¡Después de morir, mi rival de toda la vida me besó! - Capítulo 90

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Ya había pasado bastante tiempo desde entonces.

El teléfono se había quedado sin batería hacía mucho y se había apagado automáticamente.

Cheng Yi acompañó a Shen Ran hasta allí y, al ver el teléfono que tenía en las manos, mostró una expresión de sorpresa.

—Vaya, ¿este no es el teléfono que dejaste en mi coche aquella noche…?

Al verlo, recordó inmediatamente lo ocurrido aquella vez.

—Pero ¿cómo es que está en tu casa? Entonces, ¿qué teléfono es el que usas ahora?

Sin decir nada, Shen Ran sacó otro teléfono de su bolsillo.

—Este teléfono no es aquel teléfono, presidente Cheng.

Buscó un cargador y lo conectó para darle algo de batería.

Mientras esperaban a que encendiera, Shen Ran le explicó brevemente la historia a un Cheng Yi que claramente no terminaba de entender nada.

La verdad era que ver la expresión confundida de Cheng Yi le producía una satisfacción inexplicable.

¡Ja, ja, ja!

¿El siempre calculador e imperturbable presidente Cheng mostrando una expresión completamente perdida?

¿Eh?

¿Eh~~~?

Aquella cara desconectada de la realidad era tan rara de ver que resultaba sorprendentemente adorable.

—Volviendo al tema. Que este teléfono apareciera aquí es algo bastante irracional. Porque este teléfono renació conmigo.

—¿El teléfono… renació?

Cheng Yi parecía todavía más sorprendido.

—Que una persona pueda renacer, bueno, todavía puedo entenderlo. Pero ¿un teléfono…? ¿Cómo puede “renacer” algo así? Se supone que esos objetos están fuera del ciclo de la vida y la muerte.

Los teléfonos eran como el dinero.

Objetos inanimados.

No nacían ni morían.

Y, sin embargo, ¿también podían renacer junto a una persona?

La confusión de Cheng Yi era perfectamente comprensible.

Aquello realmente superaba la lógica de cualquier ser humano normal.

Como ya había llegado a ese punto de la conversación, Shen Ran sujetó con más fuerza el teléfono y sonrió con especial suavidad.

—Creo que si este teléfono pudo renacer conmigo… fue gracias a ti.

—¿Gracias a mí?

Respecto a lo que había ocurrido entonces, Shen Ran apenas dio algunas explicaciones superficiales.

Pasó por alto todos los detalles dolorosos.

Aquellos recuerdos capaces de romperle el corazón los omitió deliberadamente.

Con tono despreocupado dijo:

—Ya sabes cómo son los jóvenes de hoy. Todos tenemos pequeños secretos inconfesables dentro del teléfono. Historiales del navegador, fotos, conversaciones con amigos…

—Sí. Eso es cierto.

—Y cuando supiste que había muerto, para proteger mi reputación después de la muerte, simplemente lanzaste mi teléfono al incinerador para que lo quemaran. Creo que fue así como terminó viniendo conmigo.

—Tsk. ¿Fue así?

Cheng Yi frunció ligeramente el ceño.

Pero no mostró ninguna duda.

Después de todo, algo tan absurdo sonaba extrañamente razonable cuando se trataba de él y Shen Ran.

Al ver que Cheng Yi no sospechaba nada, Shen Ran soltó un suspiro de alivio.

Y la sonrisa en su rostro se hizo más amplia.

Le parecía perfecto que Cheng Yi no recordara nada de aquello.

No había nada que lamentar.

Cuando encontró aquel teléfono en el apartamento, aunque intentó mantener la compostura, debió de sentirse extremadamente inquieto.

Y cuando llegó al crematorio para confirmar su muerte…

Seguramente estaba destrozado.

Después vino todo lo ocurrido en Hawái.

Las cosas que Cheng Yi hizo.

El anillo que le entregó.

Las palabras que dijo.

Cada detalle era doloroso.

Era mejor que Cheng Yi no recordara nada de eso.

Recuperar aquellos recuerdos era algo especialmente cruel.

Shen Ran lo sabía bien.

Porque lo había experimentado personalmente.

Bastaba con que él lo recordara.

Eso era suficiente.

Después de cargarlo durante unos minutos, el teléfono ya tenía batería suficiente para funcionar.

Desconectó el aparato, todavía ligeramente caliente por la carga.

Y volvió al salón junto con Cheng Yi.

Si su idea era correcta, entonces…

—Cheng Yi, ahora voy a presentarte oficialmente a un amigo muy especial. Pero tienes que mantener la calma y no asustarte, ¿de acuerdo?

Recordando lo caótico que había sido su propio encuentro con Xiao Dong, Shen Ran insistió varias veces.

Luego se agachó y comenzó a susurrar con el pequeño espíritu.

—Xiao Dong, por favor, no asustes a este hermano. Este hermano tiene una lengua especialmente venenosa. Si se asusta, me preocupa que empiece a atacarnos a los dos indiscriminadamente.

Xiao Dong asintió obedientemente.

—Lo haré, hermano Shen Ran.

Cuando todo estuvo listo, Shen Ran le entregó el teléfono a Cheng Yi y corrió por el apartamento encendiendo todas las luces.

Con la casa completamente iluminada, comenzó a dar instrucciones.

—Abre la cámara. Luego apunta hacia delante con el teléfono. Y mira lo que aparece.

Cheng Yi hizo exactamente lo que le indicó.

Shen Ran se colocó detrás de él.

Se puso de puntillas y estiró el cuello mientras observaba nerviosamente la pantalla.

Incluso contuvo la respiración.

La gente normal no podía ver espíritus.

Él sí podía.

Y de la misma forma que los teléfonos normales no podían captar a Xiao Dong…

Ese teléfono especial sí debería poder hacerlo.

Sus ojos permanecían clavados en la pantalla.

La cámara apuntaba a un espacio vacío frente a ellos.

Pero en la pantalla apareció una pequeña figura.

El cuerpo de Xiao Dong era ligeramente transparente.

Retorcía sus pequeñas manos con cierta timidez.

Sus grandes ojos parpadeaban mientras los observaba a través de la cámara.

—¿Ahora puedes verlo? —preguntó Shen Ran.

—…Sí.

Al escuchar aquello, Xiao Dong se puso inmediatamente firme.

Se inclinó educadamente hacia la cámara y luego agitó la mano con suavidad a modo de saludo.

—Hola, hermano. Soy Xiao Dong.

Gracias al teléfono, Cheng Yi podía ver la figura de Xiao Dong.

Pero seguía sin poder escuchar su voz.

Así que Shen Ran asumió el papel de intérprete simultáneo.

—Te está saludando. Dice que se llama Xiao Dong.

Xiao Dong asintió con fuerza para confirmar la traducción.

Miraba a Cheng Yi con algo de timidez.

Pero también con expectación.

Aunque estaba sorprendido, Cheng Yi no reaccionó con tanta intensidad como lo había hecho Shen Ran en su momento.

…O quizá sería más exacto decir que estaba sorprendentemente tranquilo.

Por la forma suave y cariñosa en que Shen Ran había estado hablando al aire unos momentos antes, Cheng Yi ya había supuesto que se trataba de un niño.

Y ahora comprobaba que tenía razón.

Incluso llegó rápidamente a una conclusión.

—Shen Ran, aquella vez en el Orfanato Qingshan, cuando estabas comiendo y de repente pusiste cara de haber visto un fantasma… ¿no será que fue porque viste a este pequeño?

—¡¿Cómo lo supiste?!

Shen Ran se sorprendió tanto que casi aumentó un kilo de golpe.

(No es un error tipográfico).

—Lo deduje.

Después de superar la sorpresa inicial, Cheng Yi aceptó rápidamente la existencia de Xiao Dong.

Una sonrisa despreocupada apareció en sus labios.

Y, aunque seguía siendo él mismo, su tono fue bastante amable.

—Xiao Dong, ¿verdad? Hola. Soy tu hermano mayor Cheng Yi.

—¡Espera un momento, Cheng Yi! ¿Por qué te ves tan paternal?

Shen Ran estaba realmente sorprendido.

Y, como era de esperar, recibió una mirada de absoluto desprecio.

—Todavía no soy tan viejo. Usa “amable” en lugar de “paternal”, analfabeto Ran.

¿Cheng Yi…

…amable?

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