Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error - Capítulo 8
Cuando Su Zhiqiu consiguió tranquilizarse y se acercó discretamente al plató para ver cómo iban las cosas, la grabación ya llevaba un rato en marcha.
Aquel día, Fang Xing parecía tener una energía inagotable. Estaba trabajando con muchísimo entusiasmo y, aunque apenas eran las nueve, ya habían completado más de la mitad de la grabación.
Su Zhiqiu no sabía si eran imaginaciones suyas, pero tenía la impresión de que, cuando él estaba observando, Fang Xing exageraba todavía más sus actuaciones, como si quisiera llamar su atención.
Fuera cierto o no, por cortesía y para facilitar futuras colaboraciones, Su Zhiqiu aprovechó el descanso de mitad de la grabación para encargar la comida y dedicarle una amplia sonrisa.
—Xiao Fang, tienes una presencia increíble frente a la cámara y, además, eres muy guapo. ¡No es de extrañar que hayas obtenido el primer puesto de ingreso en la Academia Central de Arte Dramático este año! Te espera un futuro brillante.
Su Zhiqiu no lo decía únicamente por cortesía.
De verdad pensaba que Fang Xing tenía talento y que no era un simple rostro bonito, como afirmaban sus detractores en internet.
El mero hecho de haber descubierto recientemente que aquel muchacho había obtenido el primer puesto en el examen de ingreso a la Academia Central de Arte Dramático bastaba para despertar su admiración.
Debido a las circunstancias familiares, sus tres años de preparatoria habían sido un completo desastre.
Había días en los que ni siquiera sabía cuántas clases tenía.
Y de sus calificaciones, mejor ni hablar.
Por eso, Su Zhiqiu admiraba y envidiaba sinceramente a todas las personas que destacaban en los estudios.
Algo parecido había ocurrido años atrás con Ling Suihan.
Al principio, ambos se llevaban bastante mal y siempre estaban enfrentándose.
Sin embargo, cuando Su Zhiqiu se enteró de que Ling Suihan había conseguido el segundo puesto de todo su grado en los exámenes finales mientras entrenaba como aprendiz de ídolo, cambió inmediatamente su actitud hacia él.
Solo entonces su relación comenzó a mejorar poco a poco.
Y, como era de esperarse, los jóvenes eran especialmente vulnerables a los elogios.
Fang Xing se mostró enseguida bastante satisfecho.
Incluso pronunció unas cuantas palabras de modestia, algo poco habitual en él, y cambió la manera de dirigirse a Su Zhiqiu.
—Me halagas, hermano Su. Solo tuve suerte, jajaja. Mis detractores hasta dicen que compré mis credenciales académicas.
Hizo un pequeño gesto de disgusto con los labios y lo dijo en tono de broma.
Sin embargo, Su Zhiqiu no se limitó a reírse y dejar pasar el comentario.
Levantó la mirada y respondió con seriedad:
—Entonces están equivocados. Yo sí creo que eres muy capaz.
Fang Xing se quedó desconcertado.
Lo miró un instante, carraspeó y apartó los ojos.
Al ver que parecía un poco avergonzado, Su Zhiqiu sonrió suavemente y cambió de tema.
—Xiao Fang, ¿hay algo que no puedas comer? Esta noche invito yo. ¿Te apetece una parrillada?
Fang Xing seguía claramente inmerso en la satisfacción de haber recibido aquellos elogios.
Agitó una mano despreocupadamente.
—Cualquier cosa está bien. La mía con bastante picante, por favor. Gracias, hermano Su.
Su Zhiqiu asintió y se dispuso a marcharse, pero Fang Xing volvió a llamarlo.
—Ah, por cierto, el hermano Ling vino conmigo.
Todavía tenía una sonrisa en el rostro cuando añadió casualmente:
—No hace falta que le preguntes. Seguro que no va a comer.
Su Zhiqiu se quedó inmóvil.
Al ver su expresión, Fang Xing pareció malinterpretar algo y se apresuró a explicarle:
—Es muy tarde y él no tiene la costumbre de cenar a estas horas. No es que tenga nada contra ustedes.
Quizá porque los elogios de Su Zhiqiu lo habían complacido, Fang Xing se mostraba considerablemente más cercano.
—Bueno, te lo diré sin rodeos. Últimamente no ha estado de muy buen humor —añadió, encogiéndose de hombros—. El jefe Wen fue compañero de grupo suyo, pero estoy seguro de que, si estuviera aquí, tampoco se atrevería a molestarlo. Así que mejor no te busques problemas con él.
Mientras hablaba, Fang Xing le dio unas palmadas amistosas en el hombro y le dirigió una mirada que parecía decir: «Te lo advierto por tu propio bien».
Su Zhiqiu aceptó su buena intención y respondió suavemente:
—Gracias.
Se apartó para encargar la comida.
Sin embargo, las palabras de Fang Xing seguían resonando en su cabeza.
Había estado dudando si debía acercarse a preguntarle algo a Ling Suihan.
Pero Fang Xing acababa de tomar aquella decisión por él.
Con razón Ling Suihan había seguido apareciendo en el estudio a pesar de no tener ninguna colaboración programada.
Con razón había pasado un día entero allí, aunque Wen Juefei ni siquiera estuviera presente.
Incluso después de pasar todo el día grabando, en lugar de regresar a descansar por la noche, volvía al estudio para quedarse sentado sin hacer nada.
Resultaba que todo era para acompañar a Fang Xing.
Mientras se agachaba para ayudar a ordenar unos cables, Su Zhiqiu sintió una vergüenza tan intensa que habría querido desaparecer.
Solo en aquel momento comprendió de golpe que, en lo más profundo de su corazón, había albergado una esperanza secreta.
Una idea que jamás se atrevería a confesar porque cualquiera se reiría de él.
En realidad, había creído que Ling Suihan acudía al estudio por su causa.
Que al menos la mitad de sus motivos tenían algo que ver con él.
Aunque solo fuera para burlarse de su situación.
Pero no era así.
Ni siquiera un poquito.
Todo había sido producto de su imaginación.
Al pensarlo, Su Zhiqiu no pudo evitar soltar una pequeña risa.
Ni siquiera sabía por qué.
Simplemente le parecía un poco ridículo.
Pero no importaba.
Aquellas fantasías absurdas solo existían dentro de su corazón.
Nadie más las conocía.
Nadie podría burlarse de él por haberse hecho ilusiones.
Su Zhiqiu se consoló mentalmente.
Al menos no había hecho el ridículo delante de nadie.
Bastaba con dormir una noche y, cuando despertara al día siguiente, lo habría olvidado.
Siempre había tenido una actitud optimista.
Así que pronto dejó atrás la vergüenza y comenzó a sentirse afortunado de que nadie hubiera descubierto sus pensamientos.
Continuó ayudando a empujar los equipos con todas sus fuerzas.
Cuanto antes terminaran, antes podrían irse a casa.
Estaba tan concentrado en su tarea que ni siquiera se dio cuenta de que alguien se había acercado por detrás.
Una persona lo llamó.
Al ver que no respondía, aquella persona arqueó una ceja y levantó una pierna para tocarlo suavemente.
Su intención había sido darle un pequeño golpe con el pie.
Sin embargo, Su Zhiqiu estaba tan absorto en su trabajo que se sobresaltó violentamente.
Su cuerpo perdió el equilibrio.
¡Plaf!
Terminó cayendo sentado directamente sobre el pie del otro.
La dura zapatilla blanca se hundió primero en la suave carne de sus glúteos.
Después resbaló y pareció presionar justo contra una zona particularmente íntima.
Su Zhiqiu se estremeció con violencia.
Las manos se le quedaron suspendidas en el aire y, lentamente, se cerraron en puños.
Quizá nadie podía escapar por completo de los efectos de las hormonas durante el embarazo.
Además, el proceso de dar a luz a Su Tuantuan había sido especialmente difícil.
Aparte de los cambios en su rostro, su cuerpo había conservado numerosas transformaciones, algunas más evidentes que otras.
Por ejemplo, los seis abdominales de los que antes se sentía tan orgulloso habían desaparecido.
En su lugar había aparecido un vientre suave y ligeramente redondeado.
Aunque había conseguido recuperar los abdominales gracias a su constancia en el ejercicio y seguía teniendo una cintura estrecha y piernas largas, ya no poseía exactamente la misma definición muscular de su época como ídolo.
Después de todo, había cumplido algunos años más y ya no necesitaba controlar su figura con tanta rigurosidad.
Y otra parte de su cuerpo había corrido la misma suerte.
Sus… glúteos.
Bueno, ¿cómo explicarlo?
En pocas palabras, se habían vuelto más carnosos, redondos y firmes.
Algo que contrastaba considerablemente con su figura delgada.
De lo contrario, no habría ocurrido aquel accidente tan vergonzoso.
Su Zhiqiu fue el primero en reaccionar.
Se sacudió las manos y se levantó.
Ling Suihan parecía perdido en sus propios pensamientos.
Solo cuando Su Zhiqiu se volvió hacia él, bajó lentamente la pierna, con una expresión algo complicada.
Su Zhiqiu volvió a agradecer que llevara mascarilla.
Así, nadie podía ver que tenía el rostro completamente rojo.
Carraspeó suavemente y tomó la iniciativa de hablar.
—¿Q-qué ocurre?
Ling Suihan lo miró brevemente.
Sin embargo, de manera poco habitual, fue él quien apartó primero la mirada.
Fijó los ojos en una cámara cercana y preguntó, como si se tratara de algo casual:
—¿Tú invitas esta noche?
—Sí.
Su Zhiqiu no comprendía qué quería decir con aquello.
—Pídeme también una porción de gachas de arroz, gracias.
Ling Suihan pronunció aquellas palabras sin levantar la cabeza, como si estuviera evitando algo.
Después se volvió para marcharse.
Su Zhiqiu se quedó desconcertado.
Instintivamente, corrió tras él y preguntó:
—P-pero Fang Xing acaba de decirme que no ibas a comer, así que yo…
Ling Suihan se detuvo.
Su Zhiqiu no estaba preparado y tuvo que frenar bruscamente en el último segundo para evitar estrellarse contra su espalda.
Incluso viéndolo únicamente por detrás, podía percibir que Ling Suihan parecía un poco disgustado.
Antes de que el otro pudiera hablar, se apresuró a decir:
—No pasa nada. ¿Qué tipo de gachas quieres? Ahora no estoy ocupado. Puedo ir a comprártelas personalmente.
Ling Suihan permaneció de espaldas.
Su voz sonó indiferente.
—Olvídalo.
Aquel día se mostró sorprendentemente fácil de tratar.
No hubo burlas ni comentarios sarcásticos como los de su encuentro anterior.
Con aquellas dos palabras dio por terminada la conversación.
Después se alejó rápidamente hasta desaparecer de la vista de Su Zhiqiu.
Este dio un par de pasos tras él por puro reflejo.
Sin embargo, terminó deteniéndose con incomodidad.
Lo observó abrir una puerta y marcharse sin saber adónde iba.
Su Zhiqiu conocía bien a Ling Suihan.
Nunca había mostrado demasiado interés por la comida.
Para él, comer era simplemente una necesidad para mantenerse con vida.
Si había tomado la iniciativa de acercarse a su molesto exnovio para pedirle algo, seguramente era porque de verdad tenía hambre.
Su Zhiqiu se quitó los guantes.
Después de vacilar un momento, tomó de pronto el abrigo que había dejado a un lado y se lo puso.
Al ver acercarse a la muchacha del equipo de promoción, le dijo:
—Voy a salir un momento. Regreso enseguida. Si llega la comida mientras estoy fuera, ¿podrías ayudarme a repartirla?
La joven aceptó sin vacilar.
Ya era bastante tarde.
Su Zhiqiu ni siquiera sabía de dónde había sacado tanta energía, pero condujo por las calles nocturnas hasta encontrar un establecimiento de gachas de arroz que todavía estaba abierto.
Basándose en lo que recordaba de los gustos de Ling Suihan, le compró directamente una porción de gachas de arroz con carne magra de cerdo.
Cuando regresó, la parrillada ya había llegado.
Todos estaban comiendo, riendo y conversando animadamente.
Al verlo entrar, varios compañeros comenzaron a saludarlo y agradecerle la invitación al mismo tiempo.
Su Zhiqiu sonrió y agitó una mano.
Después recorrió el estudio con la mirada, fingiendo hacerlo por casualidad.
Todos estaban allí.
Todos, excepto aquel hombre.
Frunció ligeramente el ceño y dejó las gachas a un lado sin decir nada.
Cuando los demás ya habían comido casi la mitad de la parrillada y las gachas que tenía junto a él habían pasado de estar hirviendo a quedar apenas tibias, Su Zhiqiu comenzó a inquietarse.
Se levantó y dio una vuelta por el estudio.
Finalmente confirmó que Ling Suihan realmente no estaba allí.
No sabía si había salido y todavía no había regresado o si…
Se había marchado definitivamente.
Después de dudar durante varios minutos, apretó los dientes y decidió preguntarle a Fang Xing.
El joven estaba discutiendo con su asistente, intentando convencerla de que lo dejara comer unas cuantas brochetas más.
Al escuchar la pregunta de Su Zhiqiu, se quedó desconcertado.
—No creo que se haya ido. No me dijo nada.
Sacó el teléfono.
—Voy a llamarlo para preguntarle.
Su Zhiqiu controló cuidadosamente su mirada periférica para evitar que sus ojos se desviaran hacia la pantalla y vieran aquel número de teléfono.
La llamada comenzó a sonar.
Diez segundos después, se escucharon dos pitidos y la comunicación fue rechazada.
Fang Xing miró a Su Zhiqiu con cierta vergüenza.
Después volvió a llamar.
Esta vez, Ling Suihan contestó.
Su Zhiqiu no alcanzó a escuchar qué dijeron.
Fang Xing intercambió un par de frases con él y finalmente respondió:
—Ah, está bien.
Después colgó y se volvió hacia Su Zhiqiu.
—No pasa nada, hermano Su. El hermano Ling dijo que le surgió un asunto urgente y tuvo que marcharse. Ya no va a subir. Me pidió que te avisara.
Fang Xing se lo explicó con bastante cortesía.
Su Zhiqiu se quedó inmóvil por un instante.
Después recuperó la compostura y asintió.
Mientras tanto, Fang Xing volvió a quejarse con su asistente.
—¡Habíamos quedado en que me llevaría de regreso! Y ahora resulta que se marcha por su cuenta otra vez. Ya verá cuando vuelva a casa y se lo cuente a mi hermana. ¡Él se lo había prometido!
Aunque hablaba en voz baja y parecía estar protestando, sus palabras transmitían una cercanía imposible de ocultar.
Su Zhiqiu, que todavía estaba dudando qué hacer, recuperó de golpe la claridad al escuchar aquella última frase.
Miró el rostro atractivo y delicado de Fang Xing.
Después, la imagen de la mujer que había visto en el centro comercial apareció nuevamente en su mente.
Una sospecha comenzó a formarse en su corazón.
Poco a poco, aquella posibilidad adquirió mayor consistencia.
La inquietud que todavía sentía fue enfriándose lentamente.
Ya no tuvo interés en seguir escuchando.
Asintió hacia Fang Xing y se dio la vuelta para marcharse.
Las gachas habían pasado de estar calientes a quedarse frías.
El aroma que antes flotaba en el aire también se había disipado.
Ahora tenían un aspecto poco apetitoso.
Su Zhiqiu se frotó el estómago.
Había estado tan ocupado saliendo a comprar las gachas que todavía no había cenado.
Los demás ya habían terminado de comer y estaban preparándose para reanudar la grabación.
El estudio volvió a llenarse de actividad.
Su Zhiqiu había terminado su parte del trabajo durante la primera mitad de la jornada.
Ya no quedaba mucho que necesitara su intervención.
Miró las brochetas que se habían enfriado.
Se obligó a comer un par, pero enseguida sintió que estaban demasiado grasosas.
El sabor de la carne parecía subirle por la garganta cada vez que respiraba.
Le dieron ganas de vomitar.
Entonces vio las gachas de carne magra de cerdo que seguían sobre la mesa.
Se quedó mirándolas durante unos segundos.
Finalmente tomó el recipiente y salió.
En principio, había pensado sentarse en uno de los bancos públicos que estaban al final del pasillo para comer tranquilamente.
Sin embargo, al pasar junto a la puerta cortafuegos gris, sus pasos se detuvieron por alguna razón.
Su Zhiqiu abrió la puerta y entró.
Ya era muy tarde.
En aquella planta, su estudio era el único que seguía trabajando.
Todo estaba sumido en un silencio absoluto.
Sus pasos eran tan ligeros que no llegaron a activar las luces con sensor de sonido.
Así que bajó unos cuantos escalones a oscuras y se sentó.
Sin embargo, una vez rodeado por aquella oscuridad silenciosa, ya no sintió ninguna prisa por abrir el recipiente y comer.
Sacó el teléfono y revisó WeChat.
Como era de esperarse, Tuantuan le había enviado varios mensajes desde la cuenta de Su Zhifeng.
Principalmente eran quejas contra su tío.
Según el pequeño, cuando Su Zhifeng lo había ayudado a bañarse, le había quitado a propósito su patito de juguete.
¡Y también le había hecho cosquillas deliberadamente!
¡Era muy malo!
Sin embargo, Tuantuan era un niño maduro y, por eso, había decidido perdonarlo.
Aunque, según la respuesta secreta que Su Zhifeng había enviado después, el pequeño solo había aceptado volver a hablarle porque su tío lo había sobornado con leche sabor fresa.
Su Zhiqiu no pudo evitar reírse.
Le respondió a Tuantuan y le pidió que no lo esperara despierto y que se portara bien y se fuera a dormir.
Después dejó el teléfono.
Descansó un momento.
Las náuseas habían disminuido un poco, aunque todavía sentía cierta incomodidad en el estómago.
Tomó el recipiente de gachas que había dejado a su lado y comenzó a abrir la bolsa.
—Su Zhiqiu.
Una voz resonó de pronto junto a él.
El sobresalto fue tan grande que casi lanzó las gachas por los aires.
Las luces con sensor de sonido se encendieron inmediatamente.
Su Zhiqiu volvió la cabeza hacia el lugar de donde había venido aquella voz.
Solo entonces descubrió que había otra persona junto a la ventana.
Ling Suihan estaba de pie en el mismo lugar de siempre.
No tenía ningún cigarrillo entre los dedos.
Sin embargo, las cenizas y las cuatro o cinco colillas que había frente a él revelaban que había estado fumando bastante.
Al contemplar a Ling Suihan bajo la oscuridad de la noche, lo primero que pensó Su Zhiqiu fue que menos mal que no había reproducido los mensajes de voz de Su Tuantuan y que había preferido convertirlos en texto.
De lo contrario, si Ling Suihan hubiera escuchado aquella vocecita clara llamándolo «papá» una y otra vez, no habría sabido cómo explicarlo.
Aunque quizá a Ling Suihan tampoco le habría importado.
Después de todo, él también era padre.
Su Zhiqiu no permitió que sus pensamientos siguieran avanzando por aquel camino.
Levantó la cabeza con desconcierto y preguntó:
—¿No te habías marchado?
La mano que Ling Suihan mantenía dentro del bolsillo se detuvo ligeramente.
Después respondió con indiferencia:
—Estoy por irme.