Después de casarme con el villano discapacitado - Capítulo 106
—Gracias —Qin Yi también le devolvió el beso y dijo en voz baja—. Será la cima que alcancemos juntos.
*
Todavía faltaba un mes para el concierto, pero las entradas se habían agotado hacía tiempo. Shen Ci entró a internet para echar un vistazo y vio que, bajo aquella publicación de Qin Yi en Weibo, había muchísimas personas que, al igual que él, se lamentaban por no haber conseguido una entrada.
Después de todo, perderse uno de «los conciertos de Qin Yi» no era tan grave, pero un «concierto de regreso» solo ocurría una vez. No poder asistir en persona era una pérdida enorme.
Sin embargo, Qin Yi tampoco tenía forma de dejarlos entrar. El teatro solo contaba con cierta cantidad de asientos, así que únicamente pudo prometer que, una vez terminado el concierto, publicarían la grabación completa para que pudieran verla quienes no hubieran conseguido entradas o quienes quisieran asistir pero no tuvieran tiempo.
Desde el punto de vista de Shen Ci, un concierto era algo que debía experimentarse en persona para poder sentirlo realmente. Ver una grabación siempre parecía restarle algo a la experiencia. Pero ahora no quedaba más remedio que conformarse con eso; al menos era mejor que no poder verlo ni siquiera en video.
Tal como Shen Ci había esperado, después de todo aquel revuelo, el asunto del matrimonio por contrato de Qin Yi de hacía tres años volvió a salir a la luz.
Cuando comenzó el nuevo semestre, cada vez más personas se acercaron a Shen Ci para preguntarle indirectamente si él era realmente aquel Shen Ci. Al principio todavía explicaba un par de cosas, pero después simplemente evitó hablar del tema y se limitaba a responder con una sonrisa.
Aunque no lo admitiera verbalmente, sus compañeros probablemente ya habían deducido que él era aquel Shen Ci. Después de todo, todos los datos coincidían. No podía existir una casualidad tan grande como para que hubiera otro «Shen Ci» en la misma ciudad.
Ya solo faltaban unos días para el concierto y Shen Ci no tenía ganas de seguir respondiendo aquella pregunta. Ensayó unas cuantas veces más con Qin Yi la pieza para piano a cuatro manos y, después de asegurarse de que no hubiera ningún problema, acordó una hora con la tía Xiang y los demás para recogerlos y entrar juntos al recinto.
Ese día era sábado.
Los estudiantes del conservatorio llevaban mucho tiempo esperando aquel momento y desde las clases del día anterior ya estaban hablando del concierto. Cuando Shen Ci llegó al teatro, vio a muchos estudiantes de su escuela. Incluso bastantes de los que no habían conseguido entradas habían ido para sumarse al ambiente, negándose a rendirse hasta el último momento.
Shen Ci entró de la manera más discreta posible y llevó a la tía Xiang y a su hermana menor hasta los asientos que Qin Yi había reservado de antemano para ellos.
Como era de esperar, estaban en una ubicación excelente. Desde allí podían ver claramente el escenario y, además, se encontraban junto al pasillo, lo que facilitaría que Shen Ci pudiera salir a mitad del concierto.
Wen Yao se sentó en el asiento pegado al pasillo y Shen Ci a su lado. Este último miró cuidadosamente a su alrededor y preguntó en voz baja:
—¿Nadie se ha fijado en mí?
—Tranquilo. Llegamos temprano. Apenas acaban de empezar a revisar las entradas.
Los espectadores fueron entrando uno tras otro y el recinto comenzó a llenarse cada vez más.
El concierto todavía no había empezado, pero Shen Ci ya estaba terriblemente nervioso. Después de mirar a un lado y a otro durante un rato, le preguntó a Xiang Yumei:
—Tía, ¿tienes un espejo?
Xiang Yumei le entregó un pequeño espejo.
—¿Te maquillaste hoy, Xiao Ci? Con razón te ves tan guapo.
—Shh. —Shen Ci se apresuró a hacerle una seña y bajó la voz—. No digas mi nombre.
Xiang Yumei asintió repetidamente.
Shen Ci abrió el espejo y se miró.
Ese día había pedido de antemano a un maquillador que le aplicara un poco de maquillaje ligero, para evitar que después tuviera que ir al camerino a maquillarse a mitad del concierto y no le alcanzara el tiempo. Aunque desde el escenario tampoco podrían verle demasiado bien el rostro, el sentido de la ocasión seguía siendo importante.
—No tienes que estar tan nervioso, ¿verdad? —dijo Wen Yao, algo sorprendido—. Todavía falta una hora para que te toque salir. Ya estás lo suficientemente guapo, no necesitas seguir mirándote.
Shen Ci le devolvió el espejo a Xiang Yumei, pero seguía sintiendo que el corazón le latía aceleradamente.
—Dime, ¿qué hago si cuando suba al escenario mi mente se queda completamente en blanco, mis manos dejan de obedecerme y termino arruinando el concierto?
—Eso no va a pasar —respondió Wen Yao con absoluta seguridad—. Tú tranquilo. Con Qin Yi a tu lado, ¿qué tienes que temer?
Era cierto.
Con Qin Yi a su lado, no había nada de qué preocuparse.
Las palabras consiguieron tranquilizar a Shen Ci, quien poco a poco recuperó la calma.
Cinco minutos antes de que comenzara el concierto, miró hacia atrás y descubrió que todo el recinto estaba abarrotado. No quedaba ni un solo asiento vacío.
De pronto, las luces sobre el público se apagaron y toda la iluminación se concentró en el escenario.
El telón se abrió.
Sobre el escenario solo había un piano, el equipo de amplificación y una persona sentada frente al instrumento.
Era la primera vez que Shen Ci veía a Qin Yi desde aquella perspectiva.
Había vuelto a ver incontables veces los videos de los conciertos anteriores de Qin Yi y también había imaginado innumerables veces cómo se sentiría si algún día pudiera estar allí en persona.
Ahora descubría que la realidad no era exactamente como la había imaginado.
No sabía cómo describir aquella sensación.
Solo sentía que toda su atención había sido atraída por la persona que estaba sobre el escenario. Le bastó una mirada para ser incapaz de apartar los ojos.
De pronto, el recinto estalló en vítores ensordecedores.
Después de tres años, los fans por fin volvían a ver a Qin Yi, así que evidentemente les resultaba imposible contener sus emociones.
Sin embargo, toda la atención de Shen Ci estaba puesta en el escenario. Ni siquiera se dio cuenta de lo emocionada que estaba la multitud detrás de él. Era como si todo aquello careciera de importancia.
En sus ojos solo existían Qin Yi y el piano de Qin Yi.
Los aplausos y los vítores continuaron durante un rato antes de apagarse.
Qin Yi pareció esperar pacientemente hasta que todos guardaron silencio. Entonces levantó las manos, las colocó sobre las teclas y comenzó a tocar.
Durante todo el concierto no hablaría, ni tampoco había necesidad de un presentador. Aparte de la propia música, no había nada superfluo.
Shen Ci recordaba incluso haber visto a alguien bromear diciendo que, después de asistir a tantos conciertos de Qin Yi, jamás lo había oído decir una sola palabra durante ninguno de ellos.
En cuanto sonó la primera nota, el público quedó completamente en silencio.
El equipo de sonido transmitió las notas del piano hasta cada rincón del recinto.
Shen Ci sintió que el sonido del piano lo rodeaba por todas partes.
Todo era música que fluía de las yemas de los dedos de Qin Yi.
Todo era Qin Yi.
Aquello le produjo una sensación extraña y maravillosa.
Y también lo hizo sentirse sumamente tranquilo, permitiéndole relajarse por completo, escuchar y disfrutar, hasta quedar totalmente embriagado por la música.
Si hubiera que describir el estilo interpretativo de Qin Yi con algunas palabras, probablemente serían «sereno» y «estable».
No hacía demasiados movimientos corporales. Incluso en los pasajes de ritmo extremadamente rápido, su ejecución seguía fluyendo con la suavidad del agua, sin mostrar el menor apresuramiento.
De aquellos diez dedos firmes podían brotar melodías completamente distintas: graves, alegres o apasionadas.
Parecía que no existía música en este mundo que aquellas manos fueran incapaces de interpretar. Le bastaba con tocar despreocupadamente para traer al mundo de los mortales sonidos dignos de los cielos.
Incluso cuando la pieza llegaba a sus momentos más intensos, el hombre sentado frente al piano seguía mostrándose tranquilo y sereno.
Aquel pianista del que alguna vez se había rumoreado que tenía un temperamento impredecible, cuando realmente se sentaba frente al piano, parecía más bien alguien cuyas emociones jamás se reflejaban en su rostro.
Shen Ci podía sentirlo.
Era una emoción transmitida desde lo más profundo de su interior.
Todos sus sentimientos se encontraban entre aquellos diez dedos, en lo más profundo de su corazón. No necesitaba expresarlos mediante gestos ni expresiones; únicamente a través del piano podía transmitirlos a cada una de las personas presentes.
Aquel intenso contraste visual, cuando aparecía en Qin Yi, resultaba sorprendentemente perfecto.
Shen Ci estaba tan absorto escuchándolo que ni siquiera percibió el paso del tiempo.
Hasta que Wen Yao, sentado a su lado, le tocó el brazo y preguntó en voz baja:
—¿No te toca salir ya?
Shen Ci despertó sobresaltado.
Solo entonces se dio cuenta de que ya estaban en la antepenúltima pieza del concierto. Después de la siguiente llegaría el turno de la pieza final, Persiguiendo la luz.
Se levantó apresuradamente, le hizo una seña a Wen Yao para indicarle «ya voy» y, agachándose ligeramente, abandonó la zona de espectadores y se dirigió al camerino.
Allí había personal esperándolo desde hacía tiempo.
Shen Ci se cambió de ropa, arregló cuidadosamente su apariencia y, por último, colocó aquel broche en el ojal del cuello de su traje.
El broche estaba hecho precisamente con aquella esmeralda.
Una sola esmeralda había sido trabajada con gran habilidad para crear dos broches. Sus diseños eran similares, aunque no idénticos. Si se observaban con atención, podía verse que el de Shen Ci representaba el «sol», mientras que el de Qin Yi representaba la «luna».
Evidentemente, formaban un par.
Cuando estaba entre el público, aunque Qin Yi había permanecido de perfil hacia los espectadores durante toda la actuación, Shen Ci había alcanzado a ver el broche que llevaba puesto, brillando bajo las luces.
Esperó un rato entre bastidores.
Escuchó cómo la pieza llegaba poco a poco a su final hasta que, finalmente, el sonido desapareció por completo.
Uno de los miembros del personal le hizo una señal con la cabeza.
Shen Ci respiró profundamente y salió al escenario.
En cuanto apareció bajo las luces, un murmullo de sorpresa recorrió el público.
Shen Ci ni siquiera necesitaba pensarlo para saber que entre los espectadores debía de haber compañeros suyos que lo habían reconocido.
Pero ya no tenía atención de sobra para preocuparse por eso.
Caminó hacia Qin Yi y sintió que su corazón volvía a acelerarse, latiendo tan fuerte que parecía estar a punto de saltarle por la garganta.
Qin Yi levantó la mirada hacia él, asintió y se desplazó voluntariamente hacia un lado para hacerle espacio.
Cuando Shen Ci se sentó frente al piano, el público perdió definitivamente la calma y comenzaron a oírse murmullos por todo el recinto.
Quienes seguían de cerca a Qin Yi sabían que, a lo largo de todos esos años, rara vez había colaborado con otras personas.
Y, por lo que estaban viendo ahora, evidentemente se preparaba para tocar una pieza para piano a cuatro manos.
Algo así habría sido prácticamente imposible en el pasado.
Mientras todos seguían conmocionados, Qin Yi colocó los dedos sobre las teclas y tocó la primera nota de la pieza.
El público volvió a quedar en silencio.
Shen Ci ni siquiera sabía cómo había empezado a tocar.
Quizá porque habían ensayado demasiadas veces, ya no necesitaba que su cerebro diera ninguna orden; su cuerpo comenzó a moverse de manera natural.
Parecía haber entrado en un estado en el que se había olvidado incluso de sí mismo.
A su alrededor solo quedaba el sonido del piano.
Solo quedaba aquella pieza.
Y la persona sentada a su lado.
Era la primera composición original que Qin Yi presentaba desde su desaparición tres años atrás.
La pieza era exactamente como su nombre:
Persiguiendo la luz.
Aunque ya la había interpretado incontables veces, Shen Ci seguía sintiendo que el comienzo de la pieza era demasiado opresivo.
Quizá porque esta vez estaba sobre un escenario y se encontraba contagiado por la atmósfera, le resultaba aún más fácil sumergirse en ella. La sensación de opresión no solo no disminuyó, sino que se intensificó hasta el punto de hacer que incluso él se sintiera angustiado.
Cada vez que pensaba que la opresión había alcanzado su límite y que ya no podía hundirse más, la música descendía todavía más.
Era como intentar consolarte diciéndote: «La vida ya es suficientemente terrible. No puede empeorar más».
Y entonces el cielo, como si quisiera gastarte una broma cruel, hacía caer sobre ti una desgracia todavía más dolorosa.
Después de golpe tras golpe de desesperación, todas aquellas notas que fingían ligereza terminaron por agotarse.
Toda tenue esperanza fue cruelmente destrozada.
Y cuando por fin se llegó al fondo absoluto, donde ya no parecía existir ninguna posibilidad de cambiar las cosas, la melodía llegó hasta Shen Ci.
La pieza entera dio un giro.
El repentino sonido agudo parecía un espíritu que descendía suavemente sobre un mundo estéril.
Traía consigo el rocío y la lluvia que humedecían la tierra reseca.
El viento que dispersaba la niebla del valle.
La luz del sol, esperada durante tanto tiempo, que finalmente iluminaba una oscuridad que jamás había visto el día.
Aquellas notas altas, puras y cristalinas, parecían música celestial, y la emoción que hasta entonces había permanecido tensa al límite se relajó de golpe.
El tono originalmente opresivo de la pieza también fue arrastrado por aquellas notas y comenzó a acercarse poco a poco a ellas.
Era como una persona atrapada en una situación desesperada que finalmente veía un rayo de luz capaz de salvarla.
Quería acercarse.
Quería atraparlo.
Persiguió incansablemente aquel rayo de luz hasta que, por fin, consiguió abandonar la oscuridad, sostenerlo entre sus manos y atesorarlo como lo más preciado del mundo.
En la segunda mitad de la pieza, quien perseguía la luz y la propia luz se entrelazaban constantemente.
A veces era dulce.
A veces parecía que todo pendía de un hilo, como si estuvieran a punto de separarse.
Pero, sin importar cómo fuera el camino, al final los dos conseguían llegar el uno hasta el otro.
Se entrelazaban y se fundían por completo.
Y ya nada podría volver a separarlos.
Hacía ya bastante tiempo que la última nota se había extinguido, pero Shen Ci seguía atrapado en aquella emoción, completamente absorto.
Durante varios segundos ni siquiera se dio cuenta de que la interpretación había terminado.
Solo cuando estalló un estruendoso aplauso entre el público despertó como de un sueño y levantó bruscamente la cabeza.
Entonces vio que Qin Yi se había puesto de pie.
Shen Ci no tenía idea de qué pretendía hacer Qin Yi al levantarse.
Según lo que él había imaginado, en ese momento solo tendría que hacer una reverencia y abandonar el escenario. Qin Yi tampoco le había explicado de antemano qué debía hacer entonces.
Pero como Qin Yi ya se había levantado, Shen Ci tampoco podía quedarse sentado.
Así que se puso de pie junto a él, un poco desconcertado.
Qin Yi recibió un micrófono de manos de uno de los trabajadores.
Después extendió la mano, tomó la de Shen Ci y lo llevó a su lado.
Sin soltarlo, manteniendo sus dedos entrelazados, levantó el micrófono.
Frente a los miles de espectadores reunidos en el recinto, habló con una voz incomparablemente clara:
—Permítanme presentarlo. Él es mi esposo.