Después de casarme con el villano discapacitado - Capítulo 28

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  4. Capítulo 28
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Shen Ci dejó el teléfono a un lado, subió a la cama y, en lugar de abandonar el tema, sintió que su curiosidad aumentaba.

—Gege, ¿alguna vez has tenido una relación?

Qin Yi frunció el ceño.

—No.

Shen Ci lo pensó y le pareció lógico. Qin Yi había conservado su primer beso hasta hacía poco, así que seguramente tampoco había tenido pareja.

Entonces volvió a preguntar:

—Y normalmente… ¿no tienes necesidades de ese tipo?

Qin Yi:

—…

Realmente no sabía cómo responder a aquel joven cuya curiosidad parecía no tener límites. Tardó bastante en conseguir pronunciar dos palabras:

—No tengo.

Shen Ci adoptó una expresión seria.

—Pero en las novelas que leo, los protagonistas masculinos siempre tienen necesidades muy fuertes en ese aspecto. A cada rato arrinconan a su pareja contra la pared para besarla, o la besan en el sofá, en el auto, en todo tipo de…

—Shen Ci.

Qin Yi finalmente no pudo soportarlo más y lo interrumpió.

—¿Qué clase de novelas lees normalmente?

—Pues… novelas muy normales.

Shen Ci estaba arrodillado sobre la cama e intentó mostrarse lo más obediente posible. Parpadeó inocentemente.

—¿Qué tienen de malo?

Qin Yi apartó el rostro y decidió ignorarlo.

—Gege —insistió Shen Ci sin rendirse—, ¿no serás frígido?

Qin Yi giró bruscamente la cabeza.

Su mirada se volvió ligeramente peligrosa y recorrió a Shen Ci de arriba abajo.

Aunque no dijo una sola palabra, Shen Ci sintió inexplicablemente un escalofrío por todo el cuerpo.

Era como si un enorme depredador hubiera fijado sus ojos en él.

Y él fuera la presa.

Por instinto, retrocedió poco a poco, alejándose de aquella peligrosa zona en la que podía ser «devorado».

Solo entonces la agudeza en los ojos de Qin Yi se desvaneció gradualmente. Recuperó su expresión impasible y ordenó:

—Ve a practicar piano.

—Oh.

Shen Ci bajó de la cama y se dirigió hacia el salón de piano.

En su interior, pensó con cierta decepción:

Al final no conseguí sacarle ninguna información.

Así que…

¿El joven señor Qin podía o no podía?

*

Sin haber conseguido una respuesta, Shen Ci comenzó su práctica diaria de piano con cierta decepción.

Por la tarde, Lu Heng, que finalmente había despertado, le envió varios mensajes.

Shen Ci recibió más de una decena de mensajes de WeChat, todos reenviados por Lu Heng. Había conversaciones con sus colegas, artículos publicados por la cuenta oficial del hospital y todo tipo de material divulgativo.

Shen Ci revisó todo, lo guardó y le dio las gracias al doctor Lu.

A partir de aquel día comenzó oficialmente la vida de «esforzarse por recuperarse» del joven señor Qin.

Naturalmente, Shen Ci lo vigilaba para que tomara sus medicamentos todos los días. Además, le ordenó acostarse obligatoriamente a las diez de la noche y levantarse a las nueve de la mañana. Recibía masajes dos veces al día y, de vez en cuando, incluso alguna sesión adicional. Hasta sus tres comidas diarias se convirtieron en menús nutricionalmente equilibrados y estrictamente planificados.

No se le permitía dejar comida.

Tampoco ser quisquilloso.

Todos en la residencia Qin comenzaron a mirar al joven señor Shen con profundo respeto.

Jamás nadie se había atrevido a darle órdenes de aquella manera al joven señor Qin.

Y lo más importante era que, aunque Qin Yi decía que era imposible y llevaba la renuencia escrita en toda la cara, su cuerpo resultó sorprendentemente sincero.

Cuando ya había transcurrido la mitad de las vacaciones de verano, ¡había cumplido una por una todas las «excesivas» exigencias de Shen Ci!

Nadie sabía si se debía a que las recomendaciones de los colegas del doctor Lu realmente eran eficaces, a que el poder del amor era verdaderamente grandioso o a que Qin Yi había vuelto a tomar sus medicamentos.

En cualquier caso, su sensibilidad continuó recuperándose.

Después de la pierna derecha, la izquierda también comenzó a percibir el frío y el calor.

Sin embargo, seguía sin poder moverlas y todavía necesitaba ayuda para bañarse y recibir masajes.

La recuperación nerviosa era un proceso lento de por sí. Aun así, aquel pequeño progreso bastaba para emocionar enormemente a Shen Ci.

Aunque Qin Yi seguía mostrando aquella apariencia fría e indiferente, Shen Ci podía percibir que su estado de ánimo había cambiado un poco.

Ya no se encerraba tanto en sí mismo como antes.

La prueba más evidente era que había aceptado podar la hiedra que cubría los muros exteriores de la villa.

Aquellas enredaderas llevaban tantos años creciendo allí que se habían vuelto tan invasivas que casi parecían haber olvidado quién era el verdadero dueño de la casa.

Anteriormente, Shen Ci solo había despejado la mitad de la ventana del dormitorio de Qin Yi y no volvió a ocuparse del asunto. Un mes después, la hiedra ya amenazaba con cubrirla de nuevo.

Así que decidió terminar el trabajo de una vez por todas.

Le pidió al mayordomo que contratara a alguien para podar toda la hiedra de los muros exteriores, despejar todas las ventanas, arrancar las ramas que habían crecido demasiado y conservar el resto como vegetación decorativa.

También renovaron la entrada de la propiedad.

Reemplazaron la oxidada puerta, las farolas rotas y el timbre que ya no funcionaba.

Unos días después, toda la villa parecía completamente renovada.

Por fin había dejado de parecer una casa embrujada.

Qin Yi no había apoyado explícitamente todas aquellas reformas posteriores, pero tampoco se había opuesto.

Lo único que hizo fue fruncir el ceño con desagrado cuando el trabajo de abajo producía demasiado ruido.

Una noche de mediados de agosto, el atrevido joven señor Shen hizo algo todavía más atrevido.

Aprovechando que Qin Yi estaba dormido, volvió a sacar a escondidas del cajón de la mesita de noche aquel frasco de cianuro de potasio y lo sustituyó por un tipo de sal cristalizada de aspecto muy similar, pero inofensiva para el cuerpo humano.

Para evitar que Qin Yi descubriera el engaño, había preparado de antemano un frasco idéntico.

Guiándose por los videos y fotografías que había conservado, lo envejeció artificialmente hasta que se pareciera al original, añadió la misma cantidad de cristales de sal e incluso imitó casi a la perfección los minúsculos restos de polvo adheridos a las paredes internas del recipiente.

Después colocó aquel frasco en el cajón de Qin Yi y sustituyó el cianuro de potasio.

Mientras se movía furtivamente por la habitación, en realidad estaba bastante nervioso.

Temía que Qin Yi despertara a mitad del proceso.

Por suerte, el reloj biológico del joven señor Qin ya se había vuelto extremadamente regular. Se acostaba y levantaba siempre a la misma hora y, salvo que la neuralgia fuera demasiado intensa, prácticamente nunca despertaba en mitad de la noche.

Al día siguiente, Shen Ci entregó el frasco original a Wen Yao para que se lo llevara a Lu Heng y este se encargara de desecharlo.

Cuando aquella sustancia peligrosa finalmente salió de la residencia Qin, Shen Ci soltó un largo suspiro de alivio.

Sintió que una enorme presión desaparecía de sus hombros.

El comienzo de las clases estaba cada vez más cerca.

Además de intensificar su práctica de piano, Shen Ci comenzó a preparar las cosas que necesitaría durante el nuevo semestre.

Cuando había llegado a la residencia Qin, como su tía le había dicho que llevara únicamente lo imprescindible, había dejado atrás muchas cosas.

Por ejemplo, útiles escolares.

Cuando Qin Yi se enteró, ordenó directamente al mayordomo que comprara un juego completamente nuevo.

Al día siguiente, Shen Ci quedó deslumbrado por todo lo que el mayordomo llevó.

Tragó saliva con dificultad.

—Gege, tampoco hacía falta… comprar tanto, ¿no?

Frente a él había una enorme cantidad de bolígrafos y cuadernos.

Solo por la cantidad ya resultaba intimidante, pero la calidad era todavía más exagerada.

No tenían absolutamente nada que ver con el papel y los bolígrafos baratos que Shen Ci compraba antes de transmigrar para ahorrar dinero.

Los cuadernos tenían un acabado excelente. Ni siquiera sabía qué tratamiento especial había recibido el papel, pero era muy agradable al tacto, la tinta no traspasaba las hojas y resultaba extremadamente fácil escribir sobre él.

Shen Ci jamás había utilizado artículos de papelería tan buenos.

Aquello prácticamente había dejado de ser material escolar para convertirse en obras de arte.

Abrió también varias cajas de bolígrafos.

Descubrió que tampoco se parecían a los que se vendían normalmente en el mercado. En la cara interior del clip de cada uno había algo grabado.

Al mirar con atención, vio que era un «Qin» escrito con una elegante caligrafía.

Shen Ci levantó la cabeza.

—Gege, aprovechaste para meter publicidad privada.

Qin Yi no lo negó.

Shen Ci acababa de recoger todos los bolígrafos que había extendido sobre la cama cuando volvieron a llamar a la puerta del dormitorio.

Fue a abrir.

El mayordomo le sonrió cortésmente.

—Joven señor, todavía falta esto.

Shen Ci abrió los ojos con incredulidad.

El mayordomo hizo traer más de una decena de mochilas de toda clase de estilos.

Sin excepción, todas pertenecían a marcas extremadamente caras.

A Shen Ci casi se le entumeció el cuero cabelludo al verlas.

Se volvió hacia Qin Yi.

—¡Gege, voy a la escuela, no a participar en un concurso de talentos!

Qin Yi lo miró y respondió, como si estuviera haciendo una gran concesión:

—Entonces elige una.

Shen Ci respiró profundamente y regresó frente a él.

—Compraste tantas y yo solo voy a elegir una. ¿No sería un desperdicio dejar las demás?

—También puedes cambiar de mochila una vez al mes —respondió Qin Yi con absoluta seriedad—. Así tendrás suficientes para todo el último año de preparatoria.

Shen Ci:

—…

Shen Ci, que en su vida anterior había utilizado la misma mochila desde la secundaria hasta la preparatoria, estuvo a punto de desmayarse ante aquella «felicidad» caída del cielo.

No lograba comprender qué clase de comportamiento de rico era aquello de estrenar una mochila cada mes.

Su percepción de los hábitos de consumo del joven señor Qin se renovó por completo.

Como había demasiadas cosas, no tuvo más remedio que pedir ayuda al mayordomo para trasladarlas todas a su propia habitación. Ya elegiría con calma más adelante.

Después sacó el uniforme escolar del propietario original.

Acababa de ponérselo para comprobar cómo le quedaba cuando el mayordomo le dijo que Qin Yi lo llamaba, así que bajó todavía vestido con el uniforme.

La silla de ruedas de Qin Yi estaba detenida en la sala de estar.

En cuanto lo vio, el hombre frunció el ceño.

—¿Ese es el uniforme de tu escuela?

—Sí.

Shen Ci se detuvo frente a él.

—Lo es.

Qin Yi emitió su veredicto sin vacilar:

—Feo.

Shen Ci bajó la cabeza y observó su ropa.

—No está tan mal. ¿No son todos los uniformes escolares más o menos de este color?

—No es el color. El diseño es feo.

Qin Yi extendió la mano y tocó la manga.

—Y la tela también es de mala calidad. ¿Este es el nivel de los uniformes de la Preparatoria Número Uno de Yanyang?

Preparatoria Número Uno de Yanyang…

Shen Ci se quedó inmóvil de repente.

Su mirada descendió casualmente hasta su pecho y vio el emblema de la escuela impreso sobre el uniforme.

¿Por qué le producía una extraña sensación de familiaridad?

La escuela a la que había asistido antes de transmigrar…

Parecía llamarse también Preparatoria Número Uno de Yanyang.

Y el emblema…

Parecía ser exactamente así.

Espera.

¿«Parecía»?

Un recuerdo que debería haber sido perfectamente claro se volvió borroso en aquel instante.

Al igual que anteriormente había sido incapaz de recordar con claridad el rostro de su madre, ahora ni siquiera podía asegurar cómo se llamaba la escuela a la que había asistido ni qué aspecto tenía su emblema.

Solo sentía que se parecían.

¿Estaba siendo influenciado otra vez por aquel mundo?

¿Estaba empezando a olvidar quién era realmente?

Si algún día lo olvidaba todo por completo, ¿qué ocurriría?

¿Sería asimilado totalmente por el libro y terminaría convirtiéndose en uno de sus personajes?

La confusión apareció en el rostro de Shen Ci.

Al notar aquella extraña reacción, Qin Yi preguntó:

—¿Qué pasa?

—…Nada.

Shen Ci volvió rápidamente en sí y caminó hasta el espejo de cuerpo entero.

El uniforme no le quedaba bien.

Era demasiado grande.

Las mangas eran tan largas que le cubrían parte de las manos y tenía que remangárselas para moverse con comodidad.

Era normal que un uniforme recién entregado no quedara bien y hubiera que solicitar otra talla.

Sin embargo, probablemente debido a su personalidad excesivamente tímida, el propietario original ni siquiera se lo había mencionado al profesor.

Simplemente había usado aquel uniforme que no le quedaba bien durante dos años.

Y eso que durante ese tiempo había crecido bastante.

Aun así, la ropa todavía le quedaba demasiado grande.

—Quítatelo —ordenó Qin Yi—. Haré que te confeccionen otro.

—Mm.

Shen Ci obedeció y se quitó el uniforme para entregárselo al mayordomo.

Al extender la mano, notó que el dorso estaba un poco enrojecido, probablemente por el roce de la manga.

No era la primera vez que comprobaba lo delicada que era la piel de aquel cuerpo, así que ya estaba acostumbrado.

Sin embargo, cuando se dio la vuelta, descubrió que la mirada de Qin Yi estaba fija en su mano.

—Ven aquí.

Shen Ci apenas terminó de girarse cuando Qin Yi lo sujetó por la muñeca.

Sus dedos rozaron suavemente la piel enrojecida del dorso de su mano.

—¿Duele?

—No siento nada —respondió Shen Ci—. En un rato desaparecerá. No pasa nada.

Qin Yi guardó silenciosamente otra cuenta pendiente contra la Preparatoria Número Uno de Yanyang.

Después sacó algo más.

—También esto.

Era una tarjeta bancaria.

Shen Ci la recibió, desconcertado.

—¿Y esto qué es?

—Para ti. Dinero para tus gastos.

Shen Ci preguntó casualmente:

—¿Cuánto?

—Cinco millones.

—…

La expresión de Shen Ci se congeló.

Pensó que había oído mal y hasta se le trabó la lengua.

—¿Cu… cuánto?

—Cinco millones —repitió Qin Yi—. ¿No es suficiente? También tengo una tarjeta con diez millones. Puedes llevarte esa.

Mientras hablaba, ya iba a sacar otra.

Shen Ci se apresuró a detenerlo, todavía conmocionado.

—¡No, no! ¡Es demasiado! ¡Demasiado!

Cinco millones…

¡¿Cuántos pasteles de chocolate se podían comprar con cinco millones?!

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