Después de casarme con el villano discapacitado - Capítulo 47

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  4. Capítulo 47
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La reacción exageradamente intensa de Qin Yi llamó la atención de Shen Ci, quien volvió la cabeza hacia él con desconcierto.

—¿Decir qué?

Qin Yi le lanzó a Wen Yao una mirada de advertencia, pero este fingió deliberadamente no verla. La sonrisa en sus labios se hizo todavía más amplia.

—¿Quieres saber cómo descubrió tu gege Qin Yi que podía moverse?

Shen Ci parpadeó.

—¿Cómo lo descubrió?

Los dedos de Qin Yi se aferraron con fuerza al reposabrazos de la silla de ruedas y su expresión se volvió aún más sombría.

—¡Wen Yao! —pronunció entre dientes.

Wen Yao permaneció impasible. Sin dejarse intimidar en lo más mínimo por la amenaza del joven señor Qin, continuó tranquilamente:

—Esta tarde, mientras tú no estabas en casa, ocurrió algo que hizo que el joven señor Qin se llevara un susto tremendo.

Apenas terminó de decir aquello, Qin Yi hizo girar bruscamente su silla de ruedas y abandonó el lugar.

Al ver aquella extraña reacción, la curiosidad de Shen Ci, que al principio no era demasiado intensa, se despertó por completo.

¿Qué podía haber ocurrido para asustar tanto al joven señor Qin?

Aparte de aquella vez que Qin Qian lo había secuestrado, ¿qué otra cosa podía ser?

Shen Ci le dio vueltas sin encontrar una respuesta. De repente, una idea cruzó por su mente y formuló una atrevida hipótesis:

—No me digas que… ¿una de tus arañas se escapó?

—Mis arañas no se escaparon —respondió Wen Yao con una sonrisa—. Si una de ellas hubiera escapado, probablemente no se habría limitado a poder moverse. Se habría levantado directamente y habría salido corriendo.

Shen Ci lo miró confundido.

—Entonces, ¿qué pasó?

—Estaba ventilando la habitación esta tarde y, sin querer, dejó entrar una araña. Le saltó encima —explicó Wen Yao. Solo recordar la escena le provocaba ganas de reír—. Ni siquiera se atrevió a matarla él mismo. Tuvo que llamarme para que fuera a atraparla. Me pareció bastante linda, así que decidí quedármela.

—¿Qué clase de araña era? —preguntó Shen Ci con curiosidad—. ¿Una de esas enormes, con las patas larguísimas…? ¿Cómo se llamaban?

Por un momento no consiguió recordar el nombre de aquella araña.

Pensó que, para haber asustado al joven señor Qin, seguramente tendría que ser una criatura de aspecto especialmente aterrador.

Para su sorpresa, Wen Yao negó con la cabeza.

—Ven conmigo.

Shen Ci lo siguió hasta el segundo piso y entraron en la habitación de Wen Yao. Allí vio cómo este recogía una pequeña caja junto al terrario donde mantenía a sus arañas. Parecía ser uno de los recipientes de plástico que había utilizado anteriormente para transportarlas.

Wen Yao abrió la caja.

Dentro no había ninguna enorme araña de largas patas como Shen Ci había imaginado, sino una diminuta… araña saltarina apenas del tamaño de una uña.

Shen Ci:

—…

No podía ser.

¿Su joven señor Qin le tenía miedo incluso a una arañita tan pequeña?

La imagen que Shen Ci tenía de Qin Yi volvió a derrumbarse una vez más.

Extendió la mano y sostuvo el recipiente de plástico. La pequeña araña saltarina que había dentro levantó la cabeza y pareció observarlo con aquel par de grandes ojos.

La sensación de intercambiar miradas con una araña era bastante peculiar. Shen Ci no pudo evitar preguntar:

—He oído que las arañas saltarinas tienen muy buena vista y que se quedan mirando a las personas. ¿Es verdad?

—¿Acaso no te está mirando ahora mismo?

Wen Yao apenas había terminado de hablar cuando la diminuta figura de la araña se movió como un destello y saltó directamente desde la caja hasta la mano de Shen Ci.

Shen Ci se sobresaltó.

Esta cosita de verdad no le tiene nada de miedo a la gente.

Incapaz de contenerse, extendió un dedo y lo acercó con cautela a la araña. Sorprendentemente, esta tampoco huyó. Rodeó su dedo una vez y luego levantó sus dos patas delanteras para tocarle la punta.

—Parece que no solo les caes bien a mis mascotas. También les gustas a las arañas ajenas —comentó Wen Yao.

Luego sacó el gusano de la harina más pequeño de la caja de alimento que originalmente había preparado para su gran araña y lo arrojó dentro del recipiente de plástico.

—Aunque creo que tiene hambre. Devuélvela para que coma. Me costó bastante atraparla, así que no vayas a perderla.

Shen Ci empujó suavemente a la araña.

Los ocho sensibles ojos de esta evidentemente ya habían detectado a la presa que se retorcía dentro del recipiente. Tras una breve vacilación, finalmente decidió abandonar la mano de Shen Ci y saltó de regreso a la caja para alimentarse.

Wen Yao cerró la tapa.

—Dile al mayordomo que vuelva a fumigar. Con tanta hiedra cubriendo las paredes exteriores de la villa, es inevitable que atraiga insectos. Y donde hay insectos, habrá arañas. Me parece que tu gege Qin Yi no soportaría un segundo susto.

—Está bien.

En realidad, el mayordomo siempre había organizado regularmente el control de plagas. Al menos, cuando Shen Ci acababa de llegar a la residencia Qin, todavía era pleno verano y la hiedra era mucho más frondosa que ahora, pero nunca había visto pequeños insectos entrando en la casa.

Probablemente, después de la última poda de la hiedra y con el clima cada vez más frío, habían reducido la frecuencia de las fumigaciones. De vez en cuando se escapaba uno o dos insectos, que casualmente atraían a pequeñas arañas.

Y justo una de ellas se había topado con el joven señor Qin cuando este abrió la ventana.

Realmente había tenido mala suerte.

Shen Ci dejó de mirar a la araña y bajó para consolar al desafortunado joven señor Qin.

Nada más entrar en la habitación, vio su silla de ruedas detenida junto a la cama, de espaldas a la puerta. Solo con observar aquella espalda se notaba que estaba enfadado.

Shen Ci se acercó con cautela.

—Gege —lo llamó suavemente.

Qin Yi no respondió ni volvió la cabeza.

Parecía que estaba realmente enfadado.

Shen Ci rodeó la silla hasta quedar frente a él y, tal como esperaba, encontró un rostro claramente malhumorado. Se apresuró a consolarlo:

—Ya no te enojes.

Qin Yi apartó la mirada y lo ignoró.

Shen Ci se acuclilló frente a él y lo miró con ojos suplicantes, como un pobre cachorrito al que su dueño se negaba a prestar atención.

—Ya no te enojes. Tenerle miedo a las arañas no es nada vergonzoso. Muchísima gente les tiene miedo.

—No estoy enojado porque le tenga miedo a las arañas… —Qin Yi seguía frunciendo profundamente el ceño—. Es porque…

Se interrumpió a mitad de la frase, como si le resultara demasiado difícil decirlo.

—¿Es porque yo no les tengo miedo a las arañas y tú sí? —adivinó Shen Ci con absoluta precisión—. Gege, eso se llama complementarnos. Hay cosas que tú temes y yo también tengo cosas que me dan miedo.

Qin Yi volvió la cabeza hacia él. Su tono finalmente se suavizó un poco.

—¿A qué le tienes miedo?

—Eh…

Por más que lo pensó, Shen Ci no consiguió encontrar de inmediato algo a lo que realmente temiera.

Se rascó la mejilla con cierta incomodidad y dijo con tono lastimero:

—Tengo miedo de que me ignores.

Qin Yi guardó silencio.

Finalmente, su expresión se relajó.

En aquel momento se arrepintió de haber invitado impulsivamente a Wen Yao a vivir en su casa. Parecía que esos dos habían nacido para llevarse mal. Cada vez que Wen Yao estaba demasiado cerca de él, nunca ocurría nada bueno.

—¿Ya no estás enojado? —preguntó Shen Ci otra vez—. Entonces, ¿puedes moverlo otra vez para que lo vea?

Ante aquella extraña petición, Qin Yi no accedió.

—No hay nada que ver. Solo he recuperado un poco de movilidad.

Shen Ci se negó a darse por vencido.

De repente, sujetó a Qin Yi por el tobillo y, con malas intenciones, comenzó a hacerle cosquillas en la planta del pie.

No era la primera vez que hacía algo así.

Ya había aprovechado en numerosas ocasiones que el joven señor Qin estaba dormido para hacerle cosquillas en las plantas de los pies y comprobar si había recuperado la sensibilidad. Sin embargo, en aquel entonces, por mucho que lo hiciera, Qin Yi no reaccionaba en absoluto.

Ahora era diferente.

Ya habían pasado tres meses desde que Shen Ci llegó por primera vez a la residencia Qin. La sensibilidad en las piernas de Qin Yi se había recuperado casi por completo. Incluso cuando Shen Ci metía los pies bajo sus cobijas por la noche y los rozaba varias veces contra sus pantorrillas, Qin Yi podía sentirlo.

Y las plantas de sus pies, que habían sido las primeras en comenzar a recuperar la sensibilidad, ya eran casi tan sensibles como las de una persona normal.

Naturalmente, sentiría cosquillas.

Tal como esperaba, la expresión de Qin Yi cambió de inmediato.

—¡Shen Ci!

No quería mover la silla de ruedas en ese momento por miedo a que alguno de los dos terminara lastimado, pero las cosquillas eran insoportables. Su cuerpo comenzó a forcejear por puro instinto y, en un descuido, Shen Ci consiguió lo que quería: los dedos del pie que acababan de recuperar la movilidad se movieron.

Shen Ci se detuvo y lo miró con alegría.

—Gege, de verdad estás a punto de recuperarte.

—Aléjate —dijo Qin Yi, furioso.

Se inclinó hacia delante y apartó de un golpe la mano del otro.

—Si sigues haciendo tonterías, a partir de ahora volverás a dormir en tu propia habitación.

—¡No!

Aquella amenaza era demasiado efectiva contra Shen Ci. De inmediato dejó de tocarlo y se puso de pie.

—Perdón. Me equivoqué.

Qin Yi ordenó:

—Ve a lavarte las manos y ven a comer.

—…Está bien.

Como Qin Yi no quería sentarse a comer en la misma mesa que Wen Yao, el mayordomo ya había llevado la cena a su habitación.

Durante ese tiempo, su falta de apetito había mejorado un poco. Aunque todavía no le gustaba comer, al menos ya no mostraba tanto rechazo hacia la comida y se mantenía en un nivel relativamente normal.

Shen Ci se sentó a su lado.

—¿Ya se lo dijiste al doctor Lu?

—Sí.

—¿Qué dijo?

—Que siga tomando los medicamentos y espere a que los nervios se recuperen poco a poco. Cuando pueda mover las piernas, podré comenzar con una rehabilitación adecuada.

Shen Ci asintió.

—Si ya tienes un poco de control en el tobillo, entonces no debe faltar mucho, ¿verdad?

En realidad, los masajes y los movimientos articulares que Shen Ci había estado haciendo por Qin Yi durante todo aquel tiempo ya podían considerarse una forma de rehabilitación. Solo que eran ejercicios pasivos y necesitaba la ayuda de otra persona para realizarlos.

Si sus nervios motores también comenzaban a recuperarse, entonces Qin Yi tendría que empezar a esforzarse por sí mismo.

¿Todo aquel equipo de rehabilitación que llevaba tanto tiempo acumulando polvo en la sala destinada para ello finalmente podría utilizarse?

Solo pensarlo emocionó un poco a Shen Ci. Sus ojos se iluminaron, como si en su mente ya hubiera pasado directamente de «Qin Yi está empezando a recuperarse» a «Qin Yi ha vuelto a ponerse de pie».

Incapaz de contenerse, tomó comida con los palillos y la puso en el plato de Qin Yi.

—Come más.

Los movimientos de Qin Yi se detuvieron un instante.

No dijo nada, pero su expresión se volvió algo complicada.

Bajó la mirada hacia el arroz de su tazón, con una emoción indescifrable en los ojos.

A decir verdad, nunca había imaginado que algún día realmente pudiera recuperarse.

Incluso después de haber recuperado la sensibilidad, no se había atrevido a albergar demasiadas esperanzas. Sin embargo, cuando Qin Qian secuestró a Shen Ci, había deseado desesperadamente poder volver a ponerse de pie para protegerlo personalmente.

Esos dos sentimientos contradictorios se habían transformado silenciosamente en algo todavía más complejo después de que aquella araña lo asustara ese día y descubriera accidentalmente que de verdad podía moverse.

Incluso ahora le resultaba difícil creerlo.

Era como estar soñando.

Shen Ci parecía haber traído consigo muchos milagros.

Había conseguido que su vida, originalmente tan inmóvil como un estanque de agua estancada, cobrara vida poco a poco.

Era como aquella ventana de su habitación, cubierta durante años por la hiedra. Un día, finalmente alguien la abrió. La cálida luz del sol entró por ella y el aire fresco inundó la habitación.

Solo entonces Qin Yi descubrió que él también necesitaba aquellas cosas.

Resultaba que él también podía vivir como una persona normal.

Que también podía encontrar un lugar al cual pertenecer.

Shen Ci no tardó en darse cuenta de que se había quedado absorto y agitó una mano frente a sus ojos.

—¿Qué pasa? ¿Por qué dejaste de comer de repente?

—Nada.

Qin Yi volvió inmediatamente en sí, tomó la cuchara y bebió un poco de sopa.

—Me atraganté un poco.

—Pero si ni siquiera estás comiendo rápido. ¿Cómo pudiste atragantarte? —murmuró Shen Ci en voz baja, evidentemente poco convencido—. Bebe un poco más.

Qin Yi tomó varios sorbos seguidos antes de dejar la cuchara.

Todavía sin levantar la cabeza, dijo rápidamente y en voz muy baja:

—Gracias.

—¿Ah?

Había hablado tan bajo y tan rápido que Shen Ci no alcanzó a entenderlo. Lo miró confundido.

—¿Qué dijiste?

—Dije que no pasa nada —respondió Qin Yi, negándose a repetirlo—. Come rápido y deja de estar pendiente de mí todo el tiempo.

—Es porque nunca comes como es debido. Claro que tengo que estar pendiente de ti —replicó Shen Ci—. Por cierto, esta noche, cuando te dé el masaje, debería ayudarte a mover un poco más el tobillo. ¿No dijiste que ya tienes algo de control?

—Mm.

La expresión de Qin Yi no cambió.

—Como quieras.

Shen Ci parecía estar cada vez más emocionado.

—Gege, ¿por qué no empiezas a ejercitarte desde mañana? Primero puedes trabajar la parte superior del cuerpo. Si quieres ejercitar las piernas, seguro necesitarás la fuerza de los brazos para apoyarte. Además, si aumentas un poco tu actividad física, quizá también puedas comer más. Y también…

Ante el parloteo interminable de Shen Ci, Qin Yi finalmente llegó al límite de su paciencia y frunció el ceño.

Qué molesto.

Tenía que hacer algo para cerrarle la boca.

De repente, dejó los palillos, se inclinó bruscamente hacia delante y besó con fuerza los labios de Shen Ci.

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