una fina neblina blanca comenzaba a extenderse poco a poco por el baño.

El beso de Qin You dejó a Jiang Yu sin fuerzas.

Levantó una mano y empujó suavemente al hombre frente a él.

—Espera… espera un poco. Creo que ya no puedo mantenerme de pie…

Qin You pareció saber de antemano lo que iba a decir.

Miró de reojo hacia el lavabo y, con Jiang Yu entre sus brazos, caminó hacia allí.

Jiang Yu quedó frente al espejo y de espaldas a Qin You.

Una vez más, su espalda desnuda y la zona baja de su cintura recibieron una atención especial…

Cuando Jiang Yu recuperó la conciencia nuevamente, ya eran más de las ocho de la mañana.

Estaba tumbado boca abajo en medio de la enorme cama, cubierto apenas por una fina cobija.

Al recordar lo ocurrido la noche anterior y, sobre todo, recordar lo poco firme que había sido ante semejante belleza, se levantó de la cama con indignación.

La cobija se deslizó por sus hombros, dejando al descubierto todas las «buenas acciones» que Qin You había dejado sobre su cuerpo la noche anterior.

Jiang Yu caminó lentamente hacia el baño.

Pero cuando levantó la cabeza y se vio reflejado en el espejo, abrió los ojos de par en par, incapaz de creerlo.

¡Qin You, acaso eres un perro!

Jiang Yu no tuvo más remedio.

Después de asearse, solo pudo ponerse una camiseta de manga larga y pantalones largos.

Bajó lentamente por las escaleras.

Justo cuando llegó al segundo piso, desde abajo resonó de repente un maullido desesperado.

—¡MIAU!

Con solo escucharlo podía percibirse perfectamente la resistencia y desesperación de Fufu.

Jiang Yu aceleró el paso.

Cuando llegó a la planta baja, encontró con éxito a cierto gato gordito capturado por una estilista de mascotas.

La joven colocó suavemente a Fufu dentro de la bañera, reguló la temperatura del agua y comenzó a mojarle con cuidado el pelaje.

A medida que el pelo se empapaba, el enorme y esponjoso Fufu quedó completamente mojado.

Y, para sorpresa de todos, no encogió en absoluto.

Su pequeño cuerpo seguía siendo redondo y regordete.

No había ni un solo gramo de aquel cuerpo que fuera culpa del pelaje.

Antes del baño, Jiang Yu todavía podía consolarse pensando que Fufu simplemente tenía muchísimo pelo y por eso parecía tan voluminoso.

Pero ahora, su cuerpo carnoso demostraba con absoluta claridad que era un auténtico cerdito-gato macizo.

Hasta la joven que lo estaba bañando no pudo evitar exclamar:

—Fufu sí que come bien.

Quizá porque comprendió que ya no había escapatoria, Fufu dejó de resistirse.

Simplemente se quedó tendido con una expresión que parecía decir:

«Haz lo que quieras conmigo».

La expresión lastimera del gato hizo reír inmediatamente a Jiang Yu.

No pudo evitar sacar el teléfono y grabar cómo Fufu recibía su baño.

Una vez terminado, la joven lo envolvió con una toalla suave.

A continuación llegó la parte más esperada: secarle el pelo.

También conocida como la etapa en la que Fufu recuperaría toda su belleza.

La estilista colocó cuidadosamente a Fufu dentro del secador especial para mascotas que había llevado consigo.

Apenas entró, Fufu se pegó contra el lado de la caja que daba hacia Jiang Yu.

Cuando comenzó a circular el aire caliente, su pelaje empezó a agitarse suavemente.

Poco a poco pasó de estar completamente mojado a separarse, secarse y, finalmente, recuperar todo su volumen.

Solo cuando el pelo estuvo completamente seco, la joven abrió el secador y sacó a Fufu.

En cuanto sus patas tocaron el suelo, corrió directamente hacia Jiang Yu.

—¡Miau, miau, miau!

¡Humano, sálvame rápido!

Jiang Yu obedeció y levantó a Fufu del suelo.

Nada más quedar entre sus brazos, el gato comenzó a trepar hacia su hombro.

Sus dos pequeñas patas se aferraron con fuerza a la ropa de Jiang Yu, como si temiera que lo bajaran otra vez.

La estilista no se ofendió al ver aquello.

Simplemente sonrió.

Era evidente que estaba más que acostumbrada a ese tipo de escenas, igual que los veterinarios de su clínica que se encargaban específicamente de esterilizar gatos y perros.

—Gracias por las molestias —dijo Jiang Yu, asintiendo hacia ella.

—Señor Jiang, no hace falta que sea tan cortés. Es nuestro trabajo.

La joven recordó cuánto le pagarían por aquella visita y su sonrisa se hizo todavía más brillante.

Aquel pequeño cerdito-gato era, después de todo, uno de sus mejores clientes.

Jiang Yu sostuvo a Fufu entre sus brazos y observó cómo el personal de la clínica veterinaria se marchaba.

En cuanto la puerta de la villa volvió a cerrarse, Fufu finalmente relajó las patas.

Jiang Yu aprovechó el momento para levantarlo frente a su rostro, bajar la cabeza y hundirla con fuerza entre su suave pelaje, inhalando profundamente su aroma recién bañado.

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