Después de casarme con el villano discapacitado - Capítulo 116
Wen Yao se quedó sin palabras. Aunque quería compadecerse de Shen Ci, ante aquella situación tampoco encontraba nada más que reprocharle a Qin Yi, así que terminó levantándose.
—Olvídalo. Regreso a mi habitación. Descansen bien los dos.
Llamó a un empleado del hotel para que retirara los platos y luego regresó a su habitación. Tras soltar un bostezo, también se dispuso a descansar.
Gracias a aquella «actividad que ayudaba a conciliar el sueño», Shen Ci durmió profundamente durante toda la tarde. Cuando por fin despertó, sentía todo el cuerpo dolorido, como si los brazos y las piernas estuvieran a punto de desprendérsele.
Permaneció largo rato en la cama, gimiendo y remoloneando sin conseguir levantarse.
Qin Yi, sentado en el sofá, lo observó y arqueó una ceja con sorpresa.
—¿De verdad es para tanto? Claramente no usé fuerza.
Shen Ci tenía la mirada perdida y ya no quería ni protestar.
—No es culpa tuya. El problema soy yo.
Qin Yi realmente no había usado fuerza. Incluso podía decirse que había sido delicado, mucho más que la vez anterior.
Por desgracia, por delicado que fuera, con Shen Ci no servía de mucho. Su cuerpo era demasiado sensible y simplemente no soportaba semejante desgaste.
Shen Ci permaneció boca arriba, con los dedos entrelazados sobre el pecho, mirando inexpresivamente el techo.
—Juro por el cielo que nunca volveré a hacer cosas indebidas justo después de bajar de un avión y sin haber comido.
Las comisuras de los labios de Qin Yi se curvaron ligeramente.
—Gege, ¿tú no estás cansado? —Shen Ci volvió la cabeza para mirarlo—. ¿No dormiste en toda la tarde?
—Un poco. Después de que te quedaras dormido, yo también dormí un rato. Cuando desperté ya me sentía mucho mejor. No estoy tan exageradamente agotado como tú.
Shen Ci volvió lentamente la cabeza hacia arriba.
Parecía un pescado seco y salado, perfectamente estirado sobre la cama y fingiendo estar muerto.
—¿Qué hora es?
—Más de las siete. Puedes levantarte a cenar.
—¿Por qué siento que hoy ya he comido muchísimas veces?
—Porque así ha sido. Si no quieres comer, también puedes seguir durmiendo.
Qin Yi abrió las cortinas.
El cielo comenzaba a oscurecer. Dentro de una o dos horas, caería completamente la noche.
Shen Ci se incorporó y miró por la ventana.
Originalmente había pensado que, debido al desfase horario, su rutina se desordenaría. Si dormía demasiado por la tarde y después no podía conciliar el sueño por la noche, podría salir a caminar.
Ahora parecía que ese plan también había quedado arruinado.
Le dolían y temblaban tanto las piernas que hasta caminar supondría un esfuerzo.
Mejor quedarse tranquilamente en el hotel y descansar.
Como había pasado casi toda la tarde durmiendo, tampoco tenía demasiada hambre. Comió algo ligero con Qin Yi y después se acomodó a su lado mientras jugaba con el teléfono.
El móvil ya mostraba la hora local.
Había pensado enviarle un mensaje a Shen Ge, pero recordó que en su país ya era de madrugada. Además, cuando aterrizaron ya le había avisado de que habían llegado bien.
No tenía sentido volver a escribirle.
Mejor esperar hasta el día siguiente.
Shen Ci permaneció despatarrado en el sofá sin preocuparse en absoluto por su imagen. Poco a poco fue deslizándose hasta pasar de estar apoyado junto a Qin Yi a tener la cabeza recostada sobre sus muslos.
Dejó el teléfono a un lado.
—¿Qué planes tenemos para mañana?
—Ninguno. Podemos pasear y divertirnos como queramos.
—¿No tienes que ensayar con anticipación ni nada parecido?
Qin Yi bajó la mirada hacia él.
—¿Quieres tocar conmigo desde el primer concierto? Yo pensaba dejar que primero te adaptaras y que subieras al escenario en el segundo.
—Lo que tú decidas.
Al enterarse de que podía descansar, Shen Ci se relajó por completo.
—Entonces de verdad voy a dedicarme a pasear y divertirme. Y, de paso, disfrutaré de tu concierto.
—Mm.
Así fue como, a partir del día siguiente, ambos comenzaron oficialmente aquel «viaje de luna de miel».
Durante ese mes no solo terminaron con éxito los conciertos programados, sino que también visitaron toda clase de lugares turísticos, pasearon junto a ríos y playas, se alojaron durante uno o dos días en sitios poco conocidos pero con paisajes extraordinarios, perfectos para disfrutar de su mundo de dos, y después partían hacia el siguiente destino, probando toda la gastronomía local que encontraban por el camino.
Aunque, comparada con la de su país, la gastronomía de aquel lugar era realmente algo limitada, podían encontrar restaurantes chinos prácticamente por todas partes, así que siempre tenían la posibilidad de comer los sabores de casa.
Solo cuando se encontró comiendo comida de su propio país en tierra extranjera, Shen Ci comprendió finalmente qué había querido decir Wen Yao con aquello de «espero que dentro de diez días sigas diciendo lo mismo».
Agosto allí coincidía con la transición del verano al otoño.
Cuando llegaron, el clima ya no era demasiado caluroso y, conforme pasaban los días, se volvía cada vez más fresco y agradable.
Era una época perfecta para viajar.
La primera parada de la gira fue todo un éxito.
Antes de que se marcharan, aquel coleccionista incluso fue personalmente a despedirse y agradecerles. Les dijo que estaba muy agradecido de que hubieran ido a su tierra natal para ofrecer un concierto.
También explicó que él mismo viajaba con frecuencia y que, de hecho, había conocido a Qin Yi años atrás durante uno de sus viajes al extranjero.
Si tenía tiempo, asistiría a las siguientes cinco paradas de la gira y llevaría consigo a su esposa y a sus hijos.
Shen Ci se sorprendió al escucharlo.
A este hombre sí que le gusta Qin Yi de verdad.
Pensar que pretendía asistir a cada parada de la gira demostraba hasta qué punto admiraba su música.
Después de pasar un mes allí, Shen Ci también sintió que ya habían disfrutado suficiente del lugar, así que todo el grupo partió hacia el siguiente destino.
Y así, mes tras mes, la gira de medio año recorrió seis países y ofreció un total de catorce conciertos.
Del verano al invierno, el nombre de Qin Yi volvió a resonar por completo en el extranjero.
Shen Ci no subía al escenario para tocar con él en todos los conciertos.
Todo dependía de las piezas que Qin Yi hubiera elegido para cada presentación.
Aunque sus apariciones no eran numerosas, dejó una profunda impresión en el público y recibió una respuesta excelente.
Durante aquellos seis meses de luna de miel, ambos estuvieron cansados pero felices.
Cuando finalmente regresaron a su país, faltaban solo tres días para el Año Nuevo.
Nada más llegar a casa, Shen Ci saludó a su madrastra y a su hermana y corrió a buscar al loro.
—¡Guai Guai! ¡Ya regresé! ¿Me extrañaste?
Durante aquel medio año, Shen Ge había cuidado muy bien del loro.
Como Shen Ci temía que, después de tanto tiempo sin verlo, el animal realmente olvidara a su dueño, cada cierto tiempo hacía una videollamada con Shen Ge para mostrarle su cara al loro y dejar que escuchara su voz, evitando así que no lo reconociera cuando regresara.
En ese momento, el loro se quedó inmóvil.
Levantó la cabeza y lo observó con la cabeza inclinada.
Shen Ci le sostuvo la mirada y, por alguna razón, sintió que aquellos ojos estaban llenos de confusión.
El loro permaneció así durante un buen rato.
Shen Ci comenzó a preocuparse.
—No puede ser… ¿De verdad me olvidaste?
Justo entonces, el loro saltó fuera de la jaula abierta, voló directamente hasta su cabeza y soltó un par de chillidos cuyo significado Shen Ci no pudo descifrar.
Acto seguido, comenzó a picotearle frenéticamente la cabeza.
—¡Guai Guai! —Shen Ci se cubrió rápidamente la cabeza con las manos—. ¡No me piques! ¡Soy tu dueño! ¿Ya no te acuerdas de mí?
El loro lo ignoró por completo.
Agitó las alas con furia y comenzó a picotearle también los dedos.
Shen Ci se quedó desconcertado.
El loro normalmente no mordía a la gente sin motivo, ni siquiera a los desconocidos.
Entonces, si ahora estaba tan alterado…
¿Era porque llevaba medio año sin verlo y estaba enfadado con él?
En cuanto comprendió aquello, Shen Ci se relajó.
Solo pudo suplicar clemencia mientras aceptaba la «venganza» del loro.
Entre risas y lágrimas, finalmente consiguió atraparlo y bajarlo de su cabeza.
—¡Ya no me muerdas!
Después de desahogarse, el loro decidió perdonar a regañadientes a su «irresponsable» dueño.
Se liberó de sus manos y la cresta, que hasta entonces había mantenido completamente erguida, fue bajando poco a poco.
Aun así, siguió mirándolo fijamente, como si lo amenazara:
Atrévete a hacerlo otra vez y verás.
Shen Ci se apresuró a darle un puñado de sus semillas de girasol favoritas.
Solo después de mucho esfuerzo consiguió apaciguarlo.
Entonces escuchó la voz de Qin Yi detrás de él.
—Xiao Ci, ¿quieres comer…?
La frase se interrumpió abruptamente.
Shen Ci volvió la cabeza, extrañado.
Qin Yi estaba mirando al loro.
Shen Ci volvió a mirar al animal y descubrió que el loro también tenía los ojos clavados en Qin Yi.
La cresta que acababa de bajar volvió a erguirse.
Incluso dejó de comer las semillas.
Todo su cuerpo había entrado en «estado de combate», preparado para abalanzarse sobre Qin Yi y morderlo en cualquier momento.
Por lo visto, no solo no los había olvidado.
Los recordaba perfectamente.
Al ver aquello, Qin Yi se retiró de la habitación sin vacilar y cerró la puerta.
El loro voló furioso tras él, pero no consiguió alcanzarlo y comenzó a chillar de rabia.
Shen Ci no pudo contener la risa.
Este pajarito sí que tiene carácter.
No le había bastado con morderlo a él.
También quería morder a Qin Yi.
Shen Ci se apresuró a seguir consolándolo.
—Ya está, Guai Guai. De verdad no queríamos abandonarte aquí. Simplemente no podíamos llevarte con nosotros. Además, ya regresamos, ¿no?
Shen Ci no sabía si el loro había entendido algo.
En cualquier caso, su enfado todavía no había desaparecido por completo.
Aceptaba la comida que Shen Ci le ofrecía, pero se negaba a dejarse acariciar.
Shen Ci calculó que probablemente volvería a declararle la guerra fría a Qin Yi durante varios días.
No pudo evitar tocar con la punta del dedo las plumas de su vientre.
—Qué rencoroso eres. Por cierto, ¿cómo te llevas con los dos diamantes mandarines? Shen Ge dijo que ya pueden convivir pacíficamente.
Se levantó.
—Vamos. Vayamos a verlos.
Shen Ge estaba abriendo los regalos que habían traído del viaje.
Shen Ci llevó hasta allí la jaula de los diamantes mandarines y dejó salir a las dos aves.
Después puso al loro junto a ellas.
El loro saltó de su mano al suelo con cierta desgana.
Nada más aterrizar, los dos diamantes mandarines que estaban allí se apartaron inmediatamente para dejarle espacio.
Cuando el loro comenzó a caminar hacia delante, ambos lo siguieron cuidadosamente desde atrás.
Shen Ci los observó con una expresión difícil de describir.
—¿A esto le llamas «convivir en armonía»?
Shen Ge levantó la cabeza.
—¿Acaso no es armonioso? Guai Guai ya no molesta a Xiao Bai ni a Xiao Xue. Y Xiao Bai y Xiao Xue tampoco vuelan como locos por toda la casa. Ahora siguen a Guai Guai y juegan juntos.
—…
En cierto sentido, realmente podía considerarse bastante armonioso.
Pero aquello evidentemente no era «tres pájaros haciéndose amigos».
Era más bien «el jefe llevando detrás a sus dos subordinados».
En fin.
Mientras se llevaran bien, daba igual de qué manera lo hicieran.
Shen Ci estaba sentado en el sofá observando a los tres pájaros cuando vio a Qin Yi salir de la cocina con un plato de naranjas ya cortadas.
Apenas llegó a la sala y bajó la mirada, descubrió que un loro, acompañado por sus dos pequeños subordinados, le bloqueaba el paso con actitud amenazante.
Durante un instante, el ambiente quedó completamente congelado.
Qin Yi dudó durante tres segundos.
Después se dio la vuelta con absoluta decisión y se dispuso a regresar por donde había venido.
Justo entonces se escuchó abrirse la puerta de la entrada.
Wen Yao entró sosteniendo dos recipientes de plástico.
Incluso los levantó frente a él con entusiasmo.
—¡Mis pequeños bebés! Por fin están de vuelta. Papá los extrañó muchísimo.
Naturalmente, dentro estaban sus arañas.
Como ellos habían estado fuera durante medio año y no era buena idea dejar la alimentación de las arañas en manos del mayordomo, que no tenía experiencia cuidando mascotas exóticas, antes de marcharse Wen Yao las había dejado en casa de un conocido que también criaba arañas para que se encargara de ellas.
Y nada más regresar al país, había ido directamente a recogerlas.
Que trajera de vuelta a sus arañas no tenía nada de particular.
Pero…
En ese momento, Qin Yi se detuvo a unos diez pasos de él.
Su mirada cayó sobre los recipientes con las arañas que Wen Yao sostenía entre las manos.
Al instante, su expresión cambió.
Una de sus cejas se crispó visiblemente.