Después de casarme con el villano discapacitado - Capítulo 98
Qin Yi pidió otro auto para llevar a la madre y a la hija hasta su residencia.
Las propiedades que anteriormente pertenecían a la familia Shen ya habían sido hipotecadas. El departamento en el que vivían ahora era nuevo y solo habían pagado el enganche. La señora Xiang tenía que mantener los estudios de su hija mientras trabajaba para pagar la hipoteca, así que seguramente tampoco lo tenía fácil.
Cuando el auto se detuvo frente al edificio, Qin Yi dijo:
—Yo no subiré. Te esperaré aquí.
Shen Ci asintió.
Ayudó a su hermana a cargar la jaula y se preparó para acompañarlas hasta arriba.
Shen Ge estaba tan emocionada por tener finalmente sus propios pajaritos que, sorprendentemente, ni siquiera le tenía miedo al joven señor Qin, cuya sola presencia intimidaba tanto a personas como a animales.
Antes de bajar del auto, incluso se despidió de él por iniciativa propia:
—¡Adiós, hermano Qin Yi!
—…Adiós.
La señora Xiang los llevó hasta su departamento.
Shen Ci dejó la jaula en la sala y volvió a advertirle a su hermana:
—Ya que compraste los pajaritos, tienes que cuidarlos bien. No olvides darles de comer, limpia la jaula a tiempo y tampoco estés jugando constantemente con ellos. Los pájaros también son seres vivos. No vayas a matarlos por jugar demasiado.
—¡Claro que no! —respondió Shen Ge—. Los cuidaré muy bien. No te preocupes, hermano.
Después de terminar de darle instrucciones, Shen Ci se volvió hacia la tía Xiang.
—Usted dijo que tenía unas cosas para que me llevara…
—Están aquí.
La señora Xiang sacó una caja.
—Son un montón de cosas sueltas. Tampoco sé cuáles te sirven y cuáles no. Llévatelas y revísalas. Si algo no te sirve, tíralo; si te sirve, guárdalo. Yo no me atrevía a tocar estas cosas mientras estuvieran conmigo.
Probablemente para evitar que entrara polvo, la caja estaba completamente sellada con cinta adhesiva.
Shen Ci la sacudió un poco.
Parecía estar bastante llena y pesaba un poco al cargarla.
Si hubiera sido dos años atrás, quizá le habría costado bajar las escaleras cargándola.
Ahora ya había terminado de desarrollarse físicamente y tenía mucha más fuerza que antes.
Abrazó la caja y caminó hacia la puerta.
Antes de marcharse, añadió:
—Por cierto, tía, ya que de ahora en adelante van a quedarse en la ciudad de Yan, pueden venir a visitarnos cuando tengan tiempo.
La señora Xiang todavía no había respondido cuando Shen Ge saltó emocionada.
—¡Sí, sí! ¡Quiero ir a ver el lorito del hermano!
La señora Xiang suspiró con impotencia.
—Esta niña…
—Entonces queda decidido.
Shen Ci sonrió.
—Me voy primero. Adiós, tía. Adiós, Xiao Ge. Mantengámonos en contacto.
—¡Adiós, hermano Xiao Ci!
La señora Xiang lo acompañó hasta el ascensor.
Cuando las puertas se cerraron, suspiró con satisfacción.
—Realmente ha crecido.
*
Shen Ci regresó al auto y guardó la caja en el maletero.
Sentía una enorme curiosidad por saber qué contenía y, apenas regresaron a casa, quiso abrirla de inmediato.
Pero entonces recordó que quizá hubiera cosas de su infancia.
Quién sabía qué clase de objetos vergonzosos podían aparecer.
Mejor no abrirla delante de Qin Yi.
Así que le entregó las cajas sorpresa que había comprado para darle algo que hacer al gato de la casa.
—Ayúdame a elegir un juego completo. Las demás déjalas en las cajas. Luego se las regalaré a alguien.
Qin Yi lo miró con una expresión difícil de describir.
Pero no dijo nada.
Obedientemente comenzó a abrir las cajas sorpresa.
Shen Ci cargó la caja hasta el segundo piso, cerró bien la puerta y buscó un cúter para cortar la cinta adhesiva.
Había muchas cosas dentro.
Sin embargo, ninguna tenía demasiado valor.
Básicamente eran objetos viejos.
Fue sacándolos uno por uno.
Encontró una caja de música que ya no funcionaba, un pequeño teclado electrónico sin batería, un libro de cuentos de Andersen cuyas páginas se habían amarilleado con el tiempo, además de juguetes de ingenio como los Nueve Eslabones y un candado de Luban, de esos que prácticamente todos los padres compraban alguna vez para sus hijos.
Shen Ci terminó llenando el suelo de objetos.
En realidad, ninguno parecía tener utilidad.
Sin embargo, aquellas cosas probablemente se las había comprado su madre biológica.
De lo contrario, la tía Xiang no habría dicho que no sabía si debía tirarlas.
Quizá, precisamente porque no eran cosas que ella le hubiera regalado, sentía que no tenía derecho a decidir qué hacer con ellas.
Shen Ci lo pensó un momento.
Al final tampoco pudo soportar la idea de tirarlas.
Sacó de la estantería una caja de almacenamiento transparente, limpió cuidadosamente cada objeto y fue guardándolos dentro.
Cada vez quedaban menos cosas en la caja de cartón.
Cuando estaba a punto de terminar, vio que todavía había un libro de ejercicios.
Probablemente era el objeto más reciente de todos.
Limpió la portada.
En ella estaba escrito:
Matemáticas de tercero de preparatoria.
Qué extraño.
¿Por qué el Shen Ci original tenía un libro de ejercicios de tercero de preparatoria?
¿No había abandonado sus estudios antes de llegar a ese curso?
Shen Ci se quedó desconcertado un momento, pero no le dio demasiada importancia.
Quizá lo había comprado con anticipación.
Lo abrió despreocupadamente.
Estaba completamente nuevo.
No había una sola palabra escrita en su interior.
En cuanto lo abrió, algo cayó de entre las páginas.
Shen Ci lo recogió.
Era una tarjeta de cumpleaños que Li Zixing le había regalado.
En ella estaba escrito:
«¡Feliz cumpleaños, Shen Ci! ¡Espero que seamos amigos toda la vida!»
Las comisuras de los labios de Shen Ci se torcieron ligeramente.
Li Zixing realmente no tenía vergüenza.
Viendo ahora aquella tarjeta, resultaba tremendamente irónica.
La arrojó directamente al bote de basura y dejó el libro a un lado.
Entonces vio que en la caja quedaba un último objeto.
Un teléfono celular.
Era un modelo muy antiguo y la pantalla estaba cubierta de arañazos.
Probablemente pertenecía al Shen Ci original.
Cuando había recogido sus cosas para marcharse de la familia Shen, le parecía recordar haber visto aquel teléfono.
Pero ya estaba abandonado.
No tenía batería y ni siquiera encendía.
Como le pareció inútil, no se lo llevó y solo conservó el teléfono nuevo que utilizaba entonces.
Ahora, inesperadamente, aquel viejo aparato había regresado a sus manos.
De repente sintió curiosidad.
Buscó cualquier cargador que pudiera servirle y trató de conectarlo.
Sorprendentemente, encajó.
Sin embargo, por alguna razón, la pantalla no se encendió.
Esperó cinco minutos sin obtener ninguna reacción.
Justo cuando pensaba que el teléfono estaba completamente averiado y estaba a punto de rendirse, la pantalla finalmente despertó y mostró el símbolo de carga.
Shen Ci suspiró con impotencia.
Intentó encenderlo.
Quizá porque el cargador no era el original, la batería se cargaba con extrema lentitud.
Incluso después de bastante tiempo apenas tenía una mínima cantidad de energía, suficiente únicamente para mantenerlo con vida.
No tuvo más remedio que utilizarlo mientras seguía conectado.
Revisó el contenido.
En realidad, no había gran cosa.
Probablemente el teléfono había sido limpiado antes de cambiar al nuevo, porque tenía mucho espacio disponible.
Aun así, funcionaba con extrema lentitud.
Shen Ci siguió revisándolo hasta que encontró una aplicación que no había sido eliminada.
Le resultaba muy familiar.
No la tenía instalada en su teléfono nuevo, así que supuso que debía de ser una aplicación que el antiguo Shen Ci utilizaba con frecuencia.
Llevaba dos años sin abrirse.
Nada más entrar, exigió una actualización obligatoria.
Cuando terminó de actualizarse, la sesión había caducado.
Shen Ci no conocía ni la cuenta ni la contraseña.
Después de pensarlo durante un buen rato, probó varias combinaciones con el número de teléfono y la fecha de cumpleaños.
Y, sorprendentemente, consiguió entrar.
Todavía quedaba saldo sin gastar en la cuenta.
No había duda.
Era una cuenta que había utilizado el Shen Ci original.
Entró en la lista de favoritos.
Al parecer, al antiguo Shen Ci le gustaba mucho leer novelas.
Tenía varios cientos guardados.
Shen Ci fue desplazándose lentamente por la lista hasta que, de repente, uno de los títulos llamó su atención.
Era un relato corto de apenas treinta mil caracteres.
Entre toda una hilera de novelas sobre transmigraciones a libros, renacimientos y persecuciones amorosas tras el arrepentimiento, aquel relato parecía completamente fuera de lugar.
Incluso su título resultaba incomprensible:
Efímera.
La sinopsis constaba de una sola frase:
«La efímera nace al amanecer y muere al anochecer.»
La mirada de Shen Ci descendió.
Cuando vio el apartado de protagonista, su corazón dio un vuelco.
El protagonista de aquella historia también se llamaba Shen Ci.
Encontrar, dentro de una novela cuyo protagonista tenía su mismo nombre, otra novela cuyo protagonista también se llamaba como él…
La sensación era demasiado extraña.
Shen Ci vaciló un momento.
Finalmente abrió el primer capítulo.
Quería saber qué contaba aquella historia cuyo título y sinopsis eran tan extraños.
Pero cuando terminó de leer el primer capítulo, su rostro cambió por completo.
La historia comenzaba con el protagonista sufriendo violencia doméstica a manos de su padre borracho.
En aquel momento, el protagonista solo tenía cinco años.
Era completamente incapaz de enfrentarse a un hombre adulto.
Su madre se abalanzaba sobre él para protegerlo con su propio cuerpo y su esposo, fuera de sí, la golpeaba hasta hacerla sangrar de la cabeza.
Aquella escena…
Era demasiado familiar.
Era exactamente igual a lo que él mismo había vivido.
La respiración de Shen Ci se detuvo por un instante.
Continuó leyendo.
Incapaz de seguir soportando la violencia doméstica, la madre del protagonista finalmente se divorciaba de su marido y se llevaba a su hijo para vivir sola con él.
Madre e hijo dependían el uno del otro.
Su vida era extremadamente difícil.
La madre trabajaba desesperadamente para poder pagar los estudios del protagonista. Se levantaba todos los días antes del amanecer y no podía descansar hasta altas horas de la noche.
Trabajaba sin cesar, pero sus escasos ingresos apenas alcanzaban para que ambos pudieran subsistir.
Finalmente, después de años de agotamiento excesivo, su cuerpo enfermaba y ya no podía levantarse de la cama.
El protagonista permanecía siempre a su lado cuidándola.
La aseaba.
La masajeaba.
Gastaba todos sus pequeños ahorros en medicamentos y tratamientos.
Pero, aun así, poco después ella fallecía.
Durante el funeral, el protagonista contemplaba en silencio el retrato de su madre.
No lloraba.
Finalmente, la familia de su tía materna, que había llegado desde otra ciudad, decidía acogerlo.
Pero aquella familia tampoco tenía demasiado dinero y ya tenía una hija.
No podían darle demasiado.
El protagonista era muy obediente.
Jamás les causaba problemas.
Desde pequeño le había gustado la música.
Le encantaba el piano.
Su mayor sueño era tener algún día un piano propio.
Pero sabía que aquel sueño era imposible de cumplir, así que siempre lo había mantenido enterrado en lo más profundo de su corazón.
Después de cumplir dieciséis años, comenzó a trabajar en todos los lugares que pudo encontrar.
Con aquel dinero se mantenía a sí mismo.
Vivía con una austeridad extrema.
A menudo incluso reducía el dinero destinado a su propia comida para ahorrar un poco.
Cada fin de semana iba a una tienda de pianos cercana a su escuela y pagaba una hora para poder practicar solo.
No podía pagar clases de piano.
Tampoco podía permitirse un profesor.
Por eso, los niños de primaria que iban a estudiar música a aquella tienda se burlaban frecuentemente de él.
El dueño del establecimiento, compadeciéndose de él, le regaló una partitura.
Cuando no tenía un piano con el que practicar, Shen Ci estudiaba aquella partitura una y otra vez hasta memorizarla por completo.
Así, cuando finalmente llegaba su preciada hora frente al piano, no desperdiciaba ni un minuto por no conocer suficientemente bien la partitura.
Por ser pobre, no podía estudiar piano.
Tampoco se atrevía a decirle a la familia de su tía que quería aprender.
Su sueño de ingresar en un conservatorio quedó enterrado de aquella manera.
Siguiendo el consejo de su tía, pensaba elegir enfermería cuando tuviera que solicitar ingreso a la universidad.
Poco después de terminar el examen de ingreso a la universidad, el protagonista celebraba su decimoctavo cumpleaños.
Aquel día estaba especialmente feliz.
Porque finalmente era adulto.
Podría trabajar todavía más.
Podría ganar más dinero.
Aunque no pudiera estudiar en un conservatorio, creía que algún día lograría tener un piano propio.
Para recompensarse por haber alcanzado la mayoría de edad, el día de su decimoctavo cumpleaños fue a una pastelería.
Compró una porción de pastel de chocolate que normalmente jamás se habría permitido.
La amable empleada de la tienda le regaló una vela con forma del número «18».
Con el pastel y la vela en las manos, cruzó la calle con pasos ligeros.
Caminaba hacia un futuro maravilloso.
Y en ese instante…
Un autobús que se pasó un semáforo en rojo destrozó todas sus ilusiones.
«El joven salió despedido violentamente por el impacto. Por un instante no sintió dolor. Vio cómo el pastel de chocolate, que todavía no había alcanzado a probar, rodaba por el suelo y quedaba destrozado. Vio cómo la vela con el número “18” se teñía de sangre… Ya casi no podía ver. Su visión se volvió cada vez más borrosa hasta que, finalmente, con el corazón lleno de esperanza y una infinita ilusión por aquel hermoso futuro, cerró los ojos para siempre.»
«Así terminó la joven vida del muchacho. Como una efímera, nació al amanecer y murió al anochecer. En sus breves dieciocho años contempló las múltiples facetas de la vida, conoció la alegría, la ira, la tristeza y la felicidad, y experimentó encuentros y despedidas definitivas. Se esforzó por existir. Incluso una criatura diminuta lucha con todas sus fuerzas por vivir. Y cuando finalmente cayó el telón sobre su vida, ni siquiera tuvo tiempo de sentir arrepentimiento.»
La historia ya estaba llegando a su final.
Las pupilas de Shen Ci se contrajeron violentamente.
Las yemas de sus dedos estaban heladas.
Casi había olvidado cómo respirar.
¿Qué demonios estaba pasando?
¿Por qué lo que estaba escrito en aquella historia era exactamente igual a lo que él mismo había vivido?
De repente, un dolor intenso atravesó su cabeza.
El rostro de Shen Ci se volvió completamente pálido.
Con los dedos temblorosos, abrió la sección de comentarios.
Debajo de aquel capítulo había muchos lectores diciendo que habían llorado, que el autor no tenía corazón.
Otros directamente insultaban al autor por haber escrito algo tan cruel y decían que aquello era prácticamente una venganza contra la sociedad.
Solo había un comentario diferente de todos los demás.
«En realidad, envidio bastante al protagonista. Es valiente y seguro de sí mismo. Si yo pudiera ser como él, ¿mi vida sería diferente de como es ahora? En lugar de seguir luchando desesperadamente en una vida en la que no puedo encontrar ninguna salida, preferiría ser como el protagonista y morir mientras persigo la esperanza.»
Aquel comentario era demasiado extraño.
Otros lectores también habían respondido preguntándole si le había ocurrido algo y por qué decía semejantes cosas.
Pero jamás recibieron respuesta.
Shen Ci miró el nombre de usuario de quien había dejado el comentario.
Le resultaba extremadamente familiar.
Entonces pulsó el botón de responder y apareció el cuadro de texto.
Fue en ese momento cuando lo descubrió.
Aquel nombre de usuario…
Era el suyo.
El comentario lo había dejado el Shen Ci original.
No…
No era eso.
El Shen Ci original…
Aquella historia…
¿Qué demonios significaba todo aquello?
El dolor de cabeza de Shen Ci se volvió insoportable.
Sus dedos perdieron fuerza.
El teléfono resbaló de su mano.
El cable de carga no soportó el tirón y se desconectó. Inmediatamente apareció una advertencia de batería baja y la pantalla comenzó a oscurecerse.
Shen Ci recogió el teléfono torpemente y volvió a conectar el cargador.
Todo su cuerpo estaba temblando.
Aquel comentario permanecía claramente frente a sus ojos.
Reconocía cada una de las palabras.
Sin embargo, al verlas juntas, de repente parecía incapaz de comprender lo que expresaban.
Era imposible que existiera una coincidencia semejante.
No podía ser que todas las experiencias de su vida coincidieran exactamente con las de una novela, hasta en los detalles.
Entonces, la explicación más probable era…
¿Que la vida que él creía haber vivido en realidad pertenecía a una novela?
Había pensado que había transmigrado a un libro.
Pero, en realidad, «él» era el personaje de un libro.
Y aquel a quien siempre había considerado el personaje original de esta novela…
Era él mismo.
De repente, todo tenía sentido.
Con razón hasta ahora seguía sin recordar cómo se llamaba aquella supuesta novela.
Porque nunca había tenido un título.
Porque nunca había existido como libro.
Con razón solo recordaba que había un protagonista shou, pero no recordaba que hubiera un protagonista gong.
Quizá aquel supuesto protagonista gong había sido Feng Yue, a quien él mismo ya había descartado.
O quizá nunca había llegado a pensar quién sería.
La única razón por la que había considerado que se trataba de una novela BL era porque a él le gustaban los hombres.
Con razón aquella trama de «ser torturado hasta la muerte por el villano» nunca había sucedido.
Qin Yi había sido catalogado como el «villano» únicamente porque, en aquel entonces, Shen Ci le tenía demasiado miedo.
Temía llegar a la familia Qin.
Temía que Qin Yi descubriera lo inútil que era.
Pensaba que Qin Yi seguramente lo despreciaría.
Que lo odiaría.
Con razón a menudo sentía que sus recuerdos se volvían borrosos.
Incluso había llegado a olvidar el aspecto de su propia madre.
No era porque estuviera siendo «asimilado por este mundo».
Era porque sus recuerdos provenían originalmente de un libro.
La imagen que tenía de la madre del protagonista procedía únicamente de palabras escritas.
Naturalmente, no podía saber cómo era su verdadero rostro.
Así que todo…
Todo había sido producto de su imaginación.
Había imaginado su propia vida como una novela y había tomado al personaje creado en otra historia como si fuera él mismo.
De ese modo podía convertirse en alguien tan valiente y seguro de sí mismo como el Shen Ci de aquel libro.
Podía enfrentarse con serenidad a «la desesperación de no encontrar ninguna salida».
Podía «hacer que su vida fuera diferente de como era ahora».
Así que eso era.
De repente, una gota de agua apareció sobre la pantalla del teléfono.
Luego otra.
Y otra.
Shen Ci se pasó una mano por el rostro.
Solo entonces descubrió que, sin saber desde cuándo, ya estaba llorando desconsoladamente.