Después de casarme con el villano discapacitado - Capítulo 119
Las pestañas de Qin Yi temblaron ligeramente. Su cuerpo no mostró demasiada resistencia, así que terminó correspondiendo al beso.
Quién sabía si realmente había sido gracias al «poder del amor», pero aunque su cuerpo seguía sintiéndose bastante mal, las náuseas y el malestar estomacal no volvieron a aparecer. Por la noche incluso pudo cenar con normalidad.
Sin embargo, el insomnio no mejoró.
Quizá porque había dormido varias horas durante el día, aquella noche le resultó todavía más difícil conciliar el sueño y, al final, no tuvo más remedio que volver a tomar un somnífero.
Pero tampoco podía depender constantemente de ellos.
Shen Ci le informó a Lu Heng sobre la situación y aprovechó para preguntarle cuánto tiempo podían durar aquellos síntomas de abstinencia.
Lu Heng respondió que era imposible saberlo con exactitud. Variaba de una persona a otra: podía ser una semana, medio mes o, considerando lo intensa que había sido la reacción de Qin Yi, quizá incluso más tiempo.
Aquello preocupó mucho a Shen Ci.
Nadie podía soportar un insomnio prolongado. Era una tortura tanto física como mental.
Pero el doctor Lu tampoco tenía una solución mejor. Aparte de recurrir temporalmente a medicamentos para ayudarlo a dormir, solo podían esperar a que su organismo se adaptara por sí mismo.
A Shen Ci le dolía verlo así.
Sin embargo, Qin Yi nunca se quejaba y él tampoco podía estar preguntándole constantemente cómo se sentía.
Por eso intentó por todos los medios ayudarlo a conciliar el sueño: masajes, compresas calientes, música…
Nada de aquello consiguió que Qin Yi durmiera.
En cambio, poco a poco sí ayudó a que su cuerpo se recuperara. Las zonas donde había sufrido fracturas finalmente dejaron de doler y su semblante mejoró considerablemente.
Después de tomar somníferos durante medio mes consecutivo, una noche Qin Yi despertó repentinamente.
Buscó el teléfono junto a la almohada y miró la hora.
Las cuatro de la madrugada.
Entrecerró los ojos mientras se acostumbraba a la luz de la pantalla.
El efecto de los somníferos duraba cada vez menos.
Había controlado cuidadosamente la dosis y no se había atrevido a aumentarla, por lo que podía sentir claramente que su eficacia estaba disminuyendo.
Solo había pasado medio mes y ya ni siquiera conseguían mantenerlo dormido durante toda la noche.
Qin Yi frunció el ceño y volvió la cabeza hacia Shen Ci.
Él seguía profundamente dormido.
Qin Yi se movió con cuidado y se incorporó. Aprovechando la luz del teléfono, encontró el frasco de somníferos sobre la mesita de noche.
Acababa de tomarlo cuando vaciló.
Su mano quedó suspendida unos segundos en el aire.
Finalmente volvió a dejar el frasco donde estaba y se levantó para ir al baño.
A las cuatro de la madrugada, la villa estaba sumida en un profundo silencio.
Toda la ciudad de Yan parecía igual de silenciosa.
Ni siquiera quienes tenían que madrugar para ir a trabajar o estudiar estaban cerca todavía de la hora de levantarse.
Qin Yi se aseó rápidamente, procurando no hacer demasiado ruido para evitar despertar a Shen Ci. Después se cambió de ropa y salió.
Todavía no había amanecido y las farolas frente a la villa seguían encendidas.
Qin Yi volvió la cabeza para contemplar la casa.
Parecía que nunca había salido a aquella hora.
Después de la remodelación, la villa ya no tenía el aspecto sombrío de antaño, ni siquiera durante la noche.
Las madrugadas de primavera todavía eran algo frías.
Qin Yi metió ambas manos en los bolsillos y comenzó a caminar lentamente por el sendero.
*
Cuando Shen Ci despertó, descubrió que no había nadie a su lado.
Se quedó desconcertado.
Todavía debe ser temprano. ¿Adónde fue Qin Yi?
Tampoco estaba en el baño, así que evidentemente no había ido simplemente al sanitario.
Shen Ci bostezó y bajó de la cama todavía medio dormido.
Abrió las cortinas.
Afuera apenas comenzaba a clarear.
Qué extraño.
¿Adónde podía haber ido Qin Yi tan temprano?
¿Había despertado durante la noche y vuelto a sufrir insomnio?
Los demás habitantes de la casa todavía no se habían levantado.
Shen Ci buscó por el piso superior y por el inferior, pero siguió sin encontrarlo.
En cambio, vio sus pantuflas junto a la entrada.
¿Había salido?
Tomó el teléfono y le envió un mensaje.
No obtuvo respuesta.
Entonces lo llamó, pero escuchó un teléfono vibrando.
Qin Yi había dejado el suyo sobre la mesita de noche del dormitorio.
Ni siquiera lo había llevado consigo.
Shen Ci frunció el ceño.
Qin Yi no le había dicho adónde iba, aunque probablemente tampoco se habría alejado demasiado.
¿Habría salido a caminar porque no podía dormir?
Después de vacilar brevemente, Shen Ci decidió salir a buscarlo.
No vio a Qin Yi en el jardín, así que tuvo que seguir avanzando.
Apenas cruzó la entrada principal, una ráfaga de viento le dio de frente.
Solo llevaba un pijama delgado y el frío lo atravesó de inmediato.
Shen Ci se estremeció y se abrazó a sí mismo.
Le daba demasiada pereza regresar por algo de abrigo, así que continuó avanzando contra el viento mientras gritaba:
—¡Qin Yi! ¡¿Estás ahí?!
El viento hacía susurrar las hojas de los árboles.
Aparte de eso, nadie respondió.
Shen Ci caminó otro trecho sin ver a nadie.
Ya comenzaba a congelarse y pensó que, a esa hora, el mayordomo y los demás no tardarían en levantarse.
Si Qin Yi seguía sin aparecer, les pediría que lo ayudaran a buscarlo.
Qin Yi también tenía lo suyo.
¿Quién salía de casa sin llevar el teléfono?
¿Acaso no era evidente que haría que los demás se preocuparan?
Shen Ci murmuraba para sí mismo mientras regresaba.
Justo entonces escuchó unos pasos detrás de él.
A continuación llegó el sonido de una respiración intensa.
Se volvió rápidamente.
Qin Yi había aparecido quién sabía de dónde y acababa de llegar hasta un árbol cercano.
Parecía completamente agotado.
Apoyó una mano contra el tronco, se inclinó y comenzó a jadear.
El corazón de Shen Ci dio un vuelco.
Corrió hacia él.
—¿Dónde estabas?
Qin Yi respiraba con tanta dificultad que evidentemente no tenía fuerzas para responderle.
Se dejó caer sobre unos escalones junto al camino, exhausto, y tardó bastante en poder pronunciar una palabra.
Shen Ci regresó rápidamente a casa y le trajo una botella de agua.
Qin Yi bebió la mitad de una sola vez.
Poco a poco consiguió recuperar el aliento y se secó el sudor de la frente.
—Salí a correr.
Shen Ci lo miró conmocionado.
—¿A correr? ¿No te duelen las piernas?
—Si solo troto, no demasiado.
La respiración de Qin Yi fue estabilizándose.
—Realmente no podía dormir. Pensé que si hacía algo que consumiera energía, quizá podría dormirme después de cansarme.
Shen Ci suspiró con impotencia.
—Entonces al menos avísame. Sales sin decir una palabra y encima no llevas el teléfono. Pensé que te había pasado algo.
Solo entonces Qin Yi pareció darse cuenta.
Metió una mano en el bolsillo.
Efectivamente, no tenía el teléfono.
Una expresión de culpabilidad apareció en su rostro.
—Lo siento… Lo olvidé.
—Olvídalo.
Shen Ci se sentó junto a él.
—Me quedaré aquí contigo un rato. Cuando hayas descansado, regresamos.
Era temprano por la mañana.
Una franja plateada en el horizonte comenzó a expandirse poco a poco y el cielo fue iluminándose.
Toda la ciudad despertaba gradualmente.
Las aves madrugadoras ya habían salido a buscar alimento y, sentados junto al camino, podían escuchar sus cantos acercándose y alejándose.
De repente, Shen Ci se cubrió la boca.
—¡Achís!
Qin Yi volvió la cabeza.
Al ver que solo llevaba puesto el pijama, frunció ligeramente el ceño y se quitó la chaqueta para colocársela encima.
—¿Cómo saliste vestido así?
—¿Y de quién crees que es la culpa? Salí a buscarte.
Shen Ci se frotó la nariz y se ajustó mejor la chaqueta.
—¿Y tú? Si me la das, ¿no tendrás frío?
—Acabo de sudar corriendo. Ahora tengo calor —respondió Qin Yi—. Descansemos unos minutos más y regresemos.
Ambos permanecieron sentados junto al camino.
Después de un rato, Shen Ci tuvo una idea repentina.
—¿Qué tal si, a partir de ahora, salimos a correr todas las mañanas?
Qin Yi:
—…¿?
—Mm… O también podemos correr por la noche. ¿No dijiste que querías hacer algo que consumiera energía? Podemos salir a correr media hora todas las noches antes de dormir. Quizá así consigas conciliar el sueño.
Parecía una propuesta bastante razonable.
Qin Yi lo pensó.
—Lo consideraré.
Después de permanecer allí un poco más, Shen Ci se puso de pie y le tendió una mano.
—Vamos.
Qin Yi la tomó y dejó que lo ayudara a levantarse.
Durante aquellos días, debido a su malestar físico, apenas había hecho ejercicio.
Ahora, después de trotar una sola vez, ya sentía las pantorrillas doloridas.
Cuando regresaron a la casa, se encontraron precisamente con el mayordomo, que acababa de levantarse.
Este los miró sorprendido.
—Ustedes dos… ¿qué estaban haciendo?
—Nada. Dijo que no podía dormir y salió a correr —explicó Shen Ci—. Que la cocina prepare el desayuno.
—De acuerdo.
Al regresar al dormitorio, lo primero que hizo Qin Yi fue ducharse.
Shen Ci aprovechó ese tiempo para asearse y recibió el desayuno que el mayordomo llevó a la habitación.
Correr había agotado visiblemente a Qin Yi.
Después de desayunar, el sopor de la comida comenzó a apoderarse de él.
Se apoyó contra el cabecero y leyó durante un rato, pero aquello solo consiguió darle todavía más sueño.
No pasó mucho tiempo antes de que sus párpados comenzaran a cerrarse.
Shen Ci pensaba darle un masaje para ayudarlo a relajarse.
Pero cuando volvió la cabeza, vio a Qin Yi inclinado contra el cabecero, con el libro boca abajo sobre el pecho y los ojos cerrados.
Ya se había quedado dormido.
…
Parecía que aquel insomnio tampoco era imposible de tratar.
Shen Ci lo acostó cuidadosamente, retiró el libro de sus manos y lo cubrió bien con la manta.
Después dejó escapar un suspiro, como alguien que llevaba demasiado tiempo preocupándose por todo.
A partir de aquel día, el insomnio provocado por la retirada del medicamento finalmente comenzó a mejorar.
Todas las noches Shen Ci salía a correr con Qin Yi.
Daban dos vueltas alrededor de la villa, suficientes para terminar empapados en sudor.
Cuando regresaban, una ducha caliente los relajaba y Qin Yi conseguía quedarse dormido rápidamente.
El ejercicio moderado no solo lo ayudaba a dormir.
Su condición física también mejoró rápidamente.
Además, Shen Ci descubrió que Qin Yi había desarrollado de repente un apetito sorprendentemente intenso.
Ahora sabía claramente qué quería comer.
Probablemente se debía a que, durante los primeros días después de dejar la medicación, prácticamente no había podido comer nada y había pasado demasiada hambre.
Así que aquello de que un gato quisquilloso deja de rechazar la comida después de pasar un par de días con hambre quizá no fuera una afirmación completamente infundada.
Un mes después, Qin Yi pudo declarar oficialmente que había dejado la medicación con éxito.
La enfermedad que lo había acompañado durante tantos años finalmente se alejaba de él.
La sensación era tan extraña que parecía haber transcurrido toda una vida.
Volvió a sentarse frente al piano.
Tomó un lápiz para registrar sus nuevas inspiraciones y después las transformó en música sobre las teclas blancas y negras.
La inspiración surgida de un estado mental completamente sereno seguía rebosante de emociones.
Pero ya no contenía aquella oscuridad dolorosa y opresiva que parecía condenada a no ver jamás la luz del día.
Ahora había algo más ligero y alegre.
Como bañarse bajo el sol.
Como abrazar la brisa y el agua que fluye.
Antes de que terminara aquel año, Qin Yi cumplió su promesa y publicó un nuevo álbum, al que llamó Tierras extranjeras.
El álbum contenía seis piezas para piano, todas composiciones originales suyas.
Había una por cada país que habían visitado durante la gira, y cada pieza incorporaba características de la música local.
Los estilos podían considerarse completamente distintos entre sí.
Sin embargo, al escucharlas con atención, seguía percibiéndose claramente aquel inconfundible «estilo de Qin Yi».
Ambos elementos se integraban a la perfección y atrapaban con facilidad al oyente.
Los fans llevaban demasiado tiempo esperando un nuevo álbum.
Cuando finalmente salió a la venta, el éxito fue, como era de esperar, extraordinario.
Qin Yi incluso accedió a las peticiones de los fans y lanzó una edición autografiada.
Estuvo a punto de destrozarse la mano de tanto firmar.
Además de los elogios, tampoco faltaron las bromas:
«Gege realmente cambió después de casarse. De repente se volvió súper productivo. ¡Sigue así!»
«Este álbum no debería llamarse Tierras extranjeras. Debería llamarse Luna de miel.»
«O mejor: Presumiendo su amor.»
Shen Ci se sintió bastante avergonzado al leer aquellos comentarios.
Aunque tampoco podía culparlos por haberlo notado.
Aquellas seis piezas eran realmente demasiado «dulces».
Para Shen Ci, que había vivido personalmente los momentos detrás de cada una, la sensación era todavía más intensa.
Era prácticamente como enamorarse a través de la música.
Distintos tipos de amor.
En distintos lugares.
No pudo evitar decirle a Qin Yi que se contuviera un poco.
Qin Yi lo miró y respondió:
—Cuando tú también seas capaz de responderme con tu música, dejaré de componer piezas de este tipo.
Shen Ci:
—…
Sabía perfectamente que no sería capaz de conseguirlo en poco tiempo.
Sostuvo el álbum de Qin Yi entre las manos, contempló su firma y formuló otra pregunta:
—¿Ya no piensas recuperar tu antiguo nombre?
—¿Recuperar cuál?
—Volver a llamarte «Qin Yi» con el carácter 熠.
Qin Yi reflexionó un momento y respondió suavemente:
—Creo que no. Aunque Qin Qian actuó con malicia cuando cambió mi nombre y sustituyó 熠 por 抑, este carácter me ha acompañado durante demasiados años. Ha cargado con demasiadas cosas y ha sido testigo de demasiadas otras. Quiero conservarlo para que siempre me sirva de advertencia, para recordar en todo momento que lo ocurrido en el pasado no puede olvidarse fácilmente, pero tampoco impedirá que llegue el mañana.
—Mm…
Shen Ci lo pensó un momento.
—Sea como sea, respeto tu decisión. Para mí, no importa si eres Qin Yi escrito como 抑 o Qin Yi escrito como 熠. Eres gege, eres mi amado, eres quien me mostró el camino cuando estaba perdido, la persona con quien avanzaré de la mano y con quien pasaré toda mi vida.