Después de casarme con el villano discapacitado - Capítulo 52

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  4. Capítulo 52
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El aire quedó sumido en un silencio extrañamente incómodo.

El mayordomo permaneció junto a la puerta esperando durante un buen rato. Al no recibir respuesta, preguntó con cautela:

—¿El joven señor Qin no quiere verlo? Entonces lo rechazaré.

—Espera —lo detuvo Qin Yi—. Lo veré.

Shen Ci había dicho que primero quería reunirse con él y después decidir qué hacer. Qin Yi no podía rechazarlo de una manera tan precipitada.

El mayordomo pareció querer decir algo.

—Entonces…

—¿Cuándo quiere verme? ¿Y de qué quiere hablar conmigo?

—Dijo que quiere preguntar por lo ocurrido con la familia Shen. Hace un tiempo, Shen Zhaocheng le dijo de repente que habían surgido problemas en casa y le ordenó quedarse en el extranjero para evitar verse involucrado, pero nunca le explicó exactamente qué estaba pasando. Ahora ya no puede ponerse en contacto con Shen Zhaocheng, así que decidió regresar al país.

Qin Yi frunció el ceño.

Qué hijo tan obediente.

El mayordomo continuó:

—Como Shen Zhaocheng sigue en el centro de detención, tampoco puede visitarlo. Además, no consigue ponerse en contacto con su madrastra. Escuchó que Shen Ci estaba en la residencia Qin y por eso terminó buscándonos. En cuanto al horario, dijo que cuanto antes mejor. Quiere saber si usted tiene tiempo esta tarde.

Qin Yi abrió la boca dispuesto a responder «no».

Pero las palabras se detuvieron antes de salir.

De todas formas, tarde o temprano tendría que ver a Shen Fu. Ese tiempo tendría que desperdiciarlo igualmente, fuera hoy o cualquier otro día.

Pero de ninguna manera permitiría que Shen Ci volviera a pensar que no había hecho rehabilitación.

Tras pensarlo, dijo:

—Hoy a las cinco. Que venga aquí.

—¿Quiere que venga a la residencia?

—¿O acaso quieres que yo salga?

—Entiendo.

El mayordomo retrocedió hacia la puerta y, antes de irse, añadió:

—Cuando levante las mancuernas, procure mantener una postura correcta. Una postura incorrecta podría provocarle una lesión en los ligamentos.

Dicho aquello, cerró rápidamente la puerta y se marchó.

Qin Yi ni siquiera alcanzó a decirle que no se entrometiera.

Se quedó allí sin saber si enfadarse o reírse y, al final, solo pudo suspirar con impotencia antes de cerrar la puerta con llave.

¿Una postura incorrecta?

¿Qué se consideraba una postura incorrecta?

Para proteger su cuerpo, que se había vuelto mucho más frágil después del accidente —y, principalmente, para evitar sufrir alguna lesión que terminara provocando que Shen Ci lo regañara—, primero buscó en internet la postura correcta para levantar mancuernas.

Encontró un video y comenzó a entrenar siguiéndolo.

Aparte de tocar el piano, probablemente nunca se había tomado nada con tanta seriedad.

Ya habían pasado seis meses desde el accidente automovilístico.

Debido al largo período sin poder ejercitarse, su fuerza muscular estaba muy lejos de ser la de antes. Sin embargo, subir y bajar de la silla de ruedas todos los días requería que se apoyara con los brazos, por lo que estos habían recibido cierto ejercicio de manera indirecta.

Tampoco estaba tan débil como Shen Ci imaginaba.

Pero aquella fuerza evidentemente no era suficiente.

Si realmente quería comenzar una rehabilitación formal, sus brazos tendrían que soportar mucho más peso que ahora. Así que no había nada de malo en comenzar a entrenar cuanto antes la parte superior del cuerpo.

Qin Yi siguió el video y entrenó un rato con las mancuernas.

No tardó demasiado en sentir cómo sus músculos comenzaban a doler por el esfuerzo.

No pudo evitar sorprenderse.

¿De verdad su cuerpo se había debilitado tanto que incluso un entrenamiento tan sencillo como levantar mancuernas resultaba difícil?

Sus emociones se volvieron algo complicadas.

Aquello pareció despertar finalmente su espíritu competitivo y, por primera vez, comenzó a tomarse la «rehabilitación» como un objetivo verdaderamente serio.

Qin Yi levantó las mancuernas de forma intermitente durante varias decenas de minutos.

Cuando sintió que realmente se había quedado sin fuerzas, una fina capa de sudor ya cubría su frente y no tuvo más remedio que detenerse para descansar durante bastante tiempo.

En ese momento, escuchó sonar su teléfono.

Extendió la mano para tomarlo y descubrió que le temblaba ligeramente.

Desbloqueó la pantalla.

Era un mensaje de Lu Heng.

Lu Heng: Ya pregunté. Me dijo que, si sufre un estímulo intenso que vuelva a golpear su autoestima, teóricamente existe la posibilidad de una recaída. Pero eso es solo en teoría. Si quieres estar más tranquilo, lo mejor sería llevarlo a una revisión para realizar una evaluación integral de su estado actual.

Qin Yi frunció el ceño.

Qin Yi: No quiere recordar lo ocurrido, así que probablemente tampoco aceptaría hacerse una evaluación.

Lu Heng: Si se resiste a recordar, significa que todavía no ha salido completamente de la sombra del pasado. Si realmente es imposible hacerle una evaluación, entonces solo queda hacer lo que dijiste: no mencionar delante de él los acontecimientos del pasado y reducir así el riesgo de una recaída.

Qin Yi: Entonces lo dejaremos así por ahora. Gracias por las molestias. Saluda a tu padre de mi parte.

Lu Heng: ¿Y tú cómo has estado últimamente? Este último mes pareces bastante estable. No he escuchado a Shen Ci decir que hayas vuelto a tener una crisis.

Qin Yi: Ya sabes cómo estoy. ¿Para qué necesitas seguir preguntando?

Lu Heng: Estar tan enfermo y aun así negarte a tomar medicamentos, aguantándolo por tu cuenta… Solo tú eres capaz. Si basta con que Shen Ci permanezca a tu lado para que mejores, de verdad tendré que llamarlo un milagro médico.

La ceja de Qin Yi dio un pequeño tic.

Volvió a sentir el impulso de bloquearlo.

Se contuvo una y otra vez antes de responder:

Qin Yi: Si no sabes hablar, puedes guardar silencio.

Lu Heng no volvió a responder.

Qin Yi dejó el teléfono a un lado y contempló la palma de su mano, enrojecida después de haber sujetado las mancuernas durante tanto tiempo.

¿De verdad podría volver a tocar el piano?

¿Realmente podría regresar algún día al escenario y ofrecer otro concierto propio?

La sensación era como haber recibido una sentencia de muerte y, mientras esperaba la ejecución, enterarse repentinamente de que la condena había sido cambiada por cadena perpetua.

Y, además, le decían que, si estaba dispuesto a esforzarse, todavía podía luchar por una reducción de condena y transformar aquella cadena perpetua en una sentencia con fecha de finalización.

Qin Yi permaneció sentado en silencio en su silla de ruedas durante un rato.

Finalmente, alguien llamó a la puerta.

La voz del mayordomo llegó desde fuera.

—Joven señor Qin, es hora de almorzar.

—Ya lo sé.

Durante aquel tiempo, Shen Ci ya no regresaba a casa al mediodía y Qin Yi poco a poco se había acostumbrado.

Resultaba extraño.

Cuando Shen Ci estaba allí, no dejaba de hablar a su lado, pero cuando no estaba…

Una emoción difícil de describir se había infiltrado silenciosamente en cada rincón de su vida.

Cada día parecía repetirse en un ciclo de esperar «¿cuándo volverá Shen Ci?» y «¿cuándo se irá Shen Ci?», hasta que ya no quedaba espacio para ninguna otra cosa.

Quizá porque había gastado más energía de lo habitual durante la mañana, Qin Yi durmió especialmente profundamente durante la siesta.

Al despertar, todavía sentía los brazos más adoloridos que antes. Movió cuidadosamente las articulaciones e intentó relajar los músculos todo lo posible.

A las cinco de la tarde en punto, el mayordomo fue a buscarlo para informarle que Shen Fu había llegado.

Qin Yi estaba en la sala de rehabilitación.

Aunque en ese momento no estaba haciendo absolutamente nada, por alguna razón sentía que debía permanecer allí para demostrar la sinceridad con la que se estaba tomando su recuperación.

Levantó la mirada hacia el mayordomo.

—Hazlo pasar.

El mayordomo asintió y fue a recibirlo a la entrada.

Qin Yi, por su parte, controló la silla de ruedas y se dirigió a la sala, deteniéndose en la zona destinada a recibir visitas.

Sobre la mesa ya habían preparado té.

Sin embargo, Qin Yi no tenía la costumbre de beberlo. El té le provocaba insomnio, así que siempre prefería beber agua.

Poco después, el mayordomo condujo a Shen Fu al interior.

Qin Yi levantó la mirada.

El estudiante de posgrado recién regresado del extranjero tenía un aspecto algo demacrado, como si no hubiera descansado bien.

Con todo lo que había ocurrido en la familia Shen, sería extraño que pudiera dormir tranquilamente.

Shen Fu mantenía la cabeza baja y todo su cuerpo parecía extremadamente tenso.

Solo cuando llegó frente a Qin Yi levantó finalmente la cabeza, se encontró con su mirada y se acomodó los anteojos.

Al verlo sentado en una silla de ruedas, una expresión de sorpresa cruzó de inmediato por sus ojos y se quedó inmóvil.

Qin Yi frunció ligeramente el ceño.

Comprendió enseguida el significado de aquella reacción.

Shen Fu ni siquiera sabía bien lo que estaba ocurriendo en su propia familia. Evidentemente, mucho menos estaría al tanto de los asuntos de la familia Qin.

Seguramente ni siquiera sabía que Qin Yi había sufrido un accidente.

Qin Yi no tenía ningún interés en explicárselo.

Simplemente hizo un gesto con la mano.

—Siéntate.

Shen Fu volvió en sí y se sentó cuidadosamente en el sofá. Bajó de nuevo la cabeza, aparentemente avergonzado por su descortesía.

—Hola, soy…

—No hace falta que te presentes —lo interrumpió Qin Yi—. Wen Yao, tú conoces bien al señor Shen. Ven a acompañar al invitado.

Wen Yao estaba apoyado contra la barandilla del segundo piso, observando el espectáculo desde arriba.

Al escuchar que de repente lo llamaban, la comisura de sus labios se contrajo.

Sabía que el joven señor Qin no descansaría hasta arrastrarlo también a aquel asunto.

No tuvo más remedio que bajar las escaleras y saludar a Shen Fu.

—Joven señor Shen Fu, cuánto tiempo sin verte.

Shen Fu se puso de pie apresuradamente.

Si ver a Qin Yi en una silla de ruedas lo había sorprendido, encontrar a Wen Yao allí lo dejó todavía más desconcertado.

Y, por el tono de Qin Yi, parecía que Wen Yao ya formaba parte de la residencia Qin.

Preguntó con incredulidad:

—¿Tú por qué…?

—Es el guardaespaldas de Shen Ci. Donde esté Shen Ci, estará él —respondió Qin Yi por él.

Entrelazó los dedos sobre las piernas y continuó con absoluta calma:

—Señor Shen, no necesita estar tan tenso. Si vino a verme, significa que tiene algo que preguntar. Siéntese y hablemos.

Shen Fu volvió a sentarse rígidamente.

—Eh… ¿Shen Ci no está?

—Todavía está en clases. No tardará demasiado en regresar —respondió Qin Yi—. De todas formas, viniste principalmente a preguntar por la familia Shen. Di directamente lo que quieras saber.

Wen Yao se sentó en el sofá del otro lado.

Sentía que Qin Yi lo había obligado a bajar únicamente por venganza personal.

A pesar de estar en una silla de ruedas, aquel hombre seguía teniendo una presencia bastante intimidante.

Definitivamente había heredado el estilo de Qin Qian.

Wen Yao apartó la mirada de aquel hermano menor que le resultaba tan desagradable y le sonrió ligeramente a Shen Fu.

—También puedes preguntarme a mí.

A ojos de Shen Fu, Wen Yao era evidentemente mucho más accesible que Qin Yi.

Se acomodó los anteojos.

—Solo quiero saber qué ocurrió exactamente en casa. Durante estos dos días he intentado informarme, pero he escuchado muchas versiones. Algunos dicen que… Shen Ci y el joven señor Qin tenían un matrimonio por contrato, que después rompieron el acuerdo, retiraron la inversión… También dicen que la familia Shen quebró por culpa de eso…

—El único acuerdo que anulé fue el relacionado con la ayuda financiera —intervino Qin Yi—. El compromiso matrimonial sigue vigente.

Su voz permaneció tranquila.

—Tu padre incumplió primero. El contrato establecía con absoluta claridad que, si descubría que Shen Zhaocheng hacía cualquier cosa perjudicial para Shen Ci, yo tenía derecho a rescindir el acuerdo de financiación sin pagar ninguna compensación.

—Yo… yo no estaba cuestionándolo —respondió Shen Fu rápidamente—. Simplemente escuché tantas versiones diferentes que pensé que sería mejor preguntar directamente a las personas involucradas para conocer la verdad.

—Será mejor que yo se lo explique —dijo Wen Yao.

Le relató a grandes rasgos todo lo que había ocurrido durante aquel tiempo.

Cuando terminó, se puso de pie.

—Bien. Tengo que ir a recoger a Shen Ci a la escuela. Ustedes pueden seguir hablando. Regresaremos poco después de las seis.

Shen Fu había recibido demasiada información de golpe y evidentemente le costaba procesarla.

Pasó un buen rato antes de que finalmente hablara, todavía conmocionado.

—¿Él tomó el collar de Shen Ci? Ese collar… se lo dejó nuestra madre.

Qin Yi lo miró.

Incluso Shen Fu, que apenas mantenía contacto con Shen Ci, sabía lo importante que era aquel collar para él.

¿Cómo podía Shen Zhaocheng no saberlo?

Como si quisiera aprovechar la oportunidad para demostrar algo, Qin Yi metió una mano bajo la ropa y sacó el collar, mostrándoselo a aquel «hermano biológico».

Shen Fu abrió los ojos con sorpresa.

—Eso…

—Shen Ci me lo regaló.

El tono del joven señor Qin estaba impregnado de orgullo.

Era casi como si estuviera presumiendo:

Ustedes no tienen uno. Solo yo.

Todos ustedes, sus supuestos hermanos, no sirven. Yo soy quien tiene la relación más cercana con Shen Ci.

Por suerte Wen Yao ya se había marchado.

De lo contrario, sin duda se habría burlado de él por infantil.

Qin Yi volvió a guardar el collar bajo la ropa y contempló con satisfacción la expresión de Shen Fu.

Este tragó con dificultad, como si quisiera decir algo, pero finalmente se contuvo.

La atmósfera volvió a quedarse en silencio.

Ninguno de los dos habló.

El aire parecía haberse solidificado en una incómoda quietud.

Hasta que Shen Ci regresó a casa.

Nada más entrar, se encontró con aquella escena increíblemente extraña.

Su hermano biológico, Shen Fu; Wen Yao, que sin ser su hermano era incluso más cercano que uno; y su prometido, el joven señor Qin, que quería monopolizar para sí mismo el apelativo de «gege»…

Todos estaban allí.

Shen Ci:

—…

¿Qué clase de ambiente era ese?

¿Iban a celebrar una cumbre tripartita?

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