¡Después de morir, mi rival de toda la vida me besó! - Capítulo 72

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  4. Capítulo 72 - Mi motivo oculto es... que te amo
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—Para nada, para nada. Esa era solo una de las razones. La principal era hacer que tus padres creyeran de verdad en nuestra relación.

Shen Ran no respondió. Siguió observando fijamente los ojos de Cheng Yi sin parpadear.

¡Hace un momento había sido tan directo tomándole la mano, y ahora volvía a decir una cosa mientras pensaba otra!

Tras varios segundos de tensión, Cheng Yi finalmente se rindió.

—Está bien, está bien. Admito que sí tenía mis propios motivos.

—En aquel entonces pensé que jamás tendría la oportunidad de estar contigo. Poder fingir que éramos una pareja y vivirlo como si fuera real me hizo muy feliz.

—Pensaba que, aunque nunca pudiéramos estar juntos, si al menos existía un instante en el que pudiera tomarte de la mano, ya sería suficiente.

Shen Ran se quedó atónito.

No esperaba que Cheng Yi hubiera pensado algo así en aquel momento.

Reprimiendo la ligera amargura que le subía al pecho, cambió el simple entrelazado de manos por un firme entrelazado de dedos y tiró de Cheng Yi hacia él con fuerza.

Tomado por sorpresa, Cheng Yi perdió ligeramente el equilibrio y dio un traspié al acercarse.

Al instante siguiente, Shen Ran le sostuvo el rostro con ambas manos y le estampó un sonoro beso en la mejilla.

—¡Muaaa!

El sonido fue extraordinariamente fuerte.

Y además…

Muy descarado.

Como si temiera que alguien no lo viera o no lo oyera.

Aquella escena provocó inmediatamente una gran conmoción en el concurrido pasillo.

Los empleados que conocían a Shen Ran ya estaban disfrutando del espectáculo. Mientras fingían pasar por allí ocupados, apenas podían contener la sonrisa.

Por supuesto, la mayoría de los empleados ni siquiera sabían quién era Shen Ran.

Después de todo, la rutina diaria de un trabajador suele limitarse a un círculo bastante reducido.

Así que comenzaron los susurros.

—¿Quiénes son esos dos? ¿De qué departamento? La cantidad de burbujas rosas que desprenden está a punto de golpearme en la cara.

—Ese «mua» sonó fortísimo. No les voy a mentir, llevaba un auricular Bluetooth puesto y aun así lo escuché.

—Lo que a mí me preocupa es otra cosa. ¿Nuestra empresa prohíbe los romances de oficina? Porque yo sigo soltero, ¿y ellos pueden besarse delante de todos? ¡Voy a denunciarlos! —dijo alguien con tono resentido.

Y comentarios similares continuaron por todas partes.

…

Si hubiera sido otra persona más tímida, probablemente ya habría salido huyendo arrastrando a Shen Ran.

Pero Cheng Yi era diferente.

—Ranran, ¿qué hacemos?

Apretó la mano de Shen Ran y tomó la iniciativa, aunque su tono sonaba sinceramente preocupado.

—Me besaste delante de todos. Ahora nuestro secreto ya no puede ocultarse. ¿Me despedirán? Si me despiden, Ranran… ¿me mantendrás toda la vida?

Shen Ran: Yi Yangqianxi cerrando los ojos.jpg

¿Qué le pasaba a Cheng Yi de repente?

¿Por qué estaba actuando tanto?

—Ranran, sabes que soy una persona muy insegura. Si algún día me dejas, perderé toda esperanza de seguir viviendo. Te lo suplico, no me abandones…

Aquello se estaba volviendo cada vez más absurdo.

Y quien primero no pudo soportarlo fue Shen Ran.

Tirando de la mano de Cheng Yi, caminó a grandes zancadas mientras apretaba los dientes.

—¡Ya, ya, vámonos! ¡Deja de actuar! ¡Esta es la empresa de mi familia, no me hagas quedar en ridículo contigo!

—Pero si fue el jefe Shen quien de repente me abrazó y me besó. Yo pensé que el jefe Shen quería…

—¡Cheng! ¡Yi!

—

Aunque la llamaran fiesta anual, la verdad era que tampoco era tan interesante.

Básicamente consistía en escuchar a los altos directivos de la empresa —es decir, a su padre Shen Xianming— dar un discurso, pintar un futuro prometedor y motivar a los empleados.

Después venían actuaciones de canto, baile y todo tipo de espectáculos siguiendo las tendencias del momento.

Nada particularmente innovador.

Una vez dentro del salón, Shen Ran llevó directamente a Cheng Yi a los asientos de la primera fila reservados para la dirección y saludó a sus queridos padres.

—Papá, mamá, ya llegamos.

Con el cuerpo rígido y una voz tan alegre como siempre, pronunció unas palabras que no despertarían sospechas en Shen Xianming ni en Fu Sijie.

Solo él sabía la enorme presión psicológica que estaba soportando.

Asco.

Miedo.

Deseos de escapar.

Las heridas de las palizas y maltratos sufridos años atrás, aunque ya habían sanado, parecían doler de nuevo.

Había recuperado todos sus recuerdos.

Y aun así tenía que fingir cercanía con dos personas que ocultaban bestias bajo apariencia humana.

Sin darse cuenta, apretó con más fuerza la mano de Cheng Yi.

Las palmas le sudaban.

Las uñas se hundían en la piel de Cheng Yi.

Pero él ni siquiera era consciente de ello debido a la tensión.

Quien los recibió fue Shen Xianming.

—¡Ranran, ya llegaste! Y también Xiao Cheng. La fiesta está a punto de empezar, siéntense. Después de que papá termine su discurso llegará la parte que más esperas: el sorteo.

Cada palabra estaba cargada de aparente cariño paternal.

Pero ahora, al verlo…

Aquella clase de amor resultaba realmente…

Justo cuando Shen Ran estaba a punto de fruncir el ceño, una leve sensación de cosquilleo surgió en su palma.

Cheng Yi permanecía erguido a su lado.

Discretamente, le acariciaba la mano con la punta de los dedos.

Como si lo estuviera calmando.

Como si le dijera que no se pusiera nervioso.

Como si le dijera que, mientras él estuviera allí, todo estaría bien.

Shen Ran exhaló profundamente.

Solo entonces se dio cuenta de que los latidos de su corazón llevaban rato resonando ensordecedores en sus oídos.

Cheng Yi sonrió y respondió por él.

—Gracias, tío Shen. Entonces Ranran y yo nos sentaremos aquí.

—¿Todavía me llamas tío? —bromeó Shen Xianming—. Viendo la atmósfera entre ustedes dos, me parece que no falta mucho para que me llames papá. ¡Ja, ja, ja!

Cheng Yi asintió con modestia.

—Si algún día pudiera llamarlo papá y llegar junto a Ranran hasta ese punto, sería un honor para mí.

—¡Este muchacho! —rió Shen Xianming con satisfacción—. ¡Sabes hablar muy bien! ¡Muy considerado! Vamos, siéntense.

Sentado junto a Shen Xianming, Shen Ran sintió de repente una extraña admiración por Cheng Yi.

Aquel hombre realmente sabía qué decir según la persona que tuviera delante.

Con apenas unas frases había conseguido poner tan contento a Shen Xianming.

Cuando este subió al escenario para comenzar su discurso, Shen Ran se inclinó hacia Cheng Yi y le susurró al oído:

—Cheng Yi, me he dado cuenta de que en realidad hablas bastante bien.

—Por supuesto.

—Entonces, ¿por qué cuando hablas con Shen Xianming sabes exactamente cómo halagarlo y hacerlo feliz, pero conmigo tienes una lengua tan venenosa que parece que quieres hacerme morir de rabia?

Realmente sentía que aquello era un trato diferenciado.

—Ranran, eso sí que es una injusticia.

Cheng Yi levantó las manos como si se rindiera, aunque la sonrisa en sus labios seguía siendo la de siempre.

—Cuando digo palabras bonitas para agradar a alguien, es porque quiero engañarlo. Tengo algún interés oculto. ¿No es así?

—…Sí.

—Y cuando hablo contigo, aunque a veces sea demasiado directo, todo sale de mi corazón. ¿No es así?

—Bueno… visto así, parece que sí.

Cheng Yi bajó aún más la voz.

Cada palabra sonaba casi como una tentación.

—Por eso mismo. Las palabras dulces suelen venir envenenadas. No las creas.

—Solo créeme a mí, ¿de acuerdo?

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