Después de casarme con el villano discapacitado - Capítulo 6
Shen Ci enderezó inconscientemente la espalda.
Qin Yi ya había colocado las manos sobre las teclas, así que decidió no hacer más preguntas y concentrarse en el piano.
Los pálidos dedos del hombre permanecieron inmóviles sobre las teclas durante unos instantes. Finalmente, como si hubiera tomado una decisión, presionó las primeras notas.
Después de cinco meses sin tocar un piano, sus manos estaban algo entumecidas y torpes.
Sin embargo, bastaron apenas unos compases para que recuperara la sensación de antaño y continuara interpretando la pieza siguiendo la partitura.
Shen Ci observó fijamente sus manos.
Realmente eran unas manos hechas para tocar el piano.
La música fluía de las puntas de sus dedos con una naturalidad innata, haciendo imposible apartar tanto la mirada como el oído.
Pero muy pronto, aquella fluidez perfecta fue interrumpida por una pausa abrupta.
Qin Yi frunció ligeramente el ceño y su cuerpo se tensó de manera evidente.
Shen Ci levantó la mirada.
El lugar donde se había detenido estaba marcado claramente en la partitura.
Había que utilizar el pedal.
El corazón de Shen Ci se encogió y miró a Qin Yi.
Después de varios segundos de silencio, el hombre comenzó de nuevo aquel compás y continuó tocando sin ayuda del pedal.
Una sensación amarga e indescriptible invadió a Shen Ci.
Bajó la mirada hacia las piernas inmóviles de Qin Yi y apretó fuertemente los labios.
El pedal era el alma del piano.
Aunque existían piezas que podían interpretarse completamente sin utilizarlo, eran una minoría. En la gran mayoría de las composiciones para piano, los pedales desempeñaban una función mayor o menor.
Especialmente en ciertas piezas profesionales de gran formato, pensadas para ser interpretadas en conciertos, su uso era prácticamente indispensable.
No poder utilizar los pedales suponía un golpe devastador para Qin Yi.
Dicho de una manera más cruel:
«Este hombre nunca podrá volver a subir a un escenario».
A los veintiséis años, aquel joven pianista había caído justo cuando se encontraba en la cima de su carrera.
Y si todo seguía la trama de la novela original, jamás tendría la oportunidad de levantarse de nuevo.
Shen Ci no sabía qué clase de desesperación habría experimentado Qin Yi durante aquellos cinco meses para perder incluso las ganas de tocar el piano y abandonar en la sala aquel instrumento que antes lo acompañaba todos los días.
No pudo evitar observar al hombre sentado a su lado.
Su mirada descendió desde aquel pálido perfil, recorrió la línea delgada y erguida de su espalda y finalmente se detuvo en su cintura.
Qué delgado estaba.
De pronto, un extraño pensamiento apareció en la mente de Shen Ci.
Quería abrazarlo.
De repente, la música se detuvo.
La grave voz de Qin Yi sonó a su lado:
—Mira la partitura.
Shen Ci volvió en sí al instante.
Apartó apresuradamente la mirada que había mantenido sobre él y murmuró:
—L-lo siento…
Ah…
Qué vergüenza.
¡Qin Yi ni siquiera había girado la cabeza! ¿Cómo se había dado cuenta de que lo estaba mirando?
El joven señor Shen, atrapado en pleno acto de observarlo a escondidas, estaba tan avergonzado que se obligó a concentrarse en el piano y ya no se atrevió a mirar a Qin Yi.
Pero sentados tan cerca el uno del otro…
¿Cómo se suponía que iba a concentrarse?
Qin Yi no dijo nada más y continuó tocando.
Poco a poco, la música devolvió a Shen Ci a la realidad.
Finalmente se dio cuenta de que los fragmentos que Qin Yi repetía una y otra vez eran precisamente aquellos en los que él tenía más dificultades.
Aunque Shen Ci podía interpretar toda la pieza de principio a fin con fluidez, había ciertas partes en las que siempre sentía que algo faltaba.
Qin Yi estaba detectando sus puntos débiles y corrigiéndolos.
Sin embargo, como no podía utilizar los pedales, tenía que depender únicamente de la técnica de sus dedos para reproducir, en la medida de lo posible, el ambiente que normalmente se crearía con ayuda de ellos.
Era una técnica extremadamente difícil.
Además, no servía para todas las piezas y tampoco permitía reproducir el efecto al cien por ciento.
Tocar de aquella manera durante mucho tiempo resultaba sumamente agotador.
Al pensar que Qin Yi, aun encontrándose en semejante estado físico, estaba enseñándole a tocar el piano, Shen Ci sintió como si le hubieran confiado una misión de enorme importancia.
Su actitud cambió inmediatamente.
Se sentó con la espalda perfectamente recta y comenzó a escuchar con absoluta atención.
No hubo comunicación verbal entre ellos.
Solo el sonido del piano resonaba incesantemente por la habitación.
La hermosa y melodiosa música hacía que uno se sumergiera en ella sin darse cuenta.
Mientras escuchaba, Shen Ci intentaba comprenderla, memorizando cómo debía sonar cada fragmento y qué emociones debía contener cada melodía.
Nadie podía comprender mejor el significado que pretendía transmitir aquella pieza que su propio creador.
Aquella clase silenciosa continuó durante media hora.
Cuando Qin Yi finalmente se detuvo, sus manos temblaban ligeramente y su rostro estaba aún más pálido que antes.
Abandonó apresuradamente el banco y regresó a la silla de ruedas, esforzándose por mantener la voz serena.
—Estoy cansado. Practica tú solo.
Shen Ci seguía completamente inmerso en la música y apenas reaccionó.
Respondió por instinto.
Cuando finalmente volvió en sí, Qin Yi ya se había marchado.
Debido a que había estado demasiado concentrado, no se dio cuenta de que algo iba mal con él.
Simplemente pensó que realmente estaba cansado y quería descansar.
Así que ajustó el banco y comenzó a practicar por su cuenta.
Qin Yi manejó la silla de ruedas hasta regresar a su dormitorio.
Lo primero que hizo al entrar fue cerrar la puerta con llave.
Detuvo la silla junto a la cama y se sostuvo con dificultad del borde del colchón.
Como si ya no pudiera soportar el peso de su propio cuerpo, terminó inclinando casi todo el torso sobre la cama.
Un dolor punzante y violento atravesó sus piernas.
Era como si unas manos invisibles estuvieran desgarrándole los nervios.
El dolor ascendió hasta su cintura y después se extendió por la espalda, provocando que todo su cuerpo temblara y sufriera espasmos incontrolables.
Precisamente por eso se había visto obligado a abandonar la sala de piano y esconderse solo en su dormitorio.
Tal vez porque había permanecido demasiado tiempo sentado frente al piano, aquel día el dolor había comenzado antes de lo habitual.
Pero ese «demasiado tiempo» apenas había sido media hora.
Comparado con las horas que practicaba diariamente en el pasado, no era absolutamente nada.
El hombre permaneció inclinado contra la cama, respirando ligeramente entrecortado.
Una fina capa de sudor cubría ya su frente y las venas resaltaban bajo su piel.
Parecía completamente exhausto.
Después de un largo rato, consiguió reunir fuerzas para incorporarse y trasladarse a la cama.
Entonces extendió la mano hacia la mesita de noche, como si quisiera sacar algo de uno de los cajones.
Pero cuando había recorrido apenas la mitad del camino, se detuvo por alguna razón.
Sus dedos quedaron suspendidos en el aire durante varios segundos.
Finalmente cambió de dirección y tomó una caja transparente de caramelos que había sobre la mesita.
Todavía quedaba media caja.
Eran simples caramelos de fruta, de esos extremadamente comunes que podían encontrarse en cualquier tienda. Cada uno estaba envuelto en un plástico transparente que reflejaba distintos colores bajo la luz del sol.
Exactamente igual al envoltorio guardado dentro del libro.
Con los dedos temblorosos, Qin Yi sacó un caramelo.
Retiró el envoltorio y se lo llevó a la boca.
Aquel caramelo barato no podía considerarse desagradable, pero tampoco era particularmente delicioso.
Sin embargo, en ese momento pareció ser más eficaz que cualquier medicamento.
Con dificultad, Qin Yi se dio la vuelta y se tumbó sobre la cama.
Cuando el dulzor alcanzó sus papilas gustativas, los pensamientos que se agitaban frenéticamente en su interior comenzaron a calmarse poco a poco.
Qin Yi cerró los ojos.
Desde la sala de piano llegaban débilmente las notas de una melodía.
Shen Ci continuó practicando solo durante otras dos horas.
Era la primera vez en su vida que podía tocar el piano con tanta libertad.
Estaba tan emocionado que ni siquiera prestó atención al paso del tiempo.
Solo cuando el mayordomo fue a avisarle que era hora de cenar volvió en sí, como si despertara de un sueño.
Después de tocar sin descanso, sus dedos estaban calientes y las puntas ligeramente enrojecidas.
Con gran renuencia, cerró la tapa del teclado, se levantó y estiró el cuerpo entumecido después de permanecer tanto tiempo sentado.
Ya eran más de las siete de la noche.
Siguió al mayordomo hasta el comedor y descubrió que, una vez más, era el único allí.
No pudo evitar preguntar:
—¿El hermano Qin… Yi no viene?
Por poco volvía a llamarlo «joven señor Qin».
—El joven señor Qin tiene la costumbre de comer en su habitación. Ya le llevaron la cena —respondió cortésmente el mayordomo—. Usted todavía está creciendo, joven señor. Coma bastante.
Shen Ci pensó que, aunque quisiera comer menos, tampoco podría hacerlo.
La comida de la familia Qin era demasiado deliciosa.
En sus dieciocho años de vida nunca había probado nada tan bueno y en cada comida terminaba completamente lleno.
Como Qin Yi no apareció, cenó solo y luego regresó a su habitación para prepararse para bañarse.
El día anterior se había quedado dormido muy temprano después de llegar, así que ni siquiera había tenido tiempo de organizar bien sus pertenencias.
Ahora sacó de la maleta ropa limpia y comenzó a guardar el resto en el armario.
Pero en cuanto abrió las puertas…
Se quedó completamente inmóvil.
¿El armario estaba lleno?
Su primera reacción fue pensar que alguien había vivido anteriormente en aquella habitación.
Pero enseguida comprendió que aquello no tenía sentido.
Aquella era la familia Qin.
Era imposible que cometieran un descuido tan grande como dejar toda la ropa de un antiguo ocupante dentro de una habitación después de que se hubiera marchado.
Así que Shen Ci sacó una prenda y se la colocó delante del cuerpo para comprobar el tamaño.
Le quedaba perfectamente.
Los estilos y diseños también eran apropiados para alguien de su edad.
Shen Ci abrió los ojos de par en par, atónito.
Esta ropa…
¿La había preparado Qin Yi para él?
¡¿Cómo sabía Qin Yi qué talla usaba?!
Además de sorprendido, Shen Ci estaba encantado.
Qin Yi no solo le había permitido utilizar sus pianos.
¡También le había comprado ropa!
¡Eso era claramente el trato que se le daba a un prometido!
Ahora estaba todavía más convencido de que aquello de «torturar al protagonista shou hasta matarlo» era algo que jamás podría ocurrir.
Estaba tan feliz que sacó inmediatamente un pijama del armario y ni siquiera se molestó en utilizar el que había traído consigo.
Después de bañarse, se puso aquel «pijama que Qin Yi había preparado para él».
La sonrisa no desapareció de sus labios ni por un instante.
Había permanecido emocionado desde la tarde hasta ese momento.
Aunque su cuerpo comenzaba a sentirse cansado, su mente seguía completamente despierta.
Era imposible que pudiera dormir así.
Por eso se recostó contra la cabecera de la cama y utilizó el teléfono para buscar información en internet.
Buscó videos de antiguos recitales de Qin Yi.
Había muchos.
Sin embargo, la mayoría habían sido grabados con equipos no profesionales y la calidad del sonido no era demasiado buena, por lo que resultaba difícil utilizarlos para apreciar realmente la música.
Pero Shen Ci tampoco los había buscado para escucharla.
Observó al hombre que aparecía en los videos.
Poco a poco, su mente emocionada fue calmándose y una sensación amarga comenzó a invadirlo.
Así era el genio del piano en sus mejores días.
Lleno de confianza y esplendor.
Debería vivir rodeado de estruendosos aplausos.
Debería estar bajo la mirada de miles de personas.
No encerrado como ahora en una villa aislada del mundo exterior.
Shen Ci cerró los ojos.
Un intenso pensamiento apareció en su mente.
Quería salvarlo.
Quería ayudar a Qin Yi a regresar al lugar que originalmente le pertenecía.
Con aquellos pensamientos, poco a poco cayó dormido.
Sin embargo, su mente, completamente llena de «Qin Yi», parecía no estar dispuesta a descansar.
Su sueño fue extremadamente ligero.
Parecía haber tenido muchos sueños, pero cuando abrió los ojos ya había olvidado por completo qué había soñado.
La habitación estaba sumida en la oscuridad.
Tomó el teléfono y miró la hora.
Las dos y media de la madrugada.
Había pensado que había dormido durante muchísimo tiempo y que ya era la mañana siguiente.
Shen Ci bostezó, se levantó para ir al baño y, justo después de tirar de la cadena, escuchó un fuerte sonido procedente del exterior.
¡Crash!
Parecía que algo se había roto.
El ruido provenía de bastante lejos.
Probablemente de la planta baja.
Shen Ci se estremeció y todo rastro de sueño desapareció instantáneamente.
A estas horas de la madrugada…
¿No sería Qin Yi?
Antes de que pudiera pensarlo demasiado, ya estaba bajando apresuradamente las escaleras.
Vio que las luces del comedor estaban encendidas.
El ruido parecía haber venido de allí.
Nada más entrar, un fuerte olor a alcohol lo golpeó.
Había una botella rota en el suelo y el licor transparente se había derramado por todas partes.
Entonces vio la silla de ruedas de Qin Yi.
El hombre sentado en ella dejó escapar varias toses bajas que no consiguió contener.
Levantó la cabeza con rigidez.
El fuerte licor lo había hecho toser hasta enrojecerle los ojos.
Sus miradas se encontraron brevemente.
Shen Ci estaba a punto de preguntarle «¿estás bien?» cuando Qin Yi empujó repentinamente el mando de la silla de ruedas y salió rápidamente del comedor.
Shen Ci extendió una mano por reflejo para detenerlo, pero reaccionó un segundo demasiado tarde.
Se volvió y corrió tras él.
—¡Qin Yi!
Lo alcanzó rápidamente y vio cómo Qin Yi manejaba la silla hasta su dormitorio e intentaba cerrar la puerta.
Por alguna razón, una intensa sensación de inquietud se apoderó de Shen Ci.
El estado de Qin Yi en aquel momento era demasiado extraño.
Aquella sensación hizo que olvidara por completo la advertencia de «no provocar a Qin Yi».
Sin pensarlo, avanzó y empujó la puerta para impedir que la cerrara.
Ambos empujaron desde lados opuestos y la puerta permaneció trabada entre ellos.
Sin embargo, la fuerza de Qin Yi era mucho menor de lo que Shen Ci había imaginado.
Después de forcejear durante varios segundos, Shen Ci realmente consiguió abrirla.
El interior del dormitorio estaba completamente oscuro.
Podía escuchar la respiración entrecortada de Qin Yi.
Shen Ci se quedó desconcertado.
¿Qué demonios le ocurría?
Se levantaba en mitad de la noche para beber, había roto una botella y ni siquiera tenía fuerzas suficientes para cerrar una puerta.
Una sensación todavía más ominosa se apoderó de él.
Entró directamente en la habitación.
Entonces escuchó la voz baja y ronca de Qin Yi:
—Sal.
Su voz sonaba todavía más ronca que durante el día.
¿Era por haber bebido?
Shen Ci no solo ignoró la orden, sino que avanzó un poco más.
La luz del pasillo entraba por la puerta abierta e iluminaba parcialmente a Qin Yi.
Entonces lo vio.
El rostro del hombre estaba mortalmente pálido.
Su frente estaba cubierta de sudor frío.
Todo su cuerpo temblaba.
Al verlo acercarse, Qin Yi hizo retroceder nuevamente la silla de ruedas hasta ocultarse por completo en la oscuridad.
Esta vez había un rastro de ira en su voz.
—¡Sal!
Shen Ci hizo oídos sordos.
Se acercó y le agarró la mano.
Sus dedos estaban helados.
Y temblaban de manera incontrolable.
Probablemente Qin Yi tampoco esperaba que aquel joven fuera tan atrevido.
Se quedó inmóvil durante un instante antes de utilizar las últimas fuerzas que le quedaban para apartar su mano.
Por tercera vez, ordenó:
—Sal.
Shen Ci se dio la vuelta y caminó hacia la puerta.
Qin Yi creyó que finalmente había conseguido echarlo y estaba a punto de soltar un suspiro de alivio.
Entonces vio cómo Shen Ci cerraba la puerta del dormitorio.
Y echaba el seguro.
Encerrándolos completamente a los dos dentro.