¡Después de transmigrar, me niego a ser carne de cañón! - Capítulo 62
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- Capítulo 62 - Gastar dinero como agua
Ye Shi caminaba detrás de Mu Chen, sintiéndose culpable.
—Lo siento, yo…
Mu Chen lo miró con expresión seria.
—No deberías golpear a la gente en plena calle.
Ye Shi no entendió a qué se refería.
Mu Chen suspiró y le explicó:
—Hay guardias en la ciudad. Si la dejas lisiada, quizá no sea un gran problema. Pero si la matas, nos meteremos en serios problemas. Esta no es la Ciudad de Mo. Aquí solo somos forasteros y no serán indulgentes con nosotros.
—¿No estás enojado conmigo? —preguntó Ye Shi, mirándolo con cierta inquietud.
Mu Chen entrecerró los ojos.
Según la novela, el linaje de Ye Shi era especial. Cuando se enfurecía, perdía fácilmente la razón y, una vez que se volvía violento, resultaba muy difícil controlarlo.
Mu Chen sonrió.
—No me molesta.
Ye Shi no era más que un personaje secundario en la novela, por lo que apenas se hablaba de él. Mu Chen casi había pasado por alto ese detalle.
Los Cien Ejercicios de Refinamiento Corporal habían acelerado el desarrollo del talento de Ye Shi, razón por la cual se había vuelto más impulsivo.
—¿Qué te pasó hace un momento? —preguntó Mu Chen.
—Tampoco lo sé. De repente, sentí que la sangre se me subía a la cabeza y perdí el control —respondió Ye Shi con frustración.
Mu Chen lo observó y preguntó:
—¿Ye Rong y tú han tenido problemas antes?
Ye Shi asintió.
—¡Sí! Ya te conté que una vez me envenenaron. La responsable fue la madre de Ye Rong. Esa mujer me detestaba, y Ye Rong es exactamente igual que ella.
Mu Chen lo miró pensativamente.
—¿De verdad? Si quieres hacerle algo, busca un lugar donde no haya nadie y asegúrate de no dejar pruebas que puedan relacionarte con lo ocurrido.
Ye Shi se quedó sin palabras.
—…En realidad, no quería matarla. Ni siquiera sé qué me pasó hace un momento.
Mu Chen lo miró y dijo:
—Es culpa mía. Estás utilizando sangre de bestias para refinar tu cuerpo. Aunque eso te permite avanzar rápidamente, también tiene efectos secundarios. Por ejemplo, te vuelve muy impulsivo.
Ye Shi preguntó sorprendido:
—¿De verdad? Entonces, ¿qué debo hacer?
—Refinaré algunos elixires para calmar la mente —lo tranquilizó Mu Chen.
Ye Shi asintió.
—Está bien.
Mu Chen observó a Ye Shi con cierta preocupación.
En ese momento, Ye Shi era como una bomba de tiempo. Resultaba imposible predecir cuándo volvería a perder el control, especialmente cuando estuvieran en la Academia de la Estrella Sagrada.
Al comprobar que Mu Chen no estaba enojado, Ye Shi cambió de tema.
—¿Adónde vamos ahora?
—Al mercado de la ciudad. Quiero conseguir algunas recetas de elixires —respondió Mu Chen.
—¡¿Otra vez?! —exclamó Ye Shi, sorprendido.
Durante todo el viaje, Mu Chen había estado reuniendo recetas de elixires de primer y segundo nivel. Ya había conseguido más de setenta recetas de primer nivel y más de diez de segundo nivel.
La mayoría de los alquimistas no desperdiciaban demasiado tiempo con elixires de bajo nivel. Incluso tratándose de un elixir de primer nivel, dominar su refinamiento requería tiempo.
Muchos alquimistas de tercer o cuarto nivel apenas eran capaces de refinar una docena de tipos de elixires de primer nivel.
—Aunque una receta de elixir de primer nivel sea barata, si compras muchas, el gasto termina siendo enorme —comentó Ye Shi, mirando a Mu Chen.
Durante el viaje, Mu Chen ya había gastado más de treinta mil piedras elementales en recetas de primer y segundo nivel.
Antes de que partieran, Mu Yuanfeng les había entregado cincuenta mil piedras elementales. Ye Shi estaba convencido de que pronto se quedarían sin dinero.
Mu Chen le sonrió.
—Sé cómo gastar dinero, pero también sé cómo ganarlo. Sé lo que estoy haciendo.
Ye Shi hizo un puchero y dijo con desaprobación:
—Lo que de verdad no entiendo es por qué compraste esa receta que hace que la gente se tire pedos sin parar.
Mu Chen se encogió de hombros y respondió con confianza:
—Todo lo que existe tiene su utilidad.
—Eso espero —murmuró Ye Shi.
Ye Shi comenzó a reflexionar.
Si volvía a encontrarse con Zhuang Yu y este intentaba decirle lo que debía hacer, podría envenenarlo con ese tipo de elixir para obligarlo a tirarse pedos constantemente. ¡A ver si entonces seguía mostrando esa expresión tan orgullosa e inocente!
Al pensar en ello, Ye Shi finalmente comprendió por qué Mu Chen había gastado cien piedras elementales en aquella receta.
Mu Chen sonrió levemente al ver que Ye Shi parecía haberlo entendido.
Los fundamentos de cualquier conocimiento eran sumamente importantes. Solo con una base sólida era posible seguir avanzando.
Mu Chen estaba firmemente convencido de que, si reunía suficientes recetas de elixires de primer y segundo nivel, podría deducir los métodos necesarios para refinar elixires de tercer nivel.
Las recetas de elixires de tercer nivel eran mucho más caras y difíciles de conseguir que las de primer y segundo nivel.
—Ya llegamos —anunció Mu Chen, deteniéndose frente a una gran tienda.
Ye Shi se sintió impotente.
¡Está bien! ¡Gasta todo lo que quieras! ¡Despilfarra hasta la última piedra elemental que tengamos!
Si nos quedamos sin dinero, al menos podremos salir a cazar para conseguir más.
Ahora soy un guerrero de siete estrellas. No tendré ningún problema para protegerme.