Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error - Capítulo 13

  1. Home
  2. All novels
  3. Después de dejar que mi exmarido recogiera a los niños por error
  4. Capítulo 13
Prev
Next
Novel Info

Su Zhiqiu estaba ocupado friendo huevos mientras intentaba consolar a Su Tuantuan, que permanecía sentado a la mesa con una expresión de profundo disgusto.

La noche anterior había regresado muy tarde. Tuantuan no estaba acostumbrado a dormir acompañado de Su Zhifeng, así que no había conseguido conciliar el sueño hasta pasada la medianoche. Después se había despertado por su cuenta y había ido a buscar a su papá a su habitación.

En definitiva, apenas había descansado.

A Su Zhiqiu le había llevado medio año conseguir que su hijo dejara de levantarse de mal humor.

Y ahora, después de una sola noche, todos sus esfuerzos parecían haberse ido al traste.

Por mucho que intentaran despertarlo, el pequeño no reaccionaba.

Su Zhifeng había probado de todo: darle palmaditas, sacudirlo, llamarlo…

Pero el niño que estaba sobre la cama no daba señales de vida.

Finalmente, tan exasperado estaba que lo sacó a la fuerza de entre las cobijas.

Solo entonces Su Tuantuan se dignó a abrir los ojos.

Sin embargo, antes de que Su Zhifeng pudiera decir una palabra, el pequeño dejó caer la cabeza sobre la almohada con un golpe sordo y volvió a quedarse profundamente dormido, soltando unos suaves ronquiditos.

Su Zhifeng: «…».

Completamente derrotado, no tuvo más remedio que ir a la cocina para sustituir a Su Zhiqiu.

Su Zhiqiu, por su parte, recurrió con destreza a una combinación de mimos, persuasión, firmeza y pequeñas artimañas.

No tardó en conseguir que el pequeño saliera de la cama.

El problema era que, aunque había logrado levantarse, seguía medio dormido incluso sentado a la mesa.

En un momento dado, intentó meter la mano dentro de su vaso.

Por suerte, Su Zhiqiu lo detuvo a tiempo.

—Mira nada más cómo ronca. ¡Qué profundamente duerme! —Su Zhifeng estaba maravillado—. Hermano, de verdad eres increíble. Solo tú consigues despertarlo.

Su Zhiqiu sonrió y respondió sin pensar:

—Ya estoy acostumbrado. Antes tenía que despertar a alguien mucho más difícil de convencer y…

Se interrumpió.

Él mismo se quedó inmóvil un instante y bajó la cabeza para disimular.

Por suerte, de las otras dos personas presentes, una estaba demasiado adormilada para enterarse de nada y la otra había supuesto que hablaba de Tuantuan.

Ninguno hizo preguntas.

Su Zhiqiu bajó la mirada, comió apresuradamente un par de bocados y se levantó para recoger los platos.

Cuando estaban preparándose para salir y poniéndose los abrigos, Su Zhiqiu recordó algo.

Sacó del bolsillo su tarjeta de acceso.

Su Zhifeng la vio y preguntó sorprendido:

—¿La encontraste?

—Sí, tuve suerte.

Su Zhiqiu no quería dar explicaciones, así que despachó el asunto con unas pocas palabras.

—Ya no hace falta cambiar la cerradura.

—¡Qué bueno! Pensé que, después de tantos días, ya sería imposible encontrarla. Parece que estaba destinada a volver a tus manos.

Su Zhifeng lo había dicho sin ninguna intención especial, pero aquellas palabras hicieron pensar a Su Zhiqiu.

Metió la mano en el bolsillo y tocó la billetera que guardaba allí.

Después de marcharse apresuradamente aquel día, seguramente la mujer que había visto en el centro comercial la había recogido.

Eso explicaría por qué había aparecido en el automóvil de Ling Suihan.

Tampoco sabía si Ling Suihan había abierto la billetera y visto la fotografía que guardaba dentro.

Pero, aunque la hubiera visto, tampoco significaba nada.

Ling Suihan tenía muchísimos admiradores, entre ellos bastantes hombres.

Como aquel día ni siquiera lo había visto, seguramente no sospecharía de él.

Mucho menos descubriría la existencia de Tuantuan.

Al pensarlo así, Su Zhiqiu se sintió un poco más tranquilo.

Los tres estaban a punto de salir cuando Su Tuantuan, que se entretenía arreglándose el cabello frente al espejo por enésima vez, advirtió algo extraño.

—Papá, ¿qué te pasó en el trasero?

Su Zhifeng se había adelantado para llamar al ascensor.

Su Zhiqiu esperaba junto a la puerta a que Tuantuan terminara.

Al escucharlo, giró la cabeza para mirar, pero no vio nada.

—¿Qué pasa?

Su Tuantuan abrió mucho los ojos.

El sueño se le había quitado por completo.

Preguntó desconcertado:

—Papá, ¿quién te dio una patada en el trasero? ¿Por qué tienes la marca de un zapato ahí?

Su Zhiqiu se quedó paralizado.

Un instante después, comprendió lo que había sucedido.

¡Una oleada de calor le subió desde las plantas de los pies hasta las mejillas!

Se sintió tan avergonzado que estuvo a punto de ponerse rojo de pies a cabeza.

¡¿Pero cómo era posible?!

¡El día anterior había pasado tanto tiempo sentado y de pie, y aun así no había conseguido borrar la huella del zapato de Ling Suihan!

¡Y encima su hijo la había descubierto!

Tuantuan levantó sus manitas y le dio unas palmaditas muy concienzudas en el trasero.

Después retiró las manos y, con su habitual obsesión por la limpieza, sacó una toallita húmeda del bolsillo para limpiárselas.

Entonces anunció muy seriamente:

—¡Listo! ¡El trasero de papá ya está limpio!

Su Zhifeng regresó y se quedó perplejo al ver sus extraños movimientos.

Miró a Su Zhiqiu con una expresión bastante peculiar.

Su Zhiqiu no tenía tiempo de explicarle nada.

Le dio las gracias a Tuantuan y entró en el ascensor con las mejillas todavía encendidas.

Mientras el ascensor descendía lentamente, Su Zhifeng no pudo contenerse.

—Hermano, ayer tú…

Sin embargo, Su Tuantuan levantó de pronto la mano para pedir la palabra.

Su Zhifeng no se atrevió a interrumpirlo, por miedo a que Su Zhiqiu lo reprendiera.

Así que le indicó que hablara.

—Papá, ¿quién fue?

El pequeño frunció su carita blanca y suave.

Entrecerró aquellos enormes ojos que parecían dos uvas negras, esforzándose por adoptar una expresión feroz.

—¡¿Quién se atreve a molestar a mi papá?! ¡Voy a darle una paliza!

A Su Zhifeng le hizo gracia.

—Pero esa persona es un adulto. ¿Cómo piensas pegarle?

Su Tuantuan se quedó pensando muy seriamente durante un buen rato.

Solo cuando salían del ascensor respondió con solemnidad:

—Puedo subirme a una silla y, cuando no esté mirando, ¡darle una patada muy fuerte en el trasero!

Después miró a Su Zhifeng con profundo desdén.

—Otra vez quieres burlarte de mí porque soy bajito. ¡No creas que no me doy cuenta! ¡No voy a caer en tu trampa!

Su Zhifeng soltó una carcajada y terminó doblándose de la risa.

Su Zhiqiu se masajeó las sienes, exasperado.

Mientras acomodaba a Tuantuan en su asiento infantil de seguridad, le advirtió:

—No puedes darle patadas en el trasero a nadie. Tampoco puedes subirte a las sillas. Si me entero por tu maestra del jardín de niños de que has molestado a otros pequeños, cuando vuelvas a casa te daré unas nalgadas.

Solo entonces Su Tuantuan cerró la boca.

Al ver que por fin habían cambiado de tema, Su Zhiqiu respiró aliviado.

Después de dejar a los otros dos en sus respectivos destinos, se quedó solo en el automóvil.

Entonces no pudo evitar recordar lo ocurrido el día anterior.

Y aquel abrazo de Ling Suihan, impregnado de un tenue aroma a tabaco.

Las mejillas, que acababan de recuperar su temperatura normal, volvieron a arderle.

En realidad, la noche anterior, mientras estaba entre dormido y despierto, le había parecido que volvía a… soñar con Ling Suihan.

Su cuerpo había reaccionado, aunque había conseguido contenerse a la fuerza.

Su Zhiqiu respiró hondo.

No sabía si eran imaginaciones suyas, pero desde que había tenido a Tuantuan parecía que su deseo sexual se había intensificado.

Ya tenía más de veinticinco años y, sin embargo, seguía siendo tan fácil de excitar como cuando tenía diecisiete o dieciocho.

Y desde que se había reencontrado con Ling Suihan, aquello parecía haber empeorado.

Cuando vivía en Guicheng, estaba tan ocupado cuidando de su hijo que no tenía tiempo para pensar en esas cosas.

Bastaba con aguantar un poco y el deseo terminaba desapareciendo.

Pero durante los últimos días, casi todas las noches, al acostarse, sentía un anhelo difícil de describir.

Era como si todo el deseo acumulado durante cinco años hubiera roto de golpe las compuertas que lo contenían y se precipitara sobre él con una fuerza incontenible.

De no ser porque Tuantuan dormía a su lado, Su Zhiqiu casi habría terminado aliviándose por su cuenta.

Y lo que más lo frustraba era que, cada vez que se excitaba, las imágenes que aparecían en su mente siempre estaban relacionadas con aquella persona.

Algunas correspondían a sus encuentros recientes.

Pero la mayoría eran recuerdos de cinco años atrás.

Su Zhiqiu tampoco comprendía cómo podía recordar con tanta claridad todo lo que habían hecho en la cama.

En realidad, aunque Ling Suihan hubiera sido pésimo en aquellas cosas, a Su Zhiqiu le habría bastado con contemplar su rostro para sentirse satisfecho.

Pero había algo que no podía negar.

Ling Suihan era intenso y extraordinariamente apasionado.

Con aquella cara, aquel cuerpo y, además… lo bien que sabía hacerlo.

Tenía una imaginación muy atrevida.

Aunque la primera vez había sido bastante inexperto, para la segunda parecía haber aprendido por instinto, sin necesidad de que nadie le enseñara.

En definitiva, Ling Suihan a los dieciocho o diecinueve años era una auténtica perdición.

Cuando estacionó frente al edificio del estudio, Su Zhiqiu apoyó la frente contra el volante y permaneció así un rato.

Solo entonces sintió que el calor de su rostro empezaba a disminuir.

Aun así, cuando volvió a encontrarse con Ling Suihan, no pudo evitar sentirse un poco incómodo.

Aquel día, Fang Xing y Ling Suihan llegaron unos minutos tarde.

Nada más entrar, Fang Xing se apresuró a explicarle que habían quedado atrapados en el tráfico.

Su Zhiqiu conocía perfectamente lo terrible que podía ser la hora pico de la mañana.

No le dio importancia y, en cambio, le dedicó unas palabras tranquilizadoras.

Fang Xing sonrió.

Sin embargo, a mitad de su sonrisa, pareció recordar algo.

Se apresuró a recuperar una expresión seria y miró hacia atrás.

Su Zhiqiu siguió instintivamente la dirección de su mirada.

Ling Suihan entró con paso despreocupado.

Todavía parecía arrastrar un poco del mal humor de recién levantado y su expresión era fría.

La noche anterior ya eran las tres cuando aquel hombre lo había echado del automóvil.

Seguramente tampoco había dormido bien.

Su Zhiqiu no prestó atención al cambio de expresión de Fang Xing.

Estaba empleando toda su fuerza de voluntad para no mirar a Ling Suihan.

Pero resultaba bastante difícil.

Porque, de pronto, la joven del equipo de promoción que estaba a su lado soltó una exclamación ahogada.

Su Zhiqiu creyó que había ocurrido algo y se volvió para preguntarle.

Sin embargo, al levantar la cabeza, descubrió que varias de las chicas del estudio miraban al mismo tiempo hacia la entrada.

Todas tenían unas sonrisas misteriosas que no conseguían disimular.

Se detuvo un instante.

Finalmente, también levantó los ojos.

Y en cuanto miró, se quedó completamente inmóvil.

Durante un instante, Su Zhiqiu creyó haber viajado en el tiempo.

Como si hubiera regresado a aquel invierno en el que ambos todavía eran adolescentes.

Aquel invierno, una fotografía de Ling Suihan tomada por un transeúnte se había convertido en tendencia.

Y en ella llevaba exactamente la misma ropa que aquel día.

Su Zhiqiu descubrió con sorpresa que, incluso cinco años después, todavía podía recordar con absoluta claridad cada detalle de aquella fotografía.

El muchacho tenía las cejas oscuras y el cabello negro.

Sus hermosos ojos almendrados, de una forma que recordaba a los pétalos de una flor de durazno, transmitían una indiferencia casi glacial.

Su nariz era recta y prominente, y sus labios finos, de un rojo intenso, destacaban especialmente en la palidez del invierno.

Llevaba una chaqueta acolchada corta de un blanco inmaculado.

Sus largas piernas estaban cubiertas por unos jeans azul claro y calzaba unos tenis blancos.

La tenue luz de una farola caía sobre él.

El borde de pelo blanco que rodeaba la capucha de su chaqueta rozaba su mandíbula y hacía que su piel pareciera todavía más pálida y fría.

Llevaba la mochila colgada de un solo hombro.

Como si hubiera percibido la presencia de la cámara, había dirigido una mirada casual hacia ella.

Sus ojos estaban llenos de indiferencia.

En la entrada de aquel callejón oscuro, entre las personas que iban y venían, él era el único destello de luz.

Parecía un copo de nieve que hubiera descendido del cielo, orgulloso y ajeno al mundo.

Sin embargo, la bolsa de fideos salteados que llevaba en la mano le daba un toque cotidiano, como si lo conectara con la vida de las personas comunes.

El título de la tendencia había sido:

«La fotografía más conmovedora del año».

En aquel entonces todavía no habían debutado.

Ling Suihan aún no había cumplido dieciocho años y cursaba el último año de preparatoria.

Alguien lo había fotografiado mientras regresaba de la escuela.

La imagen se volvió viral de la noche a la mañana.

Al final, la familia Ling intervino para retirar la tendencia, pues no quería que quedara expuesto al público siendo todavía menor de edad.

Aquella bolsa de fideos salteados que sostenía en la mano era para Su Zhiqiu.

Ese día, Ling Suihan había estado a punto de regresar a casa.

Pero, al enterarse de que Su Zhiqiu seguía en la compañía, insistió en llevarle algo de comer.

Su Zhiqiu incluso recordaba perfectamente que Ling Suihan había dicho que dejaría la comida y se marcharía enseguida.

Sin embargo, terminó acompañándolo hasta la una de la madrugada.

Cuando Su Zhiqiu finalmente acabó de practicar baile y se volvió, exhausto, para beber agua, descubrió que Ling Suihan se había quedado dormido sobre su cuaderno de tareas.

Su chaqueta blanca tenía una pequeña mancha.

Se había ensuciado cuando Su Zhiqiu se atragantó mientras comía y Ling Suihan corrió a llevarle agua.

En aquella sala de ensayo silenciosa, en plena noche, la pequeña mancha destacaba demasiado sobre la superficie completamente blanca.

Parecía fuera de lugar.

Su Zhiqiu estaba de pie frente al enorme espejo.

Contempló el hermoso perfil del muchacho y sintió como si algo también le hubiera dado una punzada en el corazón.

Como si hubiera percibido su mirada, Ling Suihan abrió lentamente los ojos.

Su mirada era clara y despierta.

Su Zhiqiu se quedó sorprendido.

—¿No estabas dormido?

Pero enseguida comprendió que, si Ling Suihan hubiera estado realmente dormido, no habría podido abrir los ojos tan rápido.

Ling Suihan respondió afirmativamente, se frotó los ojos y preguntó:

—¿Ya podemos irnos? Tengo mucho sueño.

Los ojos que en la fotografía parecían tan fríos y vacíos lo contemplaban ahora empañados por el cansancio.

Estaban llenos de una dependencia y una cercanía imposibles de ignorar.

Aquel contraste hizo que el corazón de Su Zhiqiu volviera a saltarse un latido.

Por aquel entonces, ya había empezado a comprender vagamente su orientación sexual.

Y también había comenzado a darse cuenta de que sentía algo diferente por Ling Suihan, que era dos años menor que él.

En aquella época, Ling Suihan todavía no había despertado al amor.

De vez en cuando lo llamaba «hermano mayor» y era muy apegado a él.

Pero se trataba del apego inocente que uno siente por un buen amigo, sin ningún deseo sexual ni intención romántica.

Por muy cansado que saliera de la escuela, siempre iba a buscarlo.

Le compraba todas las cosas que sabía que le gustaba comer.

Aunque tenía un chofer que podía llevarlo a todas partes, insistía en acompañar a Su Zhiqiu hasta su apartamento alquilado, recorriendo varias estaciones adicionales en el metro.

Durante el trayecto no dejaba de contarle cosas de la escuela.

A veces hablaba tanto que terminaban pasándose de estación.

Aunque tuviera tanto sueño que apenas pudiera mantener los ojos abiertos, siempre le cedía a Su Zhiqiu el único asiento disponible.

Y cuando había demasiada gente, lo protegía entre sus brazos.

Los fines de semana, en lugar de regresar a su lujosa villa con jardín, insistía en quedarse durmiendo en el modesto apartamento que Su Zhiqiu alquilaba.

En aquellos momentos no quedaba ni rastro del exigente joven señor que solía ser.

Una persona tan orgullosa y distinguida había llegado a querer arrodillarse ante Su Zhiqiu, abrirse el pecho y ofrecerle su corazón entre las manos.

Y aun así, habría tenido miedo de que él no lo aceptara.

Pero al final, había sido el propio Su Zhiqiu quien destruyó aquel corazón con sus propias manos.

Había arrojado al suelo aquel corazón que parecía tan arrogante, pero que en realidad era extraordinariamente frágil.

Y no contento con eso, lo había pisoteado una y otra vez hasta hacerlo pedazos.

Después había abandonado a Ling Suihan, que no sabía qué hacer, y se había marchado sin mirar atrás.

El Ling Suihan de diecisiete o dieciocho años todavía no era tan maduro.

Cuando vio aquella tendencia en internet, se sintió muy orgulloso.

Estaba claramente encantado, pero mantuvo una expresión tranquila y no dijo una sola palabra.

Al final, como si preguntara algo sin importancia, comentó:

—¿Qué te parece? ¿De verdad salgo tan bien en esta fotografía como dice todo el mundo?

Sin embargo, en realidad le importaba muchísimo.

Había apretado las manos dentro de los bolsillos hasta formar dos puños, temiendo que Su Zhiqiu dijera que no le gustaba.

Y el Ling Suihan de ahora…

Su Zhiqiu despertó de sus recuerdos al escuchar las suaves exclamaciones de las chicas a su alrededor.

Vio cómo Ling Suihan se acercaba lentamente.

Cada vez estaba más cerca.

Hasta que apenas los separó un paso.

No sabía si era su imaginación, pero le pareció percibir incluso aquel familiar y tenue aroma a naranja que desprendía su cuerpo.

Por un instante, Su Zhiqiu casi creyó que Ling Suihan se detendría frente a él.

Que, como hacía antes, lo llamaría deliberadamente «hermano mayor», alargando traviesamente las últimas sílabas para provocarlo:

«Hermano mayor, ¿otra vez te quedaste embobado mirándome? Hoy estoy muy guapo, ¿verdad? ¿Estás perdidamente enamorado de mí?».

Sin embargo, no ocurrió.

La chaqueta acolchada blanca de Ling Suihan rozó su hombro.

Pasó junto a él y continuó caminando con las manos en los bolsillos, sin volver la cabeza.

Ni siquiera le dedicó una mirada.

Como si de verdad ya no lo conociera.

Su Zhiqiu permaneció inmóvil, siguiendo instintivamente aquella figura con los ojos.

Había pasado más de una semana desde que lo vio por primera vez en el centro comercial.

Sin embargo, solo en aquel momento, quizá porque la ropa que Ling Suihan llevaba aquel día lo había transportado a cinco años atrás, comprendió con tanta claridad lo que significaba que todo hubiera cambiado aunque las personas siguieran siendo las mismas.

La misma ropa.

La misma persona.

La misma presencia.

La diferencia era que Ling Suihan ya no volvería a llevar en la mano aquella bolsa de fideos salteados que desentonaba tanto con su apariencia.

Mucho menos se detendría únicamente frente a él para dedicarle una sonrisa en la que sus ojos no vieran a nadie más.

Su relación había terminado.

Y no había sido una separación cualquiera.

Habían pasado directamente de ser amantes a convertirse en enemigos, rompiendo por completo todos los lazos que los unían.

Su Zhiqiu conocía a Ling Suihan.

Por eso sabía perfectamente que entre ellos ya no existía ninguna posibilidad de reconciliación.

Prev
Next
Novel Info

MANGA DISCUSSION

© 2024 Ares Scanlation Inc. All rights reserved

Sign in

Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Sign Up

Register For This Site.

Log in | Lost your password?

← Back to Ares Scanlation

Lost your password?

Please enter your username or email address. You will receive a link to create a new password via email.

← Back to Ares Scanlation

Premium Chapter

You are required to login first