Dicen que soy un caprichoso, pero el villano no deja de mimarme - Capítulo 112

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  4. Capítulo 112 - Dos «grandes genios»
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Después de salir de la propiedad, Jiang Dashan y Li Guihua regresaron a la destartalada casa que alquilaban. El autobús les costó cuatro yuanes entre los dos.

—Uf, casi me muero del susto. ¡Diez millones! Nunca en mi vida he visto tanto dinero —dijo Li Guihua con miedo mientras se sentaba en una vieja silla y bebía un poco de agua.

—Llama rápido al que te envió ese mensaje. ¡Cómo se atreve a perjudicarnos de esta manera! —Jiang Dashan estaba furioso.

Había pensado que por fin podría comenzar a vivir bien, pero de repente le habían arrojado un balde de agua fría encima y le habían dicho que podía olvidarse de aquella buena vida.

—Sí, sí. Lo llamaré ahora mismo.

Li Guihua sacó del bolsillo un teléfono inteligente de una marca desconocida, encendió la tenue pantalla y marcó el número desde el que había recibido aquel mensaje.

Tut, tut, tut…

La llamada fue contestada prácticamente en el último segundo.

—¿Hola? ¿Qué ocurre? ¿No les dije que no se pusieran en contacto conmigo a menos que fuera algo importante? —Del teléfono llegó una voz masculina alterada mediante un modulador.

—¡Bah! ¿Todavía tienes el descaro de decirnos que no te llamemos? ¿Por qué nos engañaste? ¿Crees que somos fáciles de intimidar? No me importa. Vas a tener que responsabilizarte. Si no sacas ochenta o cien mil yuanes, esto no se acaba aquí. ¡No te vamos a dejar en paz!

Jiang Dashan le arrebató el teléfono a Li Guihua y comenzó a despotricar.

Pero, dijera lo que dijera, todo se reducía a una sola cosa:

Dinero.

—¿Qué quieres decir con eso? ¿Cuándo los he engañado? —La persona al otro lado también empezó a enfadarse.

—¿Todavía dices que no nos engañaste? ¿No fuiste tú quien nos dijo que nuestro hijo ahora era rico y famoso? Acabamos de ir a buscarlo y resulta que esa casa ni siquiera es suya. ¡Además, está endeudado hasta el cuello!

Cuanto más lo pensaba Jiang Dashan, más furioso se ponía.

La persona al otro lado guardó silencio durante unos instantes.

—¿Ya no tienes nada que decir? Sabía que eras un estafador. Date prisa y danos el dinero —dijo Jiang Dashan con aire triunfal al notar que no recibía respuesta.

—¿Eso fue lo que él les dijo? —volvió a preguntar finalmente la voz.

—¡Claro! Lo vimos con nuestros propios ojos y lo escuchamos perfectamente. La casa no es suya y él mismo dijo que debía diez millones. ¡Incluso intentó pedirnos dinero! ¿De dónde íbamos a sacarlo nosotros? —confirmó Li Guihua desde un lado.

—Que la casa no sea suya probablemente sí sea verdad. Pero que realmente deba diez millones… eso ya es otra historia —respondió lentamente la persona al teléfono.

—¿Qué quieres decir? —preguntó Jiang Dashan, moviendo los ojos con rapidez.

—Exactamente lo que acabo de decir. Además, ¿de verdad bastaron diez millones para espantarlos? ¿No tienen cerebro? Aunque ahora mismo debiera diez millones, ¿saben cuánto dinero puede ganar actualmente? Solo por ser embajador de una marca puede cobrar desde varios millones hasta decenas de millones. Y eso sin contar lo que gana por programas de variedades o series de televisión.

La voz estaba llena de desprecio e incredulidad ante la estupidez de ambos.

—¿De-de verdad? ¿Puede ganar tanto dinero? —La voz de Li Guihua tembló.

Jiang Dashan también se quedó boquiabierto.

Y enseguida aquella conmoción se convirtió en euforia.

¡Se harían ricos!

¡Esta vez de verdad iban a hacerse millonarios!

—Por supuesto —resopló la persona al otro lado.

—Entonces, ¿qué hacemos ahora? ¿Volvemos mañana a buscarlo? —Jiang Dashan ya se arrepentía de haber regresado tan rápido.

—Olvídenlo. Ustedes dos no son rivales para Jiang Yu. Quédense tranquilos durante estos días. Yo pensaré qué hacer después —respondió aquella persona tras reflexionar un momento.

—Sí, sí, perfecto. Entonces esperaremos tu llamada.

Jiang Dashan sonrió tanto que todas las arrugas de su rostro se marcaron.

Li Guihua asentía frenéticamente a su lado, casi atontada de felicidad.

—Por cierto, ¿están seguros de que Jiang Yu se perdió? —preguntó de repente la persona antes de colgar.

La expresión de Jiang Dashan se congeló.

Sus ojos se desviaron instintivamente de un lado a otro.

—Sí… sí, claro. ¿Por qué lo preguntas?

—Por nada. Esperen mi llamada.

Apenas terminó de hablar, colgó.

—¿De verdad está bien que no le digamos la verdad? —preguntó de repente Li Guihua, mirando el teléfono ya desconectado.

—¿Para qué vas a preocuparte tanto? ¿Quién sabe si ese tipo es buena persona? ¿Y si está intentando sonsacarnos información? Ya hablaremos cuando tengamos el dinero en las manos. Ve a comprar un pollo asado. Hoy vamos a comer bien.

De excelente humor, Jiang Dashan sacó una botella de licor que llevaba guardando desde hacía mucho tiempo.

—Sí, claro.

Nada más escuchar que comerían carne, Li Guihua volvió a sonreír.

——————

En la villa, Qin You notó que algo no estaba bien apenas regresó a casa.

Jiang Yu no estaba en la sala.

Tampoco estaba en la cocina.

Qin You dirigió la mirada hacia el mayordomo que se acercaba.

Al entender la pregunta silenciosa, el mayordomo le resumió inmediatamente lo ocurrido aquella tarde.

Cuando terminó de escuchar, la temperatura en los ojos de Qin You había descendido hasta el punto de congelación.

—¿Dónde está Xiao Yu?

—Después de que esa pareja se marchara, el señor Jiang subió al estudio del segundo piso. Todavía no ha bajado.

El mayordomo levantó discretamente la mirada hacia el estudio.

Después de conocer su ubicación exacta, Qin You subió las escaleras a grandes zancadas y abrió la puerta.

Jiang Yu estaba sentado con las piernas cruzadas sobre el sofá, mordiendo un durazno mientras jugaba con el teléfono.

Al escuchar el ruido, levantó la cabeza y miró con expresión desconcertada a Qin You, que acababa de entrar apresuradamente.

—Ya regresaste —dijo Jiang Yu con el durazno todavía entre los dientes, por lo que sus palabras sonaron algo confusas.

Qin You contempló la escena con desconcierto.

Había imaginado que encontraría a Jiang Yu triste o preocupado, con el ceño fruncido.

Pero no.

Parecía bastante feliz.

De hecho, incluso parecía de mejor humor que por la mañana.

[Jajaja, presidente Qin, esa expresión es exactamente la misma que tenía yo hace una hora.]

[¡+1, +1!]

[La mentalidad de nuestro Yu realmente es incomparable. (Respeto en mayúsculas)]

[Yu: haya problemas o no, la vida tiene que seguir.]

[Jajaja, en realidad no sirve de nada angustiarse demasiado. Una vez que tienes claro qué hacer, resolver cada cosa una por una es mucho más útil que ponerse nervioso sin sentido.]

[Exacto. Por cierto, Yu cada vez juega mejor ese jueguito de cultivar. A este paso pronto será un gran terrateniente.]

……

—Mmm. Escuché que esta tarde vino alguien a la casa.

Qin You se sentó junto a Jiang Yu y, con toda naturalidad, extendió un brazo para atraerlo hacia su pecho.

—Sí. Dijeron que son mis padres biológicos.

Jiang Yu dejó el teléfono, mordió otro trozo de durazno y asintió ligeramente.

—¿Necesitas que yo me encargue de esto? —La voz de Qin You estaba impregnada de frialdad.

—No. Ya tengo una idea.

Jiang Yu negó con la cabeza mientras miraba las leves ojeras bajo los ojos de Qin You.

—¿Qué idea? —preguntó Qin You con curiosidad.

—Mañana quiero ir primero al orfanato y preguntarle a la mamá directora.

Jiang Yu recordaba que, cuando la novela presentaba al pequeño personaje secundario, había hecho especial énfasis en aquella respetable directora.

Era una mujer extremadamente responsable, amable y hermosa.

Se había convertido en directora del Orfanato Estrella cuando apenas tenía poco más de veinte años y había dedicado toda su vida a aquel lugar, entregando todo su amor a los niños que vivían allí.

Cuando Jiang Yu recordó aquello esa misma tarde, se había quedado bastante impactado.

Porque la mamá directora de su vida anterior también había sido así.

Cuando él era pequeño, había visto en más de una ocasión a hombres que pretendían cortejarla.

Pero ninguno había tenido éxito.

Jiang Yu no conoció la verdad hasta que estuvo en la adolescencia.

Resultó que, cada vez que aparecía un pretendiente, la mamá directora le dejaba claro que, incluso si llegaban a casarse, ella jamás abandonaría el orfanato ni mucho menos a ninguno de los niños que vivían allí.

Algunos hombres se asustaban y huían.

Otros terminaban desistiendo después de hablar con ella.

La mamá directora había muerto de una enfermedad a los sesenta años.

Todos los años de esfuerzo desde su juventud habían dejado su cuerpo gravemente deteriorado.

Jiang Yu había llorado desconsoladamente aquel día.

Jamás olvidaría el enorme y hermoso árbol de albizia que crecía en medio del orfanato.

Bajo aquel árbol, la mamá directora había despedido a una persona tras otra.

Desde los pretendientes de su juventud hasta los niños que habían crecido en el orfanato.

Al final, solo ella permaneció allí.

Pero para entonces ya no conservaba el esplendor de sus años jóvenes.

En su rostro, marcado por el paso del tiempo y las dificultades, solo quedaba una sonrisa bondadosa.

Qin You observó la expresión de Jiang Yu mientras se perdía en sus recuerdos y tomó suavemente su mano.

—Iré contigo.

Jiang Yu volvió en sí, giró la cabeza hacia Qin You y sonrió.

—Está bien.

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