Después de casarme con el villano discapacitado - Capítulo 43
Shen Ci respondió afirmativamente, pero siguió aferrado a él sin intención de marcharse. Tampoco soltó su brazo; permaneció recostado contra su pecho, con el rostro enterrado en el hueco de su hombro.
Qin Yi se sintió un poco impotente. Quiso apartarlo, pero no tuvo corazón para hacerlo, así que mantuvo aquella postura.
—¿Qué pasa? ¿Te duele verme así?
Shen Ci respondió con un apagado «mmm» y sorbió por la nariz.
Qin Yi ladeó la cabeza.
—No será para tanto. ¿Estás llorando? Yo ni siquiera me he quejado del dolor y tú ya estás sufriendo por mí.
—…No estoy llorando.
Shen Ci finalmente lo soltó.
Tenía los ojos un poco enrojecidos, como si hubiera contenido a la fuerza las lágrimas que estaban a punto de caer. Bajó la mirada, visiblemente desanimado.
—Nunca me cuentas por iniciativa propia cómo estás. Siempre tengo que preguntarte.
—Porque realmente no hay mucho que contar —respondió Qin Yi—. Cuantas más cosas te diga, más te preocuparás por mí, ¿no? Si me paso el día describiéndote lo miserable que estoy, parecerá que intento ganarme tu compasión a propósito.
—¡Claro que no!
Shen Ci frunció sus delicadas cejas, claramente disgustado.
—Ya vamos a casarnos. Por supuesto que tenemos que conocernos mejor.
—Entonces tampoco puede ser que solo tú me conozcas a mí.
Qin Yi cambió imperceptiblemente el foco de la conversación.
—Tú tampoco me has contado tus cosas, ¿verdad? Por ejemplo, que tu padre te trataba mal. O por qué abandonaste el piano si claramente te gustaba. O si aceptaste o te opusiste cuando vendió tu piano. Siempre tengo que enterarme de tus cosas por Wen Yao. Tú nunca me cuentas nada malo, solo lo bueno. ¿A eso le llamas conocernos mutuamente?
—Yo…
Shen Ci se quedó sin palabras.
Era la primera vez que descubría que el joven señor Qin tenía tanta facilidad de palabra. Había conseguido dejarlo completamente sin respuesta.
Apartó la mirada, culpable.
—Ya tracé una línea con él. No quiero mencionarlo.
Y, en realidad, no era que no quisiera hablar de aquello.
El principal problema era que él mismo tampoco lo sabía.
Incluso se había enterado de que el dueño original se había visto obligado a abandonar el piano durante aquella videollamada con la señora Xiang. Antes de eso, siempre había creído que simplemente había dejado de interesarle.
Qin Yi continuó:
—Y, por ejemplo, ¿de verdad nadie te acosa en la escuela? Hoy llamé a tu tutor y me enteré de que algunos compañeros de tu clase tienen bastantes opiniones sobre ti. Esta mañana incluso se mostraron inconformes por lo del uniforme. ¿Me contaste algo de eso?
Shen Ci apretó los labios y no se atrevió a responder.
Qin Yi incluso había llamado al tutor…
Por suerte, el profesor solo le había mencionado lo del uniforme.
Seguramente no se había enterado de lo que Liu Chao y los demás habían dicho sobre él aquella mañana, ¿verdad?
Menos mal que en ese momento casi no había nadie en el salón.
No quería que Qin Yi se enterara de comentarios tan maliciosos.
Su mirada vagó de un lado a otro antes de volver finalmente hacia Qin Yi.
Se defendió en voz baja:
—Eso es porque… no quería que esas pequeñas cosas afectaran tu estado de ánimo y, por consiguiente, tu descanso. Ahora necesitas recuperarte bien.
—Entonces yo tampoco te cuento mis cosas porque tu prioridad ahora es prepararte para el examen de ingreso a la universidad. Tampoco quiero afectar tu estado de ánimo y, en consecuencia, interferir con tus estudios y tu práctica de piano. ¿Qué tiene eso de malo?
Shen Ci:
—…
Parecía que realmente no podía ganarle una discusión a Qin Yi.
El ambiente quedó estancado por un momento.
Justo entonces, Wen Yao bajó del segundo piso con una sonrisa de significado incierto y se entrometió descaradamente en la conversación de ambos.
—¿No van a comer? Entonces yo iré primero.
Qin Yi aprovechó inmediatamente aquella salida y puso fin a la «discusión» con Shen Ci.
—Ya está. Primero comamos.
La mesa del comedor era rectangular y tenía capacidad para ocho personas.
Wen Yao ocupó conscientemente el asiento de uno de los extremos, bien lejos de ellos, irradiando por todo el cuerpo la noble determinación de «preferir morir antes que ser un tercero en discordia».
Durante toda la comida se concentró exclusivamente en su propio plato y se negó rotundamente a dirigir siquiera media mirada hacia aquella empalagosa pareja de hombres que hasta para comer tenía que estar mimándose.
También fingió no escuchar sus inútiles intercambios de «tú primero» y «no, tú primero».
Después de soportarlo hasta que terminaron de comer, esperó a que Shen Ci se marchara a practicar piano y finalmente giró la cabeza hacia aquel hermano que cada día le resultaba un poquito más desagradable.
—Felicidades. Xiao Ci siente todavía más afecto por ti.
Su tono estaba cargado de ese sarcasmo tan característico de Wen Yao.
Sin embargo, para su sorpresa, Qin Yi no le respondió de inmediato.
Permaneció sentado en silencio en su silla de ruedas, sin decir una palabra.
Wen Yao lo miró con extrañeza.
—¿Por qué no dices nada?
Qin Yi exhaló lentamente.
—Lo que acaba de pasar me hizo darme cuenta de algo.
Su voz sonaba tan seria que Wen Yao se sintió todavía más desconcertado.
—Si tienes algo que decir, dilo directamente.
—¿Shen Ci realmente está enamorado de mí?
—…¿?
Wen Yao lo miró sin comprender.
¿Acaso al joven señor Qin le había dado otro de sus episodios?
¿De verdad necesitaba preguntar algo tan evidente?
—Lo que quiero decir es: ¿qué significa exactamente ese «gustar» para él? —Qin Yi levantó la mirada—. El día que me contaste la situación de la familia Shen, me di cuenta de que parece que nadie lo orientó nunca en este aspecto. Quizá lo que él considera amor no sea realmente amor, sino algún tipo de afecto. Por ejemplo, Feng Yue jugaba videojuegos con él y eso hizo que le tomara cariño. Pasaron de ser pareja dentro del juego a conocerse en la vida real y terminaron siendo novios, pero, en realidad, no necesariamente estaba enamorado de él.
Wen Yao alzó una ceja más que la otra, formando una expresión extraña.
—Yo…
Qin Yi negó con la cabeza.
—Cuando se enteró de lo que me pasó, le dolió tanto que casi lloró. Me abraza, me besa… No importa cómo lo mire, solo puedo interpretarlo de una manera.
La expresión de Wen Yao finalmente se volvió seria y la sonrisa que parecía acompañarlo eternamente fue desapareciendo poco a poco.
—¿Qué quieres decir exactamente?
—Quiero decir que antes nunca me detuve a pensarlo en serio.
Qin Yi frunció ligeramente el ceño.
—La primera vez que dijo que quería besarme fue después de que Lu Heng le contara lo de mis padres. Insistió en acercarse a mí, dijo que le gustaba y que quería ayudarme.
Hizo una breve pausa.
—Yo pensé que realmente le «gustaba». En un impulso terminé besándolo de verdad. Después, sumado a que me regaló el collar, mis emociones se alteraron y tuve un episodio maníaco… Y así, de una forma aparentemente natural, terminé aceptando todo esto.
—¿Y ahora? —Wen Yao pareció comprender un poco lo que intentaba decir—. ¿Ahora que estás más tranquilo, sientes que algo no encaja?
—Mmm.
Qin Yi asintió lentamente.
—Todavía es demasiado joven. Quizá no sepa distinguir entre sentir afecto y estar enamorado. Debido a aquel acuerdo y a que siente cariño por mí, tomó la iniciativa de vincularse conmigo y cree que tener intimidad conmigo también es algo que debería hacer. Tal vez ni siquiera se haya dado cuenta de que sus sentimientos solo nacen de la «compasión».
—Tu reacción sí que ha sido bastante lenta. Ya pasaron dos meses —dijo Wen Yao—. Pero no estoy de acuerdo contigo. Es verdad que Shen Ci se encariña fácilmente con la gente, pero distingue perfectamente entre un tipo de afecto y otro. Por ejemplo, a mí solo me ve como un hermano mayor. Contigo es diferente.
—¿Tú también lo sabes? —Qin Yi parecía escéptico—. ¿Cómo sabes lo que piensa?
—Porque él mismo me lo dijo.
Wen Yao se mostró insatisfecho ante sus dudas.
—Si puede distinguir lo que siente por mí y lo que sentía por Feng Yue, no hay razón para que no sepa distinguir lo que siente por ti. Sí, es un poco joven, pero los chicos de ahora entienden muchas cosas. Aunque su madre muriera temprano y no recibiera orientación de su familia, tiene internet, compañeros de clase… De una forma u otra, algo habrá aprendido.
Hizo una pausa.
—He convivido con él mucho más tiempo que tú y nunca me ha parecido que tenga una comprensión confusa de los sentimientos. Al contrario, esas novelas que suele leer, ¿no tratan precisamente de estas cosas? Una vez no sé qué leyó, pero terminó llorando desconsoladamente y estuvo deprimido varios días. Eso demuestra que empatiza con facilidad. Entiende perfectamente estas cosas.
Qin Yi apretó los labios, todavía sin querer abandonar su idea.
—Entonces, ¿de dónde surgió su afecto por mí? La primera vez que lo vi tenía solo cinco años. Durante todo este tiempo tampoco ha mencionado nada de aquella época. Seguro que ya ni siquiera me recuerda.
—Siempre te ha admirado mucho. ¿No lo sabías? —preguntó Wen Yao, extrañado—. No, mejor dicho, todo el mundo de la música te admira. Él solo era uno más. Practicó todas tus piezas. Incluso con las que nunca publicaste, intentó reconstruir las partituras de oído. Solo que después dejó de estudiar piano y, por alguna razón, quemó todas aquellas partituras.
El ceño de Qin Yi se frunció todavía más.
—¿Por qué no me habías contado esto antes?
—Porque no preguntaste.
—…
Qin Yi no quiso discutir con él, pero de repente recordó algo.
—No. La partitura que reconstruyó por su cuenta no la quemó. La vi el primer día que llegó a la residencia Qin. Solo que estaba llena de errores. En aquel momento pensé que su nivel era mediocre. Más tarde, cuando lo escuché tocar, descubrí que en realidad tiene mucho talento.
—Espera.
Wen Yao finalmente detectó el problema.
—¿Dices que la partitura que reconstruyó tenía muchísimos errores? Eso es imposible. Él podía escuchar a alguien tocar una pieza una sola vez y después reconstruir por sí mismo entre el ochenta y el noventa por ciento de la partitura. Hasta su profesor de piano envidiaba esa capacidad. ¿Cómo podría…?
De pronto pareció darse cuenta de algo.
—Cierto. Tú vendiste esa partitura a un coleccionista extranjero, ¿verdad? ¿Cuándo fue exactamente?
Qin Yi lo pensó.
—Hace aproximadamente un año. El video de la interpretación también se filtró durante este último año.
—Durante este último año…
Wen Yao murmuró para sí mientras ordenaba mentalmente los acontecimientos.
—Empezó a estudiar piano en segundo de secundaria. Cuando llegó al primer año de preparatoria, la situación económica de su familia empeoró muchísimo. Probablemente eso también lo afectó. Poco a poco comenzó a tocar peor y después terminó abandonándolo. Durante ese periodo estuvo siempre muy deprimido. Después de elegir rama en segundo año, sus calificaciones también cayeron en picada. Y hacia finales del segundo semestre enfermó gravemente. Sin otra alternativa, la tía Xiang solicitó a la escuela que suspendiera temporalmente sus estudios, así que no asistió durante todo el último año.
Fue organizando lentamente la cronología.
—Dices que el video de tu pieza solo se filtró durante el último año. Para entonces él ya había abandonado el piano y estaba recorriendo hospitales con su madrastra para tratar su enfermedad… Con razón nunca vi esa partitura. Si ya había quemado todas las partituras tuyas que tenía, ¿cómo iba a conservar precisamente una? Resulta que la escribió después.
—Entonces… ¿la escribió mientras estaba enfermo?
Los dedos de Qin Yi, apoyados sobre el reposabrazos de la silla de ruedas, se tensaron ligeramente.
—¿Fue la enfermedad lo que hizo que cometiera tantos errores al reconstruir la partitura?
—Es la única explicación.
—¿Qué enfermedad tuvo exactamente?
La voz de Qin Yi se volvió algo ansiosa.
—Tú no lo sabes, él tampoco lo sabe… ¿Acaso tengo que preguntárselo a Shen Zhaocheng?
—Shen Zhaocheng lo sabe todavía menos —respondió Wen Yao—. Durante todo el tiempo que su hijo estuvo enfermo, ni siquiera preguntó una sola vez por él. La tía Xiang pagó de su propio bolsillo todos los tratamientos. Después de tantos años junto a Shen Zhaocheng había conseguido ahorrar bastante dinero, pero lo gastó todo en tratar a Shen Ci. Shen Zhaocheng incluso quiso que sacara ese dinero para ayudarlo a superar la crisis económica en vez de gastarlo en el tratamiento de su hijo. La tía Xiang se negó y ambos discutieron muchas veces por eso.
Los dedos de Qin Yi volvieron a tensarse y su expresión se ensombreció.
—También fue culpa mía —suspiró Wen Yao—. No debí aceptar trabajar temporalmente como guardaespaldas de Shen Zhaocheng. En aquel momento había demasiada gente persiguiéndolo para cobrar sus deudas y temía que realmente terminaran matándolo a golpes y que la familia Shen se derrumbara por completo. Si hubiera sabido que las cosas terminarían así, no habría intervenido. Si lo hubieran matado, se lo habría merecido.
—No fue culpa tuya. Solo eras su guardaespaldas. Tampoco podías encargarte de todo.
Qin Yi lo pensó un momento.
—¿Tienes el contacto de Xiang…? ¿Cómo se llama la madrastra de Shen Ci?
—Xiang Yumei.
—¿Tienes su número? Necesito aclarar este asunto.
—Por supuesto.
Wen Yao sacó el teléfono y buscó un número entre sus contactos.
—Pero ya se divorció de Shen Zhaocheng y hace mucho tiempo que no hablo con ella.
Qin Yi marcó el número que Wen Yao le mostró.
Sin embargo, desde el teléfono llegó una fría voz automatizada:
—Lo sentimos. El número que ha marcado no existe…