Dicen que soy un caprichoso, pero el villano no deja de mimarme - Capítulo 116

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  4. Capítulo 116 - ¡Una actuación en pareja para sacarle dinero al director!
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Justo cuando el director sentía que por fin se había recuperado, descubrió que detrás de aquella «sorpresa» todavía se escondía otra «sorpresa» mucho mayor.

—Director, ¿cree que esta sorpresa todavía no es suficiente? No importa, tengo un as bajo la manga. ¡Tarán! Preparé una igual para cada uno de los invitados. ¿A que soy considerado? ¿A que se nota cuánto lo quiero?

Yuan Yi sacó orgullosamente de la mochila que llevaba a la espalda cuatro camisetas nuevas todavía empaquetadas. Eran exactamente iguales a la que él llevaba puesta.

¡Pum!

Esta vez el director realmente cayó al suelo.

Que lo regresaran.

Que lo regresaran al pasado.

¡Por favor, cielos, devuélvanlo a la época en la que todavía no conocía a Yuan Yi!

Si pudiera volver atrás, definitivamente se mantendría muy lejos de aquel tipo y jamás le daría una sola oportunidad de hacerle semejante daño.

Al verlo caer, el subdirector se apresuró a presionarle el punto bajo la nariz para hacerlo reaccionar.

En realidad, el director no había perdido completamente el conocimiento.

Simplemente quería escapar por unos instantes de aquella escena de humillación pública.

El director abrió lentamente los ojos y, al ver a Yuan Yi inclinado justo frente a él, volvió a sentir ganas de desmayarse.

—Director, las cámaras siguen grabando. Cada segundo cuesta dinero —le recordó el subdirector, rápido de reflejos, mientras le mantenía abiertos los párpados con los dedos.

Por primera vez en su vida, el director experimentó la sensación de querer cerrar los ojos y no poder hacerlo.

Soltó un profundo suspiro y, con ayuda del subdirector, se levantó del suelo.

—Dime. ¿Qué tengo que hacer para que te quites esa camiseta y, además, destruyas las que tienes en las manos?

Los ojos de Yuan Yi dieron una vuelta.

De pronto levantó la mano derecha y frotó suavemente el pulgar contra el índice.

—Claro que se puede. Pero tendrá que aumentar el presupuesto de viaje.

El director estuvo a punto de caer de espaldas de la rabia.

¡Conque para eso había preparado todo aquello!

Y, pensándolo bien…

¿Por qué aquella escena le resultaba tan familiar?

Sentía como si acabara de pasar por algo parecido hacía muy poco.

Yuan Yi giró orgullosamente la cabeza hacia Jiang Yu y le lanzó una mirada que decía:

¿Qué tal? ¿Ya puedo considerarme graduado?

Jiang Yu le respondió levantando un pulgar en señal de aprobación.

Impresionante, hermano Yuan.

—Déjame pensarlo —dijo el director, intentando recurrir a la táctica de retrasar la decisión.

Yuan Yi no sospechó nada y asintió alegremente.

Pero Jiang Yu percibió enseguida que algo no iba bien.

Pensó rápidamente y se acercó por iniciativa propia para tomar una de las camisetas que Yuan Yi sostenía.

—A mí también me parece bastante bonita. ¿Qué tal si me la pongo ahora mismo?

Mientras hablaba, Jiang Yu comenzó a abrir la bolsa transparente que contenía la prenda.

Al escuchar el sonido del plástico rasgándose, el director levantó inmediatamente las manos en señal de rendición.

—¡Está bien, está bien! ¡Acepto! ¿Contentos? Esta vez añadiré cien yuanes extra al presupuesto de viaje de cada invitado.

—Seiscientos —respondió Jiang Yu, negando con la cabeza.

—¡Oye! ¿No te parece que estás pidiendo demasiado? ¡Lo duplicaste de golpe! No, no, imposible. Ciento diez. Les añado diez más.

El director puso una expresión de absoluto sufrimiento.

—Quinientos noventa. Ya que usted quiere negociar de diez en diez, nosotros tampoco podemos romper las reglas que acaba de establecer.

Jiang Yu habló con una sonrisa.

El subdirector y el resto del personal se taparon discretamente la boca para ocultar las comisuras levantadas.

La boca del director se contrajo varias veces.

—Ciento cincuenta. De verdad no puedo dar más.

—Cuatrocientos cuarenta. Nosotros tampoco podemos bajar más, director —replicó Jiang Yu al instante.

—Doscientos.

—Cuatrocientos.

Varias líneas negras parecieron aparecer sobre la cabeza del director.

¿Así que ese mocoso no pensaba ceder ni un poco?

—Trescientos. ¡Trescientos y se acabó! Si tampoco aceptan eso, ya no puedo hacer nada.

La voz del director sonaba completamente agotada.

—¡Trato hecho!

Jiang Yu extendió la mano y chocó la palma con él.

—Director, si hubiera aceptado desde el principio, nos habríamos ahorrado todo esto.

Al ver que por fin habían acordado una cifra, Yuan Yi se quitó directamente la famosa camiseta «de moda».

Solo entonces todos descubrieron que llevaba dos camisetas puestas.

Debajo de aquella prenda había una camiseta blanca completamente normal.

Yuan Yi entregó las cinco camisetas al director.

Las cinco juntas apenas le habían costado treinta yuanes.

Aquella inversión le había salido redonda.

El director recibió las prendas y las metió rápidamente debajo de sí mismo.

A partir de ese momento, nadie volvería a ver aquellas cinco camisetas.

La tercera en llegar a la sala VIP del aeropuerto fue Li Yue.

Seguía tan entusiasta y animada como siempre.

Sin embargo, esta vez había un brillo calculador en sus ojos.

—Buenos días, director. ¿Cómo es que después de unos días sin verlo está todavía más guapo? Con ese rostro suyo, tan elegante, distinguido, apuesto, gallardo…

Li Yue empezó a lanzar cumplidos sin parar, como si estuviera recitando de memoria una interminable lista de platos.

El director se dejó envolver inmediatamente por los elogios y empezó a sonreír como un tonto.

¡Por fin había una invitada que realmente sabía apreciarlo!

—Así que, director tan guapo, ¿podría aumentarnos un poquito más el presupuesto de viaje? No pido mucho, solo trescientos yuanes.

Li Yue soltó rápidamente su verdadero objetivo al final.

—Sí, sí, sí.

El director seguía perdido entre los halagos y ni siquiera reaccionó de inmediato.

Cuando finalmente comprendió lo que acababa de aceptar, ya era demasiado tarde.

Las palabras habían salido de su boca.

A un lado, el subdirector se cubrió la cara con una mano.

Ahora el presupuesto de viaje se había duplicado por completo.

¡Mil doscientos yuanes extra!

Por supuesto, el director también hizo rápidamente la cuenta.

Y sintió que a su corazón, que ya estaba helado, acababan de echarle otra capa de nieve.

¿Cómo era posible que, después de apenas medio mes sin verlos, todos aquellos invitados se hubieran vuelto tan astutos?

Cuando Wu Zheng y Ye Yu llegaron después, se encontraron con un director cuya expresión era fría como el hielo.

No hablaba.

No sonreía.

Simplemente permanecía allí mirando en silencio.

Wu Zheng se acercó a Yuan Yi y le dio discretamente un codazo.

—¿Qué le pasa? ¿Ha visto demasiados dramas cortos de presidentes dominantes?

Yuan Yi soltó una carcajada.

Ese tipo sí sabía exactamente dónde golpear para hacer daño.

—Ejem. Ya lo entenderás dentro de un rato.

Yuan Yi decidió mantener el misterio.

Wu Zheng arqueó una ceja.

En cuanto a Ye Yu, después de casi medio mes sin verlo, parecía mucho más agotado.

Por su aspecto, la bancarrota de la familia Ye lo había golpeado con bastante fuerza.

Cuando su mirada se cruzó con la de Jiang Yu, una sombra feroz pasó por sus ojos.

Una vez que todos los invitados estuvieron presentes, el director sacó cinco sobres con el presupuesto de viaje que acababa de preparar.

Todos se veían gruesos y abultados.

A simple vista era evidente que contenían bastante más dinero que antes.

El director repartió los cinco sobres con una evidente falta de voluntad.

Nada más recibir el suyo, Li Yue fue la primera en abrirlo y contar el dinero.

Cien, doscientos, trescientos…

Mil quinientos.

Mil seiscientos.

Mil setecientos.

Mil ochocientos.

—¡¿Mil ochocientos?! ¡¿Tanto?!

Li Yue miró el sobre completamente sorprendida.

Había trescientos yuanes más de lo que esperaba.

¿Qué había pasado?

¿El director se había equivocado al contar?

Wu Zheng y Ye Yu también mostraron expresiones de sorpresa.

—El director realmente cumple su palabra. Admirable.

Yuan Yi sonrió y les explicó brevemente cómo él y Jiang Yu habían trabajado juntos para sacarle más presupuesto al director.

Jiang Yu también guardó satisfecho su sobre.

Después de repartir el dinero, todos comenzaron a abordar el avión uno tras otro.

Cuando el avión aterrizó con seguridad, Jiang Yu acababa de terminar una siesta.

Tras bajar, todos subieron al vehículo que el equipo del programa había preparado de antemano.

En realidad, se trataba de un pequeño autobús turístico panorámico.

Finalmente llegaron a un pueblo de aspecto antiguo y tradicional.

Frente a ellos corría un largo río.

A ambos lados se extendían casas de paredes blancas y techos de tejas oscuras, cuyo aspecto evidenciaba siglos de historia.

De vez en cuando, pequeñas embarcaciones llenas de turistas navegaban por el río, atravesando uno tras otro los antiguos puentes de piedra.

—Profesores, bienvenidos al hermoso Pueblo Antiguo de Xiaohe. Nuestro viaje de esta ocasión se desarrollará aquí. Antes de comenzar oficialmente a experimentar las costumbres locales, primero deberán utilizar el presupuesto de viaje que tienen en sus manos para resolver el problema del alojamiento.

Mientras hablaba, las comisuras de los labios del director se levantaron ligeramente.

—¿Qué significa eso? ¿Tenemos que buscar hotel por nuestra cuenta? —Yuan Yi no esperaba que el director fuera tan despiadado.

Esta vez ni siquiera pensaba proporcionarles alojamiento.

—Ahora mismo estamos en temporada alta de turismo. Los hoteles y alojamientos de los alrededores no son baratos.

Apenas el director terminó de hablar, Wu Zheng ya había comenzado a buscar los precios de los hoteles y hostales cercanos.

Li Yue se inclinó con curiosidad para mirar.

Una sola noche costaba entre doscientos y cuatrocientos yuanes.

Y eso sin contar las entradas a la zona turística ni los gastos de comida.

Además, ellos tenían que quedarse nada menos que tres noches completas.

—Director, ¿podemos alojarnos donde queramos? —preguntó Jiang Yu, levantando de repente la mano al recordar la llave que llevaba en el bolsillo.

—Exactamente. Ustedes deben resolver el alojamiento por su cuenta. Pueden quedarse donde quieran —confirmó el director con un asentimiento.

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