¡Después de transmigrar, me niego a ser carne de cañón! - Capítulo 41
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- Capítulo 41 - Invitados inesperados
Mu Chen frunció el ceño.
¿Lan Ruofeng? ¿Por qué había venido Lan Ruofeng?
Ye Shi miró a Mu Chen y preguntó:
—¿Vas a recibirlo?
Mu Chen asintió.
—Sí.
Mu Chen se dirigió al salón acompañado de Ye Shi.
Cuando Ye Shi entró, descubrió que Zhuang Yu también estaba allí.
Al ver a Ye Shi detrás de Mu Chen, un destello de desagrado cruzó los ojos de Zhuang Yu.
Zhuang Yu estaba disgustado con Ye Shi, y el sentimiento era mutuo.
Ye Shi fulminó a Zhuang Yu con la mirada, y este le devolvió el gesto.
Ye Shi todavía estaba furioso por haber compartido su pastel con los demás, y culpaba a Zhuang Yu de aquello.
Zhuang Yu frunció el ceño, incapaz de comprender por qué Ye Shi no había seguido su consejo.
Después de haberle explicado las cosas con tanta claridad, Ye Shi todavía se había atrevido a visitar a Mu Chen.
¡Qué persona tan obstinada!
A Lan Ruofeng tampoco le agradaron los modales de Ye Shi, pues este no dejaba de mirar con hostilidad a Zhuang Yu.
Mu Chen tomó a Ye Shi de la mano y ambos se sentaron.
—Joven maestro Lan, no puedo aceptar su petición —dijo Mu Yuanfeng con expresión sombría.
Lan Ruofeng frunció el ceño y respondió con frialdad:
—Segundo señor Mu, ese es mi precio definitivo. Debería pensarlo bien.
Mu Yuanfeng le dirigió una mirada fría.
—Joven maestro Lan, no insista. Necesito esa píldora para mi propio uso, así que no voy a venderla.
El rostro de Lan Ruofeng se ensombreció.
—Si ese es el caso, no lo molestaré más.
Mu Yuanfeng respondió con expresión sombría:
—Puede retirarse.
Lan Ruofeng lanzó una mirada penetrante a Mu Yuanfeng antes de marcharse.
Zhuang Yu se apresuró a seguirlo.
Sin embargo, mientras salía, no dejaba de mirar a Mu Chen con tristeza.
Mu Chen sintió un escalofrío ante aquella mirada de Zhuang Yu.
—Padre, ¿qué vinieron a hacer? —preguntó Mu Chen a Mu Yuanfeng.
Mu Yuanfeng respiró profundamente y respondió:
—Vinieron a comprar píldoras.
—¿Comprar píldoras? ¿Te refieres a…? —preguntó Mu Chen con el ceño fruncido.
Mu Yuanfeng asintió.
—Así es. Justo a la que estás pensando.
Las píldoras capaces de aumentar la fuerza elemental de un cultivador y que tenían pocos efectos secundarios siempre eran valiosas y difíciles de conseguir.
Después de conseguir refinar las Píldoras Rompeespíritus, Mu Yuanfeng había mantenido el asunto en secreto para evitar que alguien intentara robárselas.
Solo unas pocas personas de la familia estaban al tanto.
Ahora que Lan Ruofeng lo sabía, estaba claro que alguien de la familia había revelado el secreto.
Mu Chen frunció el ceño y respiró profundamente.
Según la historia original, Lan Ruofeng todavía no debería haber aparecido en escena.
Sin embargo, si Mu Yuanhang había filtrado el secreto y Lan Ruofeng había venido en busca de las píldoras, todo cobraba sentido.
—Padre, ¿qué piensas hacer ahora? —preguntó Mu Chen.
Mu Yuanfeng sacudió la cabeza.
—Yo tampoco lo sé.
—Padre, deberías consumir esa píldora tú mismo —dijo Mu Chen con el ceño fruncido.
Mu Yuanfeng suspiró suavemente.
—Ahora no es el mejor momento para tomarla.
Mu Yuanfeng acababa de alcanzar el nivel de maestro marcial de nueve estrellas y apenas había conseguido estabilizar su cultivo.
Según su plan original, dedicaría uno o dos años más a elevar su cultivo hasta la cima del nivel de maestro marcial de nueve estrellas antes de consumir la Píldora Rompeespíritus.
Para entonces, tendría un sesenta por ciento de probabilidades de avanzar al siguiente reino.
Sin embargo, si la consumía ahora, sus posibilidades de éxito serían, como máximo, del veinte por ciento.
Mu Yuanfeng cerró los ojos, sintiendo una intensa indignación en el pecho.
Durante tantos años, había sido tolerante con Mu Yuanhang en innumerables ocasiones.
Sin embargo, Mu Yuanhang nunca había dejado de conspirar contra él.
Esta vez había ido demasiado lejos.
Ye Shi permaneció sentado en silencio.
Aunque no sabía exactamente qué había ocurrido, podía darse cuenta de que Mu Yuanfeng parecía estar en problemas.
Mu Yuanfeng suavizó su expresión al mirar a Ye Shi y dijo:
—Piedrita, bienvenido. Recuerdo haberte visto hace unos años, cuando todavía eras un bebé.
—Tío Mu, mucho gusto —respondió Ye Shi.
Mu Yuanfeng le dio unas palmaditas en el hombro.
—Deberías mudarte aquí por el momento. El ambiente del restaurante es demasiado malo y no favorece tu cultivo. Si vienes a vivir aquí, podrás pasar más tiempo con Chen y ambos tendrán la oportunidad de conocerse mejor.
Ye Shi miró a Mu Yuanfeng con expresión atónita.
—¿No quieres? —preguntó Mu Yuanfeng.
Ye Shi sacudió la cabeza.
—No, sí quiero.
Mu Chen miró a Ye Shi y frunció el ceño.
Ya le había propuesto aquello muchas veces, pero Ye Shi siempre lo había rechazado.
Sin embargo, ahora había aceptado a la primera invitación de su padre.