¡Después de morir, mi rival de toda la vida me besó! - Capítulo 39
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- Capítulo 39 - Aferrándose
—Ranran, aunque ya no te guste, al menos debemos hablar las cosas con claridad, ¿no? Me escucharás hasta el final, ¿verdad?
—Habla, entonces. Te estoy escuchando.
Shen Ran hizo un gesto de “adelante”.
—Pero procura ser rápido. Al mediodía tengo que ir a comer.
La ceja de Chen Xu se contrajo de forma involuntaria y, por un instante, la máscara de amabilidad en su rostro se resquebrajó.
Al ver la actitud impaciente y altiva de Shen Ran, tuvo unas ganas tremendas de golpear la mesa e irse.
Pero se contuvo.
Porque todavía quería sacar más beneficios de Shen Ran.
Llevaban poco tiempo juntos y aún no había obtenido lo que buscaba.
Si se marchaba aceptando la ruptura, ¿no habría sido todo su esfuerzo en vano?
Desde el principio, la estrategia de Chen Xu con Shen Ran había sido la misma que la de un pescador.
Tomó la iniciativa para hablarle.
Tomó la iniciativa para confesarse.
Pero, justo durante la etapa en la que una pareja debería estar más unida, mantuvo deliberadamente una actitud distante.
Ni demasiado cerca ni demasiado lejos.
De ese modo Shen Ran siempre quedaba con ganas de más.
Nadie soporta bien que alguien sea cálido un día y frío al siguiente.
Y menos alguien tan impulsivo como Shen Ran.
Sin embargo, jamás imaginó que acabaría disparándose en el pie.
¡Hacía poco Shen Ran ya parecía dispuesto a perseguirlo activamente!
Solo lo ignoró durante una semana más.
¿Cómo podía haber terminado pidiéndole romper?
¡No lo permitiría!
¡Jamás permitiría que algo así sucediera!
Chen Xu ignoraba que Shen Ran ya había comprendido perfectamente sus intenciones.
Todavía lo veía como aquel joven fácil de manipular.
Solo necesitaba unas cuantas palabras dulces más.
Solo necesitaba recordar viejos tiempos.
Y Shen Ran volvería a conmoverse.
¿Ruptura?
Seguro que solo era una rabieta porque quería más atención.
Así que, frente al evidente desinterés de Shen Ran, Chen Xu reprimió sus emociones y mantuvo la apariencia de siempre.
—Ranran, ¿recuerdas? En la universidad te escapaste de clase y aquel profesor montó en cólera. Fui yo quien…
Pero Shen Ran ya no tenía ningún interés.
Mientras Chen Xu evocaba apasionadamente recuerdos del pasado, él sacó el teléfono y le envió un mensaje a Cheng Yi.
【¿Qué te parece si hoy te invito a comer comida de Hunan? Hace mucho frío y algo picante nos vendría bien para entrar en calor.】
Cheng Yi respondió al instante:
【Perfecto. Si tú invitas, por supuesto que voy.】
Shen Ran no pudo evitar sonreír.
【¿Qué pasa? ¿El presidente Cheng está tan mal económicamente que solo sale a comer si lo invito yo?】
【No exactamente.】
【Solo quiero aprovecharme un poco del dinero del jefe Shen.】
Tsk.
Qué terco.
Guardó el teléfono y apoyó la barbilla en una mano.
Luego lanzó una mirada aparentemente casual hacia el edificio de enfrente.
Tal como había imaginado.
En una de las ventanas de la planta donde estaba la empresa de Cheng Yi se distinguía una figura alta y erguida.
¿Quién más podría ser sino Cheng Yi?
Ya había supuesto que lo estaría vigilando discretamente.
Después de todo, Chen Xu había armado bastante escándalo al llegar.
Era imposible que Cheng Yi no se enterara.
Otro mensaje apareció en la pantalla.
【¿Qué estás haciendo?】
Al ver la silueta moverse al otro lado de la calle, Shen Ran estuvo a punto de echarse a reír.
Vaya, presidente Cheng…
¿Eso cuenta como hacerse el desentendido?
Claramente estaba observándolo desde la ventana y aun así preguntaba qué hacía.
¿Qué era?
¿Temía que le mintiera?
Shen Ran respondió:
【Nada. Estoy quitándome de encima una lapa bastante molesta.】
【Ah.】
Un instante después apareció otro mensaje.
【Las lapas no son sabrosas.】
【La comida de Hunan es mucho mejor.】
【De repente me ha entrado hambre. Jefe Shen, ¿podemos adelantar la hora del almuerzo?】
Mirando cómo seguían apareciendo mensajes, Shen Ran ya no podía contener la risa.
Vamos.
Ese tono.
Esas comparaciones.
Esas indirectas tan descaradas.
¿De verdad era el mismo Cheng Yi que no podía pasar un día sin burlarse de él?
Ni siquiera estaban juntos todavía y ya había empezado a competir.
¡Presidente Cheng, qué impaciente eres!
—…¿Ranran? ¿Sigues escuchándome?
Chen Xu interrumpió de pronto su largo discurso sobre el pasado y lo miró con cautela.
—Sí, sí. Te escucho.
Mientras respondía distraídamente, Shen Ran seguía escribiendo.
【Las llaves de mi coche están sobre mi escritorio. ¿Qué tal si el presidente Cheng conduce mi coche y me espera abajo?】
【OK!】
Oh.
Hasta había usado signo de exclamación.
Parecía que alguien tenía mucha prisa.
Cada vez que hablaba con Cheng Yi, Shen Ran se sentía de mejor humor.
La sonrisa simplemente no desaparecía de su rostro.
Pero, a los ojos de Chen Xu, aquella sonrisa tenía otro significado.
Pensó que Shen Ran se estaba conmoviendo.
Que estaba recordando el pasado.
Por eso sonreía así.
Chen Xu soltó un suspiro de alivio.
Perfecto.
Ahora Shen Ran seguramente ya no quería romper.
Solo necesitaba darle un poco de afecto.
Un pequeño gesto de ternura.
Y Shen Ran volvería a estar completamente enamorado de él.
La verdad era que Chen Xu nunca había querido demasiado contacto físico con Shen Ran.
Porque le gustaban más las mujeres.
Antes de conocerlo había tenido varias novias.
Incluso…
Por eso, desde que se conocieron, jamás había besado a Shen Ran.
Ni una sola vez.
Lo máximo que había hecho fue abrazarlo cuando se le confesó.
Y aquel abrazo había sido breve.
Superficial.
Porque no soportaba abrazar a alguien que no le gustaba.
Pero esta vez decidió hacer una excepción.
Pensó en extender la mano y revolverle el cabello.
Shen Ran era fácil de contentar.
Con eso bastaría.
Sin embargo, apenas se puso de pie y extendió la mano, antes de siquiera rozarle la cabeza, Shen Ran ya se había apartado con expresión alerta.
—¡Eh! Hablar es hablar. ¿Qué haces?
Shen Ran se desplazó varios centímetros hacia un lado, agradeciendo en silencio sus rápidos reflejos.
No tenía idea de qué extraña idea se le había metido en la cabeza a Chen Xu.
Solo sabía que, instintivamente, aquello le parecía desagradable.
Así que se apartó.
Luego volvió la vista hacia el edificio de enfrente.
La figura junto a la ventana caminaba de un lado a otro.
Parecía inquieta.
Y de repente desapareció.
Probablemente ya no podía quedarse quieto.
El ánimo de Shen Ran mejoró un poco.
Por molesto que fuera Chen Xu, en cierto sentido estaba ayudando.
Ayudándolo a acercarse más rápido a Cheng Yi.
Por su parte, Chen Xu tampoco esperaba que Shen Ran se apartara.
Se quedó inmóvil, con la mano suspendida en el aire.
—¿Ranran…?
—Senior, una cosa es hablar y otra muy distinta andar tocando a la gente. Ya hemos roto. Creo que deberíamos mantener cierta distancia. ¿No te parece?
La tristeza apareció en el rostro de Chen Xu.
—Entonces… ¿de verdad vas a dejarme?
—La ruptura ya ocurrió. Es un hecho consumado.
Shen Ran dejó la taza de té.
—Senior, creo que lo mejor es separarnos en buenos términos. No hagamos esto más feo de lo necesario.
Chen Xu seguía sin rendirse.
—¡Pero nuestro pasado…!
—Eso es precisamente lo que era: pasado. Ya quedó atrás. Ahora mismo hablar de eso no tiene ningún sentido.
Realmente era una persona incapaz de dejar ir las cosas.
A través de la ventana, un coche familiar se detuvo junto a la acera.
Era su coche.
El presidente Cheng, hambriento y ansioso por la hora del almuerzo, acababa de llegar al campo de batalla.