Después de casarme con el villano discapacitado - Capítulo 54

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Qin Yi se quedó rígido por un instante, pero recuperó rápidamente la compostura.

—Por supuesto.

—¿De verdad? —Shen Ci lo miró con desconfianza—. No estarás engañándome, ¿verdad?

—¿Qué sentido tendría mentirte sobre algo así? Si no me crees, puedes preguntarle al mayordomo.

—No hace falta preguntarle. Yo puedo confirmarlo. El joven señor Qin sí hizo rehabilitación hoy —dijo Wen Yao con una sonrisa—. Aunque, bueno, su rehabilitación consistió simplemente en levantar unas mancuernas un rato, ¿verdad?

—¿Qué tienen de malo las mancuernas? ¿Las menosprecias? —Qin Yi lo miró con desagrado—. A veces son más prácticas y eficaces que muchos aparatos.

—Sí, sí, lo que tú digas. Sigue así.

Wen Yao se levantó y se dirigió al comedor.

—Yo voy a comer primero.

Aunque Wen Yao lo había confirmado, Shen Ci todavía parecía dudar un poco. Extendió una mano y apretó suavemente el brazo de Qin Yi.

De inmediato vio que este fruncía el ceño, como si le hubiera dolido.

Shen Ci lo miró.

—¿Te duele?

—Mm.

Así que realmente había hecho ejercicio.

Shen Ci retiró la mano.

—Está bien. Esta vez te perdono. Vamos a cenar. Por la noche te daré un masaje para ayudarte a relajar los músculos.

Dicho aquello, se dirigió al comedor.

Qin Yi contempló su espalda y, por alguna razón, sintió que algo no encajaba.

¿Qué quería decir con «esta vez te perdono»?

¿No se suponía que hacía apenas un momento era él quien estaba enojado?

¿En qué momento Shen Ci había conseguido darle la vuelta a la situación?

El joven señor Qin permaneció sentado en su silla de ruedas durante un rato con una expresión indescriptible.

Aunque seguía algo molesto, el tema ya había quedado atrás a la fuerza. Si volvía a sacarlo, parecería demasiado mezquino.

Así que solo pudo apretar los labios y dirigirse al comedor en su silla de ruedas.

Sin Shen Fu presente, los tres reunidos alrededor de la mesa parecían bastante armoniosos.

Y teniendo en cuenta el miedo que Shen Fu había demostrado hacia el joven señor Qin ese día, probablemente no volvería a visitar la residencia Qin en mucho tiempo.

Antes de dormir, Shen Ci masajeó a Qin Yi como de costumbre.

Esta vez también dedicó más tiempo a mover y relajar sus brazos y hombros.

Mientras le masajeaba los hombros, dijo:

—Mañana tienes que continuar. No puedes rendirte a mitad del camino.

—…Ya lo sé.

Qin Yi empezaba a sentirse impotente ante sus constantes recordatorios.

—Ya que me estoy esforzando, ¿no deberías darme alguna recompensa?

—¿Qué recompensa?

Las manos de Shen Ci se detuvieron.

—¿Solo llevas un día y ya estás pidiendo una recompensa?

—Por supuesto. Las personas necesitan estímulos para seguir avanzando. Las recompensas aumentan la motivación.

Shen Ci lo pensó.

Parecía tener algo de sentido.

Poco a poco comenzó a dejarse convencer.

—¿Qué recompensa quieres? ¿Un caramelo? Pero hace apenas un par de días te compré más.

—No tiene que ser un caramelo. Cualquier otra cosa dulce también sirve.

¿Algo dulce?

Por la mente de Shen Ci pasaron toda clase de postres.

Pero Qin Yi nunca había mostrado una preferencia especial por ninguno. Normalmente solo comía dulces cuando Shen Ci se los daba y jamás los pedía por iniciativa propia.

¿Por qué de repente quería algo así?

Shen Ci se apartó de detrás de él, rodó hacia un lado de la cama y comenzó a acomodar las mantas.

—Entonces dilo de una vez. ¿Qué quieres exactamente?

Qin Yi no respondió.

Simplemente volvió la cabeza para mirarlo.

Shen Ci esperó un buen rato sin recibir respuesta y levantó la mirada con desconcierto.

Qin Yi lo observaba de una manera significativa.

Sus ojos descendieron lentamente hasta los labios de Shen Ci y pasaron suavemente sobre ellos, como si estuviera insinuándole algo.

Shen Ci comprendió de inmediato.

¡Ah!

Así que se refería a ese tipo de «dulce».

Si quería que lo besara, podía decirlo directamente.

¿Por qué tenía que expresarlo de una forma tan indirecta?

Llevaban tanto tiempo durmiendo juntos que ya no había nada de qué avergonzarse.

Aunque, pensándolo bien, hacía un tiempo que no se besaban.

Shen Ci se acercó y le entregó generosamente aquella «recompensa».

Rodeó el cuello de Qin Yi con los brazos, cerró los ojos y comenzó a lamer y mordisquear suavemente sus labios.

Qin Yi obtuvo lo que quería y aceptó la recompensa sin la menor cortesía.

Incluso intentó conseguir un poco más.

Shen Ci pronto comenzó a sentirse incapaz de seguirle el ritmo y aprovechó una oportunidad para apartarse.

—Ya, ya. No hay más. Apenas es el primer día y ya estás pidiendo demasiado, ¿no crees? Cuando consigas algún progreso real, podrás venir a pedirme la recompensa de la siguiente etapa.

Qin Yi se lamió la comisura de los labios, todavía con ganas de continuar, pero por el momento parecía satisfecho.

—Está bien. Entonces vamos a dormir.

Después de abandonar la residencia Qin, Shen Fu no volvió a ponerse en contacto con ellos.

Sin embargo, Shen Ci guardó su número por si llegaba a necesitarlo.

Más de diez días después, volvió a recibir noticias de Shen Zhaocheng.

Se había confirmado que efectivamente había cometido delitos económicos y el caso pronto sería llevado ante los tribunales.

Todavía no se sabía cuántos años podría recibir de condena, pero parecía inevitable que terminara en prisión.

Shen Fu tampoco había acudido a ellos para pedir ayuda.

Shen Ci no sabía si era porque le daba vergüenza hacerlo o porque consideraba que realmente no tenía sentido luchar demasiado por Shen Zhaocheng.

En cualquier caso, que no acudiera a ellos era lo mejor.

Si Shen Zhaocheng realmente terminaba entre rejas, Shen Ci estaría encantado de celebrarlo con petardos. Ayudarlo estaba completamente fuera de discusión.

Shen Zhaocheng había causado tantos problemas y depositado todas sus esperanzas en su hijo mayor.

Y, al final, ni siquiera había conseguido que ese hijo lo defendiera.

Había terminado con su esposa separada, su familia destruida, todo su patrimonio perdido y una condena de prisión esperándolo.

Cuanto más lo pensaba Shen Ci, más sentía que se lo merecía.

No prestó demasiada atención a los asuntos de aquel hombre.

Si alguna noticia llegaba hasta él, la escuchaba. Si no, tampoco se molestaba en investigar.

Comparado con eso, tenía algo mucho más importante de lo que ocuparse.

Quedaba poco más de un mes para el examen unificado de arte.

Durante aquel tiempo, incluso había dejado de asistir a la última hora de estudio individual de cada tarde y regresaba directamente a casa. Así podía ganar algo más de tiempo para practicar piano por la noche.

Era la recta final.

Tenía que asegurarse de que nada saliera mal.

Los exámenes parciales también habían terminado.

Como estaba demasiado ocupado practicando piano, ni siquiera había repasado.

Y aun así volvió a obtener el primer lugar del grado.

Sin embargo, Shen Ci no daba demasiada importancia a aquella calificación.

Para él solo significaba una cosa:

No tengo problemas con las materias académicas.

Nada más.

Pero que a él no le importara no significaba que a los demás tampoco.

Cuando el pequeño Meng Ju descubrió que ni siquiera en los exámenes parciales había conseguido alcanzarlo, comenzó a estudiar todavía con más empeño.

Incluso el estudiante sobresaliente de la Clase Cinco, que ocupaba el segundo lugar del grado, fue hasta la Clase Seis para averiguar qué clase de monstruo era Shen Ci, capaz de superarlo por una diferencia tan amplia dos veces seguidas.

Y no solo sus compañeros comenzaron a fijarse en él.

También los profesores.

Un día, durante el descanso entre clases, el tutor Chang llamó repentinamente a Shen Ci a la oficina porque quería hablar con él.

Shen Ci pensó que iba a regañarlo porque aquella mañana el tráfico casi lo había hecho llegar tarde y había entrado justo a tiempo, precisamente cuando su tutor lo vio.

Sin embargo, el profesor Chang lo recibió con una expresión amable.

—Shen Ci, ayer vino a hablar conmigo el director del grado. Los profesores de las clases avanzadas quieren que te transfieras con ellos. ¿Te interesaría cambiar de clase?

—¿Ah?

Shen Ci se quedó desconcertado.

—¿Todavía se puede entrar a una clase avanzada estando ya en último año?

—Normalmente no —explicó pacientemente el profesor Chang—. Pero si un estudiante consigue colocarse entre los primeros puestos del grado y tiene suficiente confianza en sí mismo, puede solicitar el cambio.

»En realidad, antes también se lo propusieron a Meng Ju, pero no quiso ir. Su familia dijo que ese chico prefiere ser cabeza de ratón que cola de león. Prefiere ser el primero en una clase ordinaria que quedarse a mitad de la clasificación en una clase avanzada.

»En cuanto al estudiante de la Clase Cinco, él precisamente salió de una clase avanzada. Quizá no se adaptó bien al ambiente. Sentía demasiada presión y siempre estaba entre los últimos lugares. Después de cambiarse a una clase ordinaria, sus calificaciones mejoraron.

Shen Ci se sintió un poco confundido.

—Pero profesor, yo voy a presentar el examen de arte. ¿Qué sentido tendría que un estudiante de arte se transfiriera a una clase avanzada?

El profesor Chang suspiró.

—Lo sé. El señor Qin ya me había dicho hace tiempo que presentarías el examen de arte. Yo tampoco estaba pensando en proponértelo, pero el director del grado vino personalmente a hablar conmigo. Dijo que tus calificaciones son demasiado sobresalientes y que mantenerte en una clase ordinaria es desperdiciar tu potencial.

»Apenas llevamos dos meses del último año, así que todavía estás a tiempo de cambiarte. Si vas a una clase avanzada y haces un esfuerzo intensivo durante este período, quizá puedas aspirar a una universidad todavía mejor.

Habló con bastante cautela:

—¿Por qué no… lo piensas un poco más? Con unas calificaciones tan altas, dedicarte al arte parece un poco desperdiciado. Si cambias de opinión ahora, con tus notas prácticamente no tendrías problemas para entrar a una universidad de primer nivel.

Shen Ci negó con la cabeza.

—No creo que estudiar arte sea un desperdicio. Quiero entrar a un conservatorio. Lo he querido desde niño, todavía lo quiero ahora y tampoco cambiaré de opinión en el futuro.

»Aunque con estas calificaciones pudiera entrar a una universidad de primer nivel, seguiría sin ser lo que me gusta. Si tengo la posibilidad de elegir, ¿no es mejor estudiar en la universidad y la carrera que realmente quiero, en lugar de escoger algo que no me gusta solo para no “desperdiciar” mis puntos?

En el pasado, no había tenido la oportunidad de elegir.

Solo había podido ingresar en la mejor universidad que sus posibilidades le permitieron alcanzar.

Pero ahora tenía la elección en sus propias manos.

Aunque la universidad a la que quería ir no fuera la «mejor» que podía alcanzar con sus calificaciones, seguiría eligiéndola.

El profesor Chang comprendió por su respuesta que su decisión era firme y que no conseguiría convencerlo.

Le dio unas palmadas en el hombro.

—Está bien. Respeto tu decisión.

De repente, se acercó un poco y bajó la voz.

—En realidad, yo ya sabía que no aceptarías. Pero… si rechazaba directamente al director sin siquiera preguntarte, habría quedado bastante mal. Así que, quisiera o no, tenía que venir a consultártelo.

Shen Ci asintió para demostrar que lo entendía.

—Bien. Entonces iré a hablar con el director. Vuelve rápido a clase, está a punto de sonar el timbre.

Shen Ci se despidió del profesor y salió de la oficina.

Al detenerse junto a la puerta, exhaló suavemente.

Volvió la cabeza hacia la zona donde estaban las clases avanzadas.

Las Clases Uno y Dos de Humanidades ni siquiera estaban junto a la suya. Había que doblar por otro pasillo para llegar hasta ellas, así que prácticamente no interferían entre sí.

Con sus calificaciones, si se transfiriera a una clase avanzada, como mucho quedaría en la zona media-alta.

Probablemente ni siquiera entraría entre los veinte primeros del grado y rondaría alrededor del puesto treinta o más abajo.

Así que tampoco sentía ninguna envidia.

Sonó el timbre.

Shen Ci cerró ligeramente el puño y regresó al salón.

La siguiente clase era Geografía.

El profesor todavía no había llegado y, como Shen Ci fue el último en entrar, naturalmente atrajo bastantes miradas.

Los estudiantes de la clase seguían hablando de él.

Pero ahora el contenido de aquellas conversaciones era completamente diferente.

Por ejemplo, alcanzó a escuchar a alguien decir:

—Qué raro. Ni siquiera entrega las tareas. ¿Cómo demonios consigue quedar primero del grado?

—Eso es porque no entiendes. Poder quedar primero sin entregar las tareas es precisamente lo que demuestra que es un verdadero genio académico.

—Entonces, ¿por qué no dices que alguien que ni siquiera estudia y aun así queda primero es todavía mejor?

—Eso ya no sería un genio. Sería un dios de los estudios.

—Yo no me lo creo. En mi opinión, cuando vuelve a casa estudia a escondidas. Delante de todos finge que no le importa, pero en secreto seguro que estudia más que cualquiera.

—Déjate de tonterías. Es estudiante de arte. Todos los días sale corriendo porque tiene prisa por volver a casa a practicar piano. Es el primero en marcharse y ni siquiera se lleva los libros. ¿Qué va a estudiar en casa? ¿El aire?

—¿Es estudiante de arte? ¿Y quedó primero del grado?

—¿No lo sabías?

—No. ¿Tú cómo lo sabes?

—Lo dijo el tutor. Tampoco es ningún secreto. Todos los profesores de la oficina lo saben. Solo tienes que ir a preguntar. Se nota que tú jamás pisas la oficina de profesores.

—Yo… yo también soy estudiante de arte. Lo siento. He deshonrado a todos los estudiantes de arte.

Mientras seguían hablando, la subdelegada de clase, que estaba sentada junto a Shen Ci, se inclinó repentinamente hacia él.

—Oye, ¿por qué no compartes tu secreto para estudiar? No haces las tareas, no repasas y aun así sacas notas así. ¿Cómo lo haces?

En cuanto formuló la pregunta, todos los murmullos desaparecieron.

Era como si la clase entera hubiera contenido la respiración a la espera de que revelara su secreto.

Shen Ci se rascó la mejilla con cierta incomodidad.

—No tengo ningún secreto. Simplemente… presto atención durante las clases. Tampoco es que nunca haga ejercicios. A veces los termino durante la propia clase, o aprovecho los descansos y la hora del almuerzo para hacer algunos.

»Además, los profesores explican las tareas después. Aunque no las haya hecho, puedo aprenderlas cuando las explican.

—¿Y después?

—No hay después.

La subdelegada guardó silencio.

Todos los alumnos que estaban escuchando a escondidas soltaron al unísono un suspiro de decepción.

—Ya está, dispersémonos. No sigan soñando. Para eso hace falta cerebro.

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