¡Después de morir, mi rival de toda la vida me besó! - Capítulo 110
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- Capítulo 110 - ¿Sabes dónde está Xia Xingyuan?
Si antes el tono de Xie En había sido frío, aquello solo se debía a su personalidad distante, sin ninguna emoción particular detrás.
Pero ahora su actitud había cambiado claramente.
Sus ojos gris claro se volvieron afilados como cuchillas. Al tensar la mandíbula, las facciones ya de por sí marcadas de su rostro adquirieron una dureza aún más evidente.
—Puedes verlo. Eso significa que no eres una persona normal… o mejor dicho, no eres un ser humano normal.
—Yo…
—No importa si eres normal o no. Si has venido aquí, no es simplemente para que te lea la fortuna. Habla. ¿Cuál es tu verdadero propósito?
Las insinuaciones quedaron completamente expuestas por Xie En en apenas unas frases.
Shen Ran había pensado tantear el terreno poco a poco, dar rodeos y obtener información con calma.
Ahora ya no tenía esa opción.
—…Ay.
Suspiró profundamente.
Por debajo de la mesa, donde Xie En no podía verlo, buscó la mano de Cheng Yi y la sujetó discretamente.
Como si aquel simple gesto pudiera darle un enorme valor.
—Señor Xie En, ya que lo ha descubierto, ¿qué tal si hablamos con franqueza? Mi nombre es Shen Ran. Y este que está a mi lado es mi novio, Cheng Yi.
Cheng Yi no dijo nada.
Simplemente cerró los dedos alrededor de la mano de Shen Ran.
Al apretarla, Shen Ran pudo sentir la forma redondeada del anillo en el dedo anular de Cheng Yi.
Aquella calidez le dio tranquilidad.
Incluso bajo la mirada desconfiada y fría de Xie En, logró esbozar una pequeña sonrisa.
—Sí, vine aquí porque un amigo me recomendó esta tienda. Y creo que usted y yo somos la misma clase de persona. Ambos podemos ver espíritus. Supongo que la razón por la que abrió esta tienda también está relacionada con esa habilidad, ¿verdad?
Xie En continuó en silencio.
Pero aquella actitud ya era una confirmación indirecta.
—Señor Xie En, no hemos venido para una sesión de adivinación. Tengo algunas preguntas que quisiera hacerle. ¿Le importaría responderlas?
Xie En apretó los labios.
Parecía estar valorando algo.
Finalmente habló:
—Primero haz tus preguntas.
—Es joven, extranjero, muy atractivo y puede ver espíritus. En realidad, ya había oído hablar de usted por otras personas. Señor Xie En, estuvo en la azotea del Grupo Shen no hace mucho tiempo, ¿verdad?
Xie En no respondió inmediatamente.
Simplemente levantó ligeramente la barbilla y observó a Shen Ran con una expresión reflexiva.
—Shen Ran… Shen…
Tras unos segundos pareció comprender algo.
—Ya veo. Con razón lograste encontrar este lugar. Fueron esos espíritus quienes te dieron la información, ¿no?
Aquello equivalía prácticamente a una admisión.
Shen Ran continuó de inmediato:
—Entonces… la persona que lleva tiempo buscando a Xia Xingyuan es usted, ¿verdad?
La expresión de Xie En cambió visiblemente.
Hasta ese momento había permanecido recostado en su silla con aparente indiferencia.
Ahora, sin embargo, enderezó la espalda.
Incluso se inclinó ligeramente hacia delante.
Sus ojos grises se iluminaron.
La frialdad de antes fue sustituida por una evidente urgencia.
—Sí. Soy yo quien ha estado buscando a Xingyuan.
Hizo una pausa.
—Llevo mucho tiempo buscándolo.
Su voz se volvió más rápida.
—Tú también puedes ver espíritus. ¿Tienes alguna pista sobre él? ¿Sabes dónde está?
A Shen Ran le costó acostumbrarse a aquel cambio.
El hombre que hasta hacía un momento hablaba poco y con extrema concisión ahora disparaba preguntas una tras otra.
Xie En había admitido todo sin vacilar.
Y aquella preocupación no parecía fingida.
Shen Ran lo observó atentamente.
Lo único que percibía en él era ansiedad y preocupación.
No había odio.
Ni resentimiento.
Eso descartaba, al menos en gran medida, la posibilidad de que estuviera buscando a Xia Xingyuan para vengarse.
Aun así, Shen Ran no bajó la guardia.
Tras pensarlo unos instantes, asintió con sinceridad.
—Sí. Sé dónde está Xia Xingyuan ahora mismo. Pero por su seguridad no puedo decírselo tan fácilmente. A menos que…
—¿A menos que qué?
Xie En se apresuró a preguntar.
—A menos que me diga qué relación tenía con él, por qué lo busca y qué ocurrió entre ustedes.
Shen Ran no preguntaba aquello por curiosidad morbosa ni por afán de cotilleo.
Cuando le había preguntado anteriormente a Xia Xingyuan si conocía a alguien que estuviera buscándolo, este no había sabido responder nada.
Incluso había asegurado que no conocía a ningún extranjero.
Ahora Xia Xingyuan era un espíritu.
Si alguna vez tuvo recuerdos relacionados con aquello, quizá los había perdido debido al accidente.
Pero Xie En seguía vivo.
Y seguramente sabía mucho más.
Ya que había acogido a Xia Xingyuan y ahora había encontrado a Xie En, Shen Ran sentía que tenía derecho a conocer toda la historia.
Al escuchar aquellas preguntas, la mano que Xie En había mantenido cerrada lentamente se relajó.
Guardó nuevamente las piedras rúnicas que había sacado a medias.
Mientras ordenaba la mesa, su voz ronca resonó en la tranquila tienda.
—Xingyuan y yo… podríamos considerarnos amigos.
Hizo una breve pausa.
—Pero yo…
Sus ojos se oscurecieron ligeramente.
—Yo estaba enamorado de él.
—Y antes de que pudiera confesarle lo que sentía… perdí para siempre la oportunidad de hacerlo.
Xie En era el hijo menor del monarca del Reino Y.
Por encima de él tenía cuatro hermanos mayores y dos hermanas.
Como el príncipe más joven, había disfrutado de una infancia feliz.
Creció rodeado de cariño y sin preocupaciones.
Además, era extraordinariamente inteligente.
Su coeficiente intelectual alcanzaba los ciento cincuenta y nueve puntos.
Desde muy pequeño dominó varios idiomas y era considerado un prodigio admirado por todos.
Sin embargo, aquella vida feliz no duró para siempre.
Cuatro años atrás, cuando su padre enfermó gravemente, una lucha por el poder comenzó a desarrollarse en las sombras.
Ver cómo sus hermanos se convertían en enemigos por el trono…
Ver cómo estaban dispuestos a matarse entre ellos…
Era algo doloroso.
Xie En nunca había tenido interés en convertirse en rey.
Pero en ese tipo de situaciones, sus propios deseos ya no importaban.
La desconfianza creció entre los hermanos.
Se atacaban mutuamente.
Y el afecto que habían compartido durante tantos años desapareció por completo.
Coincidiendo con aquel período, la madre de Xie En falleció debido a una enfermedad.
Después del funeral, profundamente decepcionado y agotado, tomó una decisión.
Sería el primero en retirarse de aquella lucha.
Y se marcharía lejos.
—Abandonaré el Reino Y y me iré a un lugar donde no represente una amenaza para nadie.
Así llegó a la ciudad K.
Planeaba quedarse allí una temporada antes de viajar lentamente por el resto del mundo.
Fue entonces cuando conoció a Xia Xingyuan.
Aquella noche, Xie En estaba en una panadería cercana a la Universidad K comprando el desayuno para el día siguiente.
Ya había escogido varios panes y pasteles y se dirigía a pagar.
De repente, dos borrachos entraron en la tienda armando escándalo.
Durante los empujones, la bandeja que llevaba en las manos cayó al suelo.
El relleno de crema de un croissant incluso terminó manchando el impecable borde de su traje.
Xie En bajó la mirada.
Al ver aquella gran mancha blanca y pegajosa sobre su ropa perfectamente planchada, frunció el ceño.
Antes de que los dos guardaespaldas que vigilaban la entrada pudieran intervenir, un empleado se adelantó.
Lo tomó del brazo y lo apartó rápidamente.
Aquel dependiente parecía incluso más joven que él.
Tenía un aire despierto y alegre.
Después de ponerlo a salvo, le dedicó una sonrisa algo apologética.
—Lo siento, señor. Por favor, espere aquí un momento. Déjeme resolver esto primero.
Tal como sugería su apariencia vivaz, el joven era extraordinariamente hábil para tratar con la gente.
En apenas unas palabras calmó a los borrachos.
Luego los convenció para abandonar el local.
Después limpió rápidamente el desastre.
Y tampoco olvidó tranquilizar a los demás clientes.
Cuando todo estuvo resuelto, tomó un pañuelo y regresó junto a Xie En.
Se arrodilló frente a él.
Con una mano sostuvo cuidadosamente el borde de su chaqueta.
Y con la otra limpió con atención la crema que había quedado adherida a la tela.