Después de fingir mi muerte arrojándome al mar, el villano se volvió obsesivo - Capítulo 75
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- Capítulo 75 - Llegó tarde
Shen Guanzhi lo sujetaba con mucha suavidad. Más que tomarle la mano, parecía estar tanteando su reacción. Probablemente había interpretado que Zhao Muqing lo hubiera detenido hacía un momento como una señal de que podía acercarse a él.
A Zhao Muqing no le desagradó, pero un inexplicable orgullo le impidió corresponderle el gesto.
—Está bien.
Shen Guanzhi soltó su mano y las comisuras de sus labios se elevaron en una curva apenas perceptible.
—Feliz Año Nuevo.
Zhao Muqing todavía no había tenido tiempo de responder cuando Jian Shigu, que quién sabía cuándo había logrado alcanzarlos, le dio una palmada en el hombro desde atrás.
—¡Casi me matas del susto! ¿Por qué saliste corriendo de repente?
—Tú sí que casi me matas del susto. Está oscurísimo y de repente vienes a golpearme el hombro.
Zhao Muqing volvió a mirar en dirección a Shen Guanzhi, pero este ya había desaparecido entre la multitud.
—Solo estaba preocupado de que te hubiera pasado algo —Jian Shigu se rascó el cabello, algo avergonzado—. Todavía no te había dicho feliz Año Nuevo. Así que… feliz Año Nuevo.
—Sí, sí. Feliz Año Nuevo.
Zhao Muqing alzó la cabeza hacia el cielo.
Sin que se diera cuenta, los fuegos artificiales ya se habían extinguido silenciosamente. El cielo nocturno había vuelto a oscurecerse y a su alrededor solo quedaba el bullicio de los transeúntes.
—Ya vimos los fuegos artificiales. ¿Volvemos?
…
El día de Año Nuevo, Zhao Muqing se levantó excepcionalmente temprano.
Shen Guanzhi ya no estaba a su lado.
Después de arreglarse, bajó las escaleras y descubrió que la mesa estaba cubierta de comida. La mayoría eran platos tradicionales como jiaozi, fideos y otros alimentos a base de harina.
—Vaya, por una vez no es comida occidental. Qué raro.
Zhao Muqing se sentó en su lugar habitual y pinchó con los palillos uno de los jiaozi que ya habían servido en su tazón.
Descubrió que estaba relleno de cerdo con hongos shiitake, así que lo mojó en vinagre y se lo metió directamente en la boca.
Shen Guanzhi no tocó sus palillos. Se limitó a observar cómo Zhao Muqing alternaba entre jiaozi y toda clase de bocadillos y platos.
—Es Año Nuevo.
—¿Hay alguno con una moneda dentro?
Zhao Muqing se metió otro jiaozi en la boca, esta vez relleno de cebollino. Lo masticó cuidadosamente y, después de asegurarse de que no contenía nada aparte del relleno, se lo tragó.
—Sí.
Zhao Muqing redujo inmediatamente la velocidad con la que comía.
Encontrar una moneda dentro de un jiaozi significaba que tendrías buena suerte durante todo el año. Aunque aquella creencia no tenía ningún fundamento científico, cuando vivía con su familia, cada vez que Zhao Muqing encontraba una moneda presumía de ello por todas partes como un niño.
Fue comiéndose uno por uno los jiaozi del tazón.
Finalmente, cuando solo quedaban unos cuantos, encontró una moneda de un yuan dentro de uno relleno de carne de res.
—¡De verdad me salió!
Zhao Muqing sostuvo la brillante moneda y la examinó durante un buen rato.
—¿Cuántos prepararon con moneda?
—Uno.
—¡Entonces tengo demasiada suerte! Si este año no me va bien a mí, ¿a quién le va a ir bien?
Entusiasmado, Zhao Muqing fotografió inmediatamente la moneda y envió la foto a todos los amigos de su lista con quienes mantenía contacto, solo para presumir.
Al final incluso hizo una publicación en sus Momentos.
En poco tiempo ya había recibido varios comentarios.
Jian Shigu: [Nada mal. Cuando consigas un gran trabajo y te hagas famoso, no te olvides de tu hermano.]
Li Shuqiao: [Es solo una moneda de un yuan y ya estás así de contento. La próxima vez dile a tu esposo que te meta un diamante dentro.]
Song Lijun: [Muqing, feliz Año Nuevo.]
Zhao Muqing: «…»
Tenía la sensación de que una simple publicación había convocado a toda clase de criaturas extrañas.
Limpió cuidadosamente la moneda con una servilleta, la envolvió y se la guardó en el bolsillo.
De paso sacó el teléfono.
Faltaba algo más de una hora para la hora a la que había quedado con Jian Shigu. Si terminaba de desayunar y luego conducía hasta allí, llegaría aproximadamente a tiempo.
—¿Ya te vas? —preguntó Shen Guanzhi al notar sus movimientos.
Zhao Muqing asintió.
Antes de que pudiera marcharse, escuchó la voz de Shen Guanzhi a su espalda.
—Nos vemos mañana por la noche.
…
En cuanto salió de casa, Zhao Muqing se estremeció de frío.
El clima de Dongyuan había sido extremo durante los últimos días. Incluso había caído aguanieve y el mal tiempo apenas había dado una tregua aquella mañana.
Aun así, él y Jian Shigu habían decidido salir como si nada.
Zhao Muqing se metió rápidamente en el auto, se frotó las manos y arrancó.
Jian Shigu lo esperaba frente al restaurante donde solían comer. La ubicación era perfecta, porque quedaba cerca tanto del estudio fotográfico como de la villa.
Zhao Muqing había invitado a todos los que quería invitar.
Sin embargo, Li Shuqiao había salido de viaje y no podría regresar, mientras que Song Lijun tenía que trabajar incluso durante las vacaciones.
Hasta Jian Shigu elogió su dedicación.
Así que, al final, los únicos que podrían reunirse eran Jian Shigu y…
Shen Guanzhi.
Zhao Muqing parpadeó con fuerza y sacudió los copos de nieve que habían caído sobre sus pestañas.
Ni siquiera sabía qué se le había pasado por la cabeza cuando, llevado por un impulso, invitó a Shen Guanzhi.
Pensándolo bien, aquella combinación de personas era bastante extraña.
No había necesidad de preparar nada demasiado especial para un cumpleaños.
Los dos recorrieron un gran supermercado comprando toda clase de aperitivos y bebidas alcohólicas. Jian Shigu incluso propuso comer hot pot en el estudio fotográfico, así que el carrito pronto se llenó de caldo base, salsas, verduras y carnes.
Quizá porque Zhao Muqing iba a pagar, Jian Shigu añadió una enorme cantidad de comida.
Incluso con el apetito de Zhao Muqing, resultaba difícil imaginar que pudieran terminar todo lo que había en aquel carrito.
A Jian Shigu no le preocupaba.
Según él, lo que sobrara podía guardarse en el refrigerador. Con semejante frío, no le importaba comer hot pot durante varios días.
Zhao Muqing pagó y llevaron todas las compras al estudio fotográfico.
Ya habían avisado con un día de anticipación que el día dos cerrarían antes precisamente para poder terminar temprano.
Jian Shigu encendió el hornillo.
Zhao Muqing miró el reloj de pared.
Ya pasaban de las seis de la tarde y el cielo comenzaba a oscurecerse.
Miró el teléfono varias veces.
Shen Guanzhi todavía no había respondido al mensaje que le había enviado.
Sin saber por qué, aquello empezó a irritarlo.
¿No había dicho que llevaba todo este tiempo esperando?
—Come de una vez.
El vapor se elevaba de la olla. Jian Shigu ya estaba pescando comida con una espumadera.
—Muchas cosas ya están listas. Come mientras están calientes.
Zhao Muqing tomó distraídamente una lámina de carne de res de la espumadera de Jian Shigu, la mojó en chile y se la metió en la boca.
Jian Shigu notó inmediatamente que algo no iba bien.
—No paras de mirar el teléfono. ¿Estás esperando a alguien?
—¿Quién dijo eso? No.
Zhao Muqing tomó varias láminas más de carne y se las metió directamente en la boca.
Estaban tan calientes que no pudo evitar sacar la lengua.
Jian Shigu le pasó rápidamente un vaso de agua fría.
—No tengas tanta prisa. Todavía queda un montón de carne sin echar.
Zhao Muqing siguió comiendo sin demasiado entusiasmo.
Los regalos de Li Shuqiao y Song Lijun habían llegado por mensajería y estaban junto al de Jian Shigu. Todavía no había tenido tiempo de abrirlos.
Pero su atención seguía puesta en el teléfono.
No llegó ninguna respuesta de Shen Guanzhi.
En cambio, recibió una alerta por tormenta.
Zhao Muqing levantó instintivamente la mirada hacia la ventana.
Ya había empezado a nevar.
Jian Shigu comenzó a hablar desde el otro lado de la mesa, pero Zhao Muqing apenas escuchó una palabra. Sus ojos seguían desviándose de vez en cuando hacia el exterior.
—Parece que de verdad se viene un vendaval —Jian Shigu dejó escapar un leve suspiro—. Si luego no puedes volver, puedes quedarte aquí. Tu esposo no te dirá nada, ¿verdad?
Zhao Muqing frunció el ceño.
—¿Tienes dónde dormir?
—Yo uso una habitación y hay otra de repuesto —respondió Jian Shigu mientras comía una albóndiga—. Si no quieres dormir en el suelo de mi cuarto, puedes usar la otra. Solo habría que limpiarla un poco. Como casi nunca se usa, seguramente tiene polvo.
Zhao Muqing respondió distraídamente.
Abrió una lata de cerveza y bebió varios sorbos con irritación.
Cuando terminaron de comer, Jian Shigu comenzó a recoger la mesa.
Afuera, la tormenta de nieve ya azotaba con fuerza.
Por suerte, el aislamiento acústico del edificio era bueno.
Jian Shigu regresó directamente a su habitación para dormir. Le dijo que ni siquiera cerraría con llave y que Zhao Muqing podía dormir donde quisiera. Si necesitaba más mantas, podía tomarlas libremente.
Zhao Muqing volvió a mirar su teléfono completamente silencioso.
Estaba a punto de enfadarse de verdad.
Justo cuando se disponía, furioso, a cerrar el estudio, un conocido auto negro se detuvo de repente frente a la entrada.
El fuerte viento hacía volar los copos de nieve por todas partes.
Shen Guanzhi bajó del vehículo y sus hombros quedaron cubiertos de nieve casi de inmediato.
Zhao Muqing lo observó caminar hacia él a través de la tormenta.
Los ojos de Shen Guanzhi lo miraban a través de los lentes, como si todo aquel clima despiadado perteneciera a otro mundo.
—Lo siento.
Shen Guanzhi dio un paso hacia él.
—Tenía trabajo. Llegué tarde.
Zhao Muqing apartó la mirada.
—Da igual. Tampoco es que estuviera esperándote especialmente.
Shen Guanzhi entró al estudio y cerró la puerta tras Zhao Muqing.
El estruendo del viento y la nieve desapareció de inmediato.
—Muqing.
Shen Guanzhi se detuvo frente a él.
—Feliz cumpleaños.
Zhao Muqing todavía no había podido responder cuando Shen Guanzhi sacó del bolsillo una caja de terciopelo rojo.
Ni siquiera necesitaba pensar para adivinar que se trataba de una joya.
—Tu regalo.
Shen Guanzhi extendió la caja hacia él.
Zhao Muqing la recibió por reflejo.
—¿Puedo abrirla?
—Sí.
Con su permiso, Zhao Muqing abrió la caja de terciopelo.
En su interior descansaba un delicado collar.
El diseño tenía como motivo principal las rosas, rodeadas por adornos semejantes a copos de nieve. Eran dos elementos que en principio no tenían nada que ver entre sí, pero Shen Guanzhi había conseguido combinarlos de una manera extraordinariamente armoniosa.
En el centro del collar había una gema.
Su color verde azulado despertó inmediatamente un recuerdo en Zhao Muqing.
Era Dryad.
La valiosa gema que supuestamente se había hecho añicos.
—Me estás regalando otra vez algo que ya me habías regalado. ¿No podrías esforzarte un poco más?
Zhao Muqing contempló el collar durante bastante tiempo.
—¿De verdad se podía reparar después de quedar destrozada de esa manera?
—Si estás dispuesto a dedicarle tiempo, sí —respondió Shen Guanzhi con aparente indiferencia.
En realidad, restaurar Dryad había requerido una enorme cantidad de esfuerzo y una precisión técnica extremadamente elevada.
Li Sen no tenía paciencia para semejante trabajo, aunque había preparado para Shen Guanzhi un plan de restauración sumamente detallado.
Todo el trabajo posterior, el que verdaderamente consumía tiempo, lo había realizado personalmente Shen Guanzhi.
—No pude devolverla completamente a su estado original, pero sigue siendo… lo más valioso que tengo para ofrecerte.
Al llegar a ese punto, Shen Guanzhi parecía incluso un poco culpable.
—El primer collar fue un diseño que hice para mi madre. Pero este… lo hice para ti.
Los dedos con los que Zhao Muqing jugueteaba con el collar se detuvieron.
Recordó que, durante las últimas semanas, Shen Guanzhi pasaba muchísimo tiempo en el estudio y regresaba muy tarde al dormitorio principal.
—Entonces… me lo quedo.
Zhao Muqing cerró nuevamente la caja y se la guardó en el bolsillo.
Después señaló las bolsas de basura repletas debajo de la mesa.
—Llegaste en mal momento. Los dos ya nos comimos todo.
—No importa.
Era evidente que a Shen Guanzhi la comida no le interesaba demasiado.
—Acepté tu regalo, pero me sentiría mal si no te ofreciera nada a cambio.
Zhao Muqing se tocó incómodamente la barbilla.
—Hagamos esto. Te daré la oportunidad de pedir una compensación.
—¿Qué?
—Lo que quieras.
La incomodidad de Zhao Muqing aumentó.
Ni él mismo sabía qué demonios le había pasado por la cabeza.
Quizá fuera por Dryad.
Quizá porque Shen Guanzhi había atravesado aquella tormenta de nieve para llegar hasta allí.
Por alguna razón, su corazón se había ablandado un poco.
Shen Guanzhi dio repentinamente un paso hacia él.
En el campo de visión de Zhao Muqing, su rostro quedó muy cerca.
La respiración de Zhao Muqing se aceleró sin razón aparente.
Shen Guanzhi se inclinó lentamente.
Sus labios rozaron con suavidad los de Zhao Muqing.
Le dio tiempo más que suficiente para reaccionar.
Pero Zhao Muqing no se apartó.
Shen Guanzhi mantuvo aquel beso suave hasta humedecer sus labios y solo entonces comenzó a retirarse poco a poco.
Zhao Muqing ya podía sentir cómo le ardía el rostro.
La sensación era extraña.
Habían compartido innumerables besos mucho más intensos y profundos que aquel. Incluso había perdido la cuenta de cuántas veces habían llegado a la intimidad.
Y, sin embargo, en aquel momento, un beso tan sencillo bastaba para hacerlo sonrojar y acelerar su corazón.
—Yo…
Zhao Muqing evitó apresuradamente la mirada de Shen Guanzhi.
—Tengo que dormir. Tú…
Entonces recordó de repente que afuera seguía azotando una tormenta de nieve.
En esas condiciones, era difícil desplazarse tanto a pie como en auto.
—Quédate esta noche.