Después de casarme con el villano discapacitado - Capítulo 61

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Shen Ci observó el rostro de Qin Yi y permaneció en silencio durante un buen rato.

¿Qin Yi estaba… invitándolo a conocer a su madre?

Ahora que lo pensaba, en realidad tenía sentimientos bastante contradictorios hacia la madre de Qin Yi. Por un lado, consideraba que había sido abandonada por su esposo y que era una víctima digna de compasión; por otro, había lastimado a su propio hijo, así que también había sido una agresora.

Sin embargo, cuando Qin Yi hablaba de ella, nunca se limitaba a mencionar únicamente las cosas malas. «Ser amado» y «ser herido» siempre aparecían entrelazados en sus recuerdos. A diferencia de Qin Qian, de quien solo había recibido daño. Quizá precisamente por ese contraste, Qin Yi tendía claramente a ser más indulgente con su madre.

Pensándolo ahora, tal vez ella realmente había amado a su hijo. Solo que, cuando sufría una crisis, perdía el control de sus emociones y terminaba haciéndole cosas que lo lastimaban. Después, cuando recuperaba la calma, se arrepentía y trataba de compensarlo siendo buena con él… Una y otra vez.

En ese aspecto, quizá Qin Yi la comprendía mejor que nadie. Por eso, aunque ella lo hubiera lastimado repetidamente, nunca había llegado a «odiarla» de verdad. Todavía se aferraba al amor materno que alguna vez había recibido.

Era como aquella ventana de su antiguo dormitorio, cubierta por una espesa enredadera. Solo cuando el viento levantaba ocasionalmente las hojas, unos tenues rayos de sol conseguían filtrarse.

Y Qin Yi jamás había olvidado esos rayos de sol.

Aunque la enredadera lo hubiera mantenido en la oscuridad durante mucho más tiempo, nunca había olvidado aquella pequeña luz, aquella diminuta muestra de bondad.

A Shen Ci le escoció la nariz. Bajó rápidamente la cabeza, sin querer que Qin Yi viera que sus ojos comenzaban a enrojecerse, y sacó de la olla una lámina de carne de res que ya se había cocido demasiado.

—Está bien. Pero no sé cuándo le vendría bien a ella… Creo que antes dijiste que solo puede comunicarse con el exterior en horarios determinados… ¿Hay que solicitarlo con anticipación?

—Durante las festividades puedo hablar con ella por teléfono o videollamada —respondió Qin Yi—. Esperemos hasta Año Nuevo. Todos los años hablo con ella en esas fechas. Este año te llevaré conmigo.

—Claro, por mí está bien.

Todavía faltaba más de un mes para Año Nuevo, así que Shen Ci tendría tiempo suficiente para prepararse mentalmente. Tras pensarlo un poco, volvió a preguntar:

—Por cierto, todavía no sé cómo se llama. ¿Puedes decírmelo?

—Yu Shu.

Qin Yi finalmente pronunció aquel nombre que llevaba tanto tiempo sin mencionar.

—Se llama Yu Shu.

—Lo recordaré. Entonces, cuando llegue el momento, puedo llamarla directamente tía Yu, ¿verdad?

—Mm.

Después de contarle todo aquello, Qin Yi pareció sentirse mucho más relajado y por fin comenzó a comer el hot pot con seriedad.

Aunque ya no podía recordar cómo se veía su madre cuando comían hot pot juntos durante su infancia, ni tampoco qué sabor tenía aquella comida, por alguna razón sentía que el hot pot de ese día debía ser mucho más delicioso que el de entonces.

Como si se tratara de una especie de sugestión psicológica, poco a poco empezó a interesarse por la comida. Le parecía bastante más sabrosa que sus habituales comidas nutritivas y, como el picante abría el apetito, terminó comiendo más de lo normal sin darse cuenta.

A mitad de la comida, Shen Ci echó un paquete de fideos a la olla y lo compartió con Qin Yi.

Probablemente era la primera vez que el joven señor Qin descubría que también se podían cocinar fideos en el hot pot. Los observó con el ceño fruncido durante un buen rato antes de decidirse a probarlos. Entonces, Shen Ci vio cómo sus cejas se relajaban poco a poco y, sin decir una palabra, terminó comiéndose todos los fideos.

A Shen Ci le pareció muy divertida su reacción.

En el futuro deberían probar más comidas aparte de los platos caseros, como barbacoa o malatang. Quizá también le gustaran.

Por supuesto, debían procurar mantener una alimentación equilibrada. Bastaría con darse un gusto de vez en cuando y probar cosas nuevas para despertar su apetito; tampoco podía comerlas demasiado seguido.

Mientras pensaba en eso, Shen Ci decidió que, de ahora en adelante, todos los fines de semana llevaría a Qin Yi a probar algo nuevo.

Aquella noche, Shen Ci acompañó a Qin Yi todo el tiempo. Como había quedado impregnado del olor del hot pot, no tuvo más remedio que darse otro baño. Después vieron una película para relajarse y, finalmente, llegó el masaje antes de dormir.

Ambos dejaron atrás el disgusto de aquel día. Además, como Shen Ci había aceptado conocer a su madre, Qin Yi estaba visiblemente de buen humor. Shen Ci podía percibir que se encontraba muy relajado, algo que no era frecuente en él.

Desde que sus piernas habían comenzado a moverse, parecía estar cambiando poco a poco.

Durante todo ese tiempo tampoco había vuelto a sufrir episodios depresivos ni maníacos. Incluso ese día, aunque unas palabras dichas sin pensar lo habían alterado, había conseguido mantener sus emociones bajo control.

Shen Ci tenía la vaga sensación de que Qin Yi pronto estaría bien.

Quería salvarlo.

Quería que dejara de sufrir.

Quería verlo ponerse nuevamente de pie y regresar al lugar que originalmente le pertenecía.

Y, por lo que veía ahora, Qin Yi ya había dado un enorme paso hacia adelante.

Mientras dormía abrazado a él, Shen Ci también se sentía muy feliz. Todo parecía avanzar en una buena dirección. Quizá no tendría que esperar demasiado para ver a Qin Yi conversar y reír con él como cualquier otra persona.

Comenzó a esperar con ilusión aquel día.

Esperaba volver a verlo sobre un escenario.

Aquella noche, Shen Ci tuvo un sueño.

Soñó que asistía a un concierto.

Era el primer concierto de Qin Yi después de regresar a los escenarios. Los reflectores caían sobre él, pero Qin Yi parecía brillar incluso más que las propias luces.

Cuando terminó de tocar, se puso de pie y se inclinó ante el público.

Sin embargo, justo cuando aquel hermoso sueño llegaba a ese punto, la alarma de la mañana despertó a Shen Ci.

Se levantó de muy mala gana, pensando con frustración que ni siquiera había alcanzado a soñar con Qin Yi caminando hacia él desde el escenario antes de despertarse.

Pero ese día tenía que ir a clases. Ya no podía seguir holgazaneando, así que, por mucho que no quisiera, tuvo que levantarse obedientemente.

Después de permitirse descansar durante un día, tenía que volver a la vida académica del último año de preparatoria.

Después de Año Nuevo también habían publicado los resultados del examen escrito de la prueba de arte y, como era de esperar, Shen Ci había obtenido una puntuación alta. De ese modo, ya no tenía que preocuparse demasiado por su calificación artística.

Los exámenes de admisión específicos de las universidades serían en marzo, así que todavía faltaba bastante.

Sin embargo, como últimamente había concentrado gran parte de su atención en los exámenes de arte, había descuidado un poco las materias académicas. En el examen mensual posterior a los parciales no había conseguido quedar primero y Meng Ju lo había superado.

De todos modos, esas calificaciones no eran demasiado importantes para él.

Así que pensó que también podía contener un poco su puntuación en los exámenes finales. Deliberadamente respondió mal un problema importante y, una vez más, consiguió mantenerse firmemente en segundo lugar por una diferencia de apenas unos puntos.

El primer lugar seguía perteneciendo al pequeño Meng Ju.

Su tutor de grupo no dijo nada al respecto, pero el profesor de matemáticas fue el primero en molestarse. Lo llamó en privado a la oficina y le preguntó por qué se había equivocado en un problema que evidentemente sabía resolver.

Shen Ci parpadeó inocentemente.

No tuvo más remedio que decir la verdad: quería que Meng Ju recuperara un poco de confianza. Después de todo, Meng Ju sí tendría que presentar el examen nacional de ingreso a la universidad, mientras que él era un estudiante de arte y no necesitaba obtener calificaciones tan altas.

Después de escucharlo, el profesor de matemáticas, furioso, le dio un manotazo en la cabeza.

—La próxima vez que quieras regalar puntos, hazlo en el examen de Historia. ¡En el mío no!

—Está bien… —murmuró Shen Ci—. Pero en Matemáticas es más difícil que descubran que lo hice a propósito…

El profesor de matemáticas arqueó las cejas.

—¿Qué dijiste?

Shen Ci encogió el cuello.

—Nada.

Después de los exámenes finales, los alumnos de primero y segundo de preparatoria ya habían comenzado sus vacaciones, pero los de último año todavía tenían que asistir unos días más a clases adicionales.

Durante esos días tuvieron su última clase de Educación Física del semestre.

El profesor de Educación Física ya parecía estar mentalmente preparado para las vacaciones de invierno. Simplemente les pidió que trotaran una vuelta y después los dejó hacer lo que quisieran. Ni siquiera tendrían que reunirse al terminar la clase; podían marcharse directamente.

Pero ese día hacía bastante viento.

Mientras corría, Shen Ci tragó varias bocanadas de aire frío. Cuando regresó al salón después de la clase, comenzó a sentir molestias en la garganta. Beber agua caliente tampoco ayudó demasiado y, para cuando regresó a casa por la noche, su voz ya estaba un poco ronca.

Desde que había transmigrado al libro, Shen Ci todavía no se había enfermado ni una sola vez.

Jamás habría imaginado que su primer resfriado sería por salir a correr.

Además, no quería tomar medicamentos. Pensaba que solo le dolía un poco la garganta y que no era para tanto. Seguramente al día siguiente estaría bien.

Sin embargo, bajo la mirada peligrosamente intensa de Qin Yi, terminó tomando obedientemente la medicina.

Quién hubiera imaginado que había sobreestimado su resistencia.

No solo no se recuperó, sino que además le dio fiebre.

A la mañana siguiente, cuando despertó todavía aturdido, escuchó a Qin Yi hablando con alguien que no logró identificar.

—Mm. Hoy no irá. Quiero pedir permiso por él.

Shen Ci abrió los ojos de golpe.

¿Pedir permiso?

¿Por qué tenía que pedir permiso? ¡No le pasaba nada que le impidiera ir a clases!

Hizo un esfuerzo por incorporarse y vio que Qin Yi acababa de colgar el teléfono. Con muy mala cara, le ordenó:

—Acuéstate.

Shen Ci lo miró desconcertado.

—¿Hablaste con mi tutor…?

Apenas había pronunciado unas palabras cuando escuchó lo ronca que estaba su propia voz y no pudo evitar toser varias veces.

—¿Le pediste permiso? Solo me duele la garganta. No hacía falta que faltara a clases, ¿verdad?

Qin Yi lo observó fríamente y levantó el termómetro infrarrojo con el que acababa de tomarle la temperatura, mostrándole la lectura.

Shen Ci miró atentamente.

37,6 °C.

Tenía un poco de fiebre.

Se quedó atónito.

¿De verdad le había dado fiebre?

¿Solo por haber respirado un poco de aire frío?

Entonces, ¿no significaba eso que su personaje de «chico de salud delicada que siempre falta a clases» acababa de hacerse realidad?

—Acuéstate —ordenó Qin Yi nuevamente—. Hoy no vas a la escuela. Quédate en casa y descansa. Ya casi empiezan las vacaciones y justo ahora consigues enfermarte. De verdad que eres increíble.

Shen Ci pensó que tampoco era como si hubiera querido enfermarse.

¿Quién iba a saber que salir a correr podía acabar así?

Si lo hubiera sabido, simplemente habría pedido permiso para no correr y probablemente no le habría pasado nada.

No tuvo más remedio que volver a acostarse. Se subió la cobija hasta cubrirse casi por completo, dejando únicamente los ojos al descubierto.

—Pero si hoy no voy y mañana es el último día de clases adicionales, entonces prácticamente solo tendría que ir a recoger mis cosas y marcharme…

—No pasa nada si tampoco vas a recogerlas. Le pediré a Wen Yao que te las traiga —respondió Qin Yi en un tono que no admitía discusión—. Mejor tampoco vayas mañana. Empieza tus vacaciones desde ahora. Si necesitas algo, Wen Yao puede traértelo.

—No, no —se negó Shen Ci apresuradamente—. Será mejor que vaya yo. De verdad estoy bien. Mañana seguro que ya me recuperé.

Qin Yi no tenía el menor interés en escuchar sus «promesas». Su tono continuó siendo severo.

—Si te duele la garganta, habla menos. Le pedí a la cocina que te preparara gachas de arroz. Come un poco y después vuelve a dormir.

—…Está bien.

Apenas Qin Yi le había ordenado acostarse y ahora Shen Ci tuvo que levantarse otra vez para asearse.

Después de tomar la medicina para el resfriado y beber las gachas calientes, la garganta ya no le molestaba tanto y hasta comenzó a sudar un poco.

Qin Yi le dijo que descansara, así que no tuvo más remedio que hacerlo.

Por fin pudo experimentar lo que era estar enfermo, recibir órdenes de guardar reposo y tener a alguien cuidándolo.

El único problema era que el joven señor Qin realmente no sabía cómo cuidar de una persona.

Simplemente se sentó junto a la cama para acompañarlo, inmóvil y en completo silencio.

La atmósfera se volvió tan extraña que Shen Ci era incapaz de quedarse dormido.

Finalmente, ya no pudo soportarlo y rompió la orden de no hablar.

—¿Por qué no… te acuestas aquí?

Qin Yi lo observó durante unos instantes y finalmente dejó de permanecer sentado como una estatua. Regresó a su lado habitual de la cama y se acostó junto a él.

—¿Así está bien?

—Mm.

Shen Ci, aprovechándose de la situación, abrazó su brazo y frotó suavemente la mejilla contra su piel. El cuerpo de Qin Yi estaba fresco y resultaba muy agradable.

—Ya que pediste permiso por mí… ¿por qué no duermes conmigo?

Qin Yi no aceptó verbalmente, pero tampoco se negó.

Así que Shen Ci lo tomó como un consentimiento tácito.

Quizá debido a la enfermedad, sentía el cuerpo débil y sin fuerzas. Tampoco tenía demasiada energía. Después de permanecer pegado a Qin Yi durante un rato, realmente se quedó dormido.

Al sentir que la persona a su lado había dejado de moverse, Qin Yi giró la cabeza para mirarlo.

El rostro del joven estaba ligeramente pálido. Permanecía acurrucado tranquilamente junto a él y, de ese modo, parecía especialmente dócil y obediente.

Qin Yi rozó suavemente sus labios con la yema de un dedo.

De repente, un pensamiento bastante inoportuno cruzó por su mente.

Si lo besara ahora… ¿se contagiaría?

Había escuchado que, después de contagiarle el resfriado a otra persona, uno se recuperaba más rápido.

¿Sería verdad?

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