Después de casarme con el villano discapacitado - Capítulo 72

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  4. Capítulo 72
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Que Qin Yi aceptara ir al hospital era algo realmente excepcional. Aquel hombre siempre se había resistido al tratamiento, sin importar de qué se tratara.

Como amigo suyo desde hacía más de diez años, Lu Heng lo sabía perfectamente. Parecía temer que Qin Yi se arrepintiera después de haber aceptado, así que al día siguiente incluso cambió su turno con un compañero para acompañarlo al hospital y resolver el asunto cuanto antes.

Al principio, Shen Ci estaba bastante preocupado. Temía que ir a un lugar tan concurrido como un hospital hiciera sentir incómodo a Qin Yi. Sin embargo, una vez que subieron al auto, descubrió que ni siquiera iban al hospital donde trabajaba Lu Heng, sino a un hospital privado.

—Este hospital pertenece a la familia Qin —dijo Wen Yao mirando por la ventana, con un tenue tono burlón en la voz—. En aquel entonces, Qin Qian hizo venir aquí a mi madre para que abortara. Ella se negó y armó una gran escena con él aquí mismo, haciéndolo quedar en ridículo. Qin Qian se enfureció tanto que ni siquiera quiso conservar las apariencias. Simplemente le arrojó dinero y se marchó.

Soltó un suspiro difícil de interpretar.

—Como dice el refrán, las malas hierbas nunca mueren. Qin Qian es un desgraciado, pero tiene una salud de hierro, así que tampoco viene mucho a este hospital. Por lo general atienden a familias adineradas. Tiene buena privacidad y una confidencialidad estricta, así que nadie se cruza contigo cuando vienes a atenderte y luego empieza a circular alguna noticia.

Mientras hablaba, el conductor estacionó frente al hospital.

Wen Yao abrió la puerta y fue el primero en bajar.

La silla de ruedas estaba en el maletero. Shen Ci también bajó y se volvió para llamar a Qin Yi, pero descubrió que este seguía sentado completamente inmóvil.

Tenía la espalda rígidamente erguida y todo el cuerpo tenso.

Ni siquiera parecía haberse dado cuenta de que ya habían llegado.

Cuando había caído en aquel estado catatónico el día anterior, su aspecto había sido bastante parecido.

El corazón de Shen Ci dio un vuelco.

—¿Gege?

—…Mm.

Qin Yi respondió enseguida, aunque seguía con la mirada baja y el cuerpo rígido.

—¿Ya llegamos?

Estaba consciente y podía responder, pero no se movía.

Aquella extraña reacción desconcertó a Shen Ci. Se acercó para observarlo mejor y vio que tenía el rostro pálido y los labios casi sin color.

—¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal?

—No es nada.

Qin Yi movió con dificultad las extremidades entumecidas.

—Ayúdame.

Wen Yao lo ayudó a bajar del auto y a sentarse en la silla de ruedas.

—¿Quieres que te lleve?

—No hace falta. Puedo hacerlo yo.

Lu Heng ya los esperaba en la entrada del hospital.

Qin Yi manejó la silla de ruedas hacia él, mientras Shen Ci y Wen Yao caminaban unos pasos por detrás.

Shen Ci no pudo contenerse.

—¿Qué le pasó hace un momento?

—Tiene estrés postraumático por el accidente —explicó Wen Yao—. Sentarse en un auto le provoca una reacción bastante fuerte. Espero que consiga superarlo en el futuro. De lo contrario, aunque se recupere por completo, tendrá que viajar en auto para ir a sus conciertos. Si no logra superarlo, será bastante problemático.

Estrés postraumático…

Shen Ci observó la espalda de Qin Yi y sus dedos se curvaron involuntariamente.

Volvió a pensar en la botella que había provocado el accidente.

Sintió rabia y tristeza al mismo tiempo.

—Vamos —dijo Wen Yao, dándole unas suaves palmadas en el hombro—. Entremos.

Prácticamente no había nadie en el hospital.

Todos los exámenes habían sido programados de antemano. Daba la impresión de que, durante aquella mañana, todo el hospital estaba funcionando únicamente para Qin Yi.

Shen Ci pudo acompañarlo durante los exámenes físicos rutinarios, pero no en las demás evaluaciones.

El médico necesitaba hablar con Qin Yi a solas para determinar con precisión el estado de su enfermedad.

Shen Ci esperó fuera del consultorio.

Toda su atención estaba puesta en Qin Yi, así que ni siquiera se dio cuenta de que Wen Yao había desaparecido durante un rato.

Cuando regresó, traía dos conos de helado en las manos.

Le tendió el de chocolate.

—Toma.

Shen Ci se sorprendió.

—¿Dónde lo compraste?

—En la entrada. Hay un congelador apenas entras. Venden helados, agua y otras cosas.

Shen Ci ni siquiera había visto aquel congelador al entrar.

Observó a Wen Yao de arriba abajo.

—Siento que conoces bastante bien este lugar. ¿Ya habías venido?

—Vengo a menudo —respondió Wen Yao—. Bueno, tampoco diría que muy a menudo. Vengo cuando lo necesito. Como aquí no tengo que pagar, Qin Yi cubre los gastos. Con la miseria que me pagaba Shen Zhaocheng no alcanzaba para consultas médicas.

Shen Ci parpadeó.

—No recuerdo haberte visto enfermo casi nunca.

—Los chequeos médicos también cuentan. Si puedo hacerme un chequeo gratis, ¿por qué no aprovecharlo? Sería un desperdicio.

Shen Ci se quedó sin palabras.

Aunque Qin Yi y Wen Yao parecían llevarse mal, en realidad tenían una relación bastante buena.

Que Qin Yi, el heredero reconocido de la familia Qin, pudiera relacionarse de aquella manera con Wen Yao, el hijo ilegítimo al que Qin Qian se negaba a reconocer, demostraba lo complicada que era aquella familia.

Shen Ci quitó el envoltorio del cono y le dio un pequeño mordisco.

—¿Cómo se conocieron ustedes dos?

—¿Quiénes? ¿Qin Yi y yo?

Wen Yao no pareció tener ningún problema en hablar del tema.

—Él fue quien vino a buscarme. No sé exactamente cómo se enteró de mi existencia. Quizá Qin Qian dejó escapar algo sin querer.

Pensó un momento.

—Si no recuerdo mal, aquel año Qin Yi tenía ocho años. De repente apareció en el orfanato y me dijo que iba a sacarme de allí. Yo no le creí en absoluto. Un mocoso que era incluso más pequeño que yo decía que iba a hacerse cargo de mí. ¿No te parece ridículo?

A Shen Ci no le parecía ridículo.

Lo que no comprendía era la motivación de Qin Yi.

Por aquel entonces todavía no había conocido al Shen Ci original, así que acoger a Wen Yao evidentemente no tenía nada que ver con él.

Entonces, ¿solo quería vengarse de Qin Qian?

Cuanto más evitaba Qin Qian un asunto, más empeño ponía Qin Yi en tocarlo. Cuanto menos quería reconocer a aquel hijo ilegítimo, más decidido estaba Qin Yi a acercarse a él.

Parecía que su enfrentamiento con Qin Qian había comenzado desde que era muy pequeño.

—Pero, para mi sorpresa, unos días después realmente consiguió sacarme del orfanato —continuó Wen Yao—. Me dio un departamento para vivir e incluso quería contratar a una niñera para que se ocupara de mí. Me negué. Le dije que podía cuidarme solo y le pregunté por qué me ayudaba. Fue entonces cuando me contó cuál era nuestra relación. Dijo que odiaba a Qin Qian y que lo hacía deliberadamente para enfurecerlo.

Shen Ci guardó silencio.

Realmente lo había adivinado.

—Cuando Qin Qian se enteró, se puso furioso. Pero en aquella época todavía tenía esperanzas puestas en Qin Yi, así que tampoco llevó el asunto demasiado lejos. Mientras yo no apareciera delante de él, fingía que no existía. Qin Yi incluso me transfirió a una escuela mejor para que continuara estudiando. También dijo que, aunque me hubiera acogido, no pensaba mantener a un inútil que solo supiera comer gratis, así que tenía que hacer algo para compensárselo.

—Entonces…

—Lo de convertirme en tu guardaespaldas ocurrió después de que te conociera. Qin Yi pensó que necesitabas protección y me pidió que fuera tu guardaespaldas. A mí me pareció bien, así que acepté.

Shen Ci siguió comiendo su helado.

—De verdad no se parecen en absoluto. Si ustedes mismos no me lo hubieran contado, probablemente jamás habría imaginado que…

—Mejor que no nos parezcamos.

Wen Yao soltó una risa fría.

—No tengo ningún interés en parecerme a Qin Qian. Que cierto heredero suyo se quede con semejante «bendición».

Shen Ci estaba a punto de responder cuando sonó su teléfono.

Lo contestó de inmediato.

—¿Hola?

—¿Señor Shen Ci? Le hablamos de la comisaría de Jinyang.

Al escuchar la voz del policía, Shen Ci ya imaginó aproximadamente de qué se trataba.

Miró nerviosamente hacia el consultorio.

Qin Yi todavía no había salido.

Se alejó unos pasos y bajó la voz.

—Sí, soy yo.

—Ya tenemos los resultados de la comparación de ADN. El ADN encontrado en la botella recuperada tras el accidente de tráfico pertenece efectivamente a Feng Yue. También investigamos sus movimientos del seis de enero del año pasado. Ese día condujo por el tramo de la autopista Yan-Yu donde ocurrió el accidente. Sin embargo, el punto exacto en el que arrojó la botella estaba fuera del alcance de las cámaras, así que no quedó grabado.

El corazón de Shen Ci se tensó.

—Entonces, ¿pueden demostrar que fue él quien arrojó la botella?

—Prácticamente sí. Cuando entró a la autopista, las cámaras del peaje captaron una botella de esa bebida dentro de su vehículo. Cuando salió, ya no estaba. Además, en la botella solo encontramos su ADN y ese día viajaba solo. Por lo tanto, aunque él se niegue a admitirlo, podemos determinar que fue quien la arrojó.

—Eso es bueno.

Shen Ci exhaló aliviado.

Después de haber encontrado por fin al responsable, no podía permitir que escapara por falta de pruebas.

El policía terminó de informarle sobre los avances de la investigación y colgó.

Wen Yao había escuchado toda la conversación desde un lado.

—¿Qué piensas hacer ahora? ¿Pedirle a Feng Yue que pague una indemnización?

—No puede pagarla.

Shen Ci apretó con fuerza el puño y después lo relajó.

—Más le vale pasar varios años en prisión.

—Pero ahora mismo tampoco te conviene ocuparte personalmente de eso. Pídele al mayordomo que contrate a un abogado para que se comunique con la policía.

—Mm.

Si quería ocultárselo a Qin Yi, no podía hacer nada que despertara sus sospechas.

Aunque no pudiera hacer que Feng Yue experimentara el mismo sufrimiento que habían soportado las víctimas, al menos era mejor que dejarlo impune.

Poco después de que terminara la llamada, Qin Yi finalmente salió del consultorio.

Shen Ci se acercó enseguida.

—¿Cómo fue?

—Nada especial. Volver a casa y tomar medicamentos —respondió Lu Heng, con ambas manos metidas en los bolsillos—. Pero esta vez no puedes volver a hacer lo que te dé la gana. Si empiezas a tomarlos, no puedes dejarlos por tu cuenta. Si vuelves a ignorar las indicaciones médicas, de verdad dejaré de ocuparme de ti.

La última frase iba dirigida a Qin Yi.

Este respondió con cierta impaciencia:

—Ya lo sé.

Entonces reparó en el envoltorio del cono que Shen Ci sostenía.

Miró también el de Wen Yao y frunció el ceño.

—¿No hay uno para mí?

—No te compré. ¿Quién sabía cuándo ibas a terminar? Para cuando salieras ya se habría derretido —respondió Wen Yao—. Además, ¿no se supone que no te gustan estas cosas?

—Ve a comprar uno ahora —ordenó Qin Yi.

A Wen Yao le tembló un párpado.

Al final decidió no discutir con un enfermo.

—Está bien, iré. ¿De qué sabor?

—Cualquiera.

Después de conseguir que Wen Yao se marchara, Qin Yi exhaló lentamente.

—Volvamos a casa.

El hospital realmente no era un lugar en el que pudiera sentirse cómodo.

Shen Ci y Qin Yi subieron primero al auto, mientras Lu Heng se marchaba en su propio vehículo.

Shen Ci llevaba los resultados de los exámenes de Qin Yi.

Aparte de sus piernas, no había grandes problemas físicos.

También habían aprovechado para comprobar la recuperación de sus nervios. Según el médico, por el momento el pronóstico era bastante bueno y solo necesitaba continuar con la rehabilitación.

Shen Ci guardó todos los documentos junto con los medicamentos recién recetados.

Después preguntó con cautela:

—¿El médico dijo algo más?

Qin Yi negó con la cabeza.

—Originalmente recomendó que me hospitalizaran, pero me negué.

Así que su situación ya era bastante grave.

Shen Ci apretó los labios, intentando encontrar algo con qué consolarlo.

—En casa también cuidaré bien de ti y me aseguraré de que tomes tus medicamentos a tiempo.

Qin Yi lo miró.

Había algo muy complejo en sus ojos.

—¿Incluso si es posible que deje de parecer yo mismo?

—¿Qué?

Shen Ci todavía no había comprendido qué quería decir cuando una voz interrumpió la conversación.

Wen Yao subió al auto con un cono en la mano.

—Ah, conque así estamos. Me mandan a comprar algo y ustedes se van primero. Me hicieron buscarlos por todas partes. La próxima vez ni sueñes con volver a darme órdenes.

Le metió el cono en la mano a Qin Yi.

Qin Yi quitó el envoltorio, pero no le dio ningún mordisco.

En cambio, lo acercó a la boca de Shen Ci.

Shen Ci seguía esperando una respuesta a su pregunta y el contacto repentino de algo tan frío lo hizo volver en sí.

—¿No lo compró para ti? Yo ya comí uno.

Qin Yi no retiró la mano.

Shen Ci no tuvo más remedio que darle un pequeño mordisco simbólico.

—Si como demasiado, me va a doler el estómago.

Solo entonces Qin Yi apartó el cono.

Y comenzó a comer exactamente por el lugar donde Shen Ci acababa de morder.

Shen Ci no terminaba de entenderlo.

¿Por qué había insistido tanto en que él le diera el primer mordisco?

¿Acaso un helado mordido por él sabía más dulce?

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