Después de casarme con el villano discapacitado - Capítulo 59
—Estoy fuera. Ya voy a regresar —respondió rápidamente Shen Ci—. Feng Yue me envió un mensaje hace un rato. Dijo que quería devolverme el dinero y me pidió que nos reuniéramos. Tenía una tarjeta bancaria mía, así que vine a recuperarla con Wen Yao.
Tal vez porque escuchó que había salido acompañado de Wen Yao, Qin Yi no pareció demasiado preocupado.
Solo emitió un «mm» con la entonación ligeramente ascendente, como si le pareciera un poco extraño que devolver dinero requiriera necesariamente verse en persona.
Sin embargo, tampoco hizo más preguntas.
—¿Sigues con Feng Yue?
—No, ya se fue —respondió Shen Ci—. Ahora estoy en el banco. Ya vamos a regresar.
—Está bien. Ten cuidado en el camino.
Qin Yi parecía tener muchísimo sueño.
Su voz todavía tenía el tono de alguien que no había terminado de despertar y hablaba más despacio de lo habitual, un poco aturdido.
Shen Ci respondió afirmativamente, guardó el teléfono en el bolsillo y le dijo a Wen Yao:
—Vamos.
El invierno en Yanjing seguía siendo muy frío.
Un par de días antes habían caído algunos copos de nieve, aunque no llegaron a acumularse. Aun así, el frío ya se sentía con toda intensidad.
El pronóstico meteorológico anunciaba la llegada de una masa de aire frío durante los próximos días, acompañada de nieve.
Y esta vez sería una nevada intensa.
Se recomendaba a los ciudadanos tomar las medidas necesarias para protegerse del frío.
Aunque Qin Yi probablemente no necesitaba tomar ninguna medida.
Ese hombre prácticamente nunca salía de casa.
La calefacción por suelo radiante de la villa estaba siempre muy alta y, en pleno invierno, incluso llegaba a encender el aire acondicionado para que soltara aire frío.
De repente, Shen Ci sintió curiosidad.
¿Cuánto tiempo podía permanecer el joven señor Qin sin salir de casa?
Según él mismo, había recibido el alta tres meses después del accidente.
Ahora ya habían pasado ocho meses desde entonces.
Si además pasaba todo aquel invierno sin salir…
¿Pretendía desafiarse a sí mismo a permanecer encerrado en casa durante un año entero?
Mientras pensaba en aquello, Shen Ci salió del banco.
Nada más cruzar las puertas, una ráfaga de frío lo golpeó y se apresuró a subir al auto con Wen Yao.
Aunque, teniendo en cuenta el estado físico de Qin Yi, probablemente era mejor que saliera lo menos posible.
En verano, una simple corriente de aire fresco podía provocarle dolor neuropático.
Si salía en pleno invierno, ¿qué ocurriría?
Ya sentado dentro del auto, Shen Ci sacó nuevamente una mano del bolsillo para mirar el teléfono.
Entonces descubrió, para su sorpresa, que la llamada seguía conectada.
Él no había colgado.
Y Qin Yi tampoco.
Shen Ci se quedó perplejo.
Pero ya no se escucha nada…
Volvió a acercarse el teléfono al oído.
—¿Hola? ¿Gege?
No hubo respuesta.
Del otro lado reinaba el silencio.
Si escuchaba con mucha atención, podía percibir una respiración extremadamente tenue.
¿Se había… quedado dormido?
¿Qin Yi había olvidado colgar y simplemente se había quedado dormido?
¿Cuánto sueño tenía?
Shen Ci dudó un momento, pero tampoco presionó el botón para finalizar la llamada.
Así permanecieron conectados todo el camino hasta que regresó a casa y entró al dormitorio.
Entonces comprobó que Qin Yi realmente estaba dormido.
El teléfono estaba boca abajo junto a la almohada, como si se le hubiera resbalado de la mano mientras hablaban.
Shen Ci se acercó con mucho cuidado, recogió el teléfono de Qin Yi y lo dejó sobre la mesita de noche.
Después finalizó la llamada.
Tomó suavemente su muñeca para intentar meter bajo las mantas el brazo que había quedado afuera.
Al bajar la mirada, reparó en que sus uñas estaban un poco largas.
Parecía que llevaba algún tiempo sin cortárselas.
Shen Ci levantó sigilosamente la manta y comprobó que las uñas de los pies también habían crecido.
Durante ese tiempo, Qin Yi había estado completamente concentrado en la rehabilitación.
Probablemente no había prestado atención a detalles tan pequeños.
Además, llevaba muchísimo tiempo sin tocar el piano. Tener las uñas un poco largas ya no afectaba nada y, al no causarle molestias, había descuidado cortárselas.
Shen Ci lo pensó un momento.
Apretó suavemente su brazo.
Qin Yi no reaccionó.
Así que tomó un cortaúñas y comenzó a arreglarle cuidadosamente las uñas.
El pequeño chasquido que produjo la primera uña al cortarse hizo que Qin Yi frunciera ligeramente el ceño.
Pero no despertó ni intentó apartarse.
Shen Ci continuó.
Una vez más, no pudo evitar pensar que las manos del joven señor Qin eran realmente hermosas.
Dedos largos y articulaciones bien definidas.
Era una verdadera lástima que unas manos así no siguieran tocando el piano.
Cuando terminó con las manos, tomó otro cortaúñas para arreglarle las uñas de los pies.
A mitad del proceso, Qin Yi quizá sintió algo y movió ligeramente la pierna.
Pero como todavía tenía muy poca fuerza, no consiguió liberarse de las manos de Shen Ci.
Shen Ci volvió a colocarle el pie en su sitio.
De repente sintió que el joven señor Qin se parecía a un gato profundamente dormido, al que su dueño aprovechaba para cortarle las uñas sin que siquiera se diera cuenta.
Los gatos solo eran verdaderamente obedientes cuando dormían.
No solo permitían que uno los acariciara a placer, sino que incluso toleraban cosas con las que normalmente jamás cooperarían, como cortarles las uñas.
Mientras uno fuera cuidadoso y no despertara al señor gato, este simplemente haría la vista gorda.
Shen Ci eliminó sigilosamente las pocas «armas» que todavía le quedaban a Qin Yi.
Así evitaría que durante la rehabilitación se golpeara en algún sitio y terminara partiéndose una uña.
Después se acostó a su lado, levantó el teléfono y le tomó varias fotografías.
El joven señor Qin dormido se veía demasiado apacible.
Su cabello, recién lavado, todavía estaba ligeramente alborotado y daba inexplicablemente la impresión de ser muy agradable de acariciar.
Era completamente diferente de su apariencia fría habitual, esa que parecía llevar escritas por todo el cuerpo las palabras no se acerquen.
El cielo comenzó a oscurecer antes de que Qin Yi finalmente despertara.
Al abrir los ojos, su conciencia todavía estaba envuelta en la niebla del sueño.
Solo percibió que había alguien junto a él y dijo instintivamente:
—Ya regresaste.
Shen Ci no se había dado cuenta de que había despertado.
Al escuchar aquella frase de repente, su mano tembló.
Perdió el agarre del teléfono.
Y este cayó directamente sobre su cara.
—¡Ah!
Shen Ci se cubrió rápidamente la nariz, con los ojos llenos de lágrimas por el golpe.
La mirada de Qin Yi fue aclarándose poco a poco.
—¿Qué hora es?
—Ya pasaron de las cinco.
Shen Ci se frotó el puente de la nariz y se incorporó.
Después extendió una mano para tocar la frente de Qin Yi.
—Dormiste muchísimo. ¿Te sientes bien?
La frente de Qin Yi estaba fresca.
Al menos no tenía fiebre.
—Estoy bien —respondió—. Solo quería descansar. Estaba un poco cansado.
Al escucharlo admitir que estaba cansado, Shen Ci sintió inevitablemente cierta angustia.
—Si estás cansado, no te esfuerces tanto con la rehabilitación. Wen Yao me dijo que, cuando yo no estoy en casa, aparte de comer y bañarte, prácticamente pasas todo el tiempo en la sala de rehabilitación. Tu cuerpo no va a soportar un entrenamiento tan intenso.
—Solo estoy allí. No significa que esté haciendo rehabilitación a cada momento. La mitad del tiempo descanso.
Qin Yi también se incorporó y movió un poco el cuerpo, rígido después de tantas horas dormido.
—No te preocupes. El plan de rehabilitación que sigo ahora lo elaboró Lu Heng con ayuda del centro de rehabilitación de su hospital. Lo sigo estrictamente. No aumento el tiempo de entrenamiento por mi cuenta.
—Está bien.
Shen Ci no tuvo más remedio que dejar el tema.
—Pero si realmente estás demasiado cansado, recuerda decírselo al doctor Lu para que pueda ajustarlo.
Qin Yi asintió.
Shen Ci abrió las cortinas.
El sol ya se había puesto, aunque todavía quedaban los últimos resplandores del atardecer y había algo de luz en el exterior.
Qin Yi entrecerró ligeramente los ojos.
Pronto se acostumbró a la claridad y dirigió la mirada hacia la ventana.
En realidad, el paisaje exterior no tenía nada de especial.
Sobre todo en aquella época del año.
Todavía no había nevado y solo podían verse árboles desnudos.
La hiedra que cubría las paredes exteriores de la villa había perdido todas sus hojas. Únicamente quedaban las enredaderas adheridas al muro, haciendo que todo pareciera especialmente desolado.
—Gege —dijo Shen Ci de repente mientras miraba hacia afuera—. Cuando llegue la primavera, ¿salimos a dar una vuelta? Solo por el jardín. No tenemos que ir lejos.
Era la segunda vez que Shen Ci le proponía salir.
Pensaba que Qin Yi volvería a rechazarlo como la primera vez.
Sin embargo, después de un breve silencio, escuchó que respondía con cierta vacilación:
—Está bien.
¿Está bien?
¿Qin Yi realmente había aceptado?
Shen Ci volvió inmediatamente la cabeza.
La sorpresa y la alegría eran imposibles de ocultar en sus ojos.
Se olvidó por completo del aburrido paisaje exterior y se sentó de golpe junto a Qin Yi, haciendo que el colchón se hundiera.
—¿De verdad? ¿Por fin cambiaste de opinión? ¡Ya era hora! No puedes quedarte encerrado siempre en casa. Te va a salir moho.
—No —respondió Qin Yi con total seriedad—. En condiciones secas no aparece moho. Para que se forme tiene que haber humedad.
Shen Ci:
—…
Levantó la cabeza con una expresión extraña y agitó una mano frente al rostro de Qin Yi.
—Sí te despertaste de verdad, ¿no?