Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error - Capítulo 33

  1. Home
  2. All novels
  3. Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error
  4. Capítulo 33
Prev
Next
Novel Info

Durante todo el trayecto, Su Zhiqiu no dejó de mirar la hora. Por fin consiguió llegar a casa cuando todavía no era demasiado tarde.

Tal como esperaba, Su Tuantuan ya estaba sentado frente a su pequeño escritorio, de espaldas a la puerta, dibujando algo con mucha concentración.

La cálida luz amarillenta de la lámpara de escritorio, diseñada para proteger la vista, iluminaba aquel pequeño rincón y a la diminuta figura que lo ocupaba.

El pequeño estaba tan concentrado que ni siquiera escuchó los pasos que se acercaban por detrás.

Al contemplar aquella figurita sentada en la silla, Su Zhiqiu sonrió involuntariamente.

Le hizo una seña a su madre para impedir que llamara a Tuantuan y se acercó silenciosamente hasta colocarse detrás de él.

Después se inclinó para observar el papel que tenía sobre el escritorio.

En realidad, Su Tuantuan no tenía demasiado talento artístico.

Y no era que Su Zhiqiu quisiera menospreciarlo.

Simplemente, aquel niño había nacido con un oído musical terrible. Era capaz de desafinar de manera escandalosa incluso al cantar Estrellita, ¿dónde estás?

Cuando ensayaban bailes en el jardín de niños, sus cuatro extremidades parecían recién estrenadas. A menudo movía el brazo y la pierna del mismo lado al mismo tiempo, e incluso llegaba a tropezarse con sus propios pies.

Probablemente nadie imaginaría que, años atrás, uno de sus padres había sido el bailarín principal y el otro, el vocalista principal.

Definitivamente, el pequeño no había heredado aquellos genes.

Sin embargo, para sorpresa de Su Zhiqiu, dibujaba bastante bien.

No podía decirse que tuviera un talento extraordinario, pero al menos sus dibujos eran comprensibles y combinaba los colores de manera agradable.

Su Zhiqiu observó atentamente durante unos instantes y distinguió cuatro pequeñas figuras humanas.

A su lado había una mesa que le resultaba familiar.

Parecía la mesa del comedor de su casa.

Las cuatro figuras estaban sentadas alrededor, comiendo juntas.

En el centro de la mesa había un pastel.

Su Tuantuan incluso había dibujado una vela sobre él, con la forma del número arábigo tres.

Mientras lo observaba, Su Zhiqiu comprendió de pronto que Tuantuan estaba dibujando la celebración de su tercer cumpleaños.

Los detalles eran sorprendentemente precisos.

Cada personaje tenía características que permitían identificarlo.

¡Incluso había dibujado la ropa de los Super Wings que Su Zhiqiu había llevado aquel día!

Su Zhiqiu no pudo evitar sonreír.

Se aclaró suavemente la garganta.

La pequeña figura que estaba inclinada sobre el papel, coloreando con concentración, se quedó inmóvil.

Enseguida levantó la cabeza y miró hacia atrás.

Cuando reconoció su rostro, el pequeño dejó escapar una exclamación de sorpresa y alegría.

Su Zhiqiu abrió los brazos y recibió al niño que se lanzó hacia él.

Padre e hijo se sentaron al borde de la cama y pasaron un buen rato abrazándose y mimándose.

Su Zhiqiu besó las mejillas de Tuantuan y se disculpó por lo que le había dicho durante la llamada de aquel día.

Pero Tuantuan no parecía darle la menor importancia.

Simplemente agitó su pequeña mano y declaró con absoluta seriedad:

—Tuantuan sabe que papá tiene mucho trabajo. Papá tiene que ganar dinero para mantener la casa y cuidar a Tuantuan. ¡Trabaja muchísimo!

Su Zhiqiu le pellizcó suavemente las mejillas.

—¿De dónde aprendiste a decir esas cosas?

—¡Del cuento que me leyó el tío anoche! Ahí decía eso.

Tuantuan le dedicó una sonrisa radiante, llena de una ingenuidad adorable.

Sus grandes ojos negros, semejantes a dos uvas, brillaban bajo la luz.

Aunque los había contemplado innumerables veces, cada vez que aquellos ojos tan familiares y a la vez tan ajenos lo miraban, Su Zhiqiu sentía una inexplicable sacudida en el corazón.

—¡Qué inteligente eres, cariño!

Apartó la mirada y cambió de tema.

—¿Esta es la tarea que les dejó la maestra?

—¡Mmm!

Su Tuantuan asintió enérgicamente.

Se bajó de las piernas de Su Zhiqiu y corrió a buscar el dibujo.

Después lo sostuvo con ambas manos y se lo presentó como si estuviera ofreciéndole un tesoro.

—¡Papá, mira!

Tuantuan señaló el papel con un dedito y comenzó a explicar seriamente:

—Esta es la abuela, este es el tío, este es Tuantuan y este…

—Es papá.

Al pronunciar las últimas palabras, apretó los labios con un poco de vergüenza y levantó los ojos para mirar a Su Zhiqiu.

Al verlo tan tímido, Su Zhiqiu examinó el dibujo con curiosidad.

Tardó un buen rato en descubrir la razón.

La figura que lo representaba llevaba una sudadera amarilla y estaba mirando en dirección a Tuantuan.

Entre ambos había un pequeño corazón rosa.

Era redondito y muy adorable.

Su Zhiqiu sonrió con ternura.

Intercambió una mirada con Tuantuan y los dos comenzaron a reír.

Extendió un brazo para atraer al pequeño hacia sí y lo abrazó.

—¿En qué necesitas que te ayude papá? Yo creo que ya lo hiciste muy bien.

El pequeño cuerpo que sostenía entre los brazos pareció ponerse rígido por un instante.

Pasó un buen rato antes de que Su Tuantuan preguntara con vacilación:

—Papá, ¿puedes contarle a Tuantuan cómo es mamá? Tuantuan quiere dibujar también a mamá.

Su Zhiqiu se quedó inmóvil.

Miró fijamente a Su Tuantuan, incapaz de pronunciar una sola palabra.

Solo cuando se encontró con la mirada tímida y temerosa del niño recuperó bruscamente la compostura.

Borró la sorpresa de su rostro y fingió una sonrisa despreocupada.

—Claro que sí.

Tuantuan parecía haberse preparado para tener que explicarle a su papá por qué quería hacer aquello.

Por eso, al escuchar que aceptaba tan fácilmente, también se quedó desconcertado.

Padre e hijo se sentaron muy juntos bajo la luz de la lámpara y comenzaron a conversar en voz baja.

—Papá, ¿mamá tiene el cabello largo o corto?

Su Tuantuan tomó un lápiz y trazó rápidamente el contorno de una figura.

Después levantó la cabeza y preguntó con curiosidad.

Su Zhiqiu murmuró pensativamente.

Vaciló un momento antes de responder con otra pregunta:

—¿Tú qué crees?

Su Tuantuan parpadeó, sorprendido por aquella respuesta inesperada.

Después declaró con seriedad:

—Largo.

—¿Por qué? —preguntó Su Zhiqiu.

—Porque todas las mamás tienen el cabello largo —explicó Tuantuan con absoluta convicción—. En las caricaturas siempre es así.

Su Zhiqiu no pudo evitar sonreír.

Después de una pausa, respondió suavemente:

—En realidad, lo tiene corto.

—¡Guau!

Su Tuantuan se mostró muy sorprendido.

Se apresuró a tomar el lápiz y comenzó a dibujar sobre el papel.

Su Zhiqiu no lo interrumpió.

Simplemente permaneció a su lado, observándolo en silencio.

Después de terminar el cabello, Tuantuan recordó otra cosa.

—Papá, ¿mamá tiene los ojos grandes?

Esta vez, Su Zhiqiu respondió enseguida.

—Sí.

Y añadió con absoluta certeza:

—Son muy… hermosos.

Su Tuantuan soltó un pequeño sonido pensativo.

Apoyó la barbilla sobre una mano, reflexionó un momento y sonrió.

—¡Ya sé! Papá dijo que los ojos de mamá se parecen mucho a los de Tuantuan.

Su Zhiqiu se quedó desconcertado.

Después lo corrigió, entre divertido y resignado:

—No, cariño. Lo dijiste al revés. Eres tú quien se parece a él.

No estaba claro si Su Tuantuan había comprendido la diferencia.

Simplemente sonrió alegremente y continuó dibujando.

Durante un buen rato, el pequeño no volvió a hablar.

Permaneció inclinado sobre el papel, trabajando con mucha concentración.

Su Zhiqiu supuso que quizá Tuantuan también tenía su propia idea de cómo debía ser aquella figura llamada «mamá».

Por eso decidió no intervenir.

Efectivamente, cuando Tuantuan volvió a levantar la cabeza, ya había aparecido una nueva figurita sobre el papel.

Su Zhiqiu echó un vistazo.

No sabía si era una ilusión, pero aquella figura realmente parecía tener cierto parecido con alguien.

—¡Tuantuan se dibujó a sí mismo para hacerla! —explicó el pequeño, levantando orgullosamente las comisuras de los labios—. Papá dijo que Tuantuan se parece a mamá.

Con razón me resultaba tan familiar…

Su Zhiqiu se llevó una mano a la frente, resignado.

Durante un momento, no supo qué decir.

Después de todo, Tuantuan todavía era pequeño.

Así que, para el resto del dibujo, representó a aquella figura exactamente igual que a las demás: sentada a la mesa y comiendo.

Su Zhiqiu creyó que con eso habían terminado.

Sin embargo, Tuantuan volvió la cabeza de repente y preguntó:

—Papá, ¿mamá es alta?

—¿Es más alta o más bajita que papá?

Al escuchar la pregunta sobre la estatura, Su Zhiqiu respondió instintivamente:

—Alta.

Pero quizá por un inexplicable espíritu competitivo, cambió de opinión antes de terminar de hablar.

—Más bajita que papá.

Se aclaró la garganta.

—Un poquito más bajita.

Su Tuantuan confiaba plenamente en su padre.

No mostró la menor sospecha.

Simplemente respondió con un «oh», tomó la goma de borrar y corrigió obedientemente el dibujo.

La nueva figura terminó siendo un poco más baja que la de Su Zhiqiu.

Al contemplar aquella versión «menudita» de la persona que estaba sentada a su lado, Su Zhiqiu se tocó la nariz, sintiéndose ligeramente culpable.

Pero, de todas formas, Ling Suihan jamás tendría la oportunidad de ver aquel dibujo.

Era imposible que descubriera que Su Zhiqiu había difundido rumores falsos sobre su estatura delante de Tuantuan.

Con ese pensamiento, Su Zhiqiu volvió a enderezar orgullosamente la espalda.

Su Tuantuan examinó su dibujo desde distintos ángulos durante un buen rato.

Parecía seguir insatisfecho con algo.

Pero no conseguía identificar qué le faltaba.

Su Zhiqiu miró la hora.

Sin darse cuenta, había pasado casi una hora.

Comenzaba a preocuparse por los ojos de Tuantuan.

Estaba a punto de pedirle que descansara un poco cuando alguien llamó a la puerta del dormitorio.

Su Tuantuan corrió a abrir.

Su abuela estaba al otro lado, sosteniendo un plato de fruta.

El pequeño levantó las manos para recibirlo por iniciativa propia y lo colocó cuidadosamente sobre el escritorio.

—Apenas llegaste, te encerraste en la habitación a dibujar sin parar. Ni siquiera has bebido un poco de agua.

Su madre lo miró con fingido reproche y le entregó un vaso de agua tibia con limón.

Su Zhiqiu realmente tenía algo de sed.

Sonrió y aceptó el vaso.

—Tu hermano me contó que últimamente casi no has regresado a casa —comentó su madre, examinándolo con preocupación—. ¿Por qué siento que tienes tan mala cara? Debes de estar agotado.

La mano de Su Zhiqiu se detuvo mientras sostenía el vaso.

Después de una pausa, lo dejó sobre la mesa.

—Estoy bien. A finales de año todos tenemos mucho trabajo. Después del Año Nuevo todo se tranquilizará.

Su madre lo observó.

Abrió la boca, como si quisiera decir algo.

Pero vaciló y finalmente guardó silencio.

Su Zhiqiu podía adivinar qué estaba a punto de preguntarle.

Sin embargo, Tuantuan seguía allí.

Ninguno de los dos quería mencionar a aquella persona delante del niño.

Efectivamente, su madre cambió de tema y comentó algunas cosas sobre la enfermedad de su tía.

Su Zhiqiu llevaba casi medio mes sin ver a su madre.

También estaba preocupado por la situación de su tía.

Así que comenzaron a conversar y, sin darse cuenta, perdieron la noción del tiempo.

Hablaron durante tanto rato que Su Zhiqiu solo advirtió algo extraño cuando notó que Tuantuan había dejado de hacer ruido.

Al mirar hacia el escritorio, descubrió que el pequeño se había quedado dormido sobre él.

Su madre se acercó a observarlo.

Le acarició suavemente la espalda y preguntó con voz cálida:

—Por cierto, se me olvidó preguntarles. ¿Qué estaban dibujando?

La mano de Su Zhiqiu se tensó instintivamente.

Después se relajó lentamente.

Al final, decidió decir la verdad.

—Tuantuan me preguntó… cómo es su mamá. Quiere dibujar un retrato de toda la familia.

Su madre también se quedó desconcertada.

Lo miró a él y después al pequeño que dormía profundamente.

Abrió la boca y preguntó con cautela:

—¿Por qué se le ocurrió preguntar eso de repente? Antes nunca había mencionado nada parecido.

Su Zhiqiu se masajeó el entrecejo.

—Tampoco lo sé. Quizá escuchó algo de sus compañeros en el jardín de niños. O quizá está creciendo y comenzando a tener sus propias ideas.

Hizo una pausa.

Después añadió con cierta dificultad:

—Además, que nunca lo haya mencionado no significa… que nunca haya pensado en ello.

Su madre también suspiró.

—Este niño no se parece a ti. Desde pequeño ha sido muy reservado, piensa demasiado las cosas y habla poco. Cuando tú tenías su edad, lo único que sabías hacer era jugar con barro como un tontito.

Si no se parece a mí, entonces ¿a quién se parece?

Ambos guardaron silencio durante un instante.

Ninguno se atrevió a decirlo en voz alta.

Finalmente, su madre no consiguió contenerse.

Miró a Tuantuan, que seguía con los ojos cerrados, y bajó la voz.

—Hijo, desde que regresaste… ¿has visto a… esa persona?

La pregunta salió entrecortada.

Sin embargo, ambos sabían perfectamente a quién se refería.

Su Zhiqiu apretó los labios hasta convertirlos en una línea recta.

Intentó hablar varias veces.

Pero cada vez que se encontraba con la mirada inquieta y cautelosa de su madre, terminaba cerrando la boca.

—Lo vi una vez.

Finalmente respondió con indiferencia:

—Por motivos de trabajo. Era imposible no encontrármelo ni una sola vez.

—Ah, sí, claro.

Su madre asintió apresuradamente.

—No pasa nada. Solo quería preguntarte.

—Mmm.

—Entonces… ¿no hablaron de nada? —preguntó ella suavemente—. ¿No te golpeó?

Su Zhiqiu estuvo a punto de reírse, entre divertido y exasperado.

Pero la sonrisa que comenzaba a aparecer en su rostro se desvaneció lentamente.

Negó con la cabeza.

—No, mamá. ¿En qué estás pensando?

—Es que me preocupa que todavía esté enojado contigo.

Su madre parecía un poco avergonzada.

—Desde el principio me opuse a que vinieras a Beicheng. Hay tantas ciudades buenas, ¿por qué tenías que elegir precisamente esta? Y para colmo terminaste trabajando en algo que te obliga a cruzártelo constantemente. Además, esa familia no es una familia cualquiera. Si quisiera hacerte la vida imposible, tendría mil maneras de conseguirlo.

Su Zhiqiu intentó tranquilizarla.

—No va a pasar nada. No te preocupes. Él… no dijo nada.

Su madre lo miró.

No estaba claro si le había creído.

Después de un rato, pareció recordar algo más.

—¿Y Tuantuan…? ¿Él lo sabe?

Esta vez, Su Zhiqiu no respondió verbalmente.

Simplemente negó con la cabeza.

Al ver su expresión tranquila, su madre pareció suspirar aliviada.

Murmuró para sí misma:

—Menos mal. Menos mal.

Su Zhiqiu fingió no haberla escuchado.

Se inclinó y levantó cuidadosamente a Tuantuan, que seguía dormido sobre el escritorio.

Después lo acostó suavemente en la cama.

Su madre parecía tener todavía algo que decirle.

Permaneció de pie junto a la cama sin marcharse.

Al sentir que lo levantaban, Tuantuan abrió los ojos a medias.

Apoyó la cabeza sobre el hombro de Su Zhiqiu y murmuró con su vocecita suave:

—Papá…

Su Zhiqiu respondió y le dio unas palmaditas tranquilizadoras en la espalda.

Pero Tuantuan se aferró con fuerza a su brazo.

Por mucho que Su Zhiqiu intentó convencerlo, se negó a soltarlo.

Con aquella voz adormilada que apenas podía articular palabras, comenzó a quejarse suavemente junto a su oído.

No quería que papá se marchara.

Su Zhiqiu miró la hora.

Ya casi eran las diez.

Le había prometido a Ling Suihan que regresaría antes de esa hora.

Pero…

Miró a Tuantuan, que parecía querer pegarse por completo a su cuerpo.

El pequeño se frotaba los ojos con una expresión lastimera.

Era evidente que quería pedirle a papá que se quedara a dormir con él, pero le daba vergüenza decirlo.

Antes de que su cerebro pudiera decidir qué hacer, Su Zhiqiu ya había respondido.

Acarició suavemente al niño.

—Duérmete. Papá no se va todavía. Me quedaré contigo hasta que te duermas.

Su Tuantuan confiaba muchísimo en él.

En cuanto escuchó aquellas palabras, las creyó sin vacilar.

Su carita blanca y tierna se iluminó con una sonrisa radiante.

Aquello hizo que Su Zhiqiu se sintiera todavía peor.

Lo estrechó un poco más contra su pecho.

Lo abrazó con fuerza, sin querer soltarlo.

Solo después de varios minutos recordó que su madre seguía en la habitación.

Pero cuando volvió la cabeza, descubrió que ya no había nadie junto a los pies de la cama.

Su madre se había marchado en algún momento.

Quizá había notado que él estaba evitando ciertos temas.

O quizá simplemente no quería interrumpirlos.

Su Zhiqiu bajó la mirada.

Tampoco sabía qué tan convincente había sido su actuación.

No estaba seguro de que su madre hubiera creído lo que acababa de decirle.

Sin embargo, aunque ella había dejado de hacer preguntas, Su Zhiqiu podía imaginar perfectamente lo que habría venido después.

Eran conversaciones que ya habían mantenido innumerables veces.

Su Zhiqiu cerró los ojos inconscientemente.

Había escuchado que, desde el punto de vista psicológico, aquel gesto podía ser una reacción de evasión.

Y él, efectivamente, estaba evitando algo.

Evitaba todas las preguntas que su madre había planteado.

Por ejemplo, si Ling Suihan sabía de la existencia de Su Tuantuan.

Si debía contarle a Ling Suihan la verdad sobre el niño.

O si había vuelto con Ling Suihan.

Cada una de aquellas preguntas lo golpeaba directamente en el corazón.

Y no tenía el valor necesario para enfrentarse a ninguna.

Su madre no quería que regresara a Beicheng.

Mucho menos deseaba que volviera a involucrarse con Ling Suihan.

Su Zhiqiu conocía perfectamente las razones.

Su madre temía que Ling Suihan descubriera la existencia de Su Tuantuan.

Que se enterara de que Su Zhiqiu había dado a luz a un hijo suyo.

—¿Y si Ling Suihan te quita a Tuantuan? Ustedes terminaron tan mal en aquel entonces… ¿Y si viene y se lleva al niño sin más?

—Tú conoces la situación de su familia. Si ellos quisieran llevarse a Tuantuan, ¿qué podríamos hacer nosotros para impedirlo?

Las palabras de su madre parecían seguir resonando junto a sus oídos.

No habían desaparecido ni después de tanto tiempo.

—Además, Xiao Qiu, ¿alguna vez has pensado que quizá no quiera reconocer a Tuantuan? Seamos sinceros. Ningún muchacho de veinte años podría aceptar de repente que tiene un hijo. Y mucho menos… mucho menos uno que nació de otro hombre, ¿verdad?

Quizá al ver que Su Zhiqiu todavía vacilaba, su madre había decidido darle el golpe definitivo.

Aquellas palabras tan directas, pronunciadas por su propia madre sin suavizar nada, lo habían dejado completamente abatido durante mucho tiempo.

Sin embargo, al final había regresado a Beicheng.

Había vuelto a la ciudad donde todo comenzó.

Y había traído a Tuantuan con él.

Ni siquiera Su Zhiqiu sabía explicar exactamente por qué lo había hecho.

Era como si hubiera estado bajo algún hechizo.

Además, Wen Juefei le había dado garantías una y otra vez.

Y así, casi sin comprender cómo había tomado la decisión, había terminado regresando.

Su Zhiqiu abrió los ojos y suspiró suavemente.

Calculó la hora.

Sabía que realmente tenía que marcharse.

Por suerte, Su Tuantuan ya se había quedado dormido.

Podría irse directamente, sin tener que enfrentarse otra vez a aquella carita triste y suplicante.

Con ese pensamiento, Su Zhiqiu comenzó a incorporarse cuidadosamente.

Temía despertar al pequeño.

Sin embargo, apenas consiguió sentarse derecho, escuchó una voz a su lado.

—Papá, ¿adónde vas?

La mano de Su Zhiqiu se quedó inmóvil.

Bajó la cabeza.

Su Tuantuan había abierto los ojos en algún momento y lo observaba con la mirada todavía nublada por el sueño.

—Eh…

Pero antes de que pudiera responder, Tuantuan preguntó por iniciativa propia:

—¿Tienes que ir a trabajar?

Al ver que realmente se había despertado, Su Zhiqiu no tuvo más remedio que asentir.

Le acarició la cabeza.

Su Tuantuan soltó un pequeño «oh».

Aunque seguía mostrando cierta tristeza, levantó obedientemente la mano para despedirse.

—Adiós, papá.

Al verlo comportarse de aquella manera, Su Zhiqiu descubrió que le costaba todavía más marcharse.

Se aclaró la garganta.

Caminó hacia el escritorio y echó un vistazo al dibujo.

—Tuantuan, ¿esto lo acabas de dibujar tú?

Señaló el abrigo rojo que llevaba una de las figuras.

Su Tuantuan asintió.

Después preguntó en voz baja, un poco avergonzado:

—¿No quedó bonito, papá?

Pero Su Zhiqiu no estaba preocupado por la calidad del dibujo.

Preguntó con cierta vacilación:

—Tuantuan, ¿por qué dibujaste esta ropa?

Su Tuantuan malinterpretó la pregunta.

Se apresuró a explicarse:

—Yo sé que mamá es una niña y que debería usar vestido, pero esta ropa me parece muy bonita, así que se la puse a mamá.

Su Zhiqiu se quedó inmóvil.

Miró al niño.

Abrió la boca, pero no supo qué decir.

Como si hubiera notado algo extraño en su expresión, Su Tuantuan apretó los labios con nerviosismo.

—Papá… —murmuró.

Al darse cuenta de que había asustado al pequeño, Su Zhiqiu dejó el dibujo sobre la mesa.

Se dio la vuelta y lo abrazó con una sonrisa.

—Te quedó muy bien. Se parece muchísimo.

—¿De verdad?

Los niños eran fáciles de consolar.

Su Tuantuan abrió los ojos de par en par, lleno de alegría.

—¿De verdad se parece mucho a mamá?

Su Zhiqiu recordó aquellos hermosos ojos almendrados del dibujo y el familiar abrigo rojo.

Asintió con resignación.

—Sí. Se parece muchísimo.

Al recibir aquella confirmación, Su Tuantuan casi no consiguió ocultar su emoción.

Pero, como era un niño bastante orgulloso, se aclaró la garganta un par de veces con aire presumido.

Después levantó una manita para cubrirse la sonrisa que amenazaba con escapársele.

Al contemplar aquella actitud orgullosa y ligeramente arrogante, tan idéntica a la de cierta persona, Su Zhiqiu sintió que el parecido se volvía todavía más evidente.

No se atrevió a seguir mirándolo.

Así que cambió de tema.

—Tuantuan, ¿dónde viste esa ropa?

Su Tuantuan bajó la mano.

—Hace unos días, cuando el tío fue a recogerme al jardín de niños, pasamos por un centro comercial muy grande. ¡Y aquel tío tan guapo estaba otra vez arriba!

—Llevaba esta misma ropa. ¡Y había muchísimas personas mirándolo desde abajo!

Su Zhiqiu comprendió inmediatamente.

Con razón.

Últimamente, cada vez que salía con Tuantuan, daba un rodeo deliberadamente para evitar el centro comercial Longheng.

No entendía cómo el pequeño había conseguido ver el nuevo anuncio de Ling Suihan en la pantalla gigante.

Resultaba que había sido cuando estaba con Su Zhifeng.

Su Tuantuan seguía describiendo aquella enorme pantalla.

—¡Era gigantesca!

Extendió los bracitos para dibujar un gran círculo en el aire.

Después preguntó con curiosidad:

—Papá, ¿por qué ese tío tan guapo puede salir en esa televisión tan genial? ¿Nosotros no podemos?

Su Zhiqiu se quedó sin saber qué responder.

Después de un buen rato, consiguió explicar:

—Porque ese… tío es una estrella muy famosa. Muchísimas personas lo conocen, así que puede aparecer allí haciendo anuncios.

Su Tuantuan respondió con un «oh».

Era evidente que no había comprendido demasiado.

Sin embargo, declaró con absoluta seriedad:

—Entonces Tuantuan va a crecer muy rápido. Cuando sea grande, muchísimas personas también me van a conocer. ¡Voy a salir en esa televisión enorme y también voy a llevar a papá conmigo!

Al escuchar aquellas palabras infantiles, Su Zhiqiu no supo qué expresión poner.

Simplemente le acarició la cabeza, conmovido.

Esperó hasta que Su Tuantuan volvió a quedarse dormido.

Después, sin molestar nuevamente a su madre, salió de casa en silencio.

El aire frío de la noche lo recibió de frente.

Instintivamente, se ajustó la bufanda alrededor del cuello.

Por suerte, estaban en pleno invierno.

Llevaba un suéter de cuello alto, así que envolverse además con una bufanda no resultaba extraño.

De lo contrario, seguramente habría despertado las sospechas de su madre.

Ni siquiera se atrevía a imaginar qué expresión pondría ella si descubriera todas las marcas que tenía en el cuerpo.

Y si además se enterara de que Ling Suihan era el responsable de aquellas marcas rojizas…

Su Zhiqiu sacudió la cabeza.

No quería seguir imaginándolo.

Cuando salió del complejo residencial, todavía estaba pensando en lo que acababa de decir Su Tuantuan.

Ni siquiera sabía si debía explicarle al pequeño que, en realidad, no necesitaba esforzarse tanto.

Bastaría con que alguien descubriera que era hijo de Ling Suihan.

Al día siguiente aparecería directamente en el primer puesto de las tendencias y muchísimas personas conocerían su nombre.

Eso sí que sería hacerse famoso de la noche a la mañana.

Al pensar en aquello, Su Zhiqiu se detuvo junto a la carretera.

Su expresión se volvió complicada.

Ya había pedido un taxi.

Pero la aplicación indicaba que el conductor parecía haberse encontrado con un embotellamiento.

Habían pasado cinco minutos y apenas había avanzado cien metros.

Ya casi eran las once.

Se había retrasado una hora entera respecto al horario que le había prometido a Ling Suihan.

Su Zhiqiu comenzó a ponerse nervioso.

Vaciló, preguntándose si debía cancelar el viaje y conducir su propio auto.

Pero al recordar el asiento infantil amarillo que llevaba instalado en la parte trasera, descartó inmediatamente aquella idea.

Un automóvil se acercó lentamente desde la oscuridad de la noche.

Su Zhiqiu no le prestó atención.

Continuó actualizando la aplicación de transporte.

Sin embargo, la ubicación del conductor seguía sin cambiar.

Chasqueó la lengua con frustración y canceló el viaje.

Estaba a punto de bajar de la acera para cruzar la calle y buscar otro taxi cuando el automóvil que acababa de acercarse frenó de repente.

Se detuvo justo frente a él.

Bloqueándole el paso.

Su Zhiqiu se sobresaltó.

Se acomodó instintivamente el cubrebocas y comenzó a rodear el vehículo para cruzar por otro lado.

Pero el automóvil tocó la bocina dos veces.

¡Primero le bloqueaba el camino y después le tocaba la bocina para que se apresurara!

Su Zhiqiu también comenzó a molestarse.

Frunció el ceño y miró el vehículo.

¿Y qué si tienes un automóvil de lujo?

Pero en cuanto distinguió la matrícula, la pierna que acababa de levantar se quedó inmóvil.

—¿Ling… Ling Suihan?

Rodeó el automóvil hasta llegar a la ventanilla del conductor.

Golpeó suavemente el vidrio y preguntó con cautela.

La ventanilla descendió lentamente.

Efectivamente, apareció aquel perfil de facciones perfectas que, bajo la oscuridad de la noche, parecía todavía más definido.

Ling Suihan lo miró de reojo.

Su mirada se detuvo un instante sobre la bufanda que llevaba alrededor del cuello.

Después ordenó:

—Sube.

Su Zhiqiu obedeció y se sentó en el asiento del copiloto.

Sin embargo, no consiguió reaccionar del todo hasta que ya habían atravesado una intersección.

—¿Por qué viniste?

Además, Ling Suihan había cambiado otra vez de automóvil con aquella extravagancia propia de alguien a quien le sobraba el dinero.

Ling Suihan arqueó una ceja.

—¿No puedo venir?

—No, no es eso.

Su Zhiqiu reorganizó sus palabras.

—Quiero decir, ¿por qué viniste a recogerme?

—Te estás imaginando cosas.

Ling Suihan giró el volante con una mano y respondió tranquilamente:

—Tenía que hacer un asunto por aquí. Cuando estaba por marcharme, recordé que tu casa quedaba cerca, así que pasé de camino.

—Ah…

Su Zhiqiu no sospechó nada.

Simplemente comentó con alivio:

—Menos mal que viniste. El taxi que había pedido se quedó atrapado en un embotellamiento.

—¿En la carretera de circunvalación?

Ling Suihan pareció comprender enseguida.

—Acabo de pasar por allí. Hubo un accidente. Seguramente estará congestionada durante bastante tiempo.

Su Zhiqiu asintió.

Cuando aquel tema terminó, ambos guardaron silencio durante un instante.

Sin embargo, ninguno mencionó que Su Zhiqiu había prometido regresar antes de las diez.

Después de un rato, Ling Suihan preguntó de repente:

—¿Cómo está de salud tu madre?

Su Zhiqiu se quedó desconcertado.

Cuando comprendió la pregunta, respondió:

—Bastante bien. La operaron durante la primera mitad de este año, pero ya se recuperó. Solo que no puede hacer trabajos pesados y necesita descansar más.

—Me alegra saberlo.

Ling Suihan asintió.

—Su Zhifeng también debe de estar trabajando, ¿verdad?

Justo cuando Su Zhiqiu pensaba que el tema había terminado, Ling Suihan volvió a preguntar.

—Me encontré con él la última vez. Ha crecido bastante.

Su Zhiqiu respondió instintivamente:

—Se gradúa de la universidad el próximo año. Ahora está haciendo sus prácticas profesionales.

—¿Qué estudia?

Su Zhiqiu lo miró de una manera un tanto extraña.

Sin embargo, Ling Suihan mantenía una expresión perfectamente tranquila.

Era evidente que no consideraba inapropiada aquella pregunta.

Después de todo, Ling Suihan había compartido varias comidas con su madre y su hermano en el pasado.

Preguntar educadamente por su situación actual no parecía tener nada de malo.

Con ese pensamiento, Su Zhiqiu dejó de preocuparse y comenzó a conversar con él.

Hablaron de la carrera universitaria de Su Zhifeng.

Después de la enfermedad de su madre.

Y finalmente de algunas anécdotas divertidas que su hermano había vivido durante sus prácticas.

Pero, después de intercambiar unas cuantas frases, Su Zhiqiu comprendió de repente algo.

Ling Suihan acababa de enterarse de prácticamente todo lo que había ocurrido en su vida durante aquellos cinco años.

¡Y él mismo se lo había contado sin darse cuenta!

Todo era culpa de Ling Suihan.

Hacía las preguntas con tanta habilidad que había conseguido que bajara la guardia.

Si Ling Suihan no ignorara la existencia de Su Tuantuan, probablemente Su Zhiqiu ya habría terminado contándole también todo sobre el niño.

Una expresión de cautela apareció involuntariamente en su rostro.

Como si hubiera percibido el cambio, Ling Suihan continuó mirando la carretera y preguntó suavemente:

—¿Por qué te pusiste tan nervioso de repente? ¿Hay alguien más en tu familia por quien todavía no he preguntado?

Su Zhiqiu sintió un sobresalto.

Por un instante, casi creyó que Ling Suihan lo había investigado.

Pero, por suerte, la siguiente frase del hombre disipó sus sospechas.

—¿Tu noviecito ya se instaló en tu casa como si fuera el dueño?

Ling Suihan lo miró de reojo y dejó escapar un «¿mmm?» con una entonación ligeramente ascendente.

Su Zhiqiu no dijo nada.

Simplemente volvió la cabeza para mirar por la ventanilla.

Ling Suihan tampoco insistió.

Solo soltó una pequeña risa.

Una risa de la que resultaba imposible distinguir cualquier emoción.

Sin embargo, aquel sonido hizo que el corazón de Su Zhiqiu comenzara a latir con inquietud.

Hasta el momento de acostarse aquella noche, Ling Suihan no volvió a preguntar nada sobre su familia.

Era como si, durante el trayecto en automóvil, simplemente hubiera mostrado una preocupación sincera por sus seres queridos.

Sin embargo, el mal presentimiento que Su Zhiqiu llevaba en el corazón se volvía cada vez más intenso.

De pronto, un par de manos apareció por detrás y se posó sobre sus brazos.

Su Zhiqiu se estremeció.

Todos sus pensamientos quedaron interrumpidos.

Aquellas manos cálidas comenzaron a deslizarse lentamente.

Desde los brazos hasta la espalda.

Finalmente, se detuvieron sobre su cintura, por encima de la ropa.

Pero antes de que Su Zhiqiu pudiera suspirar aliviado, una de las manos levantó su camisa y entró en contacto directo con la piel desnuda.

El dueño de aquellas manos había crecido como un joven señorito.

Sus palmas apenas tenían unas ligeras callosidades que había desarrollado durante los entrenamientos de baile.

Por eso, cuando lo acariciaba, Su Zhiqiu sentía un ligero hormigueo.

Y también un poco de cosquillas.

No pudo evitar tensar los dedos de los pies.

Pero enseguida otra preocupación captó su atención.

Se tocó el abdomen.

Y cuando aquella mano intentó descender todavía más, la sujetó.

—Hoy… no puedo. Mejor mañana.

Su Zhiqiu escuchó su propia voz, muy baja, en medio de la oscuridad.

Acababa de tomar un anticonceptivo de emergencia.

No tenía ninguna intención de tomar una segunda dosis tan pronto.

La respiración detrás de él pareció detenerse durante un instante.

Después escuchó aquella voz fría y clara, cargada de una burla exasperada.

—¿De verdad crees que soy semejante bestia?

Antes de que Su Zhiqiu pudiera reaccionar, Ling Suihan volvió a colocar la mano sobre su cintura.

Y comenzó a masajearla con una presión suave, pero firme.

Al sentir las oleadas de dolor muscular que se extendían por aquella zona, Su Zhiqiu comprendió finalmente que Ling Suihan simplemente quería darle un masaje.

Parpadeó, avergonzado.

No se atrevió a darse la vuelta para enfrentarse a su rostro.

Pero la mano que tenía detrás no se detuvo.

Ling Suihan aplicaba exactamente la fuerza necesaria.

Poco a poco, Su Zhiqiu comenzó a relajarse sin darse cuenta.

Justo cuando se sentía tan cómodo que su conciencia comenzaba a volverse borrosa, aquella mano se desplazó repentinamente hacia arriba.

Se introdujo bajo su camisa y presionó suavemente su abdomen.

Su Zhiqiu abrió los ojos de golpe.

Volvió la cabeza para mirar a Ling Suihan.

Pero no consiguió distinguir su expresión en la oscuridad.

—¿Todavía te duele? ¿Sigues teniendo ganas de vomitar?

Ling Suihan acarició suavemente la cicatriz de la parte baja de su abdomen.

No había la menor insinuación íntima en aquel gesto.

Su pregunta era completamente seria.

Su Zhiqiu recuperó la compostura.

Con sentimientos encontrados, respondió:

—Estoy mucho mejor.

—Mañana llamaré otra vez al médico para que te revise.

La voz de Ling Suihan se volvió ligeramente fría.

—Por mucho miedo que les tengas a los hospitales, tienes que atenderte. Me preocupa que la gastritis de la última vez no se haya curado del todo.

Su Zhiqiu se puso rígido.

Las palmas comenzaron a sudarle de inmediato.

Se aclaró la garganta.

—De verdad no hace falta. Ahora estoy perfectamente bien. Además, tampoco es bueno estar recibiendo infusiones y tomando medicamentos todo el tiempo. El cuerpo puede desarrollar resistencia.

Aquella explicación pareció convencer a Ling Suihan.

El hombre no volvió a hablar.

Simplemente continuó manteniendo una mano cálida sobre su abdomen.

Tenía las manos muy calientes.

Apoyada sobre su vientre, aquella palma parecía una pequeña bolsa térmica.

Resultaba bastante agradable.

Su Zhiqiu extendió instintivamente una mano y la colocó sobre la de Ling Suihan.

Sabía que el hombre simplemente estaba intentando aliviar el frío que sentía en el abdomen.

Sin embargo, aquel gesto le proporcionó una sensación de consuelo muy particular.

Como hombre, sus probabilidades de quedar embarazado eran extremadamente bajas.

De lo contrario, no habría tenido solamente a Tuantuan después de tantos años.

Si hubiera sido una mujer, considerando la frecuencia con la que Ling Suihan y él habían mantenido relaciones, probablemente el hombre ya sería padre de cinco hijos.

Por eso, seguramente tampoco había quedado embarazado esta vez.

Sin embargo…

Las pestañas de Su Zhiqiu temblaron ligeramente.

En la oscuridad, cerró los ojos poco a poco.

Podía sentir la temperatura de la mano que Ling Suihan mantenía sobre su abdomen.

Era ardiente.

—¿Tendrá algo que ver con aquella enfermedad que tuviste?

La pregunta de Ling Suihan surgió inesperadamente detrás de él.

—¿Eh?

Su Zhiqiu se quedó desconcertado.

—Tengo la impresión de que lo de hoy no fue un problema estomacal. ¿Será una consecuencia de aquella enfermedad que sufriste antes?

Mientras hablaba, Ling Suihan acarició suavemente la larga cicatriz de la parte baja de su abdomen.

Su Zhiqiu se quedó inmóvil.

Durante un momento, no supo si reír o llorar.

Ling Suihan realmente había acertado en parte.

Pero no se trataba de una enfermedad.

Eran los efectos de haber tomado un anticonceptivo.

Al ver que Su Zhiqiu no respondía, Ling Suihan tampoco insistió.

Simplemente murmuró con voz baja, como un niño que acababa de cometer un error:

—Perdón por lo de anoche. Perdí la cabeza. La próxima vez me aseguraré de tomar las precauciones necesarias.

Las orejas de Su Zhiqiu se enrojecieron.

—Mmm —respondió apagadamente.

El hombre que estaba detrás de él dejó de hablar.

Solo se escuchaba el sonido tenue de su respiración.

Después de un buen rato, quizá porque el ambiente era agradable, Su Zhiqiu no pudo contener la pregunta que llevaba varios días guardándose.

—Hace unos días… era evidente que no sentías nada por mí. Entonces, ¿por qué anoche…?

Se interrumpió.

Le dio demasiada vergüenza continuar.

Ling Suihan, en cambio, respondió con bastante rapidez.

—Me estoy dando cuenta de que, después de tantos años sin vernos, tienes una idea muy equivocada de mí.

—¿Mmm?

Su Zhiqiu se mostró confundido.

Instintivamente, volvió la cabeza para mirarlo.

Ling Suihan sostuvo su mirada y respondió, pronunciando cada palabra con claridad:

—Cuando vi aquellos moretones tan profundos en el dorso de tu mano y tu cara tan blanca como el papel, ¿cómo demonios esperabas que pudiera tener una erección?

Su Zhiqiu se quedó desconcertado.

Levantó inconscientemente la mano para observarla.

Como además sufría de ceguera nocturna, naturalmente no consiguió distinguir nada en aquella oscuridad.

Pero sabía que, después de casi una semana recibiendo infusiones, los moretones del dorso de su mano eran bastante oscuros.

El problema principal era que tenía la piel muy blanca.

Por eso, aquellas marcas resultaban especialmente llamativas.

Sin embargo, ni siquiera él les había dado demasiada importancia.

Hasta su madre, cuando las vio, simplemente le preguntó qué había ocurrido.

No había reaccionado de manera particularmente alarmada.

Pero Ling Suihan acababa de decirle…

Con razón durante estos días siempre se acordaba de prepararme una bolsa de agua caliente para ponerme compresas.

Su Zhiqiu no supo qué sentir.

Apretó los labios y volvió lentamente la cabeza hacia adelante.

Ninguno de los dos dijo nada más.

El silencio se prolongó tanto que Su Zhiqiu comenzó a pensar que Ling Suihan ya se había quedado dormido.

Después de todo, siempre había tenido una facilidad extraordinaria para dormir.

En medio de aquella tranquilidad, Su Zhiqiu murmuró para sí mismo:

—Ling Suihan, ¿por qué nunca cambiaste tu número de teléfono durante todos estos años?

A su lado no hubo respuesta.

Solo una luz muy tenue atravesaba las cortinas y dibujaba vagamente la silueta del hombre que estaba junto a él.

Nadie contestó.

Su Zhiqiu curvó ligeramente los labios.

Una sonrisa casi imperceptible apareció en su rostro.

No estaba claro si era una expresión de burla hacia sí mismo o de resignación.

—Porque temía que algún día quisieras buscarme para pedirme perdón y no pudieras encontrarme.

Cuando aquella voz sonó, Su Zhiqiu ya estaba a punto de quedarse dormido.

Su primera reacción fue pensar que estaba soñando.

Pero enseguida recuperó la lucidez.

Comprendió que Ling Suihan acababa de responder a su pregunta.

Era una respuesta inesperada.

Y, al mismo tiempo, extrañamente lógica.

Contenía un matiz de frialdad y sarcasmo.

Sin embargo, fue suficiente para dejarlo perdido en sus pensamientos durante un buen rato.

Una mezcla indescriptible de emociones se agitó en su interior.

—¿Y tú? ¿Por qué cambiaste tu número?

Ling Suihan volvió a preguntar.

Su Zhiqiu dejó escapar un pequeño sonido antes de responder suavemente:

—En aquel entonces… alguien hizo público mi número de teléfono. Todos los días recibía muchísimos mensajes y llamadas. Ya no podía seguir utilizándolo.

En cuanto pronunció las palabras «en aquel entonces», Su Zhiqiu sintió claramente que la temperatura a su lado parecía descender un par de grados.

La atmósfera comenzó a volverse rígida.

Incluso el aire parecía haberse congelado por el frío, incapaz de continuar moviéndose.

—En aquel entonces, tú…

Ling Suihan comenzó a decir algo.

Pero se detuvo a tiempo.

Sin embargo, Su Zhiqiu comprendió inmediatamente qué estaba a punto de preguntar.

O quizá lo entendió tan rápido porque, durante aquellos cinco años, había imaginado innumerables veces el momento en que Ling Suihan finalmente le preguntaría por qué se había marchado.

Por eso, cuando aquella situación estuvo a punto de hacerse realidad, se sintió sorprendentemente tranquilo.

Sin embargo, al final Ling Suihan no formuló la pregunta.

La mano cálida que descansaba sobre su abdomen se retiró lentamente.

El colchón se movió ligeramente.

El hombre que estaba a su lado se dio la vuelta y quedó de espaldas a él.

Su Zhiqiu también se giró.

Contempló en silencio la oscuridad interminable que tenía delante.

Y permitió que aquel silencio absoluto lo envolviera por completo.

De pronto recordó la primera noche después de mudarse a aquella casa.

En aquella ocasión, también había estado acostado junto a Ling Suihan de la misma manera.

Ambos de espaldas.

Ambos evitando enfrentarse al otro.

Sin embargo, aunque apenas habían transcurrido unos días, sus sentimientos ya no eran los mismos que entonces.

Si nunca se hubieran separado…

Quizá ahora, con veintitantos años, su vida sería exactamente así.

Después de terminar un concierto, regresarían juntos a casa y se acostarían a dormir.

Cuando Su Zhiqiu despertara, descubriría que Ling Suihan ya había preparado el desayuno.

El hombre lo observaría con nerviosismo mientras probaba el primer bocado.

Y después, con aquella arrogancia tan suya, afirmaría que había cocinado cualquier cosa sin esforzarse demasiado.

Que Su Zhiqiu simplemente era demasiado fácil de complacer.

Su Zhiqiu levantó una mano y acarició suavemente las pequeñas marcas de las agujas que todavía quedaban sobre el dorso.

Curiosamente, sintió que realmente le dolían un poco.

Lo admitía.

Durante un brevísimo instante, había experimentado el impulso de contarle absolutamente todo a Ling Suihan.

Pero un impulso no dejaba de ser un impulso.

Cuando recuperó la calma, consiguió sofocarlo antes de que pudiera convertirse en una decisión.

Quizá porque había comenzado a trabajar desde muy joven para mantener a su familia, Su Zhiqiu siempre había sido especialmente hábil para evaluar los riesgos y beneficios de cada decisión.

Hizo algunos cálculos en silencio.

La convivencia pacífica que habían conseguido hasta ahora ya era algo extraordinariamente difícil de obtener.

Los acontecimientos del pasado eran demasiado dolorosos.

Y había demasiadas personas involucradas.

Si decidía contarlo todo aquella misma noche, las consecuencias podrían ser irreparables.

No era algo que tuviera fuerzas ni disposición para afrontar en aquel momento.

Su Zhiqiu descubrió que estaba cansado.

Muy cansado.

Aquel joven al que las cuentas de entretenimiento habían descrito burlonamente como alguien que «llevaba la ambición escrita en los ojos» había perdido, durante aquellos cinco años, hasta el último rastro de su antiguo ímpetu.

El sueño que alguna vez había tenido de regresar triunfalmente y reconciliarse con Ling Suihan también había quedado atrás desde el nacimiento de Tuantuan.

Dejémoslo así.

No está tan mal.

Hundió el rostro en la almohada.

Se obligó a cerrar los ojos y a dejar de pensar en el pasado.

Un instante antes de perder la conciencia, le pareció sentir un par de manos que se posaban suavemente sobre su abdomen.

Era aquella calidez tan familiar.

Aquella ternura que conocía tan bien.

Estoy soñando otra vez.

Qué felicidad.

Su Zhiqiu sonrió suavemente en sueños.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first