Después de casarme con el villano discapacitado - Capítulo 110
La respiración de Shen Ci se detuvo de golpe.
Cuando la multitud se abrió espontáneamente para dejarle paso, finalmente vio la figura de Qin Yi.
Era como si Qin Yi hubiera sabido desde el principio exactamente dónde se encontraba. Su mirada atravesó las decenas de pasos que los separaban y se posó directamente sobre él.
Shen Ci sintió que el corazón se le detenía durante un latido.
Al instante siguiente, Wen Yao entrelazó su brazo con el suyo. Aquel contacto consiguió devolverlo a la realidad y Shen Ci comenzó a avanzar a su lado.
Los vítores y aplausos a su alrededor parecieron alejarse automáticamente.
En su campo de visión solo quedaba aquella persona que lo esperaba no muy lejos.
Shen Ci lo contempló sin siquiera parpadear y caminó hacia él paso a paso.
Sentía que Qin Yi estaba cada vez más cerca.
Hasta parecer estar al alcance de su mano.
Qin Yi extendió una mano hacia él.
Con toda solemnidad, Wen Yao entregó la mano de Shen Ci a la suya.
No dijo nada.
Solo miró a Qin Yi una vez más.
Qin Yi le respondió con un ligero asentimiento y tomó la mano de Shen Ci.
Shen Ci levantó el rostro para contemplarlo.
Podía ver su propio reflejo en los ojos de Qin Yi.
El otro parecía tan concentrado como él.
En sus ojos solo existía la persona frente a él.
Nada más.
Shen Ci se aferró al brazo de Qin Yi y ambos comenzaron a caminar por la alfombra roja.
Los niños que llevaban las flores lanzaban pétalos sin cesar. Las flores y el césped desprendían una agradable fragancia y, acompañados por la solemne música, todos los presentes fueron testigos de aquella ceremonia sagrada y romántica.
Los dos avanzaron lentamente.
Shen Ci solo sentía que Qin Yi estaba muy cerca.
Su corazón comenzó a latir inquieto.
Se aferró con fuerza a su brazo y recorrió junto a él toda la alfombra roja.
Entonces vio al maestro de ceremonias levantar el micrófono y sonreír.
—Caballeros, ¿están dispuestos a convertirse en compañeros para toda la vida? Sin importar la riqueza o la pobreza, la salud o la enfermedad, la juventud o la vejez, ¿prometen amarse, respetarse y protegerse, permanecer el uno al lado del otro, serse fieles y compartir juntos esta vida?
Shen Ci estaba tan emocionado que su voz tembló ligeramente.
Él y Qin Yi respondieron casi al mismo tiempo:
—Sí, acepto.
Qin Yi volvió el rostro hacia él y lo contempló.
Su mirada era extraordinariamente cálida y profunda, como si toda la escasa ternura que poseía la hubiera vertido sobre una sola persona.
—Entonces, a continuación, los novios intercambiarán los anillos.
¿Intercambiar los anillos…?
Cierto.
¿Dónde estaban?
Shen Ci miró discretamente a su alrededor, pero no vio que nadie los tuviera.
Qin Yi tampoco le había explicado de antemano cómo se desarrollaría aquella parte de la ceremonia.
Mientras seguía desconcertado, de pronto escuchó exclamaciones entre la multitud.
Levantó la cabeza.
Un loro amarillo volaba directamente hacia ellos.
Atravesó el arco de flores y aterrizó sobre el hombro de Qin Yi.
Shen Ci abrió los ojos con sorpresa.
¡¿Cuándo había llevado Qin Yi al loro hasta la boda?!
El ave llevaba atada alrededor del cuerpo una cinta blanca que formaba un lazo sobre su espalda.
Y de la parte de la cinta que rodeaba su vientre colgaban nada menos que dos anillos.
Shen Ci quedó todavía más sorprendido.
¿A quién se le ocurrió hacer que el loro trajera los anillos? ¿A Qin Yi?
Por lo que estaba viendo, aquello debía de haber sido ensayado de antemano.
¿Ese hombre incluso había entrenado al loro a escondidas sin decirle nada?
Qin Yi desató la cinta y tomó los dos anillos.
Uno era más grande y el otro más pequeño.
Tomó el pequeño, sostuvo la mano de Shen Ci y, con sumo cuidado, casi con devoción, deslizó el anillo por su dedo anular.
El metal ligeramente frío se ajustó a la base de su dedo y no tardó en adquirir la misma temperatura que su cuerpo.
El corazón de Shen Ci latía con fuerza.
Contempló el anillo que brillaba en su mano y una sensación maravillosa surgió en su interior.
Ahora pertenecía a Qin Yi.
Estaba a punto de tomar el otro anillo de la mano de Qin Yi cuando el loro se le adelantó.
Aprovechando un instante de descuido, le arrebató el anillo con el pico.
Después saltó desde el hombro de Qin Yi hasta el de Shen Ci y frotó la cabeza contra su mejilla, queriendo entregárselo.
Shen Ci no sabía si aquello también formaba parte del entrenamiento secreto de Qin Yi o si el loro había decidido improvisar.
Extendió la palma y dejó que el ave depositara el anillo sobre ella.
No pudo evitar acariciarle las plumas erizadas de la coronilla como recompensa.
Después tomó el anillo y lo colocó suavemente en el dedo de Qin Yi.
Otro pensamiento surgió en su mente.
Qin Yi ahora también era suyo.
Aquellos anillos parecían un vínculo con el que se sellaba algún tipo de pacto.
En el instante en que quedaron colocados en sus dedos, fue como si algo hubiera quedado firmemente unido.
A partir de aquel momento, ninguna persona ni ninguna cosa podría volver a separarlos.
Shen Ci contempló a Qin Yi.
Qin Yi también lo contemplaba a él.
Entonces Shen Ci sintió que comenzaba a acercarse.
Cada vez más.
Quizá contagiado por sus emociones, el loro que permanecía sobre el hombro de Shen Ci también se excitó. Levantó la cresta y comenzó a expresar su entusiasmo con sus chillidos.
Alguien entre la multitud empezó a corear:
—¡Que se besen!
Shen Ci cerró los ojos instintivamente.
Sintió la presencia de Qin Yi envolviéndolo.
Al instante siguiente, una sensación suave rozó sus labios.
Qin Yi lo besó con delicadeza.
Los invitados estallaron en vítores y aplausos.
El corazón de Shen Ci comenzó a latir todavía más rápido.
La vergüenza y la felicidad se mezclaban en su interior, formando una sensación maravillosa que no sabía cómo describir.
Cuando terminó el beso, Shen Ci ya estaba completamente sonrojado y respiraba ligeramente agitado.
No pudo evitar volver el rostro hacia un lado, demasiado avergonzado para mirar a los invitados que seguían celebrándolo con entusiasmo.
Los aplausos tardaron bastante en cesar.
Por todas partes se escuchaban felicitaciones y bendiciones.
Shen Ci respiró profundamente y apenas había conseguido tranquilizarse cuando sintió que alguien lo tocaba.
Se volvió.
Era Shen Ge.
—¡Gege Xiao Ci, felicidades!
Xiang Yumei estaba junto a su hija y también sonrió a Shen Ci.
—Felicidades a los dos.
La ceremonia ya había terminado y los invitados comenzaron a acercarse para felicitarlos.
Shen Ci nunca había sido especialmente bueno lidiando con ese tipo de situaciones.
Con sus compañeros todavía podía desenvolverse, pero muchos de los amigos que Qin Yi había invitado eran personas a las que ni siquiera conocía.
De pronto, Qin Yi tomó su mano.
Lo condujo en cierta dirección y dijo en voz baja:
—Ven.
Shen Ci lo siguió desconcertado, sin saber qué pretendía hacer esta vez.
No lo comprendió hasta que se acercaron a la orquesta encargada de la música de la boda.
Allí había dos pianos libres.
Uno negro y otro blanco, colocados uno frente al otro.
Qin Yi le indicó que se dirigiera al piano blanco, mientras él mismo se sentaba frente al negro.
Alguien preguntó sorprendido:
—¿El joven señor Qin va a tocar personalmente?
Qin Yi respondió con una sonrisa:
—¿No puedo?
—¡Claro que sí! ¡Por supuesto! Poder escuchar al joven señor Qin tocar durante su propia boda es más de lo que podríamos pedir.
—Menos mal que conseguí venir. Si no, me habría perdido semejante oportunidad. Un amigo mío no pudo llegar porque cancelaron su vuelo debido a las fuertes lluvias. ¡Dentro de un rato voy a grabar un video solo para darle envidia!
Mientras todos hablaban a la vez, Shen Ci aprovechó para preguntarle rápidamente a Qin Yi.
Gracias a la posición de las tapas abiertas de los pianos, todavía podían mirarse directamente.
Movió los labios sin emitir sonido:
«¿Qué toco?»
Qin Yi captó la pregunta y respondió de la misma manera:
«Toca conmigo».
Desde aquella interpretación a cuatro manos, Qin Yi parecía cada vez más dispuesto a tocar junto a él.
Shen Ci escuchó unos pocos compases y enseguida reconoció la pieza.
Colocó los dedos sobre las teclas y siguió el ritmo de Qin Yi.
El sonido de ambos pianos se integró perfectamente con la música de fondo de la boda.
Tocar el piano ayudó a Shen Ci a tranquilizarse. Poco a poco fue olvidándose de los nervios y de la incomodidad que había sentido antes.
Los invitados comenzaron a conversar entre ellos mientras disfrutaban de los postres y el vino.
Como la mayoría trabajaba en el mundo de la música o se preparaba para hacerlo, no les faltaban temas en común.
La pieza estaba llegando a sus últimos compases cuando el loro, que había permanecido todo el tiempo sobre el hombro de Shen Ci, finalmente perdió la paciencia.
Quizá consideraba que, después de vivir tanto tiempo rodeado de música, él también era un loro con formación musical.
Lleno de confianza, saltó sobre las teclas.
Una serie de notas completamente discordantes interrumpió la melodía.
Todos volvieron la mirada hacia él.
El pequeño animal caminaba de un lado a otro sobre las teclas y acompañaba sus pasos con su propio canto, como si estuviera convencido de que él era el verdadero protagonista de todo aquello.
Aquel loro extremadamente sociable provocó una oleada de risas entre los invitados.
Muchas personas quisieron acercarse a acariciarlo, pero el orgulloso animal se negó a dejarse tocar.
Sacó pecho y comenzó a cantar.
Cuando llegó la hora de comer, Qin Yi había preparado una gran barbacoa estilo bufé.
Como había demasiados invitados, la comida no se limitaba al césped. Habían colocado numerosas mesas y sillas por todo el parque para que las personas pudieran reunirse en pequeños grupos y elegir el lugar que prefirieran.
También había varios puntos para recoger comida y puestos de bebidas frías.
A mediodía hacía bastante calor, así que una bebida helada venía perfectamente para refrescarse.
Qin Yi todavía tenía que atender a los invitados.
Shen Ci, por su parte, llevó a su madrastra y a su hermana menor hasta un lugar a la sombra para disfrutar de la comida.
Llevaba muchísimo tiempo deseando comer el pastel de chocolate.
Tomó inmediatamente una porción, la cortó en varios pedazos y la compartió con ellas.
El loro también tenía que comer, así que temporalmente había vuelto a su jaula.
Wen Yao apareció cargando aperitivos y carne asada y, además, abrió una botella de vino tinto.
—¿Así que simplemente lo abandonas allá y tú vienes a esconderte aquí para comer?
—No conozco a esos amigos suyos.
Shen Ci terminó un trozo de pastel y se limpió la boca, completamente satisfecho. Después tomó una brocheta de carne.
—Aunque me quedara con él, tampoco sabría de qué hablar. Además, fue él quien me dijo que viniera primero a comer… ¡Ah, quema!
—Acaba de salir de la parrilla. Come más despacio.
Wen Yao sirvió vino tinto en una copa y, por cortesía, se la ofreció a Shen Ge.
La chica agitó rápidamente las manos para rechazarla.
—No le enseñes malos hábitos a una niña —dijo Shen Ci.
Sacó la lengua, que acababa de quemarse, y apartó la mano de Wen Yao.
Luego miró a Xiang Yumei.
—Tía, ¿quieres?
Xiang Yumei aceptó la copa.
Wen Yao se sirvió otra y después miró a Shen Ci.
—¿Tú quieres?
Shen Ci vaciló.
Nunca bebía alcohol.
La única vez que lo había probado había sido cuando intentó detener a Qin Yi y terminó tomando un sorbo de vodka que casi le abrasó la garganta.
Contempló el vino tinto que se mecía dentro de la copa.
Inesperadamente, sintió curiosidad por probarlo.
Después de pensarlo durante un buen rato, dijo:
—Un poco está bien.
Wen Yao le entregó la copa que tenía en la mano y se sirvió otra para él.
Después levantó su copa hacia los demás.
—Salud.
Las copas chocaron con un tintineo cristalino.
Shen Ci probó cuidadosamente un sorbo de vino.
—Está bastante bueno.
Continuaron comiendo y conversando.
Sin darse cuenta, Shen Ci terminó bebiendo demasiado.
Como nunca bebía, tampoco sabía cuánto alcohol podía tolerar.
Cuando finalmente se dio cuenta, ya sentía las mejillas calientes y la cabeza ligeramente mareada.
Su cerebro, que había comenzado a dejar de obedecerle, tomó entonces una decisión equivocada.
Shen Ci se puso repentinamente de pie.
—Voy a buscar a Qin Yi.
Su extraño comportamiento llamó inmediatamente la atención de Wen Yao.
Levantó la cabeza y, al verlo, sintió que algo no estaba bien.
Se puso rápidamente de pie y le dijo a Xiang Yumei:
—Tía, usted quédese aquí. Yo iré con él. Xiao Ge, ayúdanos a vigilar al loro.
Después de decir aquello, se apresuró a perseguir a Shen Ci.
Pero este ya había avanzado bastante.
Caminaba de manera ligeramente inestable.
Era evidente que estaba borracho.
Wen Yao estaba a punto de detenerlo cuando vio que alguien se acercaba hacia ellos desde el frente.
Era Qin Yi.
Aunque Shen Ci había bebido demasiado, todavía era perfectamente capaz de reconocerlo.
Se lanzó directamente a sus brazos.
—Gege.
Había conseguido abrazar a Qin Yi antes de que Wen Yao pudiera detenerlo.
Ahora Wen Yao no sabía si seguir avanzando o darse la vuelta y marcharse.
Al final, se detuvo junto a ellos, se llevó una mano al lado de la boca y le dijo a Qin Yi:
—Acaba de beber un poco.
Apenas terminó de hablar, Shen Ci levantó la cabeza.
Sus mejillas tenían un rubor anormal y su expresión era sumamente agraviada.
—Dijiste que cuando nos casáramos lo harías conmigo. ¿Cuándo piensas cumplir tu promesa?
Por los ojos de Qin Yi cruzó un destello de sorpresa.
Miró rápidamente a su alrededor.
Por suerte, aparte de Wen Yao, nadie estaba demasiado cerca. Además, Shen Ci hablaba en voz baja y, debido al alcohol, sus palabras habían salido algo pastosas, así que los demás no lo habían oído.
Qin Yi se apresuró a llevarse un dedo a los labios.
—Shh. Hablemos de eso en otro lado.