Después de casarme con el villano discapacitado - Capítulo 100
Shen Ci permaneció acurrucado entre sus brazos, llorando durante un rato. De repente, se incorporó y poco a poco consiguió contener las lágrimas. Sorbió por la nariz y, con una voz extremadamente nasal, dijo:
—No te creo.
—¿Por qué?
—A quien te gusta es al Shen Ci optimista y alegre, el que tomó la iniciativa de acercarse a ti. Cuando me viste a los cinco años yo era así, y cuando me viste a los dieciocho también. Pero esa personalidad fue algo que imaginé. No es como soy realmente.
Qin Yi: «…»
¿Así de rápido había aceptado ya la realidad?
Hacía apenas un momento estaba diciendo que había creído que a Qin Yi le gustaba «el personaje original», y ahora ya había cambiado su argumento por «te gusta mi personalidad actual».
Qin Yi suspiró con impotencia y extendió la mano para acariciarle el cabello.
—No importa cómo seas, me gustas. Ya seas optimista y alegre o negativo y retraído, te acepto por completo. Es igual que cuando tú dijiste que «te gusto yo», no el Qin Yi que sabe tocar el piano. Yo siento lo mismo que tú. No puedes pedirme que crea en ti y luego negarte a creer en mí, ¿verdad?
Al oírlo decir aquello, Shen Ci pareció quedarse sin argumentos para refutarlo. Solo pudo apretar los labios y guardar silencio.
Qin Yi se inclinó y besó suavemente la comisura de su ojo. La punta de su lengua rozó las lágrimas que aún no se habían secado.
Estaban saladas.
Se acercó a su oído y lo consoló en voz baja, como si estuviera apaciguando a un niño agraviado:
—¿Todavía te sientes mal?
Shen Ci negó con la cabeza.
Después de contarlo todo, de pronto sintió un enorme alivio, como si una piedra que hubiera permanecido suspendida sobre él durante muchísimo tiempo finalmente hubiera caído al suelo.
Todo había quedado resuelto.
—¿Todavía quieres llorar? —preguntó Qin Yi.
Shen Ci volvió a negar con la cabeza.
Realmente estaba agotado de tanto llorar. Ahora que sus emociones se habían calmado, ya casi no le quedaban lágrimas.
—Entonces ve a lavarte la cara, ¿sí?
Shen Ci asintió.
Había llorado durante demasiado tiempo. Ahora le dolían los ojos y también el rostro. Su piel, de por sí delicada, había quedado irritada por las lágrimas, y todo el contorno de sus ojos estaba enrojecido.
Shen Ci se levantó y fue al baño.
Qin Yi permaneció donde estaba, incapaz de describir lo que sentía.
Volvió a tomar aquel viejo teléfono. La pantalla todavía mostraba el comentario que Shen Ci había escrito mucho tiempo atrás.
Preferiría morir mientras persigo la esperanza antes que luchar desesperadamente en una vida donde no veo ninguna salida.
Nunca había imaginado que él mismo hubiera ejercido tanta presión sobre Shen Ci.
Solo había querido ayudarlo cuando propuso una alianza matrimonial con la familia Shen. Sin embargo, sabía demasiado poco sobre la situación de Shen Ci y la información que ambos poseían era completamente desigual, lo que al final había provocado un malentendido tan grande.
Debió haberlo pensado antes.
Shen Ci no podía recordar algo sucedido cuando tenía cinco años, y mucho menos conservar una impresión profunda de él.
No debería haber propuesto el matrimonio de una manera tan repentina.
Como mínimo, debería haberle preguntado a Shen Ci qué opinaba.
Aunque, con un desgraciado como Shen Zhaocheng de por medio, incluso si Shen Ci se hubiera negado, seguramente lo habría obligado a aceptar.
Qin Yi dejó escapar un suspiro casi imperceptible.
Se sentía terriblemente culpable.
Y aquello ni siquiera era todo.
Más adelante, durante una recaída de su depresión, había vuelto a ejercer presión sobre Shen Ci, obligándolo indirectamente a fingir una sonrisa hasta el día de hoy, a guardarse tantas cosas por miedo a hablar, a soportarlo todo él solo durante tanto tiempo.
¿Realmente había ayudado a Shen Ci?
Ni siquiera sabía cuál de las dos cosas había dejado una huella más profunda en él: su amor o el daño que le había causado.
Qin Yi se sumió en una profunda reflexión mientras Shen Ci seguía lavándose la cara.
Su piel ya estaba irritada, así que cualquier roce le dolía bastante. Tuvo que hacerlo con muchísimo cuidado. Algo que normalmente le habría tomado dos minutos terminó llevándole un buen rato.
Secó suavemente el agua de su rostro con una toalla y levantó la cabeza para observarse en el espejo.
La persona reflejada allí le resultaba un poco desconocida.
Así que aquel «personaje original», tímido y retraído, siempre había sido su verdadero yo.
Durante un tiempo incluso lo había despreciado por ser demasiado cobarde y débil.
Ahora que lo pensaba, aquello parecía haber sido una proyección de sus verdaderos sentimientos.
En realidad, despreciaba esa parte de sí mismo.
Al pensar en su verdadero yo, numerosos fragmentos comenzaron a aparecer repentinamente en su mente.
Aquellas cosas que había olvidado a la fuerza para poder mantener el «personaje» que se había construido empezaban poco a poco a regresar.
Sin embargo, seguía sin recordar haber salvado a Qin Yi cuando tenía cinco años.
Probablemente aquello se debía simplemente al olvido natural provocado por el paso del tiempo.
La mayoría de las personas no recordaban con claridad lo sucedido cuando eran muy pequeñas. Incluso si conservaban algún recuerdo, rara vez era nítido, salvo que se tratara de un estímulo extremadamente intenso.
Salvar casualmente a un desconocido junto a la carretera evidentemente no había sido algo lo bastante impactante para él.
Cuando salió del baño, vio que Wen Yao acababa de regresar después de acompañar a Lu Heng.
La mirada de Shen Ci cayó sobre el libro de ejercicios que había dejado sobre la mesa. Pareció recordar algo y preguntó:
—Hermano Wen Yao, durante el año en que dejé temporalmente la escuela, ¿estudié por mi cuenta el contenido del último año de preparatoria?
Qin Yi, que parecía estar preparando la cama para que descansara, levantó la cabeza al oírlo y miró en su dirección.
Wen Yao se sorprendió un poco por la repentina pregunta. Tras recordar durante unos instantes, respondió:
—Sí. En aquel entonces, aparte de acompañar a la tía Xiang a verte con médicos, pasabas casi todo el tiempo en casa y tampoco tenías mucho que hacer. Ella no quería que desperdiciaras todo un año, así que te compró los libros de texto y algunos libros de ejercicios del último año para que estudiaras por tu cuenta. Tampoco te exigía que aprendieras demasiado; simplemente quería que leyeras algo cuando no tuvieras nada que hacer. Pero parecía que estudiar era lo único para lo que conseguías concentrarte. Terminaste de leer todos los libros e hiciste los ejercicios. Después comprobabas tú mismo las respuestas. Solo que nadie podía explicarte lo que no entendías, así que tampoco sabíamos cuánto habías llegado a dominar realmente.
Shen Ci bajó la mirada.
Así que había sido eso.
No había cursado el último año de preparatoria, pero nunca había sentido que el contenido le resultara desconocido. Como creía haber presentado antes el examen de ingreso a la universidad, pero no recordaba con precisión cómo le había ido, cualquier cosa que no pudiera reconstruirse mediante una simple imaginación había quedado automáticamente difuminada.
Incluso alguna vez había estado a punto de mencionar accidentalmente que había estudiado por su cuenta.
Todo aquello eran recuerdos que no había conseguido borrar por completo.
Por un momento, Shen Ci se quedó bastante sin palabras ante sí mismo.
Ahora que conocía la verdad, todas aquellas cosas que antes le habían parecido extrañas finalmente tenían explicación.
Por ejemplo, su madre.
Su impresión de ella se había quedado detenida en los treinta años porque había fallecido cuando tenía esa edad. Naturalmente, sus recuerdos de ella no podían avanzar más allá de aquel momento.
También estaba la extraña sensación que había tenido respecto a la lápida.
En sus recuerdos, aquella lápida parecía ser extremadamente alta.
Claro que lo parecía.
Él tenía cinco años cuando la había visto y apenas debía de tener una altura similar.
Sin embargo, todavía quedaba algo extraño.
Shen Ci sacó su teléfono y buscó entre los archivos almacenados. Al no encontrar lo que quería, entró en su almacenamiento en la nube.
Y allí encontró la última pieza.
Había guardado una colección completa de videos tutoriales de masajes.
Shen Ci se quedó sin palabras.
Realmente se había esforzado muchísimo para convertirse en aquel otro «Shen Ci». Incluso había pensado en detalles tan insignificantes como ese.
Al mismo tiempo, aquello disipó su última duda.
No había ningún error.
Él siempre había sido el supuesto «personaje original».
Sin embargo, parecía que tampoco volvería a ser como antes.
Había pasado demasiado tiempo convenciéndose a sí mismo y había interpretado durante demasiado tiempo al «Shen Ci de la novela». Aquella personalidad ya había terminado influyéndolo profundamente.
Curiosamente, aquello coincidía en cierta forma con su antigua teoría de que había sido «asimilado por el mundo del libro».
Solo que el libro no era el que él había imaginado.
—Xiao Ci.
Al ver que llevaba bastante tiempo mirando el teléfono sin moverse, Qin Yi no pudo evitar intervenir:
—Descansa un poco.
Wen Yao captó perfectamente la indirecta, salió de la habitación y cerró la puerta tras él.
Shen Ci realmente estaba cansado.
Al parecer, llorar también consumía muchísima energía.
Aunque, sobre todo, le molestaban los ojos y quería dormir un rato.
Se acostó en la cama y miró a Qin Yi.
—Acuéstate conmigo.
No era una hora normal para dormir, pero Qin Yi obedeció y se acostó a su lado.
—Está bien.
Shen Ci se pegó a él.
Sin embargo, no consiguió dormirse de inmediato.
Tomó el viejo teléfono y abrió el último capítulo de Efímera, que todavía no había terminado de leer.
El último capítulo narraba la historia del protagonista y un gato.
En capítulos anteriores se había mencionado que el protagonista solía alimentar a un gato callejero.
«Aquel gato no era lindo ni sabía hacerse el adorable. Parecía haber sido lastimado por los humanos y siempre se mostraba feroz. Por alguna razón, tenía una pata trasera rota y caminaba cojeando. Nadie lo quería».
Debido a aquella pata rota, su capacidad para cazar también se había reducido enormemente.
El gato callejero estaba tan delgado que parecía poder morir en cualquier momento.
El protagonista sintió lástima por él y le dio algunas sobras de comida, esperando que pudiera sobrevivir.
«Quizá era la primera vez que aquel sucio gato callejero recibía comida de un humano. No se atrevió a acercarse y permaneció alerta hasta que el muchacho se marchó. Solo entonces avanzó con cautela y olfateó la comida del cuenco. Para un gato no era precisamente un manjar, pero estaba tan hambriento que inmediatamente comenzó a devorarla».
Una sola vez bastó para que aquel gato callejero recordara al protagonista.
Desde entonces, cada vez que el muchacho pasaba por aquella calle, veía aquella pequeña figura escondida a lo lejos, observándolo en secreto.
Así que comenzó a llevarle más comida.
Ahorraba de su propio presupuesto para comprarle el alimento para gatos más barato. Cuando en casa comían carne de vez en cuando, tampoco se olvidaba de él y guardaba para el gato los pocos trozos que le correspondían.
Cuando finalmente adquirieron suficiente confianza, el protagonista llevó al gato a casa y lo bañó.
Aquel pequeño gato sucio finalmente quedó limpio y hermoso, como si hubiera vuelto a nacer.
Bajo los cuidados del protagonista, el gato callejero sobrevivió.
Dejó de estar tan delgado y, poco a poco, su pata trasera fracturada se recuperó, permitiéndole volver a cazar.
Parecía comprender que la familia del protagonista tenía dificultades económicas.
Así que dejó de aceptar su comida.
Y, desde aquel momento, el protagonista descubrió que nunca más volvieron a aparecer ratones en su casa.
La relación entre el muchacho y el gato continuó durante mucho tiempo.
Incluso aquel gato callejero que antes no sabía comportarse de forma adorable comenzó a mimarlo: maullaba frente a él, se restregaba contra sus piernas y se tumbaba mostrando el vientre cuando estaba a su lado.
Hasta que un día, la madre del protagonista enfermó gravemente y murió.
El muchacho abandonó aquella ciudad junto con la familia de su tía.
Desapareció del mundo del gato callejero.
Pero nunca lo olvidó.
Simplemente, la vida escolar durante la preparatoria era demasiado exigente y el viaje de regreso demasiado largo. No tenía tiempo para volver.
En silencio, se hizo una promesa.
Cuando terminara el examen de ingreso a la universidad, sin falta regresaría a verlo.
De hecho, para su cumpleaños número dieciocho ya había comprado un boleto para regresar a su ciudad natal al día siguiente.
Pero no pudo cumplir su promesa.
Nunca llegó a abordar aquel tren que lo llevaría de vuelta a casa.
El gato callejero siguió esperándolo.
Continuó manteniéndose limpio y hermoso, procurando estar siempre en su mejor estado para recibirlo cuando regresara.
Algunas personas intentaban darle comida, pero él se negaba a comerla.
Otras querían atraparlo y llevárselo a casa, pero escapaba.
Solo esperaba a aquella persona.
A quien le había salvado la vida cuando estaba abandonado, miserable y al borde de la muerte.
Todo lo demás le daba igual.
Pero el muchacho nunca regresó.
«El gato no creía que lo hubieran abandonado. Fue a buscar al muchacho a su casa, pero allí ya no quedaba nadie. No tuvo más remedio que regresar a aquella calle donde se habían encontrado innumerables veces. Día tras día deambulaba junto al camino, esperando. Un día tras otro, un día tras otro…»
«Hasta que, muchos años después, un día dejó de aparecer. Nadie volvió a ver jamás a aquel extraño gato callejero en aquella calle».
«Quizá el muchacho y su gato callejero finalmente volvieron a encontrarse en otro mundo».
La novela terminaba definitivamente allí.
Los ojos de Shen Ci volvieron a humedecerse y sintió un cosquilleo ácido en la nariz.
De repente, una mano apareció a su lado y cubrió la pantalla.
Qin Yi le quitó el teléfono y su voz, ligeramente severa, resonó junto a él:
—¿Todavía sigues leyendo? ¿No deberías estar durmiendo ya?
—Gege…
Shen Ci aprovechó para abrazarse a su brazo.
Y dijo en voz baja:
—Volví a encontrar a mi gatito.