Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error - Capítulo 5
«…»
Como era de esperarse, su cortés saludo no recibió respuesta alguna.
Una brisa fría entró por la ventana.
Su Zhiqiu carraspeó suavemente y, gracias a la experiencia acumulada durante tantos años, retiró la mano con naturalidad, sin mostrar el menor rastro de incomodidad.
Sin embargo, justo cuando estaba a punto de volver a guardarla en el bolsillo, el hombre que tenía delante pareció reaccionar por fin y extendió la mano para sujetársela de golpe.
Para ser más precisos, se la sacó del bolsillo de un tirón.
Su Zhiqiu se quedó desconcertado.
No se resistió y dejó que el otro le sacara la mano.
Ambas manos se encontraron en el aire y quedaron entrelazadas.
En el instante en que su palma entró en contacto con aquella otra mano cálida, Su Zhiqiu se estremeció.
Fue como si una corriente eléctrica le atravesara el cuerpo, recorriéndolo desde la palma hasta el corazón.
Un temblor casi imperceptible se extendió por todo su cuerpo.
Instintivamente, intentó retirar la mano.
Sin embargo, el hombre que momentos antes había ignorado por completo su saludo parecía ahora bajo los efectos de algún extraño hechizo.
No mostraba la menor intención de soltarlo.
Su Zhiqiu tiró ligeramente de la mano, pero la fuerza del otro era mucho mayor.
Como si hubiera percibido sus intenciones, Ling Suihan apretó todavía más.
Aquello ya no era un apretón de manos.
Lo estaba sujetando con todas sus fuerzas.
Apretaba tanto que los nudillos del propio Ling Suihan habían adquirido un tono blanquecino, y la mano de Su Zhiqiu comenzó a crujir bajo aquella presión.
Su Zhiqiu no sabía si Ling Suihan pretendía lastimarle la mano o si estaba haciéndose daño a sí mismo.
Bajó la mirada.
A una distancia tan corta, podía percibir con una claridad casi abrumadora la temperatura de la mano del otro.
Las dos manos entrelazadas eran largas.
Una era blanca y delicada.
La otra, aunque también tenía dedos largos, mostraba una aspereza imposible de ocultar.
Podía sentir cómo su palma seca y áspera rozaba la de Ling Suihan.
Eran completamente diferentes.
La mano de Ling Suihan era blanca y suave. Bastaba con observar sus uñas, perfectamente recortadas, limpias y redondeadas, para percibir lo privilegiada que era su vida.
Al ver ambas manos juntas, el contraste resultaba inexplicablemente doloroso.
El corazón de Su Zhiqiu dio un vuelco.
Sin saber muy bien qué estaba sintiendo, tiró de su mano hacia atrás con todas sus fuerzas.
Incluso sacó la mano izquierda, que había mantenido dentro del bolsillo, para ayudarse.
Ling Suihan fue tomado por sorpresa y no tuvo más remedio que sentir cómo aquella mano desaparecía de su palma, dejándola vacía.
Estaba a punto de decir algo cuando su mirada pasó por la mano izquierda que Su Zhiqiu se apresuraba a esconder nuevamente en el bolsillo.
Entonces cerró la boca.
Su Zhiqiu no advirtió que había fruncido el ceño.
Estaba demasiado ocupado mirando furtivamente la mano de Ling Suihan.
Por suerte.
Su palma, excesivamente áspera, no había dejado ninguna marca desagradable sobre aquella mano tan perfecta que parecía dibujada en un cómic.
Dejó escapar un pequeño suspiro de alivio.
Sin embargo, aquella expresión pareció provocar algún malentendido en el hombre que tenía delante.
Su Zhiqiu observó cómo los hermosos ojos almendrados de Ling Suihan se entrecerraban lentamente.
En sus oscuras pupilas apareció un brillo peligroso.
—Ja.
Ling Suihan soltó de pronto una breve risa cuyo significado resultaba imposible de descifrar.
Aquella risa hizo que a Su Zhiqiu se le erizara el vello de todo el cuerpo.
Levantó la mirada hacia él.
Después volvió a bajar la cabeza, algo deprimido.
No se habían visto en cinco años.
Él seguía teniendo la misma estatura de antes.
En cambio, aquel hombre, quizá porque se había alimentado demasiado bien, había seguido creciendo.
Antes tenían prácticamente la misma altura.
Ahora, Su Zhiqiu apenas llegaba a la altura de sus ojos.
De alguna manera, aquella diferencia hacía que su presencia resultara mucho menos imponente.
Mientras Su Zhiqiu se distraía comparando sus estaturas, Ling Suihan, apoyado contra la ventana entreabierta, habló de pronto con voz fría.
—Hermano Su.
Su Zhiqiu: «…»
Ante aquel tratamiento tan desconocido, no dijo nada.
Ling Suihan lo había llamado de innumerables maneras en el pasado, pero rara vez lo llamaba «hermano».
Aquel hombre de carácter perverso solo lo hacía ocasionalmente en la cama, cuando estaba especialmente satisfecho consigo mismo.
Entonces acercaba los labios a su oído y, con toda intención, susurraba:
«Hermano mayor, qué hermoso eres».
Pero aquel cortés «hermano Su» era muy diferente.
Su Zhiqiu no estaba acostumbrado y, por un momento, no supo cómo reaccionar.
Al ver que permanecía en silencio, Ling Suihan volvió a llamarlo.
—Hermano Su.
Su voz era clara y agradable.
Sin embargo, aquel tono extrañamente afectado arruinaba por completo su belleza, haciendo que las palabras resultaran incómodas al oído.
Su Zhiqiu tenía la impresión de que aquel «hermano Su» contenía una especie de… sarcasmo difícil de explicar.
Parpadeó.
Seguramente solo eran imaginaciones suyas.
Después de todo, el joven señor Ling siempre había tenido una manera de hablar imposible de descifrar.
Su Zhiqiu no quería volver a pasarse la vida intentando interpretar sus palabras, como hacía antes.
Así que respondió:
—¿Qué ocurre?
Pero el hombre que tenía delante volvió a guardar silencio.
Su expresión seguía siendo igual de fría.
Como ninguno de los dos hablaba, la enorme escalera quedó sumida de pronto en el silencio.
Una leve incomodidad comenzó a extenderse entre ellos.
Su Zhiqiu miró la colilla a medio consumir que Ling Suihan todavía sostenía entre los dedos.
Solo entonces cayó en la cuenta de algo.
—¿Desde cuándo fumas?
Había querido encontrar un tema de conversación para aliviar la tensión.
Sin embargo, apenas pronunció aquellas palabras, comprendió que había elegido el tema equivocado.
Y, efectivamente…
Ling Suihan volvió la cabeza para mirarlo.
Sus ojos entrecerrados mostraban un ligero aire inquisitivo.
—¿Estás seguro de que quieres que te responda?
Eso fue lo que preguntó.
En realidad, no hacía falta.
Porque Su Zhiqiu ya había encontrado la respuesta por sí mismo desde el instante en que lo vio.
Al observar su expresión, Ling Suihan volvió a hablar con sarcasmo.
—Si no tienes verdadero interés en saberlo, te agradecería que dejaras de fingir esa preocupación, señor Su. No me provoques náuseas con tu hipocresía.
Pronunció la palabra «hipocresía» con especial énfasis.
Resultó particularmente hiriente.
Incluso había cambiado la manera de dirigirse a él, utilizando ahora el formal «señor Su» propio de una relación laboral.
La aparente cordialidad que ambos habían conseguido mantener con dificultad quedó hecha pedazos sin ninguna consideración.
La situación se volvió extremadamente tensa.
«…»
Los labios de Su Zhiqiu se movieron ligeramente.
Quiso explicar algo.
Sin embargo, sabía que cualquier intento sería inútil.
Al final, no consiguió pronunciar una sola palabra.
Después de un largo silencio, ambos apartaron la cabeza al mismo tiempo, evitando la mirada del otro.
La luz del mediodía era tan blanca y brillante que deslumbraba y mareaba.
Bajo aquel resplandor, Su Zhiqiu escuchó de pronto al hombre que tenía delante.
—Llamarte «hermano Su» me resulta bastante extraño. Será mejor que vuelva a llamarte capitán Su.
Aquel tratamiento le produjo un impacto todavía mayor.
Su Zhiqiu sintió que el rostro se le quedaba un poco más pálido.
—El capitán Su sigue siendo tan impresionante como antes. Todavía trata muy bien a las personas que trabajan bajo sus órdenes.
Ling Suihan le sonrió y añadió con una exageración deliberada:
—Lo que no entiendo es por qué un capitán Su tan amable y bondadoso ni siquiera regresó para despedirse cuando murió uno de sus antiguos compañeros de grupo. ¿No presumías siempre de que era el hermanito al que más querías?
Al escuchar aquella última frase, los labios de Su Zhiqiu temblaron violentamente.
Quiso decir algo, pero las palabras no salieron.
—Olvídalo.
Ling Suihan chasqueó la lengua.
—Qué mala memoria tengo. El capitán Su abandonó el grupo hace cinco años. Después de todo, alguien capaz de abandonar a su exnovio sin la menor vacilación tampoco puede ser una buena persona, ¿verdad?
Su Zhiqiu se tambaleó ligeramente, como si algo acabara de atravesarlo.
Ling Suihan ya se había vuelto hacia la ventana.
Contemplaba la brillante luz invernal sin prestarle atención.
Parecía que ni siquiera quería volver a verlo.
Sin embargo, Su Zhiqiu no deseaba que su primera conversación después de cinco años terminara de una manera tan incómoda.
Murmuró algo y comenzó a buscar desesperadamente un tema menos doloroso.
Después de darle muchas vueltas, finalmente encontró uno.
—El otro día pasé en automóvil por Longheng y vi tu anuncio. ¡Tenías toda esa pantalla enorme para ti solo! Y encima era en 5D. Mi hi… Ejem. Me pareció increíble.
Había estado a punto de decir «mi hijo» sin pensarlo.
El susto fue tan grande que se le erizó todo el cuerpo y casi se mordió la lengua.
Por suerte, Ling Suihan no pareció reparar en aquel tropiezo.
Su Zhiqiu se tranquilizó.
Al principio solo había querido encontrar un tema de conversación.
Sin embargo, mientras seguía hablando, no pudo evitar alegrarse sinceramente por él.
—De verdad, es impresionante. ¡Felicidades!
Ling Suihan finalmente volvió la cabeza para mirarlo.
Su Zhiqiu llevaba mascarilla.
Temiendo que Ling Suihan volviera a interpretar sus palabras como una cortesía fingida, sonrió tanto que sus ojos se curvaron como dos medias lunas.
Ling Suihan lo observó durante un largo rato.
Sin embargo, no apareció la menor sonrisa en su rostro.
Por el contrario, sus ojos parecieron oscurecerse todavía más.
Su Zhiqiu siguió sonriendo por su cuenta hasta que le dolieron las mejillas.
Finalmente, la sonrisa también comenzó a desaparecer de sus labios.
Al ver que Ling Suihan no parecía tener ningún interés en aceptar sus felicitaciones, sintió que estaba haciendo el ridículo.
Miró hacia la puerta cortafuegos, pensando en alguna excusa para marcharse.
Pero Ling Suihan volvió a hablar.
—Después de verte dar órdenes con tanta autoridad en el estudio, señor Su, cualquiera diría que sigues siendo una persona importante. ¿Y aun así eres capaz de admirarme?
Su voz estaba cargada de sarcasmo.
Su Zhiqiu soltó un «¿eh?» por puro reflejo.
—¿Qué?
Cuando comprendió lo que quería decir, se echó a reír, entre divertido y resignado.
—Pero si solo estaba protegiendo a alguien de mi equipo. Te estoy felicitando de corazón y tú te pones a bromear conmigo.
Apenas terminó de hablar, Su Zhiqiu sintió que aquellas palabras quizá habían sonado demasiado cercanas.
Lamentablemente, ya no podía retirarlas.
Y, efectivamente, al ver sus ojos sonrientes, el aura que rodeaba a Ling Suihan pareció volverse todavía más fría.
Le dio la espalda y dejó de prestarle atención.
Su Zhiqiu añadió un par de comentarios más.
Sin embargo, el otro continuó de espaldas, sin pronunciar una sola palabra.
Después de ser ignorado tantas veces, incluso alguien tan paciente como él comenzó a sentirse avergonzado delante de su exnovio.
Así que dijo cortésmente:
—Bueno, entonces regresaré. Todavía tengo trabajo pendiente.
Mientras hablaba, subió dos escalones.
Pero recordó algo y no pudo evitar añadir una última advertencia:
—Tú también deberías marcharte. Esta escalera no es segura. Ten cuidado de que alguien te fotografíe.
La figura junto a la ventana se movió ligeramente.
Ling Suihan volvió la cabeza y lo miró directamente.
Para su sorpresa, respondió con indiferencia:
—Gracias.
Su Zhiqiu se tocó la nariz con incomodidad.
No sabía por qué, pero aquellas dos palabras tan corteses le dolieron más que el silencio.
—Entonces…
Sus labios se movieron ligeramente.
Quiso despedirse una vez más, pero pensó que sería demasiado insistente y que no parecía propio de un hermano mayor despreocupado.
Después de todo, era casi dos años mayor que Ling Suihan.
Su Zhiqiu quería aparentar un poco más de madurez.
Así que sonrió, se tragó la despedida y subió rápidamente las escaleras.
Poco después desapareció detrás de la puerta cortafuegos.
En el instante en que la cerró, sintió el impulso de volverse para mirar aquella figura una última vez.
Pero se contuvo.
Esta vez, hasta que regresó al estudio, Ling Suihan no volvió a pronunciar ninguna amenaza parecida a «Su Zhiqiu, estás muerto».
De hecho, desde el momento de su reencuentro, Ling Suihan se había mostrado frío y distante durante casi todo el tiempo.
Solo cuando Su Zhiqiu había intentado marcharse habían brotado de sus labios aquellas dos frases cargadas de odio y ferocidad.
Su Zhiqiu regresó a su asiento.
Pensativo, levantó la mano derecha y la examinó.
El dedo índice y la zona entre el pulgar y el índice todavía estaban enrojecidos.
Bastaba con ver aquellas marcas para comprender cuánta fuerza había empleado Ling Suihan al sujetarlo.
Si incluso sus manos, que durante los últimos años se habían vuelto ásperas y resistentes debido a las dificultades de la vida, habían terminado tan rojas…
¿Cuánto le habría dolido a Ling Suihan?
—Hermano Su.
—Hermano Su.
Una voz desconocida se superpuso con aquel tratamiento que acababa de escuchar tantas veces.
Su Zhiqiu sacudió la cabeza y volvió en sí con un sobresalto.
Levantó la mirada y se encontró frente al rostro de una joven.
Su mente tardó unos segundos en reaccionar.
Finalmente comprendió que era la maquilladora de aquella mañana.
La muchacha parecía bastante joven.
Probablemente tenía tres o cuatro años menos que él y apenas había superado los veinte.
Al ver su expresión seria, pero también algo avergonzada, Su Zhiqiu sonrió y preguntó con amabilidad:
—¿Qué ocurre?
Sin embargo, apenas terminó de hablar, su propia sonrisa se congeló.
Aquella conversación…
¡Era prácticamente idéntica a la que había mantenido con Ling Suihan en la escalera!
¿Acaso Ling Suihan había estado imitando la manera en que aquella muchacha se dirigía a él?